LA JIRIBILLA
CUBA EN EL RECUERDO
Y EN EL PRESENTE


La Mercedes Antón que tengo ahora frente a mí valora la realidad de nuestro país con la misma vehemencia que lo hacía en Cuba: "El Triunfo de la Revolución no puede  determinarse por una o dos décadas, sino que es la senda a seguir para lograr el final que todos anhelamos".


Tomás Fernández Robaina |
La Habana


Carlos Gardel, el famoso cantante de tangos, expresó en una de sus más populares interpretaciones que veinte años nada son, pero los cuarenta que hemos vivido nosotros, en la Isla o allende los mares, nos han dejado marcas, huellas físicas y espirituales de muy variados matices.

Hemos sido testigos y agentes activos excepcionales de este período histórico iniciado en 1959.  Como consecuencia de los años transcurridos y de los cambios habidos en todas las latitudes del globo terráqueo, tratamos de adecuarnos a las nuevas condiciones materiales y espirituales que prevalecen en el mundo de hoy, después de la desaparición del campo socialista  en los países de Europa Oriental , sin abandonar la bandera del socialismo como concepción y esperanza de un régimen político y humano más justo.

Por todo lo anterior,  las ilusiones, los  sueños, las alegrías, las realizaciones, las decepciones, los sufrimientos y las  frustraciones, son algunos de los elementos que se hacen visibles en nosotros, unos con mayor fuerza que otros; en ocasiones domina solo uno de ellos, a veces, en una lucha tenaz por manifestarse de forma proporcional y balanceada.

No importa el sitio donde nos encontremos, esos elementos nos hacen sentir y ser en realidad seres agónicos, sobre todo cuando  hacemos el arqueo necesario de lo que fueron, son y parece que serán nuestras vidas, y aún más cuando nos negamos a ir a posiciones extremas o evasivas en nuestras actitudes.

La distancia, el tiempo y los hechos que tuvieron y han tenido lugar en nuestra Isla  y en el seno de la comunidad cubana en el exterior, han motivado cambios en nuestro pensar en torno a la apreciación de nuestra historia, de nuestra cultura y de nuestras vidas en estas últimas cuatro décadas.

Todos esos elementos florecen en la mayoría de nosotros, como ya dije, de muy diversas formas; pero aún hay personas,  que se mantienen aferradas a una ortodoxia y a una militancia ideológica a favor o en contra  de  la realidad  objetiva que nos ha tocado vivir, sin que las experiencias obtenidas de esas vivencias  hayan influido en el cambio de sus criterios.

Algunas de las entrevistas realizadas dejan entrever o reflejan ampliamente ambos extremos; otras por el contrario reflejan matices, cambios, que evidencian que el paso del tiempo y la correlación de las fuerzas en pugnas,  particularmente las que están a favor del mejoramiento de las relaciones entre todos los cubanos y el cese del embargo -sobre todo por la ineficacia de esa medida en lograr sus propósitos- ganan  poco a poco un espacio cada día mayor imposible de pensar hace diez años. En algunos casos llaman la atención determinadas  posturas  y mucho más si se tiene en cuenta que algunas de esas personas salieron de Cuba porque no tuvieron otra opción; no abandonaron el país con la alegría del que sale de vacaciones.

Pienso que el caso de Mercedes Antón es bien elocuente en este sentido. Estoy seguro de que el nombre nada dirá para los nacidos en Cuba  después de 1959; pero para los que ya tenemos más de cincuenta años, el nombre puede ser familiar, hasta conocido. Ella fue una de las escritoras más famosas de la radio y la televisión cubanas  durante los primeros diez años de iniciada  en La Perla de las Antillas. Su programa Conflictos Humanos, alcanzó siempre uno de los  porcentajes más alto de la audiencia radial y televisiva. Su novela Historia de Tres Hermanas se pasó por la pequeña pantalla durante dos años, y por ella desfilaron cientos de actores y de extras que todavía la recuerdan. Además, por su grata presencia, agilidad mental y cultura Mercedes Antón era figura obligada de programas televisivos de participación, donde ella demostraba sus habilidades para adivinar acertijos, pensamientos  y refranes.

Mercedes Antón, proveniente de la clase media alta de la ciudad de Camagüey y habituada al modo de vivir de su clase social, tuvo un cambio político e ideológico muy importante cuando al ver y oír a Fidel Castro ante las Naciones Unidas en 1960, comprendió y valoró altamente la gesta del Moncada y la significación de la Revolución cubana en la historia de nuestro país. A ella se entregó, decidió consagrarse, pero pronto se daría cuenta de que sus buenas intenciones no eran suficientes para que fuera aceptada, a pesar de su honestidad, convicción y conversión ideológica.

Desde un inicio se vio claramente que la nueva  radio y televisión cubanas no tendrían espacios para los novelones amorosos y conflictos sociales y económicos, que dramatizados satisfacían el gusto de un amplio público acostumbrado a programas como La Guantanamera,  Conflictos Humanos, entre otros como Reina por un Día.

Mercedes Antón, Roberto Bourbakis, entre otros escritores radiales y televisivos, pasaron a trabajar entonces en el Departamento de Literatura, de la Dirección Provincial de Cultura de La Habana. Allí trabajó también Haydée Arteaga, de vasta experiencia en actividades con los niños y Carlos del Toro,  investigador del Instituto de Historia de Cuba, recientemente fallecido, entonces jefe del departamento.

El peso del  trabajo de los que formábamos ese equipo laboral,  lo realizábamos en la campaña de lectura popular,  iniciativa auspiciada por la Directora de la Biblioteca Nacional José Martí, la Dra. María Teresa Freyre de Andrade y que dirigía el Dr. Salvador Bueno.

Mercedes Antón se destacó por sus animadas charlas en barrios y centros de trabajo, pero también por impartir uno de los dos cursos que se ofrecieron para formar guías de lectura, que aumentarían la cantidad de especialistas encargados de activar con más fuerza dicha campaña. Su curso se desarrolló en la Biblioteca Municipal Enrique José Varona, de Marianao y contó con un significante número de graduados universitarios. Ella no se limitó a enseñar la metodología de cómo leer un libro, cómo hacer o sembrar el interés para que otros leyeran, sino que ella midió el grado de redacción y de posibilidades de escribir de sus alumnos. En este punto recuerdo que me dijo, entonces, que contaba con un alumno con dotes muy buenas para ser un buen narrador. Se refería a Manolo Granados, recientemente fallecido,   de quien la novela  Adire y el tiempo roto, corroboró con creces lo acertado de su opinión. El otro curso lo impartió el Dr. Bueno y entre sus alumnos se destacó Reinaldo Arenas, quien ya en sus trabajos críticos reflejaba el talento literario que demostraría en sus narraciones.

En muchos órdenes de cosas,  la Mercedes Antón que tengo delante de mí no es totalmente la que conocí y que visité desde 1963 hasta que se fue de Cuba en 1967. Gracias a ella conocí a Virgilio Piñera y a José Rodríguez Feo, entre otros intelectuales, actores y artistas plásticos y musicales que frecuentaban su hermosa casa-quinta  Tres Hermanas, en el reparto- club campestre, a la salida del pueblo de Punta Brava, rumbo a Bauta.

Ahora, a más de treinta años de haber salido de Cuba, recuerda su estancia en la Isla y sus avatares en España, Venezuela y  por último en los Estados Unidos,  donde reside  hace más de diez años.

La Mercedes Antón que tengo ahora frente a mí valora la realidad de nuestro país con la misma vehemencia que lo hacía en Cuba cuando hablaba de nuestra historia y de la significación de la Revolución para los que nunca habían tenido los más elementales derechos y reivindicaciones sociales. No todos estarán de acuerdo con sus puntos de vista, pero los considero honestos. No creo que sea un caso aislado, porque por la ley de las probabilidades, donde haya una comunidad cubana  puede haber un caso similar.

A los setentaisiete años,  Mercedes Antón me expresó que hubiera dado:

Cualquier cosa por no haber abandonado jamás mi país; pero causas como las de ser homosexual y la intolerancia existente en aquellos primeros años, me hicieron abandonar la Isla.

Ella  expresó opiniones durante nuestra conversación que pueden sorprender a más de una persona por haber sido  una narradora que ganó fama y dinero  por escribiendo telenovelas. Considera que las  que se pasan por la televisión hispana no tienen calidad literaria, porque considera muy difícil  hacer literatura y arte para la televisión. En este punto recordó que en Cuba la escritora Iris Dávila tiene un lugar cimero porque  sí logró hacer literatura para la radio, razón por la cual se negó a llevar sus novelas a la televisión. Concluyó recordando que Iris Dávila opinaba que la televisión lastraba el trabajo literario del escritor.

En el presente, alejada casi por completo de lo que fue su quehacer cotidiano intelectual, sigue interesada en nuestra cultura, en nuestra historia y piensa mucho en la Cuba que dejó, sin permitir que las motivaciones personales que la obligaron a emigrar llenen su alma de resentimientos. Esa actitud la ha llevado a conceptualizar su criterio de que Cuba con la Revolución  adelantó centurias de su historia y la hace afirmar que:

Sigo teniendo fe en la Revolución y en los hombres surgidos  dentro de la Revolución, con el natural talento de nuestros hombres; y sospecho, aunque no se sepa, que Fidel sí ha estado preparando  hombres que puedan sustituirlo en un momento determinado; ellos seguirán  dirigiendo al país por un camino correcto, alejado de lo que teníamos antes de 1959.

Ella está plenamente  convencida  de que en Cuba actualmente hay más tolerancia para el homosexual, hombre o mujer, que en etapas anteriores. Eso la hace sentirse complacida. No está  ajena a los múltiples  problemas y riesgos  a los cuales se tiene que enfrentar el país; pero considera que tales hechos se deben  al bloqueo estadounidense y a la desaparición del campo socialista y  que como consecuencia de lo anterior:

Se hace más difícil mantener un régimen político social que pueda ofrecer los mismos niveles de justicia y atención sociales, alcanzados antes del período especial.

Su añoranza por Cuba se expresa no solo por sus palabras, sino por el ritmo, por la forma de decirlas, su anhelo de visitarla es grande, pero de acuerdo con su opinión:

Me encantaría regresar a una Cuba dentro del mismo sistema que tiene actualmente; pero superadas  las pequeñeces que suelen ocurrir en los procesos revolucionarios.

Y acotó, después de una brevísima pausa, que:

El Triunfo de la Revolución no puede  determinarse por una o dos décadas, sino que es la senda a seguir para lograr el final que todos anhelamos.

Para ella, como para muchos  que desean un mundo social más justo, no hay otra opción ante el capitalismo, que la alternativa del modelo cubano, y critica duramente a los que creen en la posibilidad de  variantes más flexibles, teniendo en cuenta in sito, problemas y situaciones concretas, ocasionados por una visión no dialéctica, intolerante y dogmática, que ha dañado la credibilidad y la confianza en el socialismo como una alternativa social, económica y política más justa y humana.

De acuerdo con su posición, resalta  lo conveniente de que las inversiones extranjeras que se hacen y se hagan en Cuba, estén reguladas y controladas mediante la acción fiscalizadora y participante como coinversionista del Estado cubano, para que de ese modo, en su opinión, se eviten  males que conllevan a la libre concurrencia del capital, así como el surgimiento  de una clase económicamente fuerte, y poder mantener los beneficios sociales a la mayoría de la población.

Su visión de Fidel Castro sigue siendo la misma que le escuché hace muchos años atrás: un hombre plenamente realizado porque, hasta ese momento, había logrado todo lo que se había propuesto. Por eso no tienes duda al decir que Fidel Castro:

Ya ha conquistado el primer puesto en la historia de los países subdesarrollados de América Latina. Quizá  mucho más adelante, cuando él muera, y la historia de Cuba siga su rumbo, se le dará el puesto cimero que merece nuestro líder, y se sabrá mucho de esa parte de nuestra historia  que aún ignoramos y será necesario entonces evaluarla  y valorizarla.

La lectura de sus convicciones,  dondequiera que se publiquen, levantará  una ola de comentarios. Pero lo importante es destacar su honestidad, su visión, y la certeza de que hay muchos cubanos en otras latitudes, que como ella, aunque no siempre igual, ven y aprecian los hechos históricos de los cuales todos hemos sido partícipes. 


2002. La Jiribilla. Cuba.
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