LA JIRIBILLA
SOSTIENE TABUCCHI

"Las utopías son la gasolina, el alimento de la máquina humana, del hombre y la mujer. Sin utopía no se puede vivir. El sueño está relacionado entrañablemente con la personalidad humana y quizás la utopía también. Participa del deseo. ¿ Y qué sería el hombre sin deseos? ¿Qué sería el hombre sin sueños, sin utopías?"

Nirma Acosta
| La Habana

Sostiene Tabucchi que La literatura es el espacio de las incertidumbres y las esperanzas. Llegó a La Habana para la inauguración de la 43 edición del Premio Casa de Las Américas, momento propicio para presentar la edición cubana de uno de sus libros más leído, Sostiene Pereira, de la cual ya se conocía en la Isla la versión cinematográfica. Cada respuesta se hizo acompañar de una sonrisa. La absoluta verdad de las cosas las busca este hombre en lo aparentemente simple de la vida, en las voces y las historias de las gentes. Allí donde algunos creen que no ocurre nada, el autor de Nocturno hindú, Pequeños equívocos sin importancia, El ángel negro, Réquiem, entre otros, halla los personajes de sus novelas y los deja hablar por sí solos. La mirada desde el otro, es quizás el sendero literario que ha preferido, a sabiendas de que logrará sensibilizar hasta al más incrédulo. Considerado entre los escritores de más prestigio en la narrativa italiana, dejó como promesa a los cubanos la edición de algunas de sus obras. 

-¿Cómo se manifiesta la relación política-literatura en Antonio Tabucchi, un escritor que confiesa ver a la política como al amor o la muerte?
-La política es importante para todas las cosas de la vida. La vida es larga, en ella cabe el amor, el odio, los sentimientos, los conflictos y también la política. Es un componente más de la vida. Se dice que la política se tornó sucia, pero mirando hacia atrás en la historia, la política nunca fue absolutamente limpia. La vida es sucia porque es terrestre, absolutamente limpia sería cosa del cielo. La literatura se ocupa de todo; no existe un decálogo y no se puede imponer a nadie escribir sobre política. Lo importante es ser totalmente libre. Un escritor necesita más que nada ser libre. Si le parece que una flor es lo más importante, solo piensa en escribir su poema. Si su interés va hacia un asunto político, social, debe priorizarlo. A veces, no se puede responder a sus propios deseos, intereses, pasiones... Es difícil conjugar los intereses, pero se puede. La literatura es el espacio de la libertad total.
Y para mí, la libertad es usar la palabra como creo. Decir lo que quiero. Existen tipos de libertad: la de vivir, la de la justicia, la de tener una vida digna. No es un concepto único. En mi caso es poder expresarme libremente y comunicar a la gente lo que creo, dejar testimonio de lo que vivo, veo y pienso.

-Pero hay quien piensa que la libertad es una utopía...
-Puede ser. Las utopías son la gasolina, el alimento de la máquina humana, del hombre y la mujer. Sin utopía no se puede vivir. Es como el sueño. Los científicos dicen que si una persona no soñara, su cerebro moriría psicológicamente. Por tanto, el sueño está relacionado entrañablemente con la personalidad humana y quizás la utopía también. Participa del deseo. Y qué sería el hombre sin el deseo. Qué sería el hombre sin sueños, sin utopías. Nada.

-Publicar en Cuba, visitar la Isla puede significar también un compromiso con el proceso que vivimos los cubanos ¿En su caso, pudiera ser tomado así?
-Puedo estar aquí sin compromisos. Soy un escritor y he venido a mirar y conocer el mundo, expresar mi simpatía a la Casa de las Américas, por donde han pasado muchísimos escritores que admiro. Mi único compromiso es conmigo mismo. Lo que no prohíbe mi simpatía, adhesión, amor por muchas otras cosas de la vida de los cubanos.

