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LA
JIRIBILLA
EN AMBOS MUNDOS CON TERESITA FERNÁNDEZ
Aniversario tres de Habana Radio, emisora adscripta a la Oficina del Historiador de la Ciudad de la Habana
"Para celebrar el cumpleaños, nada mejor que Martí y el Ismaelillo. No ha de importar mucho hasta dónde viaja la señal de la emisora. En verdad a mí siempre me ha preocupado más la siembra que la cosecha."
Entrevista para La Jiribilla con Teresita
Fernández.
Hilario Rosete Silva |
La
Habana
El hecho de que el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau le regalara a Habana Radio, por sus tres años en el aire, uno de sus
A guitarra limpia (conciertos), justificó la presencia de la juglar -como ella misma se
autodefine- Teresita Fernández en la conferencia de prensa ofrecida este miércoles por La voz cercana de una añeja ciudad (tal es el lema de la emisora) en el segundo piso del hotel Ambos Mundos, en La Habana Vieja. El concierto será el domingo 27 de enero, a las cinco de la tarde, en el teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, la víspera del cumpleaños, e incluye poemas de José Martí musicalizados por la cantautora
santaclareña.
-¿Qué significa para Teresita ofrecer un espectáculo en saludo al tercer año de vida de Habana Radio?
Estoy muy contenta. Por primera vez hice esta labor con la Orquesta Sinfónica Nacional, invitada por Leo Brouwer, pero no se pudo grabar. Después la grabé en los estudios EGREM, mas la placa no apareció. Esta es una nueva oportunidad de dejar constancia de un trabajo que es importante no por mi música, Martí no necesita para nada de mi música, sino por el mensaje que las páginas del Ismaelillo llevan implícito. La obra, escrita para su hijo en ausencia del niño, le viene bien a todo el mundo. Es una de esas cosas que, como dijera Saint-Exupéry, no se ven "sino con el corazón", pues "lo esencial es invisible para los ojos". En el Ismaelillo están el hombre íntegro, el guerrero, el padre, las ternuras no paternales sino maternales, las fierezas... Allí conviven todos los sentimientos que pueden experimentar un hombre o una mujer buenos.
-¿Entonces, para celebrar el aniversario de Habana Radio, no hay nada mejor que remontar esos "riachuelos"?
Contando con que el propio Martí dijo, "los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan, los que odian y deshacen", el Ismaelillo y Martí siempre son oportunos tanto para "los que aman y fundan", como también para "los que odian y deshacen": ¡a ver si se convierten!
-¿Podría relacionar la capacidad de "amar y fundar" de aquel "bando de hombres", con lo sucedido en esta parte de la ciudad?
Primero hablaría en un sentido más amplio. Lo bueno y lo malo, el amor y el desamor, van desde lo más ínfimo, desde la vista que ofrece el microscopio -se ven bellezas en el microscopio, y se ven también los virus que son capaces de matarnos-, hasta el infinito del universo, con quinientos millones de sistemas como el nuestro. Del mismo modo, refiriéndonos concretamente a La Habana, capacidad para "amar y fundar" hallamos en todo lo que construye, en todo lo que se empeña en la lucha por el bien, en todo lo bello, pero, no obstante, en medio de la ciudad igual encontramos aquello que Gabriela Mistral resumió cuando dijo, "en lo feo la belleza está llorando", y que yo, bebiendo en ella y emocionada, repetí al decir, "a las cosas que son feas, ponles un poco de amor, y verás que la tristeza va cambiando de color". Sobre lo bello y lo feo y su relación con lo útil, tendríamos que entrar en una disquisición filosófica para la cual tal vez no tendría tiempo
La Jiribilla. Lo cierto es que La Habana Vieja en estado de destrucción no es bueno para nadie. El trabajo realizado es maravilloso. Se han reconstruido cosas de extraordinario valor que, de lo contrario, habrían ido a la ruina definitiva, como todo lo humano. Pero también la pátina del tiempo hace prodigios. Y en ese sentido hasta la supuesta vejez rinde utilidad.
-Siguiendo la poesía, ¿con qué metáfora describiría la existencia de