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PARECIA
UN ADOLESCENTE QUE SABIA MUCHO "El
presente nos ayuda a comprender el pasado" Ha
muerto un grande de la historiografía cubana del siglo
XX, Manuel Moreno Fraginals. Durante décadas, los
estudios de Historia de Cuba se enriquecieron con su
sapiencia, su dedicación y su excelente prosa. Muchos
desconocen que Moreno, como solían decirle sus
colegas cubanos, a comienzos de la década de 1950 y
durante alrededor de dos años, fue profesor de la
Universidad de Oriente. Una de las asignaturas que
impartía era la Historia Contemporánea. Justamente parece -me explica Electo- que es a través
de su relación con Juan Chabás, Herminio Almendros,
José Luis Gálvez y otros exiliados
antifranquistas que llega él a la Universidad de
Oriente. Claro está, Moreno había estudiado en el
Colegio de México (país donde, según decía, había
descubierto los restos de Hernán Cortés) y conocido a
Alfonso Reyes. He sabido después, que hubo de
presentarse a oposiciones a la plaza de profesor de
Historia, y ganar, con un texto de 50 páginas, lo que
ya era el embrión de El ingenio. Les hacía
leer a los alumnos Amor y Pedagogía, de Miguel
Unamuno y de la pluma de Antonio Machado, los escritos
de Juan de Mayrena y Abel Martín, personajes que
encarnaban el pensamiento filosófico, estético
y literario del poeta español. Acostumbraba visitar con los amigos El Baturro
entre las 4 y las 5 de la tarde para tomar su bebida
favorita: café, limonada, sal y pimienta mezclados;
mientras los demás lo miraban asombrados.
Frecuentaba una tienda frente al hotel Casa Granda para
comprar discos viejos, de esos de 78 revoluciones, su
preferencia era la música afrocubana y en particular la
de Miguelito Valdés. Hay que decir, asevera Electo, que era muy serio en su
trabajo y trataba de alcanzar la verdad histórica hasta
donde pudiera ofrecerla la información poseída.
Durante la segunda mitad del siglo XX, se perpetuó
aquella amistad surgida ente el profesor y el alumno
aventajado, lo que le valió a nuestro interlocutor
conocer, gracias a Moreno, intelectuales de la talla de
Roberto Fernández Retamar, Odilio Urfé, entre otros,
muy importantes para su carrera como intelectual y como
músico. Y es que su cultura era amplia, no Moreno vino
a Santiago, en alguna que otra ocasión a la Universidad
de Oriente, donde lo conocí por vez primera y después
muchas veces, con la fundación de la Casa del Caribe en
1982. En reiteradas oportunidades, con él coincidimos en el
Archivo Nacional de Cuba y en la Biblioteca Nacional José
Martí. Era un investigador incansable que trabajaba
directamente con la documentación. Guardo en la memoria
nuestras visitas juntos a tomar helados en El Bory, del
mismo modo que las esperas de guaguas, tras
concluir la larga jornada de archivo. En más de una
ocasión, recibí su apoyo documental para mis trabajos.
Pero lo que más me impresionaba a mi de Moreno era su
habilidad para escribir y lo bien que lo hacía. En su familiar y amena conversación sobre su vida
universitaria en Santiago de Cuba ya Electo me lo
explicaba, pero desde siempre lo reconocí en su
obra. Una vez que coincidimos al viajar en avión hacia
Santiago, no tuve por menos de felicitarlo por las
excelentes páginas de El Ingenio en que se refería a
la composición de la sacarocracia criolla habanera y
los intríngulis de la política colonial dirigida por
aquella oligarquía que comandaba Francisco Arango y
Parreño. Pequeña joya de aquella prosa histórica,
mentís de quienes consideran este arte ajeno al
quehacer histórico, fue publicada en la revista Bohemia
de los años 1980. Eran unas breves páginas en las
cuales exponía, responsablemente, toda la situación
militar y política de la guerra de restauración
dominicana. Yo, que había estado leyendo documentación
sobre este tema, me maravillaba de su capacidad para
percibir el problema central, lo bien escrito que se
hallaba el análisis histórico, sin palabras rebuscadas
pero con una exquisita prosa. No es el único resultado de investigación documental que
Moreno trabajó con excelencia; sí es bastante
excepcional que un historiador sea capaz de transmitir
en estilo literario depurado sus resultados, hacerlos
agradables al lector, incluso a los menos iniciados en
estos trajines, porque además lograba una claridad
envidiable en su exposición. Me aficioné a citarlo
entre mis alumnos como paradigma de lo que era posible
conseguir en el ensayo histórico, si uno se lo propone. Sus relaciones santiagueras continuaron y dejaron una buena
cosecha. La profesora de la Universidad de Oriente
Maritza Pérez Dionisio trabajó durante un buen tiempo
con él para apoyarlo en sus estudios sobre el ejército
español que combatió en Santo Domingo y los decesos
entre aquellas tropas, que se asentaron en los
libros del cementerio de Santa Ifigenia. Para ella fue
un notable aprendizaje de la mano de Moreno y en más de
una ocasión, lo ha reconocido como su inspirador
en investigaciones posteriores sobre la presencia española
en la región oriental de Cuba. Nunca olvidó la fraternidad con que se le acogió en esta
ciudad y reciprocaba afectuosamente a quienes habían
compartido con él en esta tierra. Joel James,
director de la Casa del Caribe, quien lo consideraba su
amigo, me ha dado verbalmente su opinión sobre Moreno,
la que también suscribo por entero: "Moreno fue mi amigo durante muchos años, lo consideré
siempre uno de los mejores historiadores cubanos, desde
que recibí de él algunas clases sobre Historia del
Arte cubano. No me interesa donde haya muerto, ni donde
haya vivido. "Todos sus trabajos en Cuba están en la dirección de esclarecer
los procesos formativos de la nación cubana y
justificativos de la independencia del país. En
particular, su obra en varios tomos, El Ingenio,
constituye un clásico de la historiografía cubana. Sin
su consulta no sería aprensible el proceso
plantacionista en el occidente de la Isla durante el
siglo XIX. Moreno no se detiene en describir las relaciones de
producción durante este período, sino que va mucho más
que a esto para alcanzar la psicología del esclavo,
internado en un barracón, maloliente ergástula, donde
tenía que ocultar sus símbolos religiosos en lugares
obscuros y donde las relaciones sexuales se
distorsionaban por la escasez de hembras. Moreno incursionó en otras ramas de la historiografía
cubana, su biografía sobre José A. Saco no ha sido
superada y fue siempre un hombre abierto a consulta de
todos los jóvenes historiadores. Sin lugar a dudas él,
junto a Ramiro Guerra, Julio Le Riverend, Juan Pérez de
la Riva y Jorge Ibarra constituyen el Colegio de
Autoridades más alto en la historiografía cubana del
siglo XX. Y es así como recordaremos y
consideraremos siempre a Manuel Moreno Fraginals |
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