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LA
JIRIBILLA
19 DE MAYO
A este altar
sagrado de la Patria, símbolo imperecedero de la
fidelidad del pueblo cubano al ejemplo y al pensamiento
de José Martí, venimos, en el 107 aniversario de su
ascenso a la inmortalidad, a constituir una guardia de
honor permanente integrada por jóvenes destacados de las
Fuerzas Armadas.
Armando Hart Dávalos|
La
Habana
A este altar sagrado
de la Patria, símbolo imperecedero de la fidelidad del
pueblo cubano al ejemplo y al pensamiento de José Martí,
venimos, en el 107 aniversario de su ascenso a la
inmortalidad, a constituir una guardia de honor
permanente integrada por jóvenes destacados de las
Fuerzas Armadas, la cual se renovará sistemáticamente.
Participarán en ella las nuevas generaciones, las de
hoy, las de mañana, las de todos los tiempos. Honor
inmenso para quienes velen junto al Maestro por cuidar
y promover el mensaje de amor y solidaridad que
representan su vida y su obra.
“Las palabras pomposas son innecesarias para hablar de
los hombres sublimes”, señaló el Apóstol al rendir
homenaje a los padres fundadores Carlos Manuel de
Céspedes e Ignacio Agramante. Martí lo era en el grado
más alto que pueda concebirse,
como síntesis de sabiduría, amor, inteligencia,
capacidad de acción, creación poética y generación de
ideas políticas y sociales de alcance universal. Nadie
alcanzó en tal alta escala esta síntesis de
excepcionales virtudes humanas. ¿Cuáles son los
fundamentos históricos del pensamiento de Martí y sus
principales contribuciones?
La gran poetisa Gabriela Mistral lo definió como el
hombre más puro de la raza. Desde su sensibilidad
religiosa y poética, José Lezama Lima lo caracterizó
como un misterio que nos acompaña. El fundador del
movimiento comunista cubano, Julio Antonio Mella, llamó
a estudiar el misterio del programa ultrademocrático del
Partido Revolucionario Cubano, Cintio Vitier lo llamó
un hombre interminable. Fidel Castro lo proclamó
como el autor intelectual de nuestra revolución.
La inmensa y contradictoria experiencia del dramático
siglo XX, nos da la clave para comprender la naturaleza
real del misterio. En Martí cristalizó la articulación
de ciencia y utopía para forjar un pensamiento liberador
de la conciencia humana de validez universal. Sus
análisis acerca de lo que llamó la ciencia del
espíritu, hechos espirituales y la utilidad de la virtud
constituyen hoy, en el siglo XXI, temas esenciales para
salvar a la humanidad de un colapso que pudiera ser
definitivo. Se planteó la integralidad del mundo y la
naturaleza. Con belleza poética expresó este pensamiento
decisivo de su filosofía: Todo es hermoso y constante, /
Todo es música y razón, / Y todo, como el diamante, /
Antes que luz es carbón. Había superado radicalmente la
dicotomía entre lo que la civilización occidental llamó
materia y lo que denominó espíritu.
La cultura nueva, por crear y
desarrollar, debe nutrirse tanto
del movimiento de las ideas científicas de más de dos
mil años de historia, cuya cúspide más elevada en el
terreno económico social son Marx y Engels, como de la
tradición del pensamiento utópico que tiene sus raíces
en las ideas religiosas de las primeras etapas de la
historia humana, y que en la llamada civilización
occidental se expresó en el cristianismo. Ahí radica la
cuestión filosófica más importante de esclarecer en el
siglo XXI. El legado de Martí permitirá hacerlo.
Partiendo de la tradición cubana y latinoamericana el
Apóstol asumió los elementos esenciales de la cultura
universal y los puso en función de los intereses de los
pobres de la tierra sin excepción. Esta es una línea
sustantiva en la historia de 200 años de combates
latinoamericanos y caribeños a favor de la redención
definitiva del hombre. En 1804, con la instauración de
la primera república independiente de nuestra América,
la de Haití, se inició el camino de la lucha por la
redención social y política en el hemisferio occidental
que solo puede concluir con el triunfo definitivo de la
república moral de América con la que soñó José Martí.
En el 2004, todos los hijos de la patria de Touissant
Lovertoure, Simón Bolívar, José Martí y los forjadores
de América debemos festejar, con toda dignidad, el
aniversario de aquel acontecimiento especial de la
historia universal.
José Martí se proclamó discípulo y continuador de Simón
Bolívar y es, precisamente en la cultura de la patria
latinoamericana y caribeña, que el Libertador definió
como nuestro pequeño género humano, donde está la
fuente de su enorme riqueza espiritual y las
posibilidades, en el siglo XXI, de encontrar caminos que
conduzcan a la solución de los graves problemas del
mundo.
La historia de la Llave del Golfo en las últimas dos
centurias, se halla en el corazón de esa cultura, y ella
nos permite comprender con rigor y promover con amor las
enseñanzas de Cuba y su Maestro. Estamos en el deber de
investigar científicamente las causas más profundas de
nuestra revolución y el alcance que ella tendrá en el
futuro.
