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LA
JIRIBILLA
LA
VERGÜENZA
Rafael Ton |
Argentina
En el obelisco, pleno centro de Buenos Aires, los
emblemas del imperio mercantil sacuden la vista con sus
aros de plástico amarillo y el punzó frenético del
cartel de la bebida más globalizada. No hay Gardel, no
hay tango, no hay Evita, no hay un solo cartel que diga
Malvinas Argentinas.
Allí donde la muchedumbre se reúne para festejar los
campeonatos de Racing o de River, allí sólo un poco de
gente le pone una cuota mínima de identidad. Así
estamos, perdidos, aceptando resignados que una señora
nos diga que va a limpiar (a hacer limpiar) el riachuelo
en mil días... y nada. Aceptando que otra señora diga
que va a repartir entre los más humildes lo que está
guardado en los galpones de la aduana..., y nada. Así,
perdidos, protestamos cada uno en sus casas por lo que
hacen o no hacen los políticos. Aceptamos, somnolientos,
que este sistema de vida te lleva a vivir en tres
grupos: los que delinquen envueltos en resentimientos,
los que reprimen a mansalva y los que miran para otro
lado hasta que les toca.
Así, perdidos, sin rumbo, unos peleando por sus ahorros robados, otros
buscando pan y leche, lo mínimo para sus hijos, otros
rezando para que no llueva y se le inunde su rancho
miserable, otros sin posibilidad alguna de recuperar su
negocio o de poner un comercio. Así estamos en
Argentina. Peleando con los aumentos la gente termina
comprando ofertas de dudosa calidad en hipermercados
extranjeros que esquilman empleados y se llevan dinero
afuera.
Así, perdidos, nos hacen creer que el televisor es la vía de escape y el
entretenimiento es la felicidad, y cuando vemos un
informativo nos parece –es- ridículo que estando como
estamos, un gobierno que nadie votó, hable sobre
derechos humanos, levante su dedo corrupto frente a Cuba
que tiene toda la educación y la salud que acá nos
falta. Es que hay que quedar bien con el imperio, es la
frase de los mediocres eternos, el mismo imperio que
apoyó cada una de las medidas que el ex presidente Menem
tomó y nos llevaron a esto, el mismo imperio que lo
llevó a halagarlo en la revista Time, el mismo
imperio que recibía los empalagosos besos del inepto
pusilánime de De La Rúa.
Hay que votar lo que dice el imperio
porque fue el imperio que apoyó la dictadura argentina y
hasta Kissinger nos aconsejó y visitó en esas épocas. El
imperio democrático apoya la dictadura más asesina de
Latinoamérica ¡Cómo no vamos a apoyarlo! Si ellos nos
han asistido y estamos gozando unos días paradisíacos,
con cajeros de primer mundo vacíos, represiones, chicos
analfabetos y muertos de hambre. ¡Quién más que nuestros
gobiernos pueden juzgar lo que se hace en Cuba o en
cualquier lugar del mundo! Su entereza moral, su hondo
patriotismo, privatizando los medios de comunicación,
las vías, las rutas, la aerolínea nacional, etc. Como si
las injusticias de ayer no fueran las mismas de hoy, los
justicialistas (peronistas) actuales y próximos tiraron
a la basura el ideario peronista y el ejemplo de acción
social brindado por Evita, declarándolos anacrónicos.
Revirtieron las medidas de su supuesto líder y
encerraron a Evita en el mármol, para juzgarla diosa y
no tener que imitarla.
Sin la menor cuota de grandeza o dignidad los radicales
han pactado con el diablo y han presentado candidatos,
justamente impresentables (pero bonachones y formales)
con tal de acceder al poder y una vez allí repitieron su
eterno y triste papel de impericia burocrática,
separados del pueblo y de su propio discurso
pseudo-socialista.
Como antes te he dicho, gracias por el ejemplo de entereza de Fidel, por
la dignidad de tu pueblo, por la belleza interior que se
refleja en tu música y en tus paisajes, por Martí y por
tantas cosas, hoy ante el desatino de este gobierno y
por el sentimiento de culpa que nos espera en el futuro
ante la mirada de nuestros hijos, que nos verán a todos
como lacayos o como pasivos cómplices de esta vergüenza.
Por todo eso, en mi nombre, en el de mi familia, en el
de muchos de mis amigos, que nos sentimos culpables por
no haber hecho algo más, hoy, sólo puedo decir perdón,
Cuba hermosa.
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