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LA
JIRIBILLA La falta de proyecciones de la labor política creó en la mayoría de los cubanos del exterior una imagen del Partido como una agrupación de reducido radio de actuación, lo que unido a la propaganda tendente a presentar la intervención yanqui como la vía para alcanzar la independencia, condujo a diversos grupos al retraimiento en las contribuciones, a la pérdida de interés por el PRC y a poner todas sus esperanzas en el retorno a la patria tras la destrucción del poder colonial, que consideraban inminente. Estas tendencias alcanzaron tal magnitud que a mediados de mayo se tomaron acuerdos contra la disolución del Partido y "reafirmando el propósito de continuar cumpliendo con los deberes patrióticos" hasta la constitución del gobierno en la Isla,1 A fines de abril el Cuerpo de Consejo de Nueva York acordó unas resoluciones, hechas públicas en la prensa, en las cuales ratificaba que el PRC no culminaría su misión hasta dejar organizada definitivamente la República, y por tanto su representante continuaba siendo el Delegado, al cual reiteraba la adhesión, a la vez que se abría un registro en la secretaría del Cuerpo de Consejo para los que aceptacen las Bases, a quienes se invitaba a ingresar en los clubes, si no pertenecían a ninguno; a la vez, se inició una suscripción a favor de los fondos de la organización.2 Los patriotas de Tampa y Cayo Hueso tomaron medidas semejantes, enfrentados a quienes pensaban que con la intervención los norteamericanos se harían cargo de nuestros problemas. Tal actitud dañaba terriblemente al Partido, que no podía delegar sus responsabilidades y tenía el deber de hallarse en primera línea. Probablemente se tuviera en mente a elementos infiltrados entre los "emigrados de última hora", individuos sospechosos de haber servido como voluntarios o espías, y que podrían hacerse pasar por revolucionarios furibundos3 mientras alentaban aquellas ideas desmovilizadoras. Para contrarrestarlas se realizaron grandes asambleas en una y otra localidades, con la presencia de Juan Gualberto Gómez, comisionado especial de la Delegación. Se dieron a conocer los gastos en que había incurrido esta en la preparación del contingente de cubanos que iría a Cuba, de acuerdo con las conversaciones entre Estrada Palma y el mando del ejército estadounidense, el cual se había comprometido a enviar de inmediato a los voluntarios trasladados a Tampa, unos 750 hombres; pero el acuartelamiento continuaba para cerca de 400 de ellos aún a principios de junio y todos los gastos ocasionados los asumía la Delegación. Ya sumaban más de $17000 en transporte y manutención. Sin dudas, los "aliados" del Norte eran buenos comerciantes. El objetivo fundamental de aquellas reuniones era, por tanto, fomentar las recaudaciones de fondos y cohesionar al Partido, que aún no había terminado su obra.4 En la generalidad de los centros de emigrados, a partir del momento en que comenzó la intervención, el entusiasmo por el próximo fin de la guerra se revirtió en un abandono de las cotizaciones y en la preparación del regreso a la patria, tendencia que ya en julio era incontenible, sobre todo para quienes se dirigían a la provincia de Oriente, tras la rendición de Santiago de Cuba. Desde Perú, Venezuela, Haití, República Dominicana, Costa Rica y diversas localidades de los Estados Unidos, las comunicaciones al Delegado daban cuenta del traslado de cubanos hacia la Isla, el cierre de clubes, la ausencia de fondos, en fin, una situación no prevista de dispersión de los antiguos militantes. Desde Santo Domingo, a mediados de septiembre, habían partido unos 500 cubanos, con la consiguiente disminución de los clubes; el mes anterior, en Costa Rica valoraban que a causa de la ausencia de emigrados sería muy difícil conservar la correcta organización del Partido; en Nueva York, el Cuerpo de Consejo desistía de realizar el tradicional acto público con motivo del 10 de octubre, pues no tendría la solemnidad de años anteriores, motivado por el apresurado regreso de la mayoría.5 En noviembre, a las causas señaladas anteriormente se unió el inicio de actividades