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LA
JIRIBILLA En 1995 se dio un importante paso en el proceso de establecer, desde Cuba y desde nuestras raíces culturales, una relación fecunda y perdurable con la emigración: el encuentro «Cuba: cultura e identidad nacional». En ese evento, una de nuestras más lúcidas ensayistas, la Dra. Graziella Pogolotti, expresó:
Entiéndase «el tema de la emigración» no sólo en su sentido artístico y literario, sino como apropiación de un fenómeno que ha sido manipulado políticamente desde el exterior, y escamoteada su connotación humana y cultural. La voluntad de incorporar al patrimonio nacional lo más valioso de la obra creada en el exterior, se ha abierto espacio gradualmente entre nosotros, sobre la base de que es aquí, en Cuba, donde están los fundamentos y el sentido mismo de la cultura cubana, aun cuando esta pueda producirse más allá de nuestro territorio. Esta apropiación representa un acto de madurez y enriquecimiento de la política cultural de la Revolución, en un proceso que ha atendido al aporte cultural de un creador, independientemente de donde viva y de su posición política. En 1978 ya se producía uno de los primeros resultados de este proceso: el otorgamiento del Premio Casa de las Américas al testimonio colectivo del Grupo Areíto, Contra viento y marea; en 1981, Lourdes Casal recibe el Premio Casa por su poemario Palabras juntan revolución, con lo cual, al decir de Ambrosio Fornet, la autora entraba «por la puerta grande, al espacio cultural de acá». También se publicó, con el sello de la Editorial Letras Cubanas, El monte, de Lydia Cabrera. La presencia de intelectuales de la emigración se ha hecho tradicional en eventos, exposiciones, encuentros de profesionales y en conferencias que han sido foros de diálogo fructífero, como las de «La nación y la emigración». Solamente entre 1980 y 1995, se publicaron textos de más de cien de estos autores y en más de trescientas ocasiones se hizo referencia a sus obras. El reconocimiento de la creación realizada en el exterior y su incorporación a la cultura cubana, ha sido, y continúa siendo, un proceso irreversible con resultados que pueden verificarse a lo largo de estos años.2
Sin embargo, abundan los empeños por frustrarlo, que han
ido desde la amenaza, el insulto y la censura contra
«moderados» o «dialogueros», hasta el uso de
sofisticados proyectos con falso ropaje cultural.
Estos planes se multiplicaron durante la década de los
90 y, cada vez con mayor claridad, se hace evidente su
concertación con los propósitos de la ultraderecha y su
vínculo con los canales financieros que el Gobierno
norteamericano destina para la destrucción de la
Revolución Cubana. 1. En Cuba: cultura e identidad nacional. La Habana: Ediciones Unión, 1995.
2. Consúltese
Intercambio cultural entre intelectuales cubanos de la
isla y de la emigración (1988-1995). La
Habana: Ediciones Unión, 1995. Para conocer lo que se ha
publicado e investigado a partir de 1995, puede
consultarse en Cuba una numerosa cantidad de fuentes:
catálogos de las editoriales y los índices de las
revistas culturales cubanas, así como los temas de
estudio de los centros de investigación. Sólo una
revista cultural como La Gaceta de Cuba,
ha publicado gran cantidad de textos de estos autores.
Véase, en el No. 49 de la revista digital La
Jiribilla (www.lajiribilla.cu),
«El (otro) discurso de la identidad y La
Gaceta de Cuba en los 90», de Norberto Codina. Otros
números de La Jiribilla han difundido la obra de
autores emigrados. |
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