-Pessoa ha sido una especie de alibi en la vida de Tabucchi, pero digamos que otro grande, esta vez de nuestro continente, ha sido también importante. ¿Qué relación especial se establece entre usted y Julio Cortázar?
-A él le debo muchísimo. Fue un escritor que empecé a leer cuando era muy joven. Me interesó su penetración aguda en la realidad. Siempre va más allá, como si su mirada fuera un poco más allá del espejo. Era un escritor con muchas inquietudes. Le preocupaba la sociedad, la vida, el mundo, la política. Era muy receptivo. Miró la pluralidad del mundo a través de su riqueza de temas, opiniones. Me gustaba mucho el hecho de que fuera un suramericano, que viviera fuera de su país, en una relación curiosa con su tierra de origen. Un amor profundo por América Latina, más una mezcla entre América Latina, Europa, Occidente se vislumbra en su obra. Capturó la cultura del mundo. Coincido con él en su gusto por el jazz; también por el boxeo, un deporte que en Cuba se practica bien, le parecía un poco el símbolo de la vida. Como en la vida, hay que pelear constantemente. Su simpatía era para los perdedores. No le importaban los ganadores. Tenía una gran generosidad en su mirada.

-La mirada desde el otro es quizás el recurso más utilizado en su obra. ¿De ahí que entre sus más recientes proyectos haya una mirada incisiva hacia el estudio de la oralidad? ¿Puede esta investigación convertirse en un libro?
-Sí. A mí me gustan las personas. El proyecto principal de mi narración son las personas. Mi mirada es a la altura de ellas. Me gustan también los grandes poetas que miran para las estrellas y hablan del universo, del sentido de la vida -si existe un sentido de la vida, digamos-, pero prefiero encontrarlo eventualmente en la mirada de las personas y enterarme de cuanto les ocurre desde ellas mismas. Una de las cosas que más me interesan son las historias de los otros. Soy escritor, mas también un escuchador. Un escritor no sería buen escritor si no escuchara las cosas que le ocurren a la gente. Creo que soy buen escuchador y muchas de las cosas que he escrito me las han contado, con la ayuda de la literatura se convierten en novelas. Son eventos, acontecimientos. Creo que a las personas les gusta contar sus anécdotas. A veces la soledad aparece porque no hay nadie que quiera escuchar a los otros. Escuchar es una forma de enriquecerse, de apresar la vida de los demás. Las historias marchan con la voz. Es suficiente sentarse en un café, un paseo, un banco, abrir los oídos, y estar al tanto de la voz humana que llega.
Ahora estoy recogiendo unos cuentos cortos que vienen de las personas que conocí accidentalmente en mi vida. No son historias de amigos o conocidos, porque a veces es hasta mejor no saber quién es quien cuenta y mantener así el respeto por la privacidad. Ya tengo escritas pequeñas o grandes historias que me han contado. Va a ser un libro diferente, sobre la felicidad y la infelicidad. Me parece que son los dos polos de la vida entre los cuales pasa una especie de corriente eléctrica. Son los momentos raros de felicidad que las criaturas humanas tenemos en coincidencia con muchos momentos de infelicidad. Me interesa estudiar la corriente que pasa entre los dos polos.

-¿Qué le queda a la Literatura en medio del desasosiego que vive el mundo hoy?
-La literatura tal vez sea inútil, pero necesaria. Es una paradoja. A veces las cosas inútiles se nos vuelven las más necesarias del mundo. Una inutilidad vista desde la gran necesidad que de ella tenemos los hombres para podernos sostener. Aunque no es práctica tiene una gran verdad interior. Y en su verdad consiste su necesidad.

-¿Qué opinión le merece la edición cubana de Sostiene Pereira que fue presentada este lunes en La Habana como parte del programa de la 43 edición del Premio Casa de las Américas? ¿Habrá en un futuro otros compromisos editoriales con la Isla?
-Me gustó mucho. Estoy contento con ella. No solo yo. Mis editores españoles cedieron los derechos para la edición cubana. Pienso hablar con mi editor para ceder los derechos de otras novelas que pudieran ser interesantes para el lector cubano por toda la amistad y simpatía que siento por este pueblo.


© La Jiribilla.
La Habana. 2002
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