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LA
JIRIBILLA
UNAS PALABRAS AGRADECIÉNDOLE A RICHARD
QUE TRAIGA SU FLAUTA
Nancy
Morejón |
La
Habana
Yo muchas veces quise saber qué era la
música y fue Richard quien supo darme la mejor de las
respuestas con el sonido único de su flauta y su
cercanía familiar. Quienes lo hemos esperado siempre en
cualquier parte, a cualquier hora, conocemos su lento
andar por las ciudades grandes y pequeñas, un andar que
es diferente a la rapidez, a la velocidad del sonido.
Conocer a Richard o haberlo escuchado tocar su flauta
legendaria, siempre en su casa, es haber conocido la
felicidad en pleno corazón de Los Sitios. Haberlo visto
afinando un piano como pocos saben hacerlo en esta
ciudad fue una experiencia que aún hoy carece de nombre
hasta tal punto que me sirvió para comprobar las razones
del largo poema que le da nombre a uno de mis libros más
conocidos. Así lo pueden confirmar sus contemporáneos
más legítimos que son El Bodeguero y el Chachachá de la
Cantina.
Han transcurrido mucho más de treinta y cinco años y es
un tremendo privilegio tenerlo con nosotros esta tarde
acompañándonos con Gladis, hija y madre a la vez, hija y
madre de todos sus seres queridos, acompañándome con su
flauta pícara y eterna, sonando sobre los cielos y los
muros de este antiguo palacio para bendecir aquel primer
encuentro, aquella primera vez en que escuché algo
parecido a los aires de un reino recobrado por nosotros
gracias a él porque Richard, como en la fábula conocida,
trae su flauta y todos echamos a correr detrás de su
sonido en busca de nosotros mismos.
Estas palabras quieren agradecérselo del modo más
sentido.
Palacio
del Segundo Cabo, 30 de agosto, 2002.
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