LA JIRIBILLA
ISLA QUE SIGUE PESANDO
 
Recién llegada, como estoy, del Valle del Yumurí siento el impulso necesario para comentar sobre el evento que hasta allí me trasladó. Hago referencia, nada más y nada menos, al Encuentro Debate Nacional de Talleres Literarios en su edición 24.

Aymara Aymerich |
La Habana


El asombro, lo confieso con algo de pesar, ha perdido en mi persona a un simpatizante; la pasión, en cambio, me enerva ciertas actitudes aparentemente inofensivas. Quizás con arbitrariedad, traduzco todo lo anterior como: son descomunales las gestiones que efectúo para aplicarme a pensar en blanco y negro sin posturas viciosas. No obstante, el móvil de este texto amerita un razonamiento confortable.

Recién llegada, como estoy, del Valle del Yumurí siento el impulso necesario para comentar sobre el evento que hasta allí me trasladó. Hago referencia, nada más y nada menos, al Encuentro Debate Nacional de Talleres Literarios en su edición 24 (que abarcó los años 2000 y 2001), correspondiente a los géneros de cuento y poesía para adultos e infantes. Reunión donde, realmente, de todo se ve: una redondilla en castellano antiguo para niños, una menor de edad y una abuelita concursando en igual categoría, o algún joven lampiño “escapado del pelotón”. Es impresionante para mí, tan arisca con los talleres literarios y tan a merced del empirismo.

Cuba estaba en Romerías, a saber, temporada pésima para cualquier otro evento cultural y muy reacia para el siempre acariciado respaldo de la prensa. Lo que no repercute en los periódicos, la radio o la TV (¡horror!), sólo existe en la conciencia colectiva, y este Encuentro Debate Nacional, por supuesto, no hubo de ser lo excepcional. Sin embargo, allí estuvimos, constatando lo que ya me sospechaba: nadie en esta Isla puede reposar sobre su nombre, al menos, en lo concerniente a la literatura. No es pertinente el descanso estando, como estamos, inmersos en una dinámica literaria semejante.

Y no pondero el triunfalismo ni la gracia panglosiana. Quiero recalcar, sencillamente, que los próximos ya están y ahí los pude conocer. Algunos tienen nombres disonantes, acné, y muchos una gran preocupación por la materia. Unos pocos, imberbes pero también muy laboriosos, perseverantes e instruidos. Hay que atender a estas criaturas, no olvidar que su inquietud llegó con ellos, a la par de su talento en ciertos casos. Atender, por el momento, en su acepción más observadora.

Amén de la comisión de literatura infanto–juvenil, por cuyos predios ni siquiera curioseé, algunas conjeturas puedo hacer de las dos juntas para adultos, a pesar de mi participación al 0,01 por ciento en ellas. No obstante esto último, me entrevisté con los jurados, releí los textos minuciosamente, dialogué con muchos contendientes y organizadores, fisgoneé bastante, y hasta pude intercambiar criterios con Fernando Rojas, Presidente del Consejo Nacional de Cultura Comunitaria, entidad convocante. En fin, mantuve muy abiertas las consabidas entendederas, por lo que algo he logrado columbrar.

Hay voluntades estilísticas que conviene no perder de vista, más allá de los premiados: Alexander Machado Tineo, granmense, con el cuento “El naufragio” y Alexis Garabito Pérez, villaclareño, con el poema “Muchacha perdida sobre el rostro del tiempo”; a los cuales se suma Johannes Luis González, habanero no capitalino y escasamente veinteañero, con el poema “Interregno”, merecedor de los premios especiales de El Caimán Barbudo y La Casa de la Poesía. Puedo, además, citar otros nombres que tal vez regresen con el tiempo y el empeño.

Recuerdo a lo(a)s poetas Argelio Puig Dieguez (Las Tunas), Evelyn Calzada Tabares (Pinar del Río), José Miguel Gómez (Cienfuegos), Roberto Renán Pérez (Ciudad de La Habana), Orlando Luis Pardo Lazo (Ciudad de La Habana), Ibrahim Martínez Romero (Guantánamo), Annia Karelia Alejo Laborit (Guantánamo), Raudel Hernández Calero (Sancti Spíritus), Alexander Besú Guevara (Granma), Maikel Rodríguez Cruz (Villa Clara) y Raúl Hernández Pérez (La Habana). Algunos de los cuales obtuvieron menciones pero, lo que medra mi simpatía, todos con textos dignos o correctos. Textos superables en su inmensa mayoría, pero con bomba y albedrío.

Algo similar aconteció con los narradores, aunque debo admitir mi parcialidad hacia el otro género. La prosa me supo ingenua todavía, titubeante, desbocada en un realismo a ultranza muy poco aportador y, esencialmente, carente de originalidad. Hay quienes en sí portan el arte de narrar pero aún sin contundencia; opinión personalísima de alguien que acude a la literatura buscando el estertor. Me atrevo a mencionar algunos nombres: Josué Martínez Sánchez (Holguín), Herbert Toranzo Falcón (Ciego de Ávila), Yohamna Depestre Corcho (Ciudad de La Habana), Argenis Osorio Sánchez (Santiago de Cuba), Eloy Enrique Rondón Valdés (Sancti Spíritus) e Iván Berrio (Ciudad de La Habana). Todos, incluyendo a los poetas, con obsesiones creativas muy contemporáneas, destacando entre ellas el sentido de insularidad y su signo cotidiano en el individuo.

Me abstengo de valorar los debates en específico pues no arribé a este certamen puntualmente. Cuentan, sin embargo, que profundos no fueron aunque sí profusos, lo cual resulta coherente con el foro. Sé, positivamente, que la deliberación de ambos jurados fue difícil, mas ahí están los resultados, para nada despreciables. Me inquieta únicamente el colofón que suelen poseer historias como estas, y conste que hablo del retorno al cubano municipio. Sería muy hermoso el llamado “seguimiento” a través de las correspondientes estructuras en “la base”, que los más jóvenes se acercaran a la Asociación Hermanos Saíz de su provincia, que las casas de cultura programaran recitales o lecturas con los autores de algún modo laureados, que el plan de publicaciones provinciales los valorase en el futuro... En fin, que el encuentro y el debate con los próximos no sea un fenómeno aislado o anual, sino la cristalización de un movimiento en la práctica existente, a pesar de la indiferencia periodística. La moraleja, para mí, queda nítida esta vez: ¡Escritores, a sus puestos!


2002. La Jiribilla. Cuba.
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