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LOS CUERPOS
José Manuel Poveda
Junto con la hermana, nacida a la misma hora, del mismo vientre y sobre el mismo lecho, se dispuso a dormir Dadá esa noche. Crisé y Dadá estaban las dos solas, y quizás quisieron protegerse; había frío, y quisieron abrigarse. Las dos estaban pensativas, cada una acerca de que amaba, y pensaban las dos muy abrazadas, sin decirse nada.
Cada una pensaba en su adorado; pero eran tales sus deseos y sus pensamientos, sus ansias y sus ensoñaciones, que las dos se abrazaron con más fuerza, se besaron en los labios y se estrecharon voluptuosamente, como si soñaran, sin decirse nada.
Luego Crisé y Dadá, sin separarse, sollozaron las dos juntas, con los ojos cerrados, con sus brazos enlazados y se durmieron sollozando en silencio, sin que ninguna de las dos intentara preguntarle a la otra quién se había interpuesto entre ambas.
A SAFO
Hilarión Cabrisas
Porque eres canallesca, porque eres exquisita,
y porque eres perversa, y porque eres fatal,
mi carne pecadora tu carne necesita
para libar las mieles de las flores del Mal.
Porque tiene tu vientre albor de margarita,
y tus piernas, columnas de tu templo carnal,
guardan el Tabernáculo de mi hostia maldita
y ocultan el secreto de mi anhelo sensual.
Porque tus ojos glaucos, para el hombre inconstantes,
brillan faunescamente, lesbianos, inquietantes,
cuando pasa una núbil doncella junto a ti,
anhelo pecadora, tu lascivo contacto
para la complicada consumación del Acto,
¡Con la santa lujuria que está latente en mí!
HAS
LLEGADO CUANDO ESTABA EN EL REMANSO...
Enrique Loynaz
Has llegado cuando estaba en el remanso...
Cuando habíame dormido
y estaba soñando un sueño
muy tenue, como de niño.
Has llegado demasiado
tarde. Así te esperé un siglo
y otro siglo sin hallarte.
Yo tenía un infinito
cansancio de estar tan solo:
Llamé, y no oíste mis gritos.
Busqué, y no pude encontrarte
porque andabas escondido
sutilmente...
Es demasiado
tarde: Ahora amo el vacío
de mi vida y el secreto
de mi sueño, tan sencillo.
Ya no quiero tus tesoros,
ya no quiero de tus vinos.
¡Demasiado tarde! Ahora
voy a ser para mí mismo
y tendría mucho miedo
siguiendo junto contigo.
Tú, que sabes la miseria
que me doblega y has visto
mis heridas, sé piadoso:
¡sigue adelante y solo, tu camino!
(2 de abril de 1922)
DE OTRO MODO (FRAGMENTOS)
Emilio Ballagas
Si en vez de ser así,
si las cosas de espaldas (fijas desde los siglos)
se volviesen de frente
y las cosas de frente (inmutables)
volviesen las espaldas,
y lo diestro viniese a se siniestro
y lo izquierdo derecho...
¡No sé cómo decirlo!
(...)
De todos modos, suéñalo
en ese mundo, o en este que nos cerca y nos apaga
donde las cosas son como son, o como dicen que son
o como dicen que debieran ser...
Vendríamos cantando por una misma senda
y yo abriría los brazos
y tú abrirías los brazos
y nos alcanzaríamos.
Nuestras voces unidas rodarían
hechas un mismo eco.
(...)
Pero jamás,
jamás.
¿Sabes el tamaño de esta palabra:
Jamás?
¿Y el ruido que hace
al caer para siempre en el vacío:
Jamás?
No la pronuncies, déjamela.
(Cuando esté solo yo la diré en voz baja
suavizada de llanto, así:
Jamás...)
SERPIENTE Y PAÑUELO
José Lezama Lima
La serpiente
buscó un pañuelo
para ofrecer un cuadrado
tan tenso como sus anillos.
Los anillos se extendían como el metal
y el pañuelo cubría la mesa de noche.
¿Era una serpiente o un cono?
¿Era un pañuelo o una superficie
simplemente lisa,
pintada de blanco?
