INDISCUTIBLES SUS VALORES INTELECTUALES

A pesar de que en su último libro involucró cuestionables criterios políticos, cómo no deslumbrarnos ante una obra monumental como El Ingenio, que nos abrió las puertas a una comprensión verdaderamente científica e integral del pasado histórico colonial inmediato a nosotros, y lo que es más importante quizás: a la comprensión de esa república y su sociedad de savia azucarera

Hernán Venegas  | La Habana

La década de 1960 en Cuba es decisiva para la historiografía del período revolucionario que recién comenzaba entonces.  Libros medulares, que dentro de poco comenzarán a cumplir los cuarenta años de publicados, coexisten a partir de entonces con aquellos de los grandes maestros de la historiografía nacional, reeditados varias veces, en particular Ramiro Guerra, Fernando Ortiz y Emilio Roig de Leuchsenring.

Los nuevos aportes historiográficos los brindan historiadores y otros científicos sociales -formados antes de 1959 por lo general- como Julio Le Riverend Brusone, Manuel Moreno Fraginals, Juan Pérez de la Riva Pons y el joven Jorge Ibarra Cuesta, entre los más señalados. Del primero surgen, en el conjunto de circunstancias urgentes a las que llevó la profunda revolución educacional experimentada en el país, obras devenidas incluso textos de consulta popular, como La República: dependencia y revolución, editada por vez primera en 1966 y que responde en sus orígenes a un conjunto de conferencias impartidas con fines docentes a comienzos de esa década.

Otro tanto ocurre con el resumen abreviado de la Historia Económica de Cuba, con una primera edición en 1963, enriquecido con novedosas tesis para entonces que se escapan a los capítulos que al respecto este autor había escrito para la Historia de la Nación Cubana (1952), en particular los que se refieren a la primera mitad del siglo xx.

Por otro lado, al calor de las diversas actividades desarrolladas a propósito del centenario del inicio de las guerras independentistas cubanas en 1968, surgieron varios libros y artículos que marcarían con su sello a toda una época intelectual. Entre estos, sin dudas, el impacto de Ideología Mambisa (1967), de Jorge Ibarra Cuesta, aún es recordado por lo que significó para la renovación del análisis político-social de los hechos bélicos que inauguraron la larga lucha por la independencia nacional.

 En ese mismo ambiente publica Juan Pérez de la Riva un artículo memorable: ''Una isla con dos historias'', aparecido en la revista Cuba Internacional en 1968.  Este tuvo la virtud de reforzar una perspectiva relegada por la historiografía nacional cubana: la de la historia regional, sobre la cual los grandes maestros habían llamado la atención varias veces, como también lo habían hecho repetidamente los congresos nacionales de historia y la propia Academia de la Historia. Lamentablemente, ni a aquellos ni a estos se les ha prestado gran atención, al menos hasta años muy recientes.

Manuel Moreno Fraginals (1920-2001) es un caso un tanto particular. Historiador graduado en el imprescindible Colegio de México (1945-1947) -como J. Le Riverend-, este comparte el oficio con otro que resulta de su pasión y praxis por la economía y la publicidad.  Antes que restarle este último, más bien le permite ampliar su visión sobre el complejo mundo de los negocios capitalistas, en especial del Gran Caribe y Europa.

