LA JIRIBILLA
PARECE BLANCA:
REFUNDAR UNA NACIÓN

 
Este proyecto, constituye, “una coproducción simbólica, no solo para unir estéticas de los de aquí y los de allá, sino que se espera también sea la unión entre dos orillas que cuesta tanto trabajo se encuentren en un punto común, con un ideal en común. Parece Blanca es, en ambos lados, una metáfora de la refundación de la nación, de cómo repensar lo que cabe en ella, tanto en Cuba como en Miami.”


Zoila Sablón|
La Habana


Cuando en 1994 Abelardo Estorino estrenaba en la sala Hubert de Blanck su Parece Blanca, la revista La Gaceta de Cuba publicaba ese mismo año un artículo de Rine Leal que recolocaba la mirada del teatro cubano también fuera de las fronteras geográficas del archipiélago nacional.

Si antes, en 1992 en ocasión de los cinco siglos del encuentro de las dos culturas, el crítico teatral y literario Carlos Espinosa había prologado una antología de teatro cubano que contenía piezas de autores de “aquí” y de “allá”; el artículo de La Gaceta convocaba de manera más pública a mirar el teatro cubano en una totalidad que implicaba todas las orillas. Es curioso que ese mismo artículo fuera el impulsor de un proyecto que cobra hoy  vida, casi diez años después. Como han repetido, en más de una ocasión, los responsables de esta idea, ese artículo fue el que removió la conciencia, de manera definitiva, a favor, primero, de la creación del grupo La Má Teodora, liderado por Alberto Sarraín, y segundo, de la puesta en escena del texto de Estorino, por el propio Sarraín con actores de este grupo y otros de la Isla.

Este proyecto, auspiciado por el Consejo Nacional de las Artes Escénicas, por la parte cubana, y por La Má Teodora, desde Miami junto a diferentes colaboradores; constituye, como ha apuntado la Doctora Lilian Manzor, asesora literaria de este montaje, “una coproducción simbólica. No es solo una coproducción para unir estéticas de los de aquí y los de allá. Sino que se espera también sea la unión entre dos orillas que cuesta tanto trabajo se encuentren en un punto común, con un ideal en común. Parece Blanca es, en ambos lados, una metáfora de la refundación de la nación, de cómo repensar lo que cabe en ella, tanto en Cuba como en Miami.”

Parece Blanca nos coloca el conflicto en “otra” familia, la célula que conforman esos personajes de donde nace la nación cubana desde todos los puntos de vista. Pero esa familia está escindida hoy. La Parece Blanca, de Sarraín, ahora en funciones en Santa Clara, como muchas familias cubanas y también la nación, está separada; dividido su elenco entre actores que residen en Estados Unidos y actores que viven en la Isla, cubanos todos. Este hecho le otorga a la puesta en escena y a la recepción de la obra, otro carácter. Como añade Manzor, “Hay momentos que son muy emocionantes, por ejemplo, cuando Leonardo – Pablo Durán, actor de La Má Teodora – dice “Soy cubano”, eso toma otro sentido en la voz de un actor que tiene otras vivencias, otras experiencias. Y el público también lo vio así.”

El propio Pablo declaraba,  “No es fácil cuando te has ido hace veinte años. No soy lo más puro de la cubanía, me faltan veinte años. Pero la esencia esta ahí. Leonardo tiene tanta vigencia en Cuba, en Estados Unidos o en cualquier parte.” Para Michel Hernández quien había trabajado con Teatro Obstáculo antes de su partida a Miami en 1998 y actualmente en La Má Teodora, ha sido difícil hacer el papel de Isabel Ilincheta. Michel más adelante agrega “Me ha gustado mucho este trabajo, pero también siento tristeza. Me pongo a pensar en qué hubiera sido de mí, si no hubiera pasado por esta experiencia”.

Sarraín, a propósito de la selección de esta pieza  la misma que años atrás se estrenara en Nueva York de la mano de Estorino con Repertorio Español junto a actores de la compañía Hubert de Blanck –, apunta claves que nos acercan a este proyecto: “La idea básica es que la cultura y las raíces nos unen independientemente de cualquier criterio y opinión de vida que nos separe: hay más cosas que nos unen que las que nos separan. No queremos renunciar a nuestros poetas, dramaturgos. Esa es también la idea de La Má Teodora. El teatro cubano es el que se hace en Cuba, por la simple razón de que Cuba es Cuba. Lo que se hace afuera es parte de eso también, pero tiene que haber una comunicación entre lo que surge en la isla real y lo de la isla imaginada, la que solo tiene raíces en la imaginación. La selección de Parece Blanca es obvia por la manera en que se manifiesta la idea de la fundación de la cubanía y su relación con la actualidad. Esos personajes que hoy nos acompañan son, de alguna manera, la gente que vive aquí y los que viven allá. De esas dos corrientes surge una nueva forma de ser cubano en la cual nos sentimos incluidos.”

Para los actores cubanos de la Isla que han enfrentado esta experiencia, ha sido un acercamiento cultural y humano extraordinario. “Creo  confiesa Pancho García, actor de la compañía Hubert de Blanck, nuevamente en el personaje de Cándido Gamboa, estrenado por él en 1994 – que se cumple esa máxima del teatro que además de entretener debe ser un reflejo de la sociedad. Que se pueda hacer este proyecto en medio de tanta histeria, me parece muy importante. Quizás ahora no nos demos cuenta de lo que realmente está pasando aquí, pero es algo trascendente.”  También para Amarilys Núñez, actriz de Teatro de la Luna, quien interpreta a Cecilia Valdés,  es, sin duda, un momento revelador al decir “ Es algo que ha logrado cautivar a muchos porque ha sido un buen trabajo en equipo y creo que con buenos resultados. Pero en lo que realmente creo es en la idea de que las dos orillas se encuentren en un punto donde solo se hable un único lenguaje, el del arte.”

Por otro lado, el público ha recibido la extrañeza de un montaje que incluye no solo a actores cubanos de las dos orillas, sino también a actores de otras regiones de América Latina, también deudores de una separación cultural y familiar. Para Estorino, este tipo de proyecto podría extenderse, de igual modo, hacia la región latinoamericana y abrir así un intercambio de trabajo con teatristas de esas latitudes.

Mirar ahora Parece Blanca desde la arista de la migración, un tema que ha sido tan forzado y socorrido en el arte cubano de los noventa, verifica la posibilidad real de un diálogo artístico que evidencia un nuevo concepto de nación total, de sentido de cubanidad. El arte como espacio de identidad, como nación común, más allá de fronteras artificiales y proyectos de vida.
 

Como declaraba Sarraín en una entrevista hace ya algunos años, también preámbulo de lo que serían las estaciones futuras de este intercambio, “Viajo siempre con la Isla en peso”.  Un peso que cae sobre la tragedia de la familia, de las amistades, de las rupturas, y, esencialmente, de un carácter que se va formando y viene a construir otra cubanidad, otra mirada sobre la Isla, una nueva forma de entender y edificar la nación.


© La Jiribilla.
La Habana. 2002
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