Empecé a golpear el pañuelo
con la serpiente.
Y se iban desprendiendo ojos,
escamas, anillos que temblaban
como carne de tortuga.
Empecé a comprender
el parentesco entre la serpiente
y el pañuelo con las puntas dobladas.
Guardaba un secreto
contra el cual silbaba y mordía la serpiente.
Se adormeció en el pañuelo.
El pañuelo guardaba la serpiente,
pero todo respiraba
por debajo de la tierra.
Era ya el límite que no ondula,
y el pañuelo y la serpiente
comenzaban a zarandearse.
ANTINOO
(DE UN MANUSCRITO DE ADRIANO)
Pablo Armando Fernández
Yo no quería preguntarme nada.
No quería saber.
Mi condición sería vivir
eso que llaman vida,
y nada más.
Pero soy y no era lo que fluye.
Cuando es el viento, ando
uno y continuo: a veces
lo que llora
y otras veces el canto, no
la boca revertiente
donde era en todo, todo
menos lo que pasa.
Yo no quería ser y soy un río.
No quería ser continuo y ando
en lo que pasa.
Quise la vida múltiple
que perece y engendra
y soy una ciudad
LLEGADA DEL ANGEL
Abilio Estévez
Un hombre ha entrado en tu sueño. Viste de blanco y su cara es perfecta. Observas su cara y sus manos y su boca que ningún mortal pudo haber dibujado. Tratas de hablarle, pero las palabras no acuden. Él sabe lo que piensas. Dice que te presiente, y un torbellino de nubes se le encima. Habla de tu hábil torpeza, del futuro, de no sabes qué confusión. Pero confusión es palabra vana tratándose de un ángel. Si tú lo sueñas y él te sueña, ¿a quién corresponde despertar? Vas tras él temeroso. Un brusco gesto suyo podría convertirte en cenizas y humo. Finges dormir para que no se marche, para que no se desvanezca.
EN EL
PRINCIPIO FUE EL NOMBRE
Bladimir Zamora
tu nombre
como los vestidos anunciadores
de sus dueños futuros
venía piedra de volcán en mi bolsillo
tú
en cambio todavía eras
la silueta de una campana
sacando la lengua en medio del silencio
tu nombre
me servía para señalar
piernas enormes
gotas de una primavera
iniciando en mi casa sus festines de vida
un saludo inflamable machacado por
los te voy a olvidar de cualquier ventanilla
este nombre donde aún no armabas
la más liviana bulla
me sirvió para indicar
esto es un duende de los perfecto
hasta que caíste
fruta colérica
pan de sangre caliente
sobre el lienzo del nombre
y empezaste a romper
en tiras
--aves muertas por el viento-
la historia inventada
y empezaste
a cantarme
con todas las fuerzas del cuerpo desnudo
tu nombre
ahora
sabor claro en las fiestas de mi paladar.
TORNEO FINAL
Antón Arrufat
Éramos tan amantes que a veces éramos amigos. O éramos tan amigos que a veces nos amábamos.
Para añadir un nuevo anillo a nuestra unión, decidimos batirnos. Fuimos a escoger las armas: dos espadas iguales en tamaño y temple.
Nos preparamos desde el alba. Ajustados lorigas y yelmos, montamos a caballo y nos pusimos frente a frente.
Así estamos todavía.
Sin tiempo, encarnizados, inexorables, tratando de vencer de un tajo y para siempre al otro.
PLAYITA 16.
MASCARAS DORADAS
Osvaldo Sánchez
Están abiertas las parihuelas del oro
sobre los adolescentes frívolos,
sobre sus zeppelines verdes,
sobre la corona de aceite
que el verano unge en sus bocas.
No son zíngaros, pero van rapados.
Ellas desatan los hilos infinitos
de sus camisas blancas. Embestir
--es el vuelo del cardíaco-embestir.
15 pulgadas de bicep
y un estrabismo salvaje para cornear el fulgor
en las olas, para cornear a esos que llegan
a tasar al magnífico en las Termas.
Las rubias no tienen hora.