Como historiador se inicia al presentar con éxito a concurso ''José Antonio Saco. Estudio y bibliografía'' (1951) y el ensayo ''Nación y plantación'' (1959, pero concebido una decena de años antes), ensayo este donde se encuentra el núcleo inicial de su obra cumbre, El ingenio. El complejo económico social cubano del azúcar, de 1964. No creo que sea difícil que concordemos todos en un hecho irrebatible: El Ingenio constituyó no solo una revelación en su momento, sino que además significó un impacto imborrable sobre mi generación -aquella que hacía sus pininos hacia la universidad- y las que le siguieron a ésta. Se trata del libro que, como decimos los cubanos,''se lee de un tirón'', es decir, se le lee ininterrumpida y apasionadamente por vez primera, a reserva de estudiarlo, de consultarlo, una y otra vez con posterioridad y de que, al cabo de los años, cuando comienza un nuevo siglo y milenio, a casi cuatro décadas de su primera edición, se mantiene como libro de cabecera, imprescindible, siempre útil. ¿Qué pudo garantizar tal éxito y, encima de ello, éxito continuado hasta nuestros días? ¿Cómo es posible que al cabo de tantos años despierte tan fuerte admiración? ¿Por qué los historiadores de oficio, viejos y nuevos, volvemos siempre a éste?

Las respuestas a estas y otras interrogantes posibles están en el significado que tiene el libro, ampliado sustancialmente en tres tomos en 1978: se trata de un enfoque historiográfico ciertamente, pero también cultural, que imbrica con la génesis y sobre todo con el desarrollo decimonónico de la nación y de la cultura cubana.  Nación y plantación -y volvemos a su ensayo de 1948-1959- están en las pautas de esencia que Moreno nos presenta en su libro, en una correlación en que el factor humano conformado por dominantes y dominados recorre la obra, desde el ideólogo por excelencia de la plantación habanera, Francisco de Arango y Parreño, hasta el más humilde esclavo que con sus saberes y decires fue primordial en la consolidación de esa nación. Por esto es tan importante la idea planteada por Moreno Fraginals en una conferencia de 1985 en el sentido que, en las condiciones de la Cuba de la primera mitad del siglo XIX, la enorme masa de africanos inmigrantes, con sus ricas y diversas culturas, entorpeció a la vez que enriqueció sustancialmente con proyección de futuro a la nación y su cultura sincrética(1).

Cómo no deslumbrarnos entonces ante una obra monumental, que nos abrió las puertas, conjuntamente con las otras obras más arriba citadas -y muy pocas otras más-, a una comprensión verdaderamente científica e integral del pasado histórico colonial inmediato a nosotros, y lo que es más importante quizás: a la comprensión de esa república y su sociedad de savia azucarera, que no por dependiente haya sido menos luminosa y proyectante, lacerante y querida, conjunto de aportes implícitos y explícitos, que con toda seguridad explican la premonición del comandante Ernesto Che Guevara sobre El Ingenio (2).

Es que Moreno nos enseña cómo se produce un flujo tecnológico y cómo la aplicación de la evaporación al vacío en los ingenios, pongamos por ejemplo, trajo hondas transformaciones sociales y en las mentalidades, cuestión esta última tan de moda en los últimos años. Nos enseña, como dice en su artículo ''La historia como arma''(1967), el valor que tiene para el estudiante el análisis de mercados, de consumo, de venta, de distribución y, lo que es más importante aún, lo que él llamó los módulos de vida de una comunidad rural, como lo es la del batey del ingenio azucarero (3).

Nos enseña, como aparece en una entrevista  de 1986 sobre la historia y cultura caribeñas, a conjugar la técnica rigurosa del análisis empresarial con la no menos rigurosa de la evolución del complejo humano creado por la acción de estas empresas a nivel de todos sus integrantes y en primera línea esclavos, plantadores y comerciantes. Nos lleva a comprender, en sus palabras, como ''desde mediados del siglo XVII hasta mediados del XIX este convulso mundo caribeño va a estar como aprisionado entre ambas fuerzas (y que) la resultante dialéctica de esta lucha será lo que pudiéramos denominar una sociedad de plantación con una cultura de plantación''(4).

Por esto, tras el análisis que realiza sobre las transformaciones de todo tipo que sufren las instituciones coloniales de entonces, incluyendo las religiosas, no queda a uno menos que agradecerle la sagaz relación que establece entre todos estos fenómenos, económicos y de la conciencia social, con el hombre, blanco o esclavizado, en particular el último, desde su alimentación y su salud hasta aspectos sexuales, sico-sociales, lingüísticos, que han transcendido a nuestra cultura nacional a partir de lo que él consideró como deculturación de los africanos y sus descendientes inmediatos (5). 

