LA JIRIBILLA
Destinatario José Martí:
nuevas luces en el horizonte 


¿Cómo veían a Martí quienes lo trataban? He aquí el inapreciable valor de este libro, Destinatario José Martí. Ahora podemos colocarnos en el ángulo del otro y esto nos abre nuevos laberintos para llegar hasta él.


Fidel Díaz
| La Habana


Ya se sabe que Martí es un hombre interminable. Cada año aparecen nuevos textos o documentos suyos (o relacionados con él). Pero no es esa la principal razón: el enigma está en las dimensiones de su vida-obra. 
Su vida la dedicó a poner en práctica su obra, y su obra fue reflejo y proyecto de su vida. Cosmos indivisible que contenía un ser humano, un país, un continente, un mundo superior. Claro que semejante tarea no era realizable por un mortal, por ello se limitó a avanzar y dejarnos su rastro. 
De ahí que su poesía, periodismo, crónicas, ensayos, discursos, cuadernos de apuntes, diarios, sean como laberintos de luz que nos van guiando hacia un alma tan depurada que pertenece a un pasado que no ha llegado todavía. 
Nada mejor para conocer a un hombre (o mujer) de vida pública como su correspondencia, sin dudas la huella más sincera e íntima que nos deja. En José Martí esto no es exactamente así. Sus cartas no nos revelarán otra faceta suya, -tal fue su coherencia vida-obra-, aunque sí nos aportan elementos importantes para detallar las circunstancias en las que revolucionó. 
Las cartas de Martí, desde las más íntimas hasta las más oficiales, nos sumergen en un alma delicada, enérgica, austera, con un exquisito tacto para tocar el espíritu de su interlocutor sembrando siempre una semilla de respeto y ternura. ¿Acaso el resto de su obra no es también así? 
Pero... ¿cómo veían a Martí quienes lo trataban? He aquí el inapreciable valor de este libro, Destinatario José Martí (Casa Editora Abril, 1999). Ahora podemos colocarnos en el ángulo del otro y esto nos abre nuevos laberintos para llegar hasta él. Estas páginas, ahora por primera vez en Internet, nos invitan a una relectura de su correspondencia al conocer el estado anímico desde el que Martí escribió o, incluso, dejó de escribir.
Desfila ante nuestros ojos una amplia galería de remitentes: la madre, un club revolucionario, amantes, generales, amigos, así pasamos por reproches, agradecimientos, deseos y hasta ofensas que nos permiten hurgar en cada etapa de la vida de nuestro José Julián Martí y comprender las contradicciones, renuncias y sufrimientos a los que tuvo que sobreponerse en ese camino que va desde templar su alma juvenil hasta levantar a un pueblo en armas. 
Hay que agradecerle a Luis García Pascual el haber dedicado su vida al estudio de la obra del Maestro, y especialmente el minucioso trabajo de recopilación de esta correspondencia que abarca el período que va desde 1874 a 1895, donde se incluyen hasta cartas que ya no pudo recibir pues están fechadas con posterioridad al 19 de Mayo, cuando aún no se conocía de su caída en Dos Ríos.
Hacer una selección representativa del contenido de este libro entre tan disímiles cartas, sería tarea de un tiempo y espacio no disponibles. Me limito a escoger algunas que requieran la menor cantidad de acotaciones o ubicaciones temporales posibles.
Propongo de entrada un año de intensidad amorosa, 1875. José Julián tiene 22 años. Ha sufrido el dantesco presidio y el exilio en España. Se encuentra en México. 
Simplemente M es la firma de esta primera carta. Se trata de una mujer que tuvo relaciones amorosas con Martí desde poco después de su llegada a España (1871) y hasta su partida hacia México (1874). Suelen decirle los estudiosos, por esa M, La Madrileña.

