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LA
JIRIBILLA
La regresión del tiempo
EL AUGE CONSERVADOR
Lisandro Otero
(Primera de dos partes)
En los últimos tiempos vemos un auge de las tendencias
conservadoras en todo el mundo: Bush, Aznar, Blair,
Berlusconi, Chirac, Fox. No cabe duda de que la
desaparición de la Unión Soviética ―que por muy
conservadora que fuese siempre constituía un punto de
apoyo para los países del Tercer Mundo―, ha influido en
este viraje.
La declinación de la influencia del Movimiento de No
Alineados y del Grupo de los 77, la necesidad que han
tenido China y Vietnam de adaptarse a mecanismos de la
economía de mercado, y las concesiones que ha hecho
Corea del Norte son algunos síntomas, a los cuales hay
que añadir a las derechas en expansión mientras las
izquierdas, o sus sucedáneos, se repliegan en todas
partes.
El término conservador fue acuñado por Chateaubriand
para designar a los partidarios de la restauración
monárquica de los Borbones, después de la Revolución
Francesa. Chateaubriand fue funcionario diplomático de
Napoleón hasta que renunció para apoyar el ascenso de
Luis XVIII, del cual llegó a ser Ministro de Relaciones
Exteriores.
El conservadurismo, en general, muestra una preferencia
por instituciones y prácticas que han evolucionado a
través de la historia, resistiendo la prueba del tiempo
como manifestaciones de continuidad y estabilidad.
La ruptura del orden monárquico, a partir de 1789, marcó
el auge del republicanismo, de las tendencias liberales
y de la moderna democracia burguesa. Pero fue también un
momento en que las derechas comenzaron a adquirir una
conciencia de sí mismas y a organizar sus doctrinas para
rebatir las emancipaciones que propició el
Enciclopedismo.
Edmund Burke fue el primer gran teórico del
conservadurismo moderno. Aunque de origen irlandés
demostró ser un cuidadoso guardián de los intereses
reales ingleses. En 1790 escribió sus "Reflexiones sobre
la revolución en Francia". Thomas Paine publicó su
estudio sobre "Los derechos del hombre", al año
siguiente, como una réplica a Burke.
Burke postulaba que la alteración violenta del ritmo
social era un retroceso de tal envergadura que anulaba
cualquier adelanto del cual la revolución pudiese ser
portadora. Creía que existía un impulso natural en el
hombre que lo impulsaba a la moderación, a la cordura,
al equilibrio. El orden moral surgía de esta sensatez y
sobriedad. El desarrollo de la potencialidad humana
depende de la aceptación de las normas existentes y del
cumplimiento de los objetivos de la comunidad en que se
vive. También admitía la omnipotencia de Dios como un
valladar a la maldad. Creía en el valor de las
jerarquías y las tradiciones. Consideraba providencial
la miseria de los pobres y no creía que decreto o
disposición alguna pudiese remediarla porque el hombre
jamás podría ser amo de su destino.
Los conservadores estadounidenses tuvieron un mentor en
Alexander Hamilton. Aunque la Declaración de
Independencia, redactada por Thomas Jefferson, era un
documento muy liberal sufrió modificaciones en 1787 y
1791 que la hicieron más cauta y conservadora.
Otro de los grandes maestros del pensamiento conservador
fue Joseph de Maistre, un monárquico fundamentalista.
Sus "Noches de San Petersburgo" sigue siendo su libro
más conocido, pero en sus otros textos favoreció el
autoritarismo, justificó la Inquisición española y el
papel de los verdugos como guardianes principales del
orden social. De Maistre defendió la supremacía del
cristianismo y el papel regente de soberanos y papas.
Atacó las tesis de Voltaire, Rousseau y Bacon y negó el
progreso de la ciencia. Al lema esencial de la
Revolución Francesa: Libertad, Igualdad, Fraternidad,
solía oponer otro: Altar y Trono.
El papel principal en el intento de anulación de la
Revolución Francesa correspondió a Metternich y al
Congreso de Viena de 1815 como restauradores del derecho
divino de los reyes y los regímenes absolutistas. Fue
Disraeli, sin embargo, quien alcanzó un mayor desarrollo
político impulsando un conservadurismo de rostro humano.
Buscó un acercamiento con la clase obrera otorgándole el
derecho al voto, estrechando el contacto con la pequeña
burguesía, aunque su interés principal era prolongar los
privilegios de la aristocracia terrateniente. Sus
sucesores Salisbury y Balfour cuidaron la expansión
imperial, pero cultivaron un conservatismo más liberal.
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