de la Asamblea de Representantes convocada en Cuba, cuyos puestos fueron a ocupar personalidades destacadas, como Diego Tamayo, Carlos J. Párraga, Arístides Agüero y Emilio Núñez. Por otras razones, también vinieron a unirse a sus compatriotas Enrique José Varona, Juan Arnao, Cirilo Pouble, Francisco Ibern, Pedro Duarte y Juan Vilaró, lo que podría servir de motivación a determinados sectores que los consideraban como ciudadanos capaces de adoptar las más acertadas decisiones. Además, se debe tener en cuenta, para comprender mejor el rápido desplazamiento hacia la Isla, que en este periodo las fábricas de tabaco de la Florida atravesaban por un momento económico difícil, con Falta de trabajo, diferentes irregularidades y malas condiciones de labor.6 Las circunstancias resultaron propicias para la aparición de intentos organizativos que suplieran el vado que iba produciéndose en torno al Parado Revolucionario Cubano. En Tampa fueron publicados los estatutos de dos organizaciones que aparentemente tenían propósitos no coincidentes. La Sociedad Patriótica Cubana expuso que su objetivo era promover el acercamiento de todas las clases sociales, valorar para el futuro próximo el fomento de la industria cubana, la solidaridad profesional y los medios de resolver los complicados problemas económicos del país. Por su parte, la Unión Republicana se organizaba como sociedad patriótica, con el propósito de difundir tos principios democráticos entre el pueblo a través de conferencias, veladas y otros medios; la propaganda se haría dentro de las Bases del PRC, para el logro de la estrecha unión de los separatistas y la disciplina para mantener enhiesto al Partido hasta que terminara su misión.7 En Nueva York se llevó a cabo, el 11 de agosto, la reunión de una asociación, aún en fase de provecto, para "discutir sobre la conveniencia del establecimiento de un nuevo partido político". Esta última frase implica un grado de concertación que desde 1892 no se había presentado a las emigraciones, y que en cierro modo daba a entender el agotamiento de las posibilidades del PRC, pero la información no va más allá, y sólo invitaba para una junta que tendría como finalidad vincular "todas las fuerzas de la emigración de esta ciudad para la futura organización de un partido cubano que funcione en nuestra Patria, cuya composición sería fundamentalmente de separatistas residentes en la Isla, quienes se darían la estructura que allí se considerara más conveniente. Esta idea de gestar un partido en el exterior que no fuera el ya existente, para su funcionamiento en tierra cubana, refleja un grado de preocupaciones políticas enfiladas hacia el aglutinamiento de determinado sector social, representante de una tendencia cuando menos de corte nacionalista, en tanto concibe a los partidarios de la independencia como su base social. La siguiente noticia al respecto indica que Enrique José Varona leyó el proyecto de la comisión encargada de redactarlo, presidida por el señor Arozarena, y usaron de la palabra, también, Pierra, Ramírez, Landa, Zayas, Casáis, Tejada y otros. Quedó constituida la asociación La Unión Nacional Cubana, con residencia temporal en Nueva York, decían, y permanente en La Habana, adonde se trasladaría oportunamente y cuyo principal objetivo era agrupar a los cubanos para estudiar los problemas que surgieran y proponer soluciones favorables. Al parecer no pudieron unificar criterios, pues en una reunión posterior hubo una larga discusión sin que se llegara a acuerdo alguno, aunque expresaron la idea de volverse a reunir en una próxima ocasión, indefinida. En octubre, uno de sus promotores expuso que gran número de sus miembros había marchado a La Habana, donde esperaban constituirla definitivamente; a la vez, planteó que debían unirse en torno a la idea de la independencia.8 A pesar de no haberse logrado nada efectivo y tangible, el hecho demuestra que determinados sectores habían apreciado la necesidad de organizarse como fuerza política en las nuevas condiciones del país y actuaban en tal sentido. Esto podemos constatarlo particularmente en el caso del programa presentado por el club Unión, de