FOTOS Y CHE
Camilo
Guevara March,
Centro de Estudios Che Guevara, | Cuba
El hombre en el intento cotidiano
de perpetuarse o simplemente sobrevivir, emula (según
se vea) con Dios o la Naturaleza, participa en la
formación y transformación de entornos, hacia fuera y
hacia dentro, a veces con prudencia y otras con
petulancia, generando en el acto armonías y conflictos.
La Fotografía nace de una armonía
de conflictos, entre la luz y la sombra y se recrea en
los colores. Surge del equilibrio creado por el antojo
del artista, entre la lente incorpora a la luz y el
soporte sensible al calor. Como toda manifestación del
ingenio, nos evidencia esa actitud irreverente e
inconforme del humano en su relación el medio o la
providencia. En su efímera presencia junto a nosotros,
como arte o testigo, siempre ha cometido como obra homóloga
del día o de la brevísima explosión del segundo, tan
infinita y permanente como ellas, tan reveladora como
ninguna.
Sí es obvio que sin luz el
universo de la Fotografía no tiene ni comienzos ni
finales, sin el hombre sería “simple” naturaleza y
no existiría como mágica crónica o como sueño, como
motivo de reflexión. Sin el ojo redentor antes y después
de la cámara el sonido policromático de la selva no se
escucha, la miseria de la injusticia no nutre el
desacuerdo y los músculos tensos y sudorosos pasarían
inadvertidos en el tiempo.
Hay muchas formas de atrapar el
encanto de un vuelo, una huella, el alma de las cosas,
pero sin dudas la fotografía es poderosa ostentación
de fuerzas o lo que es lo mismo, creación.
Posiblemente esta recopilación de
fotos tomadas sin el fin de exponer una obra, presentada
más como constancia de una vivencia, que como sutiles códigos
de expresión, despierte la curiosidad de un público
interesado en hacer un recorrido —aunque
intermitente— por la vida de esta aprendiz de fotógrafo
y maestro poco común de lo ético.
Estas vistas que son cónyuge del
tiempo, luz sin mayores pretensiones se mezclan en esta
muestra que han tenido a bien organizar ojos después de
la cámara, como homenaje a este esteta universal que
emana en lo que siente y lo enuncia con versatilidad. La
ofrenda al que germina en la ruta nada fácil escogida,
al que actúa invariablemente como piensa, atrae la
atención de los que intentan descubrir a través de su
iris algo de su esencia.
La dualidad ético-estética
salvadoramente sintetizada en este singular lazarillo
que nos ha guiado con éxito en el pasado reciente, urge
de continuidad masiva para acompañar en el porvenir sus
sabios pasos. Quizás esta sea la única forma
permanente de evitar el “inexorable fin” que amenaza
las quimeras.
Nuestro centro ( que emerge como
instrumento para detenernos en la impronta del Che, para
desenmascarar verdades y acusar mentiras, para impedir
que quede en el olvido la acción esperanzadora y
fecunda de este hombre presente y futuro, agradece con
infinito este bienvenido tributo, expresión de respeto
y reclamo para que permanezca junto a nosotros por
siempre como la foto y la luz.
(Del catálogo
Ernesto Che Guevara, fotógrafo. Generalitat Valenciana,
2001)