|
LA
JIRIBILLA
LA
CULTURA FUE CONFORMANDO
LA IMAGEN DEL CUBANO
"Nuestra cultura es
extraordinariamente diversa, no sólo en cuanto a sus
manifestaciones artísticas, sino también en el orden de
las tendencias y formas expresivas que rigen a cada una
de ellas". Un diálogo con Graziella Pogolotti, estudiosa
de la cultura cubana.
Magda Resik Aguirre
|
La Habana
La sabiduría es su más cara virtud. Graziella Pogolotti es mujer de vasta cultura. La solidez de sus conocimientos le concede tales poderes, que no necesita presumir de su talento. Desde el reposo aparente al cual la obliga la falta de visión - que no de luces y lucidez-, parece poseer todas las claves del pasado y el devenir del universo cultural cubano. Ella es una suerte de Oráculo de Delfos para la intelectualidad de la Isla. Cual añeja y recia caoba, se defiende del tiempo a golpe de una tenacidad sin límites.
Ha sido testigo de excepción. Quizá porque desde su llegada al mundo se halló en un entorno propicio. Los principales representantes de la vanguardia artística del pasado siglo, solían sentarse a la mesa en su casa, convocados por el liderazgo de Marcelo Pogolotti, notable pintor y escritor. Allí recibió espontáneamente la más eficiente de las maestrías en arte y literatura, y sobre todo, las claves para entender de modo natural nuestros orígenes. La cotidianidad estaba signada por un diálogo entrañable con los hacedores de un arte tan universal como criollo.
Luego, la adultez estuvo marcada por una integralidad sólo otorgada a unos pocos en el ámbito artístico y literario. Su ejercicio del criterio, avalado por una práctica tan vanguardista como la del Teatro Escambray en los años sesenta del silo XX, por el intercambio permanente con el movimiento teatral cubano, por sus sólidos estudios acerca de las artes plásticas y la literatura nacionales, son ya consulta obligada para quienes se asoman al complejo entramado de nuestra cultura.
De una forma u otra, tras largos debates sobre un asunto determinado, cercano a la creación artística y literaria, los exaltados y encontrados criterios en un encuentro público, han encontrado el equilibrio necesario en el discurso coherente de la Doctora Pogolotti.
Doctora no sólo por sus probadas dotes académicas. Más bien por la deferencia que proviene del respeto a su obra, muchas veces empolvada en los archivos de su oficina y en los gaveteros de su apartamento de El Vedado habanero, "porque no son gran cosa", como suele repetirle a quienes intentan compilar el legado imprescindible de su sabiduría.
Al cumplir setenta años, ha recibido el cariño de tantos amigos y amigas, que su proverbial carencia de intereses protagónicos se ha visto un tanto violentada. Aquella ilustre profesora del Instituto Superior de Arte, que cautivaba a sus alumnos con su discreta sapiencia; la prologuista inolvidable de mucha de la buena literatura publicada tras el triunfo revolucionario; la crítica sagaz y carente de ensañamiento o tendenciosidad, que siempre ha sabido decirle al pan, pan y al vino, vino, ajena a las poses doctas y en buen cubano; la respetada y consultada vicepresidenta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, se deja querer de un modo público y notorio por estos días.
Sin embargo, nunca será suficiente cualquier reverencia ante su sensibilidad
sui géneris, su desinteresada entrega a la nación y una fidelidad nacida de la profunda devoción y el disfrute de cuanto transpire verdadera cubanía.
-Existe una tendencia mayoritaria en nuestros días a relacionar los procesos del desarrollo con las dinámicas culturales ¿considera usted imprescindible esa asociación para la supervivencia del mundo futuro?
-Es una relación imprescindible, sobre todo a partir de una definición que hay que establecer en cuanto a los términos cultura y desarrollo. Hubo una etapa en que la noción del desarrollo estaba asociada básicamente a una suerte de desarrollo autónomo de las fuerzas productivas y al acrecentamiento de los bienes materiales.
Sin embargo, una auténtica noción de desarrollo implica la asimilación de la tecnología, el mejoramiento de las condiciones de vida y también lo que se llama calidad de vida. No debe tenerse en cuenta solamente la dimensión material sino también la espiritual.
El término cultura hay que entenderlo como algo que va mucho mas allá de las manifestaciones de la creación artística, de la llamada cultura artística literaria. Se trata de un concepto mucho más amplio, que se vincula con el imaginario popular, las costumbres, las creencias, es decir, con el conjunto de la vida espiritual del hombre. Y es en este sentido que los términos cultura y desarrollo se relacionan.
El hombre es el protagonista de todo proceso de desarrollo, y por ese motivo, en la medida en que sea más pleno en el orden espiritual, actuará más consciente de su propio destino.
-Las fórmulas económicas que hoy en día se asumen para sustentar la cultura en el mundo contemporáneo, están condicionadas de buen grado por los mecanismos de mercado ¿De qué modo preservar las identidades culturales ante la inevitable estandarización de los patrones de consumo cultural?
-En un momento determinado, el mercado fue una vía de distribución de las obras de arte y sustituyó al patrocinio a la creación artística y literaria, de los señores feudales, de la iglesia, de los reyes... Así surgieron, por ejemplo, las editoriales, que llevaron los libros a todas partes, las galerías que contribuyeron a la difusión de las artes plásticas. Pero con el andar del tiempo, sobre todo en la contemporaneidad, esa dimensión se ha vinculado a los procesos económicos del monopolio y dominio del mundo por las grandes empresas transnacionales.
Este fenómeno del mercado establece jerarquías, dicta las modas y sobre todo manipula la creación, lo cual es extraordinariamente riesgoso tanto para la preservación de las identidades culturales como para la defensa del arte verdadero, que en sí mismo, conlleva la búsqueda, exploración y descubrimiento de nuevas zonas de la realidad. Para ello el artista necesita independencia, al margen de toda posible subordinación a los dictados del mercado. De modo que se convierte en algo sumamente peligroso, no sólo para la preservación de las identidades, sino también para la defensa del papel que históricamente ha desempeñado el arte.
-¿Cómo fundamenta usted la atracción que ejerce en estos momentos en el mundo la cultura cubana?
-Existe una causa que es de orden extra artístico y extra cultural, que es la política. Los rasgos esenciales del proceso de la Revolución cubana, el papel que ha desempeñado en el mundo, al defender principios dirigidos a la formación de una sociedad más justa y equitativa, despiertan un interés particular. Es el nuestro, un país cuyo papel ha estado mucho más allá de su pequeña dimensión geográfica. Pero a esto se añade - y es ese el fundamento esencial -, además de su notable calidad, el hecho de que nuestra cultura es extraordinariamente diversa, no sólo en cuanto a sus manifestaciones artísticas, sino también en el orden de las tendencias y formas expresivas que rigen a cada una de ellas.
-José Martí escribió: " El arte, como la sal a los alimentos, preserva a las naciones". En este siglo XXI, ¿estará preparada la nación cubana para encarar un desarrollo sostenible que proteja la cultura autóctona?
-Cuba está particularmente preparada, porque a lo largo de su historia la cultura ha estado estrechamente vinculada a la reivindicación de los valores patrios, al surgimiento de un pensamiento liberador y antidogmático. La cultura fue conformando la imagen del cubano y aun antes de que existiera, el proyecto de la propia nación.
|