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LA
JIRIBILLA – A seis años de creado, ¿Qué ha aportado El ciervo encantado? ¿Qué de novedoso encuentra el público en sus propuestas? –Te refieres al público que realmente llega hasta allí, porque tenemos dificultad con nuestro espacio en el ISA que está lejos del centro de la ciudad y esto realmente nos limita un poco en la divulgación de nuestro trabajo. El ciervo encantado es un grupo con actores que se entrenan con una sola estética y que lleva mucho tiempo unido, con un principio de ser pocos pero trabajar mucho, con una energía muy concentrada. En estos momentos es uno de los pocos que defiende la importancia de la investigación teatral. No es común en estos momentos que se relacione la investigación con la experimentación. Insistimos también en el entrenamiento psicofísico del actor. Tenemos como regla que el espectáculo –su guión, su estructura– se conciba sobre el escenario; cuando está ya terminado es que se escribe la obra, y aún en ese momento se continúa investigando. Otro aspecto que venimos abordando es el rescate de textos que de alguna manera son poco conocidos o ingratamente olvidados. Así montamos en 1996 nuestra primera obra, El Ciervo Encantado, basado en un cuento de Esteban Borrego, padre de Juana Borrego, quien era además oficial y médico del Ejército Libertador cubano. Posteriormente con De donde son los cantantes, comenzamos a trabajar a Severo Sarduy, a quien consideramos un escritor fabuloso cuya visión de la cubanidad y estética literaria se hace necesario rescatar. – Parece existir una preferencia en su trabajo por realizar adaptaciones basadas en cuentos, ensayos, incluso, poesía pero rara vez sobre piezas teatrales. – Es cierto. En Cuba se adolece en estos momentos, y esto fue algo debatido en el Festival, de una dramaturgia teatral. Además, para mí esos géneros que tú has mencionado tienen mucho más “vuelo”, más campo donde profundizar e investigar. Puedo decir, por ejemplo, que en El ciervo encantado trabajamos el poema La Isla en peso, de Virgilio Piñera, no sus obras de teatro que a mí personalmente no me gustan a pesar de reconocer sus valores. Otro tanto sucede en De donde son los cantantes y Pájaros de la playa. – Es de notar también en sus obras–y estoy pensando fundamentalmente en Café cantante– la mezcla de obras, autores, géneros. ¿Consideran que para explorar “la identidad cultural cubana” es necesario acudir a este mestizaje, este eclecticismo? – Definitivamente, sí. La cultura cubana es absolutamente barroca. Por eso, preferimos también a Severo. Su barroco es lo más despeinado, si se permite la frase, de cuantos nos hemos encontrado. Se puede literalmente bailar con sus palabras y él lo sabía. Severo se desnudaba, bailaba para escribir. – Todo apunta a pensar que Severo es una especie de sexto ciervo. – Definitivamente es el sexto ciervo. Además es de admirar cómo pudo acercarse tanto a la cultura cubana desde la cultura europea, llevando lo cubano a lo clásico. – Ahora me toca hacer una confesión. Después de ver Pájaros de la playa en el espacio íntimo, fácil de ambientar donde fue presentado el espectáculo en el ISA, dudé que funcionara de igual manera en un lugar más amplio. Me sorprendió que actuaran ante dos mil y tantos espectadores e incluso ante público no hispano. – Te puedo decir que a nosotros nos ocurrió lo mismo. Pero esto se explica fundamentalmente porque el trabajo está dirigido a los sentidos, no al análisis. No se trata en lo fundamental de una historia o una sucesión. Las palabras son importantes pero más aun lo es el cuerpo, y el cuerpo es común en el ser humano. En el cuerpo está la memoria ancestral y es esa memoria la que nos interesa delatar en nuestras obras. A los sentimientos de enfermedad, sufrimiento y muerte somos vulnerables todos, no importa el idioma. – Recientemente, en el Festival de Camagüey, obtuvieron tres premios que se suman a la considerable cantidad que acumulan en estos años de trabajo. ¿Qué opinión les mereció este Festival? – En lo que al grupo se refiere fue muy bueno llegar de Corea del Sur –donde fuimos recibidos con mucha expectativa, puesto que éramos el primer grupo de teatro cubano que visitábamos ese país– e ir directamente a actuar en Camagüey, la tierra de Severo. Él solía decir que su obra era “la unión de Oriente con Occidente, mezcla de razas: negra, china, judía y cristiana” y nosotros en menos de un mes realizamos ese salto que da con su obra, pero con nuestro cuerpo.
Fue muy importante
también que muchos especialistas de teatro que no han
ido a nuestra sede conozcan nuestro trabajo. Es
importante que exista este tipo de eventos para lograr
la confrontación, el diálogo entre los que hacemos
teatro y el público, por supuesto, que es en última
instancia quien acoge o rechaza nuestro trabajo. |
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