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LA
JIRIBILLA
NKAME PARA JUAN FORMELL
(Descarga con acompañamiento de biankomeko,
bajo eléctrico, sintetizador – y una pizca sonera)
Rogelio Martínez Furé |
La
Habana
(Descarga con acompañamiento de biankomeko, bajo
eléctrico, sintetizador – y una pizca sonera)
¡Jeyeiii!
Sí resulta harto difícil, “bailar en casa del trompo”,
todavía lo es mucho más, “hacer bailar al trompo”. Esto
lo ha conseguido el Maestro Juan Formell durante largas
décadas de quehacer artístico ejemplar.
¡Jeyeiii!
Los cubanos y cubanas somos “un pueblo de la danza”.
Música y ritmo, melodía y canto, siempre estarán
presentes en nuestras alegrías o duelos, en la euforia
existencial o las rebeldías definitorias.
¡Jeyeiii!
Juan Formell es un Maestro de cubanía jocunda y plena
caribeñidad.
Asume sus herencias culturales múltiples, y las
sintetiza –como pocos lo han hecho-, en una música
verdaderamente nacional, y por ende, para el
mundo.
Música fundadora de cubanías, que a la vez fecunda otras
identidades y músicas en los más insospechados rincones
de la Tierra.
¡Jeyeiii!
¿Quién no ha bailado con su música?
¿Quién no ha reído con sus textos ricos en gracejo y
sutil ironía –como pimienta de Guinea regada en fiesta
de calambucos?
Tradición y contemporaneidad se fusionan en las
creaciones formellianas, quien renueva lo
popular-clásico y las sonoridades del hoy nuestro, que
ya avanza por el tercer milenio de la llamada “Era
Cristiana”, o “Nuestra Era”, como queráis bautizarla.
¡Jeyeiii!
Su sonrisa, siempre amplia y franca, de cubano reyoyo,
ilumina su música en cuerpo y alma; en raíz y fruto.
Su música, crónica y testimonio de lo vivido por nuestro
pueblo durante las últimas décadas de bregar indetenible.
Su música, embajadora perenne de nuestra Revolución, es
música hacedora de amigos por doquier, exultante de vida
plena y optimismo.
¡Jeyeiii!
Al igual que la identidad de los pueblos, ese río de
aguas siempre renovadas que al final desemboca en el
Océano de la Humanidad, la música creada por Juan
Formell se renueva sin fin en espiral rotunda. Abridora
de caminos y encrucijadas, vence las fronteras del odio
y hermana corazones y pueblos.
¡Jeyeiii!
La música más raigal y cimarrona de Cuba se le entrega
en sus parlas arcanas.
La tradición salonesca o montuna no le oculta secretos.
Los timbres más actuales o las sonoridades más
clásicamente folklóricas; es decir, brotadas del
fontanar de la memoria colectiva, se maridan en sus
obras, cual hilos en la trama de una tela de profunda
cubanía.
Por eso, ¿qué mejor presea para el pecho cubanísimo de
Juan Formell, que la Orden Félix Varela?
“Honrar, honra”. Así, todo nuestro pueblo se enorgullece
al honrar a este hijo, heredero legítimo de las músicas
ancestrales que brotaron de los barracones y cabildos;
de bateyes, solares y accesorias; de bohíos y salones
del boato. Música cubana nuestra, hija del Padre Tambor
y la Madre Guitarra; de flautas, pianos y violines; de
claves, maracas, güiros y cencerros.
¡Jeyeiii, Juan Formell!
¡Jeyeiii, cantor de mi pueblo,
digno vástago de tu, de nuestro pueblo,
caribeñamente universal y reyoyo!
¡Jeyeiii!
La Habana, 12/05/2002
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