LA JIRIBILLA
LA SUBORDINACIÓN IRRESTRICTA DE FOX A CASTAÑEDA

Lisandro Otero
  | México


Es inexplicable que el Presidente Fox se mantenga tan subordinado a su canciller Jorge Castañeda, quien no cesa de buscarse rollos y líos por su impericia política y una  arrogancia que en nada le ayuda en sus relaciones públicas. No existe ningún otro miembro del gabinete que haya tenido tan mala comunicación social  en los últimos sexenios. Parecería que existe unanimidad en el contexto social para repudiar al detestado canciller.

Ahora se ha metido en un nuevo rollo al invitar a cenar al expresidente Salinas de Gortari a un restaurante chic en Bruselas. La opinión pública mexicana aún no ha olvidado que fue Salinas quien le prometió el ingreso al primer mundo y entregó, en cambio, el infierno de los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu  los cuales, aun sin su participación, enlodaron su régimen.  La prisión de su hermano Raúl y la revelación de la fortuna inmensa que ambos acumularon  es una herida en la sensibilidad nacional de un país con cuarenta millones de seres humanos en la miseria más aborrecible.

Salinas es mantenido en un  sitial condenatorio  por el pueblo mexicano, en una especie de retablo demoníaco y cualquier cosa que roce su nombre es recibida con disgusto. Pero Castañeda le está ganando en la aversión pública. Al reunirse esos dos es natural que concite el interés nacional, y la curiosidad de los círculos políticos  se pregunte qué  estarán cocinando entre ellos.

La primera interrogante es si Castañeda actuó solo o fue por mandato de Fox. Ya el Presidente se deslindó de esa entrevista pero falta por saber si su excusa es auténtica. ¿Sería portador Castañeda de una oferta presidencial para un pacto en perspectiva? ¿Algo similar a la proposición realizada a Madrazo? ¿Un gobierno en mancomunidad basado en el cooperativismo del PRI?

Ante la rebelión del Congreso el gobierno está exasperado buscando alianzas  que le permitan llegar al final de este sexenio con una obra de gobierno fecunda que hasta ahora no ha podido encarrilar.

Es evidente que Madrazo trata de ubicarse bajo el poderoso manto de Los Pinos y situar al PRI en una sumisión oportunista que le conceda subsistir dentro del presupuesto federal. El gobierno confía en  ganar una mayoría parlamentaria en las próximas elecciones legislativas pero mientras llega ese momento hay que maniobrar todo tipo de ”concertacesiones” De otra parte es sabido que Fox padece de severas lagunas culturales, doctrinarias e ideológicas. Su formación ranchera  no le proporcionó la  ilustración requerida para el cargo que desempeña. Ahí entró Castañeda a desempeñar el papel de asesor preferente, consejero imprescindible,  preceptor presidencial,  conductor áulico.  Castañeda sería el cerebro  detrás del Ejecutivo, el  Richelieu, el Maquiavelo, el Talleyrand, el Disraeli  del presente gobierno. Sin Castañeda, dicen muchos, el gobierno quedaría al garete, sin rumbos rotundos, sin previsiones estratégicas. Eso justificaría que Fox se aferre al Canciller que no pasa veinticuatro horas sin buscarle un nuevo embrollo al gobierno  y transcurre su tiempo entre marañas y jaleos, de los que dificultosamente logra emerger hasta incurrir  en la próxima metedura de pata.

Es evidente que invitar a comer a Salinas en un restaurante público en Bruselas, en un momento en que la ciudad está llena de periodistas mexicanos con motivo de la visita del Presidente Fox, es una imprudencia, peor aún, una señal de torpeza política y  de chambonería maniobrera. Para colmo de males le arrebató el protagonismo a Fox. Todos los medios se interesan en la plática supuestamente secreta y no en lo que el Presidente fue a hacer a Europa.

Castañeda ha sido un malabarista de la política trivial que saltó de los brazos de Cuauhtemoc Cárdenas a los de Manuel Camacho y de estos a los de un foxismo de última hora. Ya antes había abandonado las filas del marxismo militante y las luchas de liberación latinoamericanas. Su vida se caracteriza por este ritmo pendular que experimenta  la compulsión de negar su etapa anterior para emprender nuevos rumbos.

Lo que los mexicanos no pueden perdonarle a Castañeda es que esté situando a este país  -tan orgulloso de su tradiciones nacionales, tan celoso de su identidad, tan agraviado por las embestidas estadounidenses y el atraco de su territorio-, en una posición claudicante ante el gobierno ultraderechista de Dick Cheney, Donald Rumsfeld y  Condoleezza  Rice y congraciándose con  Jesse Helms, fascista antimexicano.

Castañeda está sacrificándolo todo: lustre del  apellido, reputación intelectual, influencia pública -aquello  que alcanzó mientras fue un miembro de la izquierda cultural-, a su apetito  de poder, a su pretensión de convertirse eventualmente en Primer Mandatario.   Pero Fox lo defiende contra viento y marea y todos se preguntan ¿hasta cuándo va a durar ese sostén irrestricto, inexplicable y perjudicial para el gobierno panista?

 


© La Jiribilla.
La Habana. 2002
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