La Habana, redactado al modo de los proyectos gestores de los partidos de la época, con expresión de sus propósitos; en este caso, en lo político y judicial enunciaban el establecimiento de la República de Cuba, soberana e independiente, con amplias libertades y sufragio universal –aunque contradictoriamente excluía a los analfabetos–, y con un "Congreso calcado en el de los Estados Unidos"; en cuanto a lo económico, con declaración de cabotaje al comercio de este país, lo que denota un matiz proyanqui, o una conciencia dependiente.9 Todo esto ocurría al margen del PRC, cuya máxima dirigencia veía deshacerse la institución fundada por José Martí sin reorientar el contenido de esta, adaptándola a las circunstancias cambiantes, para dar respuesta a los retos planteados al pueblo cubano. Al parecer, tales preocupaciones no se hallaban en el marco estrecho de las inquietudes de quienes encabezaban el Partido. No obstante, entre los militantes y personalidades no comprometidas con la tradición antidemocrática de Estrada Palma hallamos otros criterios. A fines de abril, Gualterio García expresó: "¿hemos terminado la obra que nos propusimos al constituir el Partido Revolucionario Cubano? A mi entender no." Pesa, dijo, sobre los hombros de los cubanos la responsabilidad de trabajar por hacernos libres, pues "una cosa es la independencia y otra muy distinta la libertad." El patriotismo imponía que todos "vayamos inmediatamente a la Patria, a continuar la obra de amor que aquí emprendimos", a reconstruir el país y a luchar porque el gobierno que se constituya sea honrado y fuerte, como dicen las Bases del Partido.10 Juan Gualberto Gómez, comisionado especial de la Delegación, con el objetivo de incrementar las recaudaciones, se reunió con el Cuerpo de Consejo de Cavo Hueso el 28 de julio. Estrada Palma le había encomendado que restableciera las colectas semanales, muy mermadas, pero las preocupaciones del amigo de Martí fueron más allá y expuso lo que a su entender debía ser la organización política "en el porvenir de Cuba, donde hay que asegurar la libertad, el progreso y los principios de la verdadera democracia, bases todas de nuestro programa, siendo el Partido R. Cubano el único que podrá implantarlas y sostenerlas". por ser el verdadero representante de las aspiraciones del pueblo, el cual bajo el lema de unión y perseverancia podrá vencer a nuestros enemigos y asegurar la felicidad de la patria libre e independiente.11 En sus palabras apreciamos la idea de que la organización fundada por el Maestro no limitara su actividad solamente a los propósitos originales, pues con el cambio de las circunstancias los militantes del PRC debían transformar las características de este de acuerdo con los nuevos propósitos, a la vez que conservaban los principios ideológicos, los procedimientos democráticos iniciales y el prestigio de su fundador y guía. En igual sentido se pronunciaron los revolucionarios de Santo Domingo: "El Partido Revolucionario Cubano no ha concluido su obra: él se fundó para obtener la independencia absoluta de Cuba", y si bien ya ha hecho la campaña contra España, "tócale todavía dar cierre a la obra revolucionaria", asegurando la creación del régimen republicano. Los emigrados que regresan a Cuba llevarán este deseo de "establecer instituciones modelo que consagren los ideales del patriotismo.12 En casi todas las emigraciones había expresiones coincidentes sobre la necesidad de crear en la patria, a la que se trasladaba la mayoría de los exiliados, una organización que posibilitara a los independentistas desempeñarse en un espacio propio dentro de la política nacional. Sin embargo, Estrada Palma actuó del modo autoritario como había venido haciéndolo desde que asumiera los cargos con que fue investido, y sin consultar a los Cuerpos de Consejo procedió a desmantelar lo que aún se hallaba en pie del Partido Revolucionario Cubano, sin ofrecer opción alguna y sin expresar preocupación por llevar a la Isla la experiencia y el prestigio de la organización fundada por Martí. El 8 de octubre, el Delegado dispuso que el Departamento de Expediciones cesara en el ejercicio de sus