LA JIRIBILLA
SED MUNDIAL DE ENERGIA

Lisandro Otero  |
México


El nuevo sistema de cobro de la energía eléctrica dispuesto por el gobierno de Fox ha indignado a la nación mexicana. Las nuevas tarifas, excesivamente onerosas, caerán sobre el ya menguado presupuesto familiar y aumentarán el índice inflacionario contribuyendo a la devaluación de la moneda.
El gobierno del Presidente Fox no ha ocultado que uno de sus propósitos en perspectiva es darle entrada al capital privado en la Comisión Federal de Electricidad. Alegan para ello que el consumo creciente de la población mexicana requiere inmensas inversiones para aumentar la capacidad generadora los cual el Estado, por sí solo, no puede acometer.
Pero la opinión pública no acepta que un país, con tan vastas reservas petroleras, tenga que admitir que capitalistas foráneos vengan a insuflar la liquidez necesaria para que México tenga el nivel de energía que necesita.
En Estados Unidos está surgiendo la misma preocupación por el creciente consumo de electricidad y la insuficiencia para poder satisfacerlo.
En la actualidad el 50% de la energía proviene del carbón, el 20% es de origen nuclear, otro 20% es hidroeléctrica y 10% se genera con gas.
Solamente la creciente industria de la informática da lugar a demandas impresionantes.
Para crear, mover o guardar dos megabytes en una computadora se requiere la energía equivalente al consumo de una libra de carbón. Y en Estados Unidos hay en este instante 50 millones de computadoras en los hogares y 150 millones en oficinas y establecimientos comerciales. De esos equipos 20 millones están conectados a Internet. En 17 millones de hogares existen, al menos dos computadoras. Cuando existan mil millones de computadoras en funcionamiento, (fecha no muy distante si se tiene en cuenta que ahora hay 200 millones en acción) se necesitará duplicar la actual generación de electricidad.
Pero hay que tener en cuenta la energía que absorbe la transportación.
Un coche pequeño consume cuatro litros de gasolina cada cien kilómetros pero hay modelos que gastan hasta el doble de esa cantidad. En la segunda mitad de este siglo la población mundial se ha duplicado y esos seres humanos requieren calefacción, aire acondicionado, congelación de alimentos lo cual también demanda ingentes cantidades de energía.
En los últimos cincuenta años han nacido tantos seres como desde la creación de la especie humana hasta la fecha. En todas partes existen poderosas fuentes de energía que no se utilizan, como caudalosos ríos y poderosas cataratas, pero para ponerlas en acción se requieren enormes inversiones.
La energía solar ha sido abandonada, en parte, por el alto costo de su generación. La energía atómica es cada día más cara por los costos de la seguridad ambiental, pero cuando dejen de ser útiles habrá que enterrarlas, como se hizo en Chernobyl, y serán unos mausoleos de concreto que costarán más caros que la erección de esas centrales atómicas. Hemos llegado a un callejón sin salida y la entrada del capital privado en la industria eléctrica mexicana no es una solución y creará muchos problemas en el presente y en el futuro.
La fuerte expansión de los mercados, por efectos del TLC, ha producido un auge inusitado de exportaciones mexicanas. Los acuerdos con la Unión Europea también crearán una considerable demanda al mercado nacional y hay que estar a la altura de lo exigido. Ese fenómeno necesita una continuada elevación de la capacidad productiva y ello requiere un cuantioso consumo de energía.
El Estado pudiera acopiar los capitales necesarios para hacerle frente al incremento de las capacidades de producción. No es necesario entregar un medio nacional, y un renglón estratégico de la economía, a la iniciativa privada. México siempre ha cuidado mucho la propiedad nacional de sus recursos naturales. Desde la Revolución de 1910 se puso considerable énfasis en la administración estatal de las riquezas del suelo patrio. La nacionalización del petróleo fue una confirmación de esa política que ha sido, desde entonces, un baluarte de las doctrinas económicas emanadas del proceso revolucionario.
El esquema neoliberal, aplicado a la región determinó alzas en los niveles de miseria. El actual modelo se nos vendía como una especie de entrada al paraíso. Hemos saltado del período de las estatizaciones a la moda de las privatizaciones. Hemos pasado de la centralización absoluta de la economía a la dependencia casi absoluta de la iniciativa privada como herramienta fundamental para movilizar el desarrollo.
Ahora se trata de introducir capitales inversores en la generación de energía en México y ese es un paso más para abdicar de la soberanía y entregar el país a los amos en Washington.


© La Jiribilla.
La Habana. 2002
http://www.lajiribilla.cu
http://www.lajiribilla.cubaweb.cu