Año VIII
La Habana
21 al 27
de NOVIEMBRE
de 2009

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El mito de la cubanidad concurrente
en los textos prosísticos lezamianos publicados en sus revistas

Lezama, más allá de la Isla

Yamilet García Zamora • La Habana

Fotos: Abel

 

La Cuba de los años 30 del siglo XX era una sociedad que apenas sobrevivía entre estertores. La intelectualidad cubana buscaba, cada una por caminos diversos, un mito que reafirmara al país como nación moderna y promoviera una salvación profunda de todos los valores nacionales.  

La ansiedad por reoxigenar el mito nacional, luego de un siglo XIX fundacional, perseguía un destino para el país. Esta utopía de afianzarse en el mito para crecer como nación no es única de Cuba porque: “No hay cultura, por muy moderna que sea, que no se haya enfrentado al dilema de la exposición, discernimiento y control de sus mitos[1]” . Y precisamente en este ambiente donde se conjugan la desolación política, los esfuerzos de un grupo de intelectuales honestos y la búsqueda permanente de los valores nacionales, es que aparece la figura de José Lezama Lima (1910-1976) en el ambiente cultural cubano.

En 1936, el poeta español Juan Ramón Jiménez (1881 -1958) visita a Cuba. Son los años de la guerra en España y el destierro para muchos. En La Habana, conocerá a Lezama. La amistad entre ambos duraría hasta la muerte de Jiménez. Este encuentro dio como primer fruto el “Coloquio con Juan Ramón Jiménez”, ensayo que sería publicado por primera vez en 1938[2]. En el Coloquio, no obstante ser de los primeros textos lezamianos, se brindan muchas interesantes aristas en cuanto a la teoría lezamiana de la insularidad, como punto de partida de la noción acerca del mito que nos falta. Más que una simple entrevista, la conversación entre los dos poetas refleja una teoría cultural, con fuertes raíces filosóficas, que Lezama está proponiendo. Por eso, insiste en conocer la opinión de Juan Ramón Jiménez de su propuesta acerca de la teleología insular: “ ‘Insularismo’ ha de entenderse no tanto en su acepción geográfica, que desde luego no deja de interesarnos, sino, sobre todo, en cuanto al problema que plantea en la historia de la cultura y aun de la sensibilidad.

La propuesta lezamiana va más allá de una simple finalidad de la Isla. Si bien no desarrolló la noción del mito ausente, toda su obra es un tributo marcado al mito que nos falta. Un mito que sugiere como valor unificador de la cultura nacional, inicio y dirección para la reafirmación de una expresión mestiza. Erigiéndose como la figura que conoce cuál es su logo y su telo, Lezama plantea la posibilidad de salvar al país a través de la cultura, proponiendo un mito insular, cubano, católico, histórico y poético. No es de extrañar que en la conversación ensayística entre ambos autores, Juan Ramón afirme: “Yo creo que lo que usted me está ofreciendo es un mito”[3]. Y, efectivamente, Lezama ratifica la hipótesis del español: “Yo desearía nada más que la introducción al estudio de las islas sirviese para integrar el mito que nos falta”[4].

El mito que nos falta es, esencialmente, una fundación cubana que plantea Lezama desde la literatura, para llenar un vacío que devoraba a la Cuba de los años 30. Esta idea del mito que nos falta, que Lezama solo propuso pero que no volvió a nombrar y muchísimo menos conceptualizar, es la que retomo y nombro como el mito de la cubanidad concurrente. Un mito que cobija a la Historia junto al azar, la tradición, la metáfora, la expresión mestiza. Un mito que se conforma con una serie de elementos —giros linguísticos, formas de educación, culinaria, leyendas— y que se puede apreciar a todo lo largo de su obra —en algunos momentos con mayor fuerza que en otros. No es mi intención abarcar toda la obra de Lezama en tan pocas páginas, por lo que solo haré referencia al mito de la cubanidad concurrente en la prosa lezamiana publicada en sus revistas anteriores a Orígenes.
 

En 1937, Lezama era un joven estudiante de Derecho con inclinaciones muy marcadas hacia la literatura y con deseos no solo de publicar lo que escribía sino de divulgar, también, a los creadores contemporáneos. La ingente labor lezamiana de promotor cultural conllevó a la publicación de una serie de revistas que favorecerían el ambiente literario cubano. Entre junio y noviembre de 1937 apareció la revista Verbum, Órgano de la Asociación Estudiantil de Derecho que alcanzaría solo tres números de vida. Con Verbum inicia Lezama su periplo en el mundo de las revistas literarias. Si aplicamos un análisis etimológico de la palabra, podemos decir que el verbo se puede traducir como el elemento primigenio, de creación inicial. Por lo tanto, Lezama pretendía —partiendo del sentido del título de la revista— ahondar poéticamente en las raíces de lo nacional, en la cultura cubana, para nutrir e intentar salvar un presente de desesperanza e ignominia a partir del verbo inicial. No es casual la elección del título. En su editorial de presentación se dice:

“Quisiera la revista Verbum ir despertando la alegría de las posibilidades de esa expresión, ir con el silencio y continuidad necesarias reuniendo los sumandos afirmativos para esa articulación que ya nos va siendo imprescindible, que ya es hora de ir rindiendo… estamos urgidos de una síntesis, responsable y alegre, en la que podamos penetrar asidos a la dignidad de la palabra y a las exigencias de recalcar un propio perfil, un estilo y una técnica de civilidad.”[5]

Desgraciadamente, no fue larga ni muy recordada la publicación. Solo muchos años después, cuando la obra de Lezama recobró su merecido lugar en la memoria de la literatura cubana, los estudiosos volvieron los ojos al principio, buscando todo aquello que pudiera otorgar una pista en la formación del autor.

En Verbum se publican los primeros trabajos de Lezama. Cabe destacar, entre ellos, el ensayo “El secreto de Garcilaso” —que aparece en la primera entrega de la revista, en junio de 1937. Solo otros dos textos en prosa aparecerán en sus páginas, “Fundación de un estudio libre de pintura y escultura” —en el número tres de noviembre del mismo año— y “Gracia eficaz de Juan Ramón Jiménez” en la tercera y última entrega de noviembre. En ninguno de los tres textos hay ningún dato  o alusión a la cubanidad. Por lo tanto, la revista Verbum perfila un camino importante en la vida del joven escritor v.gr., la publicación, en sus páginas, de uno de los más importantes poemas de Lezama, “Muerte de Narciso”, donde se establecen ideas muy esenciales en torno a la  insularidad. Para analizar  el concepto de cubanidad implícito en la prosa lezamiana es necesario tomar como primera referencia este poema y  las imágenes fundacionales que le darían sentido estricto a su prosa.

En “Muerte de Narciso” —que aparece en el número dos de la revista—, el mito clásico es reinterpretado por la pluma de Lezama para hacerlo partícipe de su cosmogonía de la insularidad: Poema poblado de conchas, olas, sal, playa, espumas, cada sonido remite al espacio cubano primigenio, al estilo de Espejo de paciencia. Esta noción metafórica de insularidad es la primera —y no la última— de las presencias cubanas en la poesía de Lezama, muy relacionada con las ideas que se plantean en el “Coloquio con Juan Ramón Jiménez”. Hay que tener en cuenta que el propio estilo lezamiano no posibilita, en ocasiones, referencias directas al sentido de lo cubano y que hay que realizar una especie de labor de topos en la búsqueda de dichos elementos. Pero precisamente en Verbum, su primera revista, este joven de tan solo 27 años está planteando ideas muy claras de su concepción de lo cubano, lo que le concede a la revista un valor que no se le ha reconocido. Tribuna de sus concepciones posteriores, maduradas y explicitadas en toda su obra, Lezama está estableciendo no solo su propio sistema poético sino, además, y de manera muy puntual, una valoración muy propia del ser cubano.

La aventura de Verbum terminó con la ingente necesidad de crear otros espacios para un grupo de artistas que comenzaban a perfilarse en el país. Menos de dos años después de desaparecida Verbum —y ya con Lezama graduado como abogado— aparece el segundo intento editorial: Espuela de Plata. Cuaderno bimestral de arte y poesía (1939-1941). Al respecto, apunta Marcelo Uribe: “Ensayo general de lo que sería Orígenes, en Espuela de Plata Lezama y quienes lo acompañan muestran un intento más sólido por hacer una revista independiente y plenamente concentrada en asuntos literarios y artísticos; una revista que pudiera encarnar frontalmente el impulso poético común y soslayara de un modo inequívoco los espacios culturales dados”.[6]

Los seis números de la revista aparecieron en dos años. En sus páginas se unen voces de los escritores de generaciones anteriores, los nuevos, traducciones de textos de otros idiomas y nombres de escritores extranjeros reconocidos, como James Joyce. (1882–1941).

Esta reflexión, años después de desaparecida la revista, muestra que Espuela… encauza la existencia artística de un grupo de jóvenes escritores, liderados por Lezama, ajenos a la política y las riquezas que conformaban un muy cómodo vivir cubano. Espuela de Plata continúa la labor apenas comenzada en Verbum y realza los valores culturales que perseguía Lezama.

En el número uno de agosto-septiembre de 1939 aparece un editorial —sin firma, pero que dado el estilo se le puede adjudicar a Lezama— titulado “Razón que sea”. En los variados puntos que desglosa el texto, llama poderosamente la atención el número cuatro: “La ínsula distinta en el cosmos, o lo que es lo mismo, la ínsula indistinta en el cosmos”[7]. Ínsula, entendida como la propia Cuba, que define Lezama como diferente y, a la vez, paradójicamente, como la que no se distingue, hundida en la desidia política y cultural. Esta afirmación está intrínsecamente relacionada al propio corpus intratextual de Lezama —ya había desarrollado su noción de la insularidad en el Coloquio—, a su lucha por la regeneración social a través de la literatura. Apenas esbozada, la idea cobrará mayor fuerza en Orígenes, no solo en la revista, sino también y con enorme ímpetu, en el grupo de escritores que se aglutinó en torno a la publicación y que dio vida a uno de los más importantes movimientos culturales cubanos de todos los tiempos.

Los pocos números que alcanzó la revista no son ilustrativos en torno al tema de la cubanidad porque exceptuando la breve alusión de “Razón que sea” no hay ningún otro elemento significativo. En la publicación de febrero de 1941 aparece un texto en prosa, “El patio morado”, que la editorial Letras Cubanas recogería en la edición póstuma de los cuentos de Lezama de 1999. Pero la narración no presenta, a los efectos de la presente investigación, ninguna peculiaridad distintiva.

Espuela de Plata fue una revista de iniciación y en la que, básicamente, se publicaba poesía. Sus grandes valores radican en haber seguido el impulso creador de Verbum y en lograr nuclear a figuras de talla internacional como Juan Ramón Jiménez (1881-1958) —a quien la revista dedica, íntegro, su número de diciembre-marzo de 1940. Las aventuras editoriales preliminares a Orígenes muestran que Lezama estaba consciente del papel que debía asumir su generación poética en los cambios que el país necesitaba. Su propuesta era a favor del cosmos poético, como súmula de los anhelos de todo un país. Por eso en la editorial publicada al año de salir la revista —y firmada por Los directores, pero otra vez con el sello inconfundible de la prosa lezamiana— se hace énfasis en el deplorable estado de la cultura nacional y en los valores poéticos de la revista, avalados por la presencia de personalidades de reconocido prestigio en el universo de las letras.

Sumando esfuerzos y publicando textos de innegable calidad, Lezama se iba convirtiendo en una figura central de la promoción cultural de la época.

Nadie Parecía. Cuaderno de lo bello con Dios (1942-1944) fue el último ensayo de Lezama antes del nacimiento de su gran proyecto: Orígenes. Se publica entre Lezama y Gaztelu  y  todo indica que el nombre lo toman de un verso de San Juan de la Cruz.  (1542-1591) Básicamente, la revista dio a conocer poesía, como por ejemplo, “Rapsodia para el mulo”, del propio Lezama —que recoge después en su libro de poemas La fijeza, de 1949. Pero existen algunos trabajos en prosa; tal es el caso del publicado en el número dos, titulado “Escaleras” y firmado por la hermana de Lezama, Eloísa o el de Portocarrero, en el número siete de 1943. En este mismo número aparece un cuento breve, sin firma, bajo el título de “Tangencias”. La crítica no ha sacado a la luz dicho texto, que también se le puede atribuir a Lezama, debido a sus características estilísticas.
 

Nadie Parecía no presenta ningún texto de Lezama que refleje elementos de su concepción acerca de la cubanidad. Como dije anteriormente, es una publicación con énfasis en la poesía y con una muy clara inclinación a temas religiosos. Pero el camino estaba cimentado: después de siete años de publicar revistas, Lezama estaba preparado para Orígenes.

Las revistas fundadas por Lezama entre 1937 y 1942 son representativas en el tema de la cubanidad en tanto presentan poemas —como “Muerte de Narciso”— en el cual son muy evidentes los elementos que van trazando el camino del mito que nos falta. En cuanto a la prosa, son publicaciones fundacionales que abonan el camino a Orígenes, el gran proyecto lezamiano. Sin estos inicios, a la prosa lezamiana le faltaría la savia vital para sus publicaciones posteriores, hasta llegar a la condensación del mito de la cubanidad concurrente en Oppiano Licario. Pero esto será tema para otra ocasión.

Notas:

[1] Rojas, Rafael. Tumbas sin sosiego. Revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano. Ob. Cit, p. 53
[2]
“Coloquio con Juan Ramón Jiménez” fue publicado, originariamente, en la  Revista Cubana, en enero de 1938 pero se conoce más a partir de su inclusión en el libro Analecta del reloj 1ra. ed, La Habana, Editorial Orígenes, 1953.
[3] Íbid, p. 174
[4]Ìdem
[5]José Lezama Lima. “Inicial”. Verbum, La Habana, Número I, 1937, p.1
[6]Marcelo Uribe. “Introducción a la edición facsimilar de Orígenes” en: Orígenes. Revista de Arte y Literatura. Volumen I. Números 1-6. Madrid, Ediciones Turner, 1989, p. XVI
[7]José Lezama Lima. “Razón que sea” en: Revista Espuela de Plata, No. 1, La Habana, agosto-septiembre de 1939, p. 1.

 

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