De M.
(Madrid, 1875)

(...) Nada hay en el mundo que tanto daño le haya hecho a nuestros amores que la duda y tu tenacidad en no creerme...Como si yo te hubiera engañado alguna vez. Como si no hubiera sido bastante prueba todo lo que has visto y en un año entero de separación y de horrible prueba. Parece imposible, mi Pepe, que cuando tú sabes lo que te ama mi alma y el dolor que hoy me domina por la separación, te atrevas a consolarme con la duda que en tu última carta muestras, eso es no tener corazón...¡Ay, Pepe! No quiero exclamar ahora como todas las mujeres dicen en ocasión semejante. No, no. Para ellas todos los hombres son iguales; pero no, tú no eres igual a ninguno, para mí tú sólo eres mi idolatrado. Pepe, mi vida, la vida de mi existencia, la vida de mi alma. No lo creas si no lo quieres. Pero óyelo, así cual yo te lo repitiera de rodillas hora por hora delante de Dios. Puedes creerlo que lo siento y me lo diré eternamente para consuelo de mi alma, aunque ésta haya creído que tú la amas de veras... ¡Pobre loca mía! ¡Pobre alma que me anima! ¡Oh! ¡Ojalá tener valor para arrancarme de todos los que me aman y a los cuales soy tan necesaria, que entonces tú tendrías que despertar de veras y darme cuenta de lo que de mi alma has hecho!... ¿Por qué me has escrito unos versos que me revelan que no me amas? Di. Tú serás capaz de conformarte con que yo no te ame. Tú serás capaz de pensar con calma en que yo bese otra boca que no sea la tuya. ¿Tú crees que yo no tiemblo al pensar que mujer alguna, aún después de muerta yo, se permita quererte, besarte y besar tu frente que yo quiero tanto, y el lunar de tu mano derecha? Ojalá sea privada de la vida la mujer primera que me robe ese tesoro... Pepe, Pepe de mi vida, ahora te daría tantos besos, besaría yo tu frente, la amo tanto, te quiero a ti de tal manera y tan hondamente que, cuando como ahora leo o escribo carta tuya, siento que me abandonan las fuerzas físicas, y es porque te busco a mi lado, mido la distancia que te separa de mí, pienso que no te veré más, pienso que te acabas de separar ahora y que ya hace más de un mes que no te veo y que no puedo volar... ¡Oh! Si yo encontrara algo que calmara esta fiebre, esta sed de amor por ti, siento que tal vez podría vivir...Pero no, no quiero, no puedo, no quiero otro amor que no sea el de mi Pepe. Tú ya habrás abrazado a toda tu familia, ya eres dichoso, ya mi recuerdo será secundario y sólo alguna vez en todo este tiempo habrás tenido un pensamiento para mí... No puedo comprender cómo te has ido, cómo estoy sin ti, que es verdad que ya no veo más. ¡Ay! No, ¿verdad que no? ¿Verdad, Pepe, que tú si volverás? Di, ¿cómo se vive así? Tú estás muerto, ¿verdad?...Tú no sabes lo que es nada, nada, tú no has amado nunca, tú jamás has querido, tú no eres el Pepe de mi alma, que yo idolatro. Tú eres un monstruo de frialdad. En ti no hay corazón sino razón. Tú no me quieres, yo no te satisfago, tú no te conformas con tanto como te da mi alma. Eres cruel, me has matado después de triturarme el corazón y la existencia, y dijiste que yo, que yo sólo sería la mujer de tu alma, y que no querrías a nadie más que a mí, y me hiciste despertar del letargo en que postrada mi razón dormía... Y ni una esperanza, ni consuelo, ni piedad... Pepe, dulce y dolorosamente te amo. Hay horas en que no me acuerdo de nada. ¿Cuándo te vuelvo a ver? Mira, tú me perdonas, ¿verdad? Perdóname, Pepe, perdóname que yo esté loca, y yo no tenga la culpa de que mi alma haya formado su existencia en la tuya. Yo te beso todas las horas. Jamás te he querido tanto como hoy te quiero... Me queman, me abrasan las lágrimas el corazón, el rostro, y no maldigo mi existencia. Antes me atrevo a bendecir este horrible dolor. Viene de ti, tú eres la causa, tú eres, Pepe, el dolor de mi tristísima existencia. Bendito seas, bendito porque es muy grande y viene de ti, mis lágrimas y mi alma, que sólo es tuya, que no tiene otro Dios que tú y su dolor. Si estoy loca, es por tu causa...