fundones, pues carecía de sentido luego de terminada la guerra.13 Y el 20 de diciembre firmó una comunicación que llevaba adjunta la circular de la Delegación dirigida a todos los presidentes de clubes. Cuerpos de Consejo y agentes del PRC, y cuyo objetivo era "dar por terminados los trabajos del Partido, por no ser ya necesario en el extranjero después de haber conseguido el fin a que esos trabajos se encaminaban", pues al abandonar España su soberanía sobre Cuba y evacuar las tropas, los cubanos quedaban, emancipados de la dominación ibérica, "que fue el propósito que presidió a la organización del Partido Revolucionario Cubano". Por tanto, la Delegación releva de ulteriores compromisos a los miembros de la organización, lo que será notificado a estos, levantándose acta al respecto; posteriormente serían remitidas estas y los archivos al organismo dirigente, para su conservación.14 La circular a que se refiere fue publicada en la prensa y constituye una declaración política donde Estrada expone las razones por las cuales era disuelto el PRC. A su entender, "nuestra obra ha terminado porque la patria está redimida"; considera que se ha conseguido el fin propuesto, pues "Cuba es independiente", de modo que los clubes, Cuerpos de Consejo y agencias en el exterior carecen de razón de ser. Admite que existe una vida activa en la Isla: "El campo de la acción de sus miembros se ha trasladado al suelo patrio”; mas, por su parte, no contribuye a dar cauce a las inquietudes de los más activos de sus compatriotas y se limita a expresar que serán de gran provecho los hábitos republicanos, pues debe evitarse que la libertad caiga en poder de la pasión, y propiciar que las instituciones democráticas impongan la obediencia a la ley y a la autoridad y el respeto al derecho ajeno.15 Ni una palabra, ni siquiera de aliento, sobre la posibilidad de fundar una, nueva organización en suelo patrio. Es obvio que el regreso masivo a Cuba había prácticamente aniquilado el aparato partidista de base en las emigraciones, por lo cual mantener su existencia en el exterior carecía de sentido, Pero no puede admitirse el argumento sobre el logro de los propósitos iniciales de la organización fundada por Martí, pues se hallaba cuestionada la independencia y al respecto se habían manifestado personalidades representativas como el general Máximo Gómez, entre otros muchos, y por diversos clubes y Cuerpos de Consejo. El asunto esencial no era mantener o no el PRC en su forma y concepción primigenia, pues era comprensible que de no ser disuelto, languidecería por falta de sustentación social en el exterior. El objeto de consideración particular es la miopía política, la desconfianza en la capacidad del pueblo cubano, o la falta de interés de Estrada Palma por participar en la política del país; nada hizo por aunar las opiniones dispersas sobre la creación en la patria de una organización política; en modo alguno puso el caudal de su prestigio como Delegado para evitar que se perdiera la ocasión irrepetible de conservar aquel órgano de unidad de pensamiento y acción, transformando adecuadamente sus objetivos y estructura organizativa, y hasta el nombre, pues en la época revolución se identificaba con guerra, para el común de los hablantes, y debía adecuarse a la nueva época de paz. O el maestro de Central Valley no era capaz de hacerlo, o no quiso, o no le interesaba participar en las actividades reivindicativas dentro de su país de nacimiento,16 o conscientemente impidió la formación de una fuerza política organizada en Cuba. Los análisis pueden conducirnos a una u otra conclusiones, pero lo cierto, es que, fueran cuales fuesen las motivaciones o intereses de Estrada Palma, procedió a eliminar el órgano político. Y, ya fuera por razones de disciplina o de aceptación acrítica de una realidad contra la que se consideraban impotentes, o quizá por haber prevalecido el criterio de dar término a la organización, en vistas de las circunstancias desfavorables, en el Cuerpo de Consejo de Cayo Hueso, en sesión del 2 de enero de 1899, se da cuenta de la disolución del PRC, acordada en la asamblea del 30 de diciembre pasado y