LA JIRIBILLA
MARCAS EN LA MEMORIA

Iris Cepero |
La Habana


Una huella, un recuerdo, una marca, aunque sea indeleble como la pisada al caminar, tan instantánea como una luz o tan eterna como el cartón que guardará por los siglos la idea surgida en piedra o madera. ¿Quién dice si por breves dejan menos huellas en nosotros? ¿Quién ha olvidado la imagen fugaz de un rostro aparecido que con los años no sabe si existió o se inventó?
 

Así se  lee y se siente con la exposición La Huella Múltiple, un encuentro de grabado que por tercera vez reúne en La Habana la obra de los creadores del país, empeñados en dejar rastros de lo que hacen y sienten. Una muestra que, sin cuestionar la milenaria técnica, intenta decir que se graba tanto en el recuerdo como en un trozo de papel.

Dedicado a Belkis Ayón, una de sus promotoras durante las dos ediciones anteriores. Esta vez los espacios del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, la Fototeca de Cuba y La Casona, todos en la Plaza Vieja, en el Centro Histórico de La Habana, expondrán las obras de unos 50 creadores cubanos.

La Huella Múltiple no sólo exhibe los trabajos de  un numeroso grupo de creadores sino que incluye varios talleres de técnica y creación, entre ellos: calcografía a color con dos planchas; técnicas de impresión sobre plantillas diversas y soportes plásticos; otro de colografía. Además de un taller de grabado para críticos y creadores.

Organizada por los artistas Sandra Ramos, Abel Barroso, - promotores de las dos ediciones anteriores- e Ibrahím Miranda, quienes también exponen, La Huella Múltiple se extenderá durante todo un mes incluyendo conferencias y debates, junto a otras exhibiciones colaterales, como Marca Registrada, del colectivo Enema; en la galería de 23 y 12, Ensenadas e instalaciones de Ibrahím Miranda, a partir del 26 de abril en el Taller Experimental de Gráfica y la muestra Grabando 1,2, en el Centro Cultural de España.

Son los rastros, los vestigios, los surcos dejados aquí y allá, a través de los años, los signos marcados en el tiempo, porque antes lo estuvieron en la memoria. Llegan y se quedan, para ser vistos más allá de uno mismo y por sobre uno mismo. O se escapan del espacio pero ya quedan eternamente en el recuerdo. Huellas en la vida propia y en la de otros, para estampar que vivimos una vez y en un lugar.


2002. La Jiribilla. Cuba.
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