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LA
JIRIBILLA Joya cognoscitiva de cualquier anaquel, tesoro invaluable de tradiciones y sabiduría, perfectamente comparable con clásicos como La rama dorada, Árbol del mundo ostenta selección, traducción, prefacio, glosario y notas de Rinaldo Acosta, revisados por Desiderio Navarro, todo a partir de importantísimos especialistas rusos entre los que sobresale Vladimir N. Toporov, Viacheslav V. Ivanov y Eleazar M. Meletinski, quienes fueron algunos de los principales aportadores al libro original ruso: Mitos de los pueblos del mundo, cuya versión al español no pudo acometerse íntegra en esta ocasión por limitaciones financieras y tecnológicas. De todos modos, estamos ante una versión no por sintética menos impresionante, y conste ─por si no está claro todavía─ que no me refiero solo al tamaño y la extensión. Es publicado por la colección Criterios, que comparte nombre con la ya mítica revista de culturología, estética, teoría literaria, de la plástica, el teatro y el cine. Criterios, la revista, fue fundada por Desiderio en 1972 y se mantuvo aupada por él, principalmente, a lo largo de treinta años. El presente diccionario da inicio a la serie Rusia en el pensamiento actual, de esa pujante colección también titulada Criterios, con toda la voluntad de buen augurio que, de seguro, le imantará similar rigor, profundidad y prestigio. Las publicaciones de Criterios, me refiero ahora no a la revista sino a la colección editorial –incluye no solo Árbol del mundo, sino también Image I. Teoría francesa y francófona del lenguaje visual y pictórico o Stefan Morawski. Las principales corrientes de la estética del siglo XX, y otros ensayos—han sido acogidas por Casa de las Américas y la UNEAC. Desiderio Navarro dedicó el diccionario Árbol del mundo a la memoria de Iuri M. Lotman, relevante académico de la escuela de Tartu-Moscú, quien visitara Cuba en 1987, a despecho de la nomenclatura burocrática y oficialista soviética, para participar en el Primer Encuentro Internacional de Criterios. El libro lleva prefacio de su traductor Rinaldo Acosta, y entre sus fuentes principales se destacan la Biblia, la Orestíada de Eurípides, Los trabajos y los días, de Hesíodo, el Mahabharata, el Ramayana, el Rigveda y la Eneida, de Virgilio, entre muchas otras. Enumeración que demuestra la amplitud del área geográfica abarcada por este libro, cuyo tema de estudio muchas veces ha sido circunscrito, por otros autores, al Mediterráneo y el Asia Menor, o a lo que se conoce como Mundo Occidental. Más allá de semejantes barreras, este nuevo diccionario aspira a revelar el sustrato mitopoético común a toda la humanidad, así como identificar y describir los “universales mitológicos” fundamentales. Para ilustrar tan tremenda amplitud, reproduzco dos breves fragmentos, los dedicados a la palma y a la caña, dentro del acápite Plantas. Las razones de por qué seleccioné estos y no otros, tienen que ver con la principal sugerencia que parece hacernos este diccionario: leer los símbolos y los mitos, comprenderlos a cabalidad y desentrañar sus significados esenciales, no significa ni mucho menos barrerlos con un escobazo de racionalismo repentino y efímero: “La palma, en muchas tradiciones del Cercano Oriente Antiguo (Mesopotamia, Fenicia, Egipto), se presentaba en la función de árbol de la vida y en el Egipto antiguo también como imagen del tiempo, del año. En una serie de tradiciones es concebida como imagen del falo con una llama surgiendo de él, o como emblema andrógino y solar, correlacionado con las imágenes del tipo del árbol “de mayo”. En el arte cristiano es un símbolo del martirio y la pureza, el signo de los que visitan la tumba del señor (también un talismán contra las tentaciones), “domingo de ramos” se llama el día de entrada de Jesucristo en Jerusalén”.
“La caña aparece en
el Mediterráneo Oriental (en particular en Egipto) como
emblema del poder real; en el cristianismo, por el
contrario, es el símbolo de la humildad, pero también de
la justicia. En la tradición cristianooriental la tríada
(la caña, el lirio y la hoja de roble) encarna la
debilidad del hombre (la caña) transformada a través de
la resurrección (el lirio) en fuerza (la hoja de roble).
Para la población de América Central la caña es el
símbolo de la sequía, la juventud perdida y el calor de
la vida. En la mitología griega está vinculado a la caña
el fuego como principio vital (Prometeo trae el fuego a
los hombres en una caña hueca). En los mitos se fabrican
a partir de la caña diferentes instrumentos musicales de
viento, que a menudo figuran en los textos mitológicos”. |
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© La Jiribilla. La Habana. 2002 |