Precisamente, esa interrelación indisoluble historia-cultura en la colonia plantacionista el Maestro pudo llevarla a diecinueve tesis, labor desafortunadamente enunciada pero no concluida, que aún requiere de un serio estudio y análisis crítico (6).

Moreno declara que para su visión de la historia nacional él se situó en su célula básica, el ingenio, concibiéndolo, como dice el subtítulo de su obra, como el complejo económico-social cubano del azúcar.  Quién mejor que él para hacerlo, él, que había conocido cómo se hacía en la práctica el azúcar manufacturera, en los experimentos que efectuó cerca de la Universidad Central de Las Villas, cuando fue profesor de ésta al arrancar la década de 1960.  El autor afirma categóricamente que el ingenio no es el único punto de vista válido, pero también que ésta fue su decisión (7). El problema está, desde mi punto de vista, en que ni la plantación generada en la región habanera -ni su vocero por excelencia- es un sólo modelo para toda la colonia, ni que el resto de la rica Historia de Cuba, puede ser subsumido en esa historiografía plantocrática de que aún padecemos y de la que en cierto sentido tampoco escapa El Ingenio .

Es decir, si reducimos la plantación habanera a su área geográfica, ésta ocupa sólo el 17% del total del archipiélago cubano, incluyendo las regiones plantacionistas matanceras -comprenden además la improductiva gran Ciénaga de Zapata- y la tabacalera del oeste de Pinar del Río. De éstas, al menos la región de Matanzas y su ciudad cabecera, la Atenas de Cuba, claman por su autonomía y personalidad regional ya a mediados del siglo XIX. En rigor, la plantación habanera propiamente dicha abarcaría de forma aproximada un 6% del total del espacio del archipiélago cubano.

Añádase a ello que, históricamente, la población asentada en la región histórica habanera, cuando aún incluye dentro de su área a Matanzas y Nueva Filipina -Pinar del Río-, oscila sobre un 56% del total de la colonia entre 1754-57 y 1827, según cifras de los diversos padrones, censos y estadísticas situados entre una y otra fechas.  Posteriormente, cuando las regiones matancera y pinareña adquieren su propia personalidad regional, La Habana ve bajar sus índices poblacionales al 28,4% del total colonial entre 1841 y 1899, también según los censos y estadísticas situados entre una y otra fechas (8).

A pesar de esas realidades, ese clásico de la cultura y de la Historia de Cuba que es El Ingenio, resulta una obra esencial para una mejor comprensión de una obra verdaderamente integral de la Cuba colonial, al menos en cuatro órdenes: por lo que dice en cuanto a las regiones plantacionistas del occidente cubano, por lo que sugiere en cuanto a lo que su autor llama como ''enclaves'' azucareros del resto de la Isla, por lo que no dice de esos ''enclaves'',  verdaderas regiones plantacionistas a una escala menor a la habanero-matancera, y por lo que tampoco dice de otras regiones, como por ejemplo las ganaderas, umbilicalmente atadas a la vida y muerte de la plantación en determinado período (9). Solamente por estas razones -que no son todas- el trabajo sobre una historiografía en rigor nacional debe mucho a la obra de Moreno Fraginals. Consecuentemente con estos criterios, dicho Maestro seguirá concibiendo de forma consciente a la historia nacional como la de la gran región habanera en trabajos posteriores, como en la antes citada conferencia de 1985. Todavía en 1995 reitera tal posición en su libro Cuba/España. España/Cuba. Historia común, con una cierta argumentación ahora acerca de su escogencia  de La Habana como exponente de toda la historia insular.