acatada por todos.17 No obstante, el ideal patriótico se imponía entre quienes consideraban que aún era necesario luchar, pues diferían de los criterios de Estrada, ya que Cuba no era independiente y debían lograr que lo fuera. Este pensamiento se halla presente en los emigrados de Tampa y West Tampa cuando dan por terminadas las labores del PRC, pues hacen constar en un acta que mientras no sea constituida la República forjada en la mente del apóstol José Martí, "los que fueron afiliados del Partido no podrían entregarse al descanso".18 Por su parte, los miembros del club Los independientes acatan la disposición del Delegado, pero en tanto el artículo 16° del reglamento de su sociedad establece que "no deberá disolverse mientras la isla de Cuba no esté constituida en nación independiente", el club quedará en receso hasta alcanzar este objetivo.19 En cuanto a Patria, el 31 de diciembre de 1898 publicó su último número. Sus editores expresaron que se retiraba de la escena una vez que España había sido expulsada de Cuba y Puerto Rico, se había reinstalado casi toda la emigración en suelo nacional y había sido disuelto el Partido. No obstante, Rafael de Castro Palomino introdujo un matiz diferente, al considerar que al cesar de publicarse en Nueva York "deberá renacer en espíritu en Cuba libre", para afrontar la nueva lucha que presentaban los españoles a los cubanos, desde la sombra, "para conservar sus intereses a cualquier precio", lo que exigía un enfrentamiento moral contra ese elemento cuyo influjo pudiera ser poderoso, y quienes sólo anhelaban "el monopolio político, social y económico de un pueblo sobre otro".20 El enfoque era errado en tanto planteaba un choque de nacionalidades y no de intereses económicos y políticos; pero lo esencial se hallaba en la idea de continuar sirviendo de órgano defensor de la independencia y el patriotismo. El Partido Revolucionario Cubano y Patria habían llegado a su fin, no sólo como resultado inmediato, coyuntural, de la voluntad de un hombre o de la totalidad de los miembros de la Delegación, sino también como consecuencia del largo proceso iniciado desde el ascenso de Estrada Palma al cargo de Delegado, quien se caracterizó por la aplicación de métodos de dirección unipersonales, autoritarios, antidemocráticos, propios de quien no confiaba en la capacidad de sus conciudadanos, mientras justificaba su actitud con el pretexto del estado de guerra por el cual se atravesaba; mediante la ausencia de la consulta sistemática de las opiniones de las masas de militantes, carentes de real participación en la vida orgánica, más objetos que sujetos del quehacer político, se fueron minando las conciencias de las emigraciones, hasta el punto de no sentirse identificadas ni representadas por el PRC, el cual llegó a ser visto, a causa de las prácticas de su dirigencia, sólo como una institución recaudadora de fondos para la guerra. El Delegado, aislado de las bases sociales populares y con objetivos que no coincidían plenamente con los de estas, no sintió la necesidad de continuar la obra política en la Isla al concluir la guerra, pues, a su entender, se había logrado el objetivo para el cual fuera creado el Partida Los sectores opuestos a este criterio no hallaron, ni en las emigraciones ni en Cuba, las condiciones propicias para desarrollarse. Las fuerzas antinacionales obraron con certeza, mientras que la división hacía su labor liquidadora dentro de las filas patrióticas. El imperialismo y la oligarquía hispano-cubana lograrían, momentáneamente, sus propósitos. Tomado de: Cuba 1895-1898. Contradicciones y disoluciones. Centro de Estudios Martianos, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello. 1999.