No está en el tiempo. ¡Oh, Tutankamon!,
solo cuerpos perfectos dorándose
en manos exactas. Vivir de semen y
de agua salada es la consigna,
con todas las parihuelas del oro manando,
manando sobre nosotros,
los adolescentes frívolos.
No pienses que tú, el que observa,
sigue siendo el más correcto, el juez.
¡Oh, yo no soy Tutankamon!
Ríete de mí,
pero ya algún día me pedirás esta máscara dorada.
VESTIDO DE NOVIA
Norge
Espinosa
Por eso no levanto mi voz, viejo Walt
(Whitman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste
(de novia
en la oscuridad del ropero.
Lorca |
Con qué espejos
con qué ojos
va a mirarse este muchacho de manos azules.
Con qué sombrilla va a atreverse a cruzar
(el aguacero
y la senda del barco hacia la luna.
Cómo va a poder
Cómo va a poder así
vestido de novia
si vacío de senos está su corazón
si no tiene (las uñas pintadas
si tiene sólo un abanico de libélulas.
Cómo va a poder abrir la puerta sin afectación
para saludar a la amiga que le esperó bajo
(el almendro
sin saber que el almendro raptó a su amiga
le (dejó solo.
Ay adónde va a ir así este muchacho
que se sienta a llorar entre las niñas
que se
(confunde
adónde podrá ir así tan rubio y azul
tan
(pálido
a contar los pájaros a pedir citas en teléfonos
(descompuestos
si tiene sólo una mitad de sí la otra mitad
(pertenece a la madre.
De quién a quién habrá robado
ese gesto
(esa veleidad
esos párpados amarillos esa voz que alguna
(vez fue de las sirenas.
Quién
le va a apagar la luz bajo la cama y le pintará
(los senos conque sueña
quién le pintará las alas a este mal ángel
(hecho para las burlas
si a sus alas las condenó el viento y gimen
quién quién le va a desvestir
sobre qué
(hierba o pañuelo
para abofetearle el vientre para escupirle
(las piernas
a este muchacho de cabello crecido así
vestido
(de novia.
Con qué espejos
con qué ojos
va a retocarse las pupilas este muchacho que
(alguna vez quiso llamarse
Alicia
que se justifica y echa la culpa a las estrellas.
Con qué estrellas con qué astros podrá mañana
(adornarse los muslos
con qué alfileres se los va a sostener
con qué pluma va a escribir su confesión
ay
(este muchacho
vestido de novia en la oscuridad es amargo y
(no quiere salir no se atreve
no sabe a cuál de sus musgos escapó la
(confianza
no sabe quién le acariciará desde algún otro
(parque
quién le va a dar un nombre
con el que pueda venir y acallar a las palomas
matarlas así que paguen sus insultos.
Con qué espejos con qué ojos
va a poder asustarse de sí mismo este muchacho
que no ha querido aprender ni un sólo silbido
(para las estudiantes
las estudiantes que ríen él no puede matarlas
así vestido de novia
amordazado por los
(grillos
siempre del otro lado del puente siempre del
(otro lado del aguacero
siempre en un teléfono equivocado
no sabe el número tampoco él lo sabe.
Está perdido en un encaje y no tiene tijeras
así vestido de novia
como en un pacto hacia
(el amanecer.
Con qué espejos
con qué ojos.
DÉJAME
DETENERME...
Nelson Simón
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Bajo
el impuro nombre que padezco
Emilio
Ballagas |
Déjame detenerme y contemplarme
bajo el impuro nombre que padezco;
nombrar la oscuridad que al mundo ofrezco,
--espejos donde intento maquillarme--.
Yo nunca he sido halcón, tampoco trigo;
ni he trocado dolor por turbias rosas:
mis culpas son espadas, mas hermosas,
y como son mis culpas, van conmigo.
Simple y ciego mortal, la vida huye
de mi carne... Y en la breve ternura
de otros brazos viriles me anochezco
sin encontrar la paz, agua que fluye
lejos de la ceniza y la espesura
de aquel impuro nombre que padezco.
(TOMADO DEL LIBRO
A LA SOMBRA DE LOS MUCHACHOS EN FLOR,
PREMIO UNEAC DE POESÍA 2000)
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