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LA
JIRIBILLA Otro analista del mismo diario, Javier del Pino, afirma que la tragedia política de los demócratas “ha generado un examen de conciencia que deben resolver con rapidez para evitar otro desastre en las presidenciales del 2004. La moderación de su oferta política desilusionó a las bases del partido alejadas del centro... El discurso blando de los demócratas y, por encima de todo, su apoyo tácito y explícito a las pretensiones militares de Bush contra Irak, ha sumido al partido en el pozo más indigno de la política estadounidense: lo han perdido todo en Washington." Hace unos días, en esta misma columna aseguré que en buena medida la calamitosa derrota de los demócratas se debía a que habían realizado una oposición al rey, una disidencia consentidora de cortesanos aquiescentes. La renuncia de Richard Gephardt como líder de la minoría demócrata en la Cámara fue una respuesta a su asentimiento público a la agresividad de la pandilla petrolera contra Irak. No se puede ser dirigente del inconformismo antigubernamental ya la vez convertirse en eco de las posiciones más irracionales y ofuscadas de la administración republicana. A partir de ahora comienza la carrera hacia las presidenciales del 2004 y los aspirantes deben saber muy bien hacia donde apuntar sus cañones. Bush ha puesto énfasis en los sentimientos patrióticos al estimular el revanchismo tras el once de septiembre. Su discurso ha puesto el acento en los valores democráticos, como si los norteamericanos fueran a enseñar al Islam valores occidentales muy marginados de una cultura mucho más antigua y arraigada. Y el crédulo pueblo estadounidense cree que de verdad van a emprender una cruzada por enseñar a los iraquíes que las satrapías no son un buen sistema de gobierno. La realidad cruda es que Washington necesita desesperadamente los recursos petroleros del medio Oriente, no nos cansaremos de repetirlo, y ese es el verdadero móvil de todo este pretendido operativo. Los demócratas no supieron basar su campaña en el desastre actual de la economía, ni en la degradación del nivel de vida de los norteamericanos. No tocaron la tecla de los fraudes fiscales de las grandes corporaciones, todas ellas muy ligadas a los intereses de la pandilla de Bush. El partido demócrata sabe que en lo adelante tienen que adoptar posiciones más radicales, moverse hacia la izquierda, ser más intransigentes con los desafíos y bravatas de Bush. Deben actuar como un verdadero mecanismo de balance y compensación. Bush entiende que si quiere retener los votos que ha ganado debe mantener un equilibrio centrista porque de avanzar mucho más hacia la derecha no saldrá reelecto. La consecuencia de todo esto, afirman los optimistas, es que Estados Unidos será más prudente y balanceado en su política exterior de lo que ha sido hasta ahora. Bush debe mantener a distancia a los ultraconservadores de su partido si desea consolidar sus ganancias. David Anderson, profesor en la Escuela de Gestión Política de la Universidad George Washington, afirma que no volverán los tiempos de Ronald Reagan.
La reelección depende
de la posibilidad de atraerse el voto negro e hispano y
también de como le vayan las cosas a Bush en Iraq. Por
lo pronto, la resolución del Consejo de Seguridad ha
frenado la guerra que parecía inminente y si Sadam
acepta las condiciones que le imponen podrá haber un
respiro, aunque cueste la humillación de la soberanía
iraquí. |
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