Precisamente este último libro cierra la gran producción editorial conocida del Maestro. Sobre este volumen se ha hecho una reducida pero notable crítica historiográfica que desafortunadamente ha estado por lo general matizada de criterios políticos, tanto por las peculiares condiciones de todo tipo que rodean en los últimos años la vida de este Maestro de la historiografía y de la cultura cubana, como por algunos de los criterios que este vierte en dicha obra.

En primer lugar, a fuer de ser sincero, no puedo concordar con ese otro gran maestro de la historiografía marxista, el catalán Josep Fontana, cuando afirma en la Presentación de la obra, que esta es posiblemente la mejor de todas: sus obra maestra (10).

Se trata de una obra de síntesis, escrita en adversas circuntancias intelectuales con toda seguridad, de una obra redactada en la lejanía de su archivo y biblioteca personales y en otras difíciles circunstancias, lo que destaca en cierta medida el Maestro con el significativo y sugerente título de Prólogo para Terminar.  Sin embargo, también percibo a Cuba/España. España/Cuba como una obra que fuerza la por otro lado innegable relación de sangre y de cultura, así como a los encuentros más que a los desencuentros que históricamente asistieron a la metrópoli con su colonia.

Pero, en cualquier caso, ahí está toda la obra de Manuel Moreno Fraginals, como un legado imperecedero para la cultura y la historiográfia cubanas, más allá de circunstancias y situaciones del tiempo corto, diríamos. Quizás, cuando pase algún tiempo, la mayor parte de nosotros podamos concordar al evaluar al gran maestro que fue Moreno Fraginals con similares parámetros a los que este utilizó para referirse a la vida y la obra de Ramiro Guerra Sánchez (11).  Pero desde ahora estimo que uno de estos parámetros queda fuera de toda discusión: el de sus grandes virtudes intelectuales volcadas sobre su patria y el Caribe todo.  

La Habana, junio 10 del 2001.                                            

                                                                     

C I T A S . -

(1) "Peculiaridades de la esclavitud en Cuba", en revista Islas no. 83.  Santa

Clara, Universidad Central de Las Villas, 1985, passim.

(2) Ernesto Che Guevara.  Carta a Manuel Moreno Fraginals, de 6 de octubre de

1964, en Obras Escogidas. La Habana, Casa de las Américas, 1977, Vol. II, pág.

691.

(3) "La Historia como arma", en revista Casa de las Américas no. 40.  La Habana,

Casa de las Américas, 1967, pág. 27.

(4) Alfredo Prieto González.  "Entrevista a Moreno Fraginals", en Cuadernos de

Nuestra América no. 6.  México, julio-diciembre de 1986, pág. 296.

(5) "Aportes culturales y deculturación", en M. Moreno Fraginals (relator).

Africa en América Latina.  México, Siglo XXI, Editores, S.A., 1977, págs. 13 a

33.

(6) "Hacia una historia de la cultura cubana", en Revista Universidad de La

Habana no. 227.  La Habana, Universidad de La Habana, 1986, págs. 41 a 63.

(7) Alessandra Riccio. "El Ingenio de Moreno", en revista Revolución y Cultura

no. 9. La Habana, 1989, págs. 4 a 11.

(8) Hernán Venegas Delgado. "Historiografía 'nacional' e historiografía regional

en Cuba", en revista Del Caribe no. 32.  Santiago de Cuba, Casa del Caribe,

2000, pág. 7.

(9) Hernán Venegas Delgado.  La región en Cuba.  Un ensayo de interpretación

historiográfica.  Capítulo 3 (en proceso editorial).

(10) Josep Fontana. "Presentación" a Manuel Moreno Fraginals. Cuba/España.

España/Cuba. Historia Común.  Barcelona, España, Grijalbo Mondadori, 1995, pág.

9.

(11) "Presentación" a Ramiro Guerra Sánchez.  Azúcar y población en las

Antillas.  La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1976, pág. /IV/. 

Nota: Cuando no se indique autor los títulos corresponden a Manuel Moreno

Fraginals.


2001. La Jiribilla. Cuba.
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