Notas. 1 “En la brecha”, Patria, 18 de mayo de 1898. 2 Este documento apareció en “Nuestro Partido”, LDM, 6 de mayo de 1898, y en “Resoluciones del Cuerpo de Consejo”, Patria, 30 de abril de 1898. 3 La frase “emigrados sospechosos” y las valoraciones son tomadas de una carta de Fernando Figueredo al periódico Cuba, aparecida en “Las necesidades de hoy”, Patria, 1 de junio de 1898. 4 La información ha sido resumida de Figueredo: Telegrama a Tomás Estrada Palma, Tampa, mayo 4, en “La Brecha”. T.Estrada Palma: “Aviso” 5 Ver José Antonio Frías: Carta al Sr. Tomás Estrada Palma, Santo Dgo., Spbre. 12/98, en Correspondencia diplomática..., cit. en n. 21. t. IV, p.153; cfr. p. 150, 151 y 154; Esteban Borrero: Carta al Sor. D. Tomás Estrada Palma, Alajuela[Costa Rica], Agosto 14 de 1898, ibidem, p. 249; Manuel Landa: “Partido Revolucionario Cubano. Cuerpo de Consejo de Nueva York”, Patria, 5 de octubre de 1898. Sobre el tema de la actitud generalizada en los emigrados, y del retorno de estos, ver diversas cartas en Correspondencia diplomática..., cit. en n. 21, t II, p.16, 179, 228, 229, 251, 253-255, y “Club Caonao”, Patria, 1O de octubre de 1898. 6 Ver “Partida”; Enrique José Varona: “Despedida”; y “ Algo de todo”, en Patria, 5 y 26 de noviembre, y 26 de diciembre de 1898; Actas de las Asambleas..., cit. en n.3, t. IV, P. 25 y F. Azcuy: El Partido...,cit. en n. 185, p.125. 7 Ver “Sociedad Patriótica Cubana” y “La Unión Republicana”, en Patria, 30 de julio de 1898. 8 Al respecto, se han consultado: “Algo de todo”, “La reunión del miércoles” y “Otra reunión”, Patria, 31 de agosto y 3 de septiembre de 1898, respectivamente (el énfasis en cursivas es mío. Nota del autor.); y las cartas de F.G. Pierra a los señores Néstor L. Carbonell y Francisco de Arredondo, fechadas en Nueva York, 19 de agosto y 21 de octubre, en Biblioteca Nacional, Colección Manuscritos, Morales, t. 37, n. 20, y Arredondo, n. 165, respectivamente. 9 “Manifiesto”, Patria, 5 de octubre de 1898. 10 Gualterio [García]: Carta a "Gonzalo querido", Tampa, Fla. Abril 22, 189[8], en Archivo de Gonzalo de Quesada. Epistolario, cit. en n. 63, t. I, p. 179 y 180. 11 Acta de la sesión del día 28 de julio de 1898, en Libro de Actas del Cuerpo de Consejo de Key West, folio 323, en Archivo Nacional de Cuba, Fondo Revolución de 1895, Leg. 17, n. 2927. 12 “Manifiesto”, Patria, 19 de octubre de 1898. El documento está firmado en Santo Domingo, el 16 de septiembre, entre otros, por José A. Frías, Sub-delegado, Manuel Colás Odoardo, Agente General, Federico Giraudi, Presidente de Cuerpo del Consejo y Federico Henríquez y Carvajal, Presidente del club 27 de Febrero. 13 Tomás Estrada Palma: Comunicación al General Emilio Núñez, Octubre 8, en “Disolución del Departamento de Expediciones”, Patria, 18 de octubre de 1898. 14 T. Estrada Palma: Comunicación al Sr. Juan Fraga, Presidente del club Los Independientes [se trata de una circular impresa], New York, 20 de Dicb. 1898, en Archivo Nacional de Cuba, Fondo Delegación del P.R.C., Leg. 50, n. A.l. 15 T. Estrada Palma: “Delegación. Circular a los clubes, Cuerpos de Consejo y Agentes del Partido Revolucionario Cubano”, Patria, 21 de diciembre de 1898. 16 Públicamente era conocido que don Tomás no iría a residir en Cuba, y por tanto no tomaría “parte activa ni pasiva de ningún genero en la política de la isla”. ( T. Estrada Palma: “Párrafos de una carta del señor Delegado”, Patria, 28 de septiembre de 1898.) 17 Acta de la sesión del 2 de enero de 1899, en Libro de Actas del Cuerpo del Consejo de Key West, Archivo Nacional de Cuba, Fondo Revolución de 1895, Leg. 17, n. 2927. Ver el acta del día 30 en Manuel Deulofeu: Martí, Cayo Hueso y Tampa; La emigración, Cienfuegos, Imprenta de Antonio Cuevas y Hermano, 1905, p. 337-339. 18 Gualterio García, Secretario: “Acta. Agencia de la República de Cuba y Sub-delegación del Partido Revolucionario Cubano en Florida. –Secretaría” (Tampa, Florida, diciembre 26 de 1898), en Patria, 31 de diciembre de 1898. 19 Acta firmada por Jenaro Báez, secretario, con el VOBO de Juan Fraga, en Archivo Nacional de Cuba, Fondo Delegación del P.R.C., Leg. 49, n. B. 1. Ver Juan Fraga, Presidente, y Jenaro V. Báez, Secretario [del club Los Independientes]: Carta al señor Gonzalo de Quesada, Encargado de Negocios de la República de Cuba en el Exterior , Enero 25 de 1898, en Archivo de Gonzalo de Quesada. Documentos..., cit. en n. 10, p. 413. 20 Rafael de Castro Palomino: “La segunda lucha”, Patria, 31 de diciembre de 1898. Ver “Obra terminada” y “Patria”, en el mismo. |
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