LA JIRIBILLA
UN SUFRAGIO ¿UNIVERSAL?

A la luz del abierto oportunismo de algunos "patrioteros" y la creciente sumisión a los designios de la administración estadounidense, valdría reflexionar con prudente racionalidad si a los intereses de aquel gobierno convenía que en la maltrecha ex colonia española, atrasada y paupérrima, sus mujeres alcanzaran el derecho al sufragio antes que las norteamericanas –cuya lucha por esta aspiración sumaba cerca de un siglo.

Raquel Vinat de la Mata
| La Habana

Desde la ejecución del Censo ya se produjeron síntomas anunciadores de lo que habría de suceder; pero que la limitada aplicación de un enfoque de genero en el análisis de la historia cubana, ha pasado por alto reiteradamente. En la tabla XIII del citado reporte estadístico, su encabezamiento delata la orientación segregacionista de su contenido: "varones de 21 años y mayores, según ciudadanía, educación y grado de instrucción".1 Ya la administración norteamericana preparaba la información acerca de la única sección poblacional privilegiada para convertirse en protagónicos del futuro proceso eleccionario: los hombres.

Simultáneamente, la prensa se encargó de divulgar los requisitos establecidos para los candidatos a votantes: saber leer y escribir, poseer al menos $250.00 por capital y, claro está, pertenecer al sexo masculino. De inmediato, las publicaciones se hicieron eco del malestar que despertó en algunos sectores la cláusula correspondiente al estado financiero de los aspirantes al sufragio, toda vez que consideraban excesiva la cantidad exigida –atendiendo a la crisis económica en que se hallaba buena parte de la población. No obstante, a pesar de la justa inconformidad por la medida, no se descubre en la lectura de las publicaciones de la etapa, similar desacuerdo con la franca exclusión de las mujeres al disfrute de ese derecho civil. Al contrario, las parcas alusiones al hecho animaron un implícito respaldo, al estilo de un breve, pero tendencioso comentario aparecido en el Diario de la Marina.

Caracterizado por su rancio anticubanismo, el rotativo reprodujo algunas notas de un corresponsal norteamericano quien, al hablar de los comicios en ese país, señaló que:

Las mujeres americanas en los asuntos públicos han probado ser desastrosas, en vez de útiles. Si ustedes quieren edificar una república varonil, honrada y digna, eviten las "mujeres instructoras". Las mujeres, en los asuntos públicos como maestras de escuelas, han resultado deplorables en América... ¿Una mujer demócrata? No existe tal cosa. La mujer en el poder significa el imperialismo en sus peores fases. La mujer, como autoridad, significa la tranquila sumisión del hombre y el último extremo de la esclavitud de la raza...2

Valdría preguntarse: que perseguía semejante "consejo" de tan nítidos perfiles misóginos recogidos, respaldados y difundidos en Cuba "gracias" a la gestión publicista del diario. Significaba que la república, si se aspiraba que fuera honrada y digna, debía poseer como esencia sine qua non que fuera, inobjetablemente "varonil".

Tan descarnado sexismo podría parecer justificable en razón del tradicional comportamiento prejuiciado de la mentalidad hispanófila más recalcitrante –que tenía en el equipo del mencionado periódico a connotados exponentes. Mas, la proyección de figuras cubanas, hombres cultos, de pensamiento avanzado en materia de discusión política, deja al desnudo la enquistada presencia del hegemonismo masculino. Breves pistas localizadas en el compendio de debates que analizaron las bases de la primera constitución republicana de Cuba, destilan transparentes evidencias.

En las frecuentes polémicas en torno a la "universalidad" del sufragio, se precisó que al expresarse "todos los ciudadanos varones mayores de 21 años" eran exceptuados los mendigos, lisiados e incapacitados mentales e inhabilitados por resolución judicial. Pero cuando A. Gener puntualizó el tema y calificó de "falsedad" el carácter universal del sufragio "porque no se cuenta para nada con las mujeres, no se reconoce el derecho electoral femenino...",3 Manuel Sanguily refutó esas palabras alegando que "el pueblo cubano no está maduro para aceptar esa forma de sufragio; este no es oportuno, no urge, no interesa en este momento".4 Contrastan estas expresiones con una lúcida y elocuente defensa realizada por el propio Sanguily momentos antes cuando, al apoyar la justa amplitud del acto sufragista, empuñó las armas de la civilidad y dijo: 

(...) El sufragio universal es un derecho ciudadano, como la emisión del pensamiento, como la profesión de determinado culto; es un derecho del ciudadano también disputado en las luchas históricas, ganado por conquista en las revoluciones.5

Siguiendo la lógica de pensamiento de este destacado tribuno, para las mujeres no era consecuente su alegato, toda vez que se les negaba ese derecho elemental y equiparado por él a necesidades espirituales tan sensibles como "la emisión del pensamiento y la profesión de un culto". Pero, además, Sanguily olvidó que también no pocas cubanas podían enmarcarse entre aquellos que –según sus opresiones– se ganaron el derecho por su accionar directo y efectivo en las luchas históricas. ¿Podría alguien discutirle a una mujer como Bernarda Toro o María Cabrales que ellas no hayan conquistado ese derecho, al haber dado lo mejor de ellas no solo en la primera guerra, sino también durante la Guerra Chiquita, la compulsa tregua, la emigración y la contienda de 1895-1898? Y, lo más hiriente de los juicios como los emitidos, es que despreciaban la entrega honesta a la causa libertaria de cientos de anónimas luchadoras, de cuya obra hombres como Sanguily no eran ajenos.

¿Que argumento consecuente explicaba que "el pueblo no estaba maduro para aceptar a las mujeres como votantes"? ¿A qué parte del pueblo se refería? ¿Por qué respetar a las cubanas accediendo a darles su ganado espacio, "no era oportuno"? Si –según él– no urgía, entonces ¿para cuándo sería aplazado el otorgamiento de ese derecho? Pero al acercarnos a la esencialidad de su criterio: valdría indagar no solo por qué sino a quién no interesaba que las mujeres de esta Isla disfrutaran del sufragio –que, entonces, si se podía llamar realmente "universal".

A la luz del abierto oportunismo de algunos "patrioteros" y la creciente sumisión a los designios de la administración estadounidense, valdría reflexionar con prudente racionalidad si a los intereses de aquel gobierno convenía que en la maltrecha ex colonia española, atrasada y paupérrima, sus mujeres alcanzaran el derecho al sufragio antes que las norteamericanas –cuya lucha por esta aspiración sumaba cerca de un siglo.6

Notas.

1– Informe del Censo de 1899, pp. 238-241.
2– Diario de la Marina, a.LX, 29.7.1899, p. 2.
3– Diario de las Sesiones. Proyecto Definitivo para Pases de la Constitución (15. 1.1901), p. 283.
4– Ídem, p. 284.

5
Ídem, p. 282.

6– El sufragio femenino en Cuba se logró en 1934 y se hizo efectivo en las elecciones de enero de 1936.

Tomado de Las cubanas en la posguerra (1898–1902), acercamiento a una etapa olvidada. Editoria Política, 2001.


2002. La Jiribilla. Cuba.
http://www.lajiribilla.cu
http://www.lajiribilla.cubaweb.cu