LA JIRIBILLA
LAS MIL Y UNA NOCHES.
Aceituna sin hueso


Mientras me deleitaba con el excelente repertorio ofrecido por el grupo durante el concierto, pensaba en los parámetros, patrones y criterios que han definido a lo cubano en la música, ya no son del todo válidos.


Joaquín Borges Triana
| La Habana


Hay una zona de la música facturada en Cuba por estos días, en la que el aparato para categorizar de que disponemos los encargados de reseñar, comentar y/o criticar lo que se produce en materia sonora, va resultando insuficiente a la hora de ubicar lo que escuchamos en algunas de las clasificaciones al uso. En muchos casos, ya es imposible hablar de un trabajo enmarcado dentro de los límites de determinado género o estilo, porque lo que se quiere buscar son nuevas articulaciones y texturas por medio de mixturas e hibridaciones en aras de una integración total. Pienso que justo lo anterior es lo que acontece con Aceituna sin Hueso, grupo villaclareño que debutó el 19 de febrero de 2000 y que a pesar de su corta vida, ha logrado encontrar una sonoridad que distingue al ensemble entre todo lo demás que en el reino de los sonidos ordenados se hace en la actualidad entre nosotros. El pasado sábado 19 de enero, en la sala Alejandro García Caturla del teatro Amadeo Roldán, los interesados en tener acceso a una labor musical de carácter propositivo tuvimos la oportunidad de disfrutar el concierto Las mil y una noches, como quiso llamarlo la agrupación encabezada por la vocalista y compositora Miriela Moreno.
Fue ésta la primera ocasión en que estos jóvenes se presentaron en un concierto con todas las de la ley en la capital cubana. La oportunidad fue propicia para comprobar que en el material interpretado por Aceituna se fusionan elementos de la música árabe, hindú, celta, del altiplano, flamenco, country, del grunge..., mezclado todo con nuestros ritmos. Junto a la ya mencionada Miriela Moreno, integran la agrupación la guitarrista Esther Martínez, el violinista Juan Curbelo, el tresero Juan L. Meneses, Andy Santana en el bajo eléctrico y los percusionistas Gabriel Velázquez y Ariel Marrero. Mientras me deleitaba con el excelente repertorio ofrecido por el grupo durante el concierto, pensaba en los parámetros, patrones y criterios que han definido a lo cubano en la música, ya no son del todo válidos. En el instante en que creadores como los de Aceituna sin Hueso se apropian de elementos de músicas de disímiles culturas para hacerlos suyos, se está dando una transformación de nuestra identidad, fenómeno que no puede ser explicado en los estrechos marcos del enfoque convencional de dicho concepto; habría que apelar a la exégesis de los procesos de fragmentación que en el presente momento se dan en el universo de las producciones artístico literarias y auxiliarse de teorías como la deconstrucción, a tenor de los cambios de coordenadas que en la actualidad tienen lugar en la cultura cubana, en la cual el referente ya no sólo está dentro de las fronteras locales.
La intención de ofrecer un producto totalmente híbrido se comprobó durante todos los temas que conformaron la presentación de la agrupación el pasado sábado 19, pero en particular se puso de manifiesto en piezas como "Noche" (Ariel Marrero); "Tamaño sueño" (Carlinhos Antune), donde el bajista Andy Santana tuvo un especial destaque; "El miedo y el ángel" (Miriela Moreno) o "Las mil y una noches", composición original de Ismel Leal (ex integrante del colectivo), que en una clara evocación de lo árabe sirvió para calibrar las enormes potencialidades de Miriela como vocalista, dadas las dificultades de la línea melódica, en la que abundan saltos que prueban la capacidad de afinación de la intérprete. Pero lo interesante de la propuesta de Aceituna está en que no se arma en torno al lucimiento de una sola figura sino que está concebida como un trabajo colectivo en el que sobresalen por igual cada uno de sus integrantes. 
En fin, felices han de sentirse estos siete jóvenes con su primera gran presentación en La Habana. Así pues, bienvenidos al rico panorama de la música cubana y hágase paso a esta fiesta del talento que responde al nombre de Aceituna sin Hueso.


© La Jiribilla.
La Habana. 2002
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