Blanca de Montalvo es la próxima remitente. Joven zaragozana, novia de Martí cuando él cursaba sus estudios universitarios en Zaragoza.
Para echar luz sobre su vida amorosa y los sufrimientos que atormentaban a esta joven en aquellos años quiero acotar este fragmento de carta cuento que le escribe Martí, desde sus 22 años a Blanca.
Ni patria, ni amor. ¿Entiendes tú que un corazón lata en vano, y no sepa el miserable por qué late? ¿Entiendes tú, que un alma se sienta repleta de vigor, ardiente para amar, henchida con intentos generosos, -y no sepa en qué ha de emplear su fortaleza, ni encuentre cosa digna de poseer sus ansias ni halle dónde verter su generosidad? -Así vivo yo. Yo siento en mí una viva necesidad, un potente deseo, una voluntad indomable de querer: yo vivo para amar: yo muero de amores, -y he querido encarnarlos en la tierra, y una fue carne y otra vanidad, y otra mentira y otra estupidez, y entre tantas mujeres para los ojos, no halló el alma una sola mujer.
La patria me ha robado para sí mi juventud.
Mi corazón se va lleno de ira de esas necias criaturas que lo usan, que lo desean, que lo aman quizás, pero que no son capaces de entenderlo. -Y vivo cadáver, encerrado en extraño país; -avergonzado de tanto necio amor. Y vivo muerto. Si hallas tú alguna vez unos ojos más claros que la luz, más puros que el primer amor, más bellos que la flor de la inocencia; -para mí los guarda, para mi ansiedad los educa, dilo al instante, hermano mío, a esta alma enamorada que se muere por no tener a quién amar. 



De Blanca de Montalvo
(Zaragoza, 1875)

Pepe. Más de dos meses que no recibo carta tuya. Esto, sin poderlo remediar, me hace dudar de aquel cariño que decías me tenías y que yo creí. Pero ahora veo que con la ausencia se ha ido apagando. Nunca creí que fuera digna de olvido la inocencia yo te quería más que a mi vida, y este cariño ha merecido olvido. Nunca lo hubiera creído de ti. (...) Tú me ofreciste escribirme siempre, ¿por qué no lo haces? No creas que no recibiendo carta tuya te olvidaré, pues te lo juro por quien soy que antes morir que olvidarte, y para vivir así era preferible morir..



Eloísa Agüero y Serrano de Ossorio. Notable actriz teatral camagüeyana. En 1875, ya separada de su esposo, llegó a México, comenzó a actuar en el Teatro Principal y conoció a Martí, con el que mantuvo relaciones amorosas. Fue, en la década setenta, una de las más célebres artistas del teatro cubano.


De Eloísa Agüero
(México, 1875) 

(...) Pepe, no sabes cuánto quiero que estés ocupado hoy. No verte allí, cerca de mí, cuando tengo miedo esta noche. 
Cuánta contrariedad me ofrece tu amor! Anoche fui al ensayo, te esperé hasta cerca de las 10... He preparado un platito de dulce que yo, yo sola he cocinado. No te rías, mi amor, porque en esta carta te hable de esa simpleza, pero por lo que me dices de que no vas a almorzar es que te hago esta explicación, para que sepas que dentro de una hora lo tienes allá, en la recámara, donde sueño acompañarte yo...Haz todo lo posible por ir antes de empezar la función, pero no te violentes si no te es posible; verte allí es mi deseo y mi inspiración se elevará. Adiós, no te olvida 

E

Aparece entonces Carmen Zayas-Bazán e Hidalgo. Durante la Guerra de los Diez Años, en 1871, abandona el país en unión de su familia y se establece en México. Allí conoce a Martí con el que contrajo matrimonio el 20 de diciembre de 1877. Una azarosa vida le esperaba. Tendrían un hijo, Martí se dedicaría a preparar y llevar a cabo la Guerra Necesaria y ella estaría con él por momentos en Nueva York y Guatemala, entre penurias, sin comprender plenamente lo que pasaba con sus vidas. Pero estamos en 1875 y ella le dirige su primera carta.


De Carmen Zayas-Bazán (México,1875) 

Pepe. Esta es la primera vez que tomo la pluma para decirte lo mucho que te amo, y tiemblo solamente al considerar que quizás es insuficiente para poder interpretar la nobleza de mis sentimientos. Mucho tiempo hace que te amo, pero en silencio, mucho ha que mi corazón te pertenece. Es muy cierto que desde que te vi te amé, desde ese momento sentí nacer en mi corazón inextinguible llama del primer amor, pero también es cierto que desde que te conozco no he tenido un día de calma, pues los celos me mataban, era horrible mi situación: constantemente he luchado con las dificultades que en su egoísmo el mundo pone siempre a la felicidad de los seres que se aman, pero si es cierto que mucho hacen sufrir, y mucho nos queda por sufrir, no lo es menos que algún día seremos en extremo felices. ¿Deseas olvidar? ¿A quién? ¡Dímelo! Que si tengo el alma pequeña, la tengo muy grande para ciertas cosas y pequeña para otras, pero para escribirte y pintarte mi amor como debe ser, inmensa es. Escríbeme seguido y no me culpes si no puedo hablarte algunas veces. Carmen significa verso en latín, y en otra trigo, vergel, nombre sonoro y armonioso. Tuya 
Carmen


