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LAMENTO QUE HAYA
MUERTO LEJOS DE CUBA Aquellas visitas le sirvieron para afianzar amistades con Cintio Vitier, Fina García Marruz, Eliseo Diego, Francisco y Juan Pérez de la Riva, Zoila Lapique y Manuel Moreno Fraginals, en enjundiosas conversaciones al amparo de tazas de té. -Moreno -evoca ahora Leal- era un hombre de una gran simpatía y locuacidad extraordinaria. Me habló muchísimo. Lo identifiqué muy rápidamente con la escuela de historiadores a la que pertenecían Raúl Cepero Bonilla y el propio Pérez de la Riva. Leal refiere el impacto que causó en él la publicación de El ingenio: -Había leído los vehementes trabajos políticos de Emilio Roig sobre esa misma etapa, había leído muchas memorias de libertadores, muchos documentos de la guerra; a Ramiro Guerra, desde luego, cuya obra es como un concierto. Pero nada me arrojó tanta luz como haber leído el volumen original de El ingenio, porque por vez primera me situó delante de la economía de plantación, ante la masa productora de la riqueza, de la gran acumulación de capital, los orígenes del ingenio, la plantación en La Habana. Todo eso tuvo para mí un valor objetivo muy grande y significó una inflexión en mi línea de pensamiento. Me puso en contacto con una metodología de la investigación científica de un rigor muy grande, con un uso de la demografía como elemento para explicar el desarrollo de las fuerzas productivas. “Los estudios y conferencias que le escuché a Moreno sobre la presencia china, sobre la participación del ejercito español en la guerra, tuvieron un valor extraordinario. “Le debo mucho a Moreno, le debo su simpatía, su carácter tan particular, era un hombre simpático, daba gusto oírlo hablar. Tenía una gran bondad. Siempre un poco preocupado y a veces quejoso de lo que creía el no reconocimiento completo que su obra pudo haber recibido. Yo siempre le decía que no, que todos los cubanos, Oscar Zanetti mi profesor y todos quienes habíamos trabajado la historiografía cubana, éramos deudos de él y se lo reconocíamos. “Una última polémica con el profesor Roland T. Ellis ha resultado memorable. Se han dicho horrores por escrito, fundamentalmente Moreno lanzó una diatriba final contra Ellis, que era un amigo de Cuba y un historiador del azúcar. Pero pienso que eran expresiones de la condición humana y de las querellas en que se debaten los intelectuales cuando dicen que el otro ha tomado parte de su obra sin reconocerlo lo suficiente.” Leal expresa su visión personal de su amigo Moreno: -Recuerdo su despedida y la entrega de una parte de sus papeles y documentos a la Oficina del Historiador. Fue una prueba de confianza. No he tenido de él nada más que deferencias y en sus últimas citas con relación a mí, respeto. “Lamento, como dije en su momento, que haya muerto lejos de Cuba, de su familia del alma, de su raíz; que sus investigaciones, que se basaban muchísismo en el materialismo dialéctico, que habían merecido el elogio del Che, un elogio inusual; que todo eso haya ido a morir en un inadaptado Moreno del exilio, en un incompatible Moreno con la superficialidad y la banalidad de Miami; un Moreno innecesariamente batallador contra la Revolución de la cual había sido hijo y en cuyo seno había formado sus más importantes convicciones. No recuerdo en Cuba que nada más que lo mediocres que nos han atacado a todos, lo hayan atacado a él. Su libertad creativa y de movimiento siempre fue respetada. Tuvo el aprecio y el respeto de los dirigentes de la Revolución. Pienso que la suya fue una evolución fallida en un momento crucial de su vida en que tuvo desvaríos y vacilaciones. Pero la imagen que conservamos de él es la del hombre del aporte. No se puede escribir la historiografía cubana prescindiendo de Moreno, como no se puede prescindir, independientemente de su opción casi póstuma política, de Herminio Portel Vilá y su colosal obra Cuba y su relaciones con Estados Unidos, porque es un libro de texto y estudio; como no se puede prescindir tampoco del profesor Leví Marrero.” |
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