LA JIRIBILLA

Andreotti condenado

A LA CÁRCEL UNA LEYENDA
DE LA POLÍTICA ITALIANA

Lisandro Otero | México


Giulio Andreotti, el gran figurón de la política italiana acaba de ser condenado a veinticuatro años de prisión por un tribunal, acusado de instigar un asesinato. Por su carácter de senador vitalicio, y la inmunidad que ello conlleva, ya que ha sido siete veces Primer Ministro, no es probable que vaya a la cárcel, pero el fallo judicial es infamante y reprobatorio y macula para siempre la reputación del otrora distinguido dirigente social demócrata. Otro notable mafioso, el actual Primer Ministro Silvio Berlusconi, declaró que Andreotti es víctima de una "justicia politizada".

El tribunal, integrado por seis jurados populares, rechazó el fallo absolutorio que otro tribunal, de primera instancia, dictó en 1999. Andreotti está acusado de haber requerido de la mafia italiana el asesinato del periodista Carmine Pecorelli, ocurrido en 1979. Pecorelli era un mercader de intrigas, estaba abierto al soborno y había amenazado con divulgar secretos concernientes a Andreotti. Tenía previsto publicar un reportaje sobre presuntos cobros de comisiones ilegales por parte de Andreotti, de los que había tenido conocimiento por documentos del líder de la Democracia Cristiana Aldo Moro, asesinado por las Brigadas Rojas.

El mafioso Tommaso Buscetta, ya fallecido, fue quien acusó al político democristiano cuando en abril de 1993 declaró que la Mafia mató a Pecorelli para hacerle un favor a Andreotti y dijo que lo había sabido por Gaetano Badalamenti, quien impartió directamente la orden de asesinar a Pecorelli. Giulio Andreotti ya fue absuelto en octubre de 1999 de la acusación de pertenecer a una asociación mafiosa, decisión recurrida por la fiscalía de Palermo, que había pedido 10 años de prisión.

A Andreotti se le ha acusado de ser el principal responsable indirecto de la muerte de Aldo Moro, quien fuera secuestrado por las Brigadas Rojas en 1978. La organización terrorista exigió la liberación de trece de sus camaradas, pero Andreotti se negó. Tuvo que luchar contra la disposición a la clemencia de sus compañeros: Amintore Fanfani, dirigente demócrata cristiano y el entonces Presidente de la República, Giovanni Leone. Andreotti se mantuvo en la línea dura de no negociar. Finalmente el 10 de mayo apareció el cadáver de Aldo Moro. Muchos sospecharon que Andreotti actuó de esa manera para eliminar a un rival en el escenario político.

Moro había propuesto una apertura a la izquierda con la inclusión de socialistas en el gobierno y una mayor flexibilidad hacia los comunistas. Esa fue la causa de su muerte promovida, probablemente, por la combinación siniestra de la mafia, la curia romana y el sector reaccionario de la Democracia Cristiana, bajo el liderazgo de Andreotti. Los mismos que ahora han ganado una posición de superlativa influencia en el nuevo gobierno de Berlusconi.

De no haberse involucrado en el actual conflicto legal con toda seguridad Andreotti habría sido Presidente de Italia. La principal y más infamante acusación que pesaba sobre él es la de haber sido el principal valedor político de la mafia italiana en los altos círculos de poder.

La Democracia Cristiana fue la organización que condujera Alcide de Gasperi en la posguerra italiana, cuando el Partido Comunista contaba con seis millones de afiliados y estaba a punto de tomar el poder. De Gasperi fue el instrumento de la burguesía y la iglesia italianas para frenar el ascenso impetuoso de las izquierdas tras la noche del fascismo.

Esta compleja urdimbre de relaciones políticas entre la Mafia, el Vaticano y la Democracia Cristiana explican el ascenso al poder de una figura tan oscura y corrupta como Silvio Berlusconi y este proceso pone al descubierto las entrañas purulentas de los mecanismos del poder en Italia. Las fuerzas reaccionarias, neofascistas y retrógradas están alcanzando de nuevo el predominio que gozaron en la década del treinta del siglo pasado. La pandilla de Bush, con su expansionismo petrolero, está alentando a los Aznar y los Berlusconi en todo el mundo.
 


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La Habana. 2002
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