Mucho se ha especulado acerca de la llamada Niña de Guatemala, quizás por aquel poema que Martí le dedica al enterarse de su muerte donde expresa: Dicen que murió de frío, yo sé que murió de amor. Su nombre María García-Granados y Saborio. Hija del general Miguel García-Granados, quien había ocupado la presidencia de la República de Guatemala. Fue alumna de José Martí en le Escuela Normal de ese país. La leyenda la compara con la Ofelia de Hamlet. Supuestamente ella había tenido un romance con Martí y al verlo regresar con su esposa se lanza al río y aparece ahogada entre flores. Lo cierto es que murió de una enfermedad, quizás pulmonar y que no hubo tal drama, lo cual se hace evidente en esta esquela que le envía a unos días de haber regresado Martí con Carmen recién casado.

De María García-Granados (Guatemala, enero de 1878)

Hace seis días que llegaste a Guatemala, y no has venido a verme. ¿Por qué eludes tu visita? Yo no tengo resentimiento contigo, porque tú siempre me hablaste con sinceridad respecto a tu situación moral de compromiso de matrimonio con la señorita Zayas Bazán. 

Te suplico que vengas pronto,
Tu niña


Regresamos a Carmen Zayas-Bazán ya convertida en su esposa. Tienen un pequeño hijo. A veces solemos pensar, desde la dimensión histórica, que ella no supo seguirlo en su lucha. Esta carta nos ayuda a comprenderla, a situarnos en el lugar de madre que se siente desolada, desamparada con su pequeño; nos ayuda también a imaginar el desgarramiento en un hombre de la sensibilidad de Martí, -dolor que luego volcaría en su poemario Ismaelillo- la fe en la importancia de la revolución que preparaba por encima de su propio hogar, de su vida.

De Carmen Zayas- Bazán
Pto. Pre. Enero 7 de 1881
Pepe:
Las aflicciones porque está pasando mi espíritu son demasiado tristes para que yo pueda ocuparme de contestar tu romance y tu última carta: yo no estimo sino lo que es absolutamente cierto, tus acusaciones no lo son por lo tanto, no me angustian.
Deseo mucho que puedas al fin ir al pueblo que elijas, no tanto por mí como por mi hijo; se acerca el tiempo que el niño note que la sombra del padre le falta: tiene tanta inteligencia y ya lo habla todo de manera que muy pronto me preguntará por ti.
Yo no sé qué sucederá, ni qué día dejaré de sufrir, pero cuenta con que iré donde quieras el día que tengas seguro lo necesario para vivir.
He sabido que escribiste una carta a papá en la que le decías yo había venido porque no quería pasar pobrezas a tu lado mi contestación a eso está dada, todos saben que ya sólo la ropa teníamos que empeñar para vivir, y que tú no tenías donde trabajar.
Desde hoy espero tus órdenes para hacer cuanto me mandes. Créeme Pepe, yo no quiero sino que olvidemos el pasado, es necesario estar unidos por nuestro hijo, no se le da vida a un ser para sacrificarlo sino para sacrificarse por él.
Dios te ponga pronto bueno, y haga tengas recursos para emprender tu viaje, acá rogaremos mi hijo y yo porque seas feliz.

Carmen

El niño está bueno del ojo ya.


Ahora quizás la más dura de las cartas que pudo recibir José Martí. Los reproches vienen de su madre, Leonor Pérez, que se siente abandonada por él.
Hay que comprender la envergadura de la tarea que se había impuesto Martí, conocer el esfuerzo sobrehumano y en las condiciones en que preparaba aquella Guerra Necesaria para valorarlo. Leyendo esta carta uno puede tener al menos una vaga idea de cuanto sacrificio humano tienen que hacer los seres que entregan la vida a su pueblo. 


De Leonor Pérez y Cabrera

Habana, 15 de octubre, 1880

Pepe: hace días que quiero decirte algo de lo mucho que en mi alma rebosa y me ahoga; pero con la esperanza cada día de recibir carta tuya, lo dejo para el siguiente. Vana esperanza, vapores llegan a esta todos los días, y para mí no traen nada. No me quejaré ya más, estas cosas no se imponen, sólo te envío adjunto la fecha de tu última carta . Examina tu conciencia y dime si esto es justo, o es que ya tu familia se encierra en tu mujer y tu hijo, si a nadie tienes que guardar consideración.
Mucho he llorado estos meses, pues creía que algo malo te sucedía, pero he oído que personas que han llegado de esa dicen que te han visto que están Vdes. buenos, y sanos, puedes comprender lo agradable que será para mí tener que indagar de extraños, si viven o mueren, pues ni tu Padre político, ha tenido necesidad de vernos en su paso por esta, sólo sé que Vdes. lo despidieron en el muelle por lo que veo que estabas en todas tus facultades de razón, y no se te ocurría ni un mero recuerdo. Esto hijo me hace tanto daño, que no habrá palabra ya que pueda curarme; ni cómo creer en ellas ya, si el desencanto es horrible, no necesitas saber de nosotros supuesto que a tres días de distancia no tienes lugar de escribirnos, y tengo que contestar a los que me pregunten si he recibido carta de mi hijo, no, esto no significa confesar que este hijo es un ingrato, me avergüenza confesarlo, y te disculpo, pero mi corazón se despedaza.
No sé si recibirás esta pues me han dicho que te has mudado otros lo saben y yo no.
Carmen también se porta mal conmigo, ella me prometió escribirme a menudo y no lo ha hecho desde julio, ella es madre y no comprende los sufrimientos de otra madre que ya está cansada de sufrir, y que tal parece que el mío a quien ha dado el ser, es el encargado de acibarar toda su vida acabando de nublar sus ojos para siempre, pues no pueden estar nunca secos. Dios te perdone hijo todo el mal que me haces, y por ti le pido a todas horas, y porque te conserve tu hermoso hijo, y no te castigue en él lo que con tu abandono haces sufrir a tu
Madre, 


Propongo un texto más. Ahora dando un salto en el tiempo y un vuelco en el carácter que traían las cartas anteriores. Año 1892, se está acercando el momento de comenzar la guerra por la independencia. El gigantesco esfuerzo de Martí está dando frutos y los soldados que salieron cabizbajos de la Guerra de los Diez Años han recobrado bríos para retornar a la manigua. Los pinos nuevos, convocados por las ideas del Maestro están ansiosos. 
José Martí, desde su Partido Revolucionario Cubano, propone los principios de esta guerra e invita al Generalísimo Máximo Gómez a encabezarla.

Del General Máximo Gómez
Santiago de los Caballeros 15 stbre. 1892

Sr. José Martí, Delegado del Partido Revolucionario Cubano.
Señor Delegado:

Al enterarme del contenido de su atenta nota, que contesto, en la cual expresa los propósitos del Partido Revolucionario Cubano, cuyo Poder Ejecutivo, tan digna y acertadamente representa Vd., he sentido la más grata satisfacción porque yo también me siento aún capaz de ser entusiasta y leal batallador por alcanzar la independencia de Cuba, y aún es más mi satisfacción, por cuanto dado el plan de organización, para aunar los elementos de fuerzas de dentro y de fuera, que Vd. Con tanto tino va llevando a término, para poder abrir, cuando llegue la hora, una campaña vigorosa de seguro eso nos ha de dar la victoria.
En cuanto al puesto que se me ha señalado al lado de Vd., como a uno de los viejos soldados del Ejército Libertador de Cuba, para ayudar a continuar la obra interrumpida, tan señalada honra, tan inmerecida confianza, no tan solamente deja comprometida mi gratitud, sino que al aceptar, como acepto tan alto destino, puede Vd. Estar seguro, que a dejarlo enteramente cumplido consagraré todas las fuerzas de mi inteligencia y de mi brazo, sin más ambición, y sin otro interés, que dejar bien correspondida, hasta donde alcance la medida de mis facultades, la confianza con que se me honra y distingue.
Para la parte de trabajo que me toca, para la parte de labor revolucionaria que me corresponde, desde ahora puede Vd. Disponer de mis servicios.
Patria y Libertad
M. Gómez. 


© La Jiribilla.
La Habana. 2002
http://www.lajiribilla.cu
http://www.lajiribilla.cubaweb.cu