LA JIRIBILLA
ALTAS EXPECTATIVAS
 
"El rap contiene una lírica potente que habla de las cosas de la calle. Es una estética callejera que se acerca a la poesía de manera diversa", opina Rodolfo Rensoli, uno de los principales promotores y teóricos del rap en Cuba.

María del Puerto | La Habana

Apenas llegué, me ofreció descansar de la aridez del reparto Bahía y traspasar el umbral de la desconfianza. Tal vez víctima del prejuicio antirrapero, confieso me sorprendió la coherencia de un discurso con el matiz que reina entre gente que se conoce de mucho tiempo atrás; sin embargo, era la primera vez que hablábamos. Desde su sillón me reveló un mundo que me era ajeno, y además me presentó la contraseña para conocer parte de la cofradía llamada underground. Esta, también, era la oportunidad que esperaba para conocer a Rodolfo Rensoli, miembro del Grupo Uno y promotor del movimiento de rap en la Isla, de quien me queda un sabor a rebeldía y las respuestas certeras de quien quiere romper prejuicios.

–¿Defiendes la tesis de un rap poético?

Es una lírica potente que habla de las cosas de la calle. Es una estética callejera que muestra la poesía de maneras diversas, lo mismo en las palabras que se usan comúnmente, como en las disfrazadas –el mismo recurso de la poesía escrita– es, además, muy eficaz.

Lo que sucede es que no ha sido estudiada profundamente porque la gente no la conoce. Hay que meterse dentro del rap para comprenderlo mejor, y dejar atrás las visiones estereotipadas y prejuiciosas, alentadas por personas que han estudiado otros sistemas poéticos y no llegan a comprender nuestra estética.

La gran bendición de todos los que vivimos en el este -Omni, Grupo Uno, Zona Franca- es que hemos tenido contacto directo con la estética del rap, la hemos comprendido, metabolizado e incorporado a otros órdenes de la vida. Los símbolos que utilizamos nosotros trascienden, a veces, la conversación de los propios raperos, y se mezclan con otras costumbres, otras cosas, pues ahí es donde veo la lírica del rap.

–¿Por qué, también aquí en Cuba, el graffiti complementa al rap como medio de expresión gráfica y artística?

La necesidad de expresarse gráficamente nace en el hombre desde la prehistoria, por tanto es normal la continuación de esa necesidad expresiva, desde la caverna hasta Basquiat. Lo que hace la cultura hip hop es sintetizar, pues además, no somos los iniciadores, desde el rock and roll venía eso. El jazz también se expresaba plásticamente, pero no salía de las galerías. El rock rompe con estos espacios oficiales de promoción del arte. Por ejemplo, el carro de John Lennon estaba graffitado, pero era un tipo de graffiti diferente al del hip hop. Este último es más gris, más oscuro, moderno, agresivo y está dado por la realidad de quienes lo gestan. Hablo de los orígenes del rap, no aquí en Cuba. El graffiti nuestro tiene más colorido, por ejemplo el de Amaury, el Yoyi, Fito, Nilo.

Te decía que el graffiti forma parte de la cultura hip hop, que es además un término traspolado, que no se ha analizado bien como ocurre con otros. Está mal empleado, cuando se explica lo que es el hip hop se tiene que hablar de un conjunto de elementos (de big bog). Sin embargo, aquí en Cuba nos salva el término "moña", que los raperos han empleado para hablar de hip hop.

–¿Cómo ha influido la institucionalización reciente del rap?

Negativamente. Yo no soy antiinstitucional. La institución es una formación y están las organizaciones, pero nosotros lo que hemos promovido es un movimiento canalizado por las instituciones y no dirigido por estas. El rap es de la calle y no se puede perder de vista. La importante es que la cosa surja desde la base y se vaya gestando sobre la misma dinámica de festivales, de eventos pero las ideas deben seguir siendo nuestras. Creo que las organizaciones deben canalizar el flujo de lo que viene de abajo, porque siempre hace falta el coauspicio. Se me malinterpreta cuando hablo así, sin contar que yo fui el primero que aunó al rap con la Asociación Hermanos Saíz, precisamente comprendiendo la necesidad de que esos muchachos necesitan educación, instrucción y espacio.

–Relacióname el discurso actual sobre la negritud con el rap cubano.

Está presente porque hay un espacio de discusión que no se ha agotado  sobre el conflicto racial, o las relaciones interraciales. Este tema es bastante recurrente en mi epistemología y la clave me la dio mi relación con la vicepresidenta de la Asociación de descendientes de gallegos. Sucede que esas organizaciones no han desaparecido, sin embargo, las sociedades negras sí, y alguien dirá que las sociedades de blancos también desaparecen; pero es que el blanco cubano o el no negro (léase árabe, chino) conservan espacios de relaciones, y el negro tiene que comenzar porque existen segmentos de su historia que no conoce. Le truncan el apellido, como dijo Guillén, el origen. Entonces, necesita repensar toda la historia para encontrar un significado, un símbolo, un porqué, un árbol genealógico, o inventárselo, como ocurre con los rastafari.

Pienso yo que el negro se integra a la Revolución con su trauma, con su déficit, y entra a recuperarlo, entre otras vías, cuando se le da un espacio de socialización al rapero, un espacio mayormente de negros, con todo el ritmo y la carga de africanía que trae.

Es normal que se discuta en este espacio todo lo que no se ha discutido sobre un problema que ha permanecido oculto. Entonces es el rap quien de alguna manera lo anuncia, lo pone, incluso en la voz del rapero blanco. En todo momento el discurso rapero está inmerso también en los ‘60 y en los conceptos de contracultura, y en los líderes negros norteamericanos que fueron la cabeza de todo un levantamiento.

Pienso que no se comprende bien el fenómeno de hip hop, sino se estudian los ‘60. Me impresioné mucho cuando vi la carátula del disco del festival de Houston del ‘60, había mucha mezcla de razas y aunque el poder siempre se encuentra o inventa cómo asimilar a toda esta gente, siempre hay quien se salva y ahí está el negro con un discurso emancipador.

–A la altura de una década de festivales ¿qué le falta al rap en Cuba?

Mezcla, no orishismo. Orisha es un fenómeno de la producción discográfica francesa. Tuvieron el tino de entender lo que le gusta al cubano y sacaron una buena producción, no una creación, no es algo que parta del propio grupo. Te lo digo porque conozco bien a los muchachos desde que empezaron. Ahí el más creativo era el Pionero, que está casado en Noruega. Ese es el que va a dar la sorpresa de un momento a otro y que, además, añora mucho a Cuba.

Hace falta mezcla esencial y mucha cultura acerca de los ritmos cubanos, no solo de la raíz africana directamente, sino del changüí, del son, del indio que también llevamos en la sangre. No soy de los que se cree que el aborigen desapareció y ya. Es histórico que hubo tiempo para que el indio y el español se mezclaran antes de la llegada del negro, lejos de hipótesis siboneyistas ni racistas. Pero es necesario  estudiarlo y estudiarse... hay que buscar resonancias internas, el legado de los ancestros.

 –¿Qué nos guarda este Festival?

 Muchas expectativas...
 


© La Jiribilla.
La Habana. 2002
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