En el inmenso caudal cultural presente en el pensamiento
de Martí sobresale la influencia recibida en especial en
Cuba y en su estancia en España, México, Centroamérica,
Venezuela y Estados Unidos. Esa visión universal le
permitió analizar con rigor y amor los procesos que se
gestaban en las dos últimas décadas del siglo XIX en el
mundo y en especial en Norteamérica, que luego fueron
decisivos para conformar la historia del siglo XX.
Nadie estudió mejor que él la sociedad norteamericana en
los finales del siglo XIX y los peligros que
representaban para el mundo sus pretensiones
hegemónicas; hizo el análisis en el propio claustro
materno del imperialismo y señaló los gérmenes
funestos que comenzaban en esa república su obra de
destrucción advirtiendo acerca de los males que
implicaban para Cuba, Nuestra América y el mundo, lo
cual resultó dramáticamente real en el siglo XX. La
esencia de esos gérmenes los apreció en la existencia de
una economía orientada hacia el individualismo feroz y
las limitaciones de la vida espiritual. Llamó al
imperialismo por su nombre y expuso sus rasgos
esenciales sobre sólidos fundamentos económicos,
sociales, culturales y científicos.
La radicalidad de su pensamiento revolucionario iba
acompañada de un intenso y
consciente humanismo en el tratamiento a los hombres y
los pueblos de las metrópolis opresoras: Estados Unidos
y España. Sobre este fundamento hizo una contribución
singular al convocar a la guerra necesaria, humanitaria
y breve contra el dominio español y, a la vez, no
generar odio contra los que se oponían a este altísimo
propósito. Esta es una contribución que debiera
estudiarse en el mundo por aquellos que lanzan calumnias
contra quienes aspiran a transformaciones radicales y
también para los que se proponen alcanzarlas con
procedimientos extremistas. La única manera de obtener
un ideal superior es promover la cooperación y el
respeto entre todos los seres humanos, así se es
consecuentemente radical.
Un siglo después de su caída en combate sobresalen las
ideas pedagógicas de Martí encaminadas al mejoramiento
humano, a exaltar el valor del trabajo vinculado a la
enseñanza y a promover la facultad de asociarse que
tienen los seres humanos.
Otra contribución importante del Apóstol cubano está en
lo que llamamos la cultura de hacer política que supera
radicalmente la vieja divisa reaccionaria de divide y
vencerás y establece el principio de unir para
vencer. Esto sólo puede hacerse sobre fundamentos
éticos de alcance universal y, por tanto, apoyando los
derechos de los explotados y de los pobres, que
constituyen la inmensa mayoría de la humanidad.
La república con todos y para el bien de todos
que soñó el Maestro fue frustrada
por la intervención intrusa de Estados Unidos en la
guerra de Cuba cuando a una España exhausta material y
moralmente no le quedaba más alternativa que pactar la
paz y acordar la independencia para Cuba. Esa
intervención, con la que se inaugura el siglo XX, nos
trajo la república neocolonial fundada en 1902, que
inaugura el imperialismo norteamericano a escala
internacional. Debemos destacar que la primera República
de Cuba nació en 1869, en Guáimaro, y su primer
presidente fue el Padre de la Patria Carlos Manuel de
Céspedes. Ella mantuvo la llama del derecho a la
independencia y a la igualdad entre los hombres hasta
que se nos impuso, con la brutal presión de Estados
Unidos, la Enmienda Platt y la subordinación a los
intereses yanquis. Hemos tenido, pues, tres formas de
república: la República en Armas fundada en 1869 en
Guáimaro; la república neocolonial, fruto de la
intervención norteamericana en 1902, y la república
independiente nacida del 1° de enero de 1959, que se
proclamó socialista en abril de 1961.
La idea martiana del equilibrio del mundo y la
contribución que al mismo debe hacer la América
bolivariana, están en el centro mismo de los grandes
retos que tiene el mundo de hoy. Recordemos, pues, el
mensaje del Maestro en su entrañable carta al amigo
mexicano Manuel Mercado, inconclusa por su muerte:
“(…) ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida
por mi país y por mi deber –puesto que lo entiendo y
tengo ánimos con que realizarlo– de impedir a tiempo con
la independencia de Cuba que se extiendan por las
Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza
más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice
hasta hoy, y haré, es para eso”.
La lección martiana que conserva plena validez para este
nuevo siglo, se resume, por una parte, en este
pensamiento que subraya el significado de nuestra
patria, situada en el crucero del mundo: Un error en
Cuba, es un error en América, es un error en la
humanidad moderna. Asimismo en este otro que expresa
la firme voluntad de defender nuestra obra al precio que
sea necesario: ¡Antes que cejar en el empeño de hacer
libre y próspera la patria, se unirá el mar del Sur al
mar del Norte, y nacerá una serpiente de un huevo de
ÁGUILA!
Con las enseñanzas de José Martí y de Fidel Castro
luchamos y lucharemos por hacer prevalecer para la
humanidad la fórmula del amor triunfante que
proclamó nuestro Héroe Nacional y mantener vivas y
enlazadas en la memoria histórica de nuestro pueblo las
consignas de Independencia o Muerte de nuestros mambises,
de Libertad o Muerte de nuestros combatientes contra la
tiranía y las de ahora y para siempre Patria o Muerte,
Socialismo o Muerte.
Discurso pronunciado en Santiago de Cuba el 19 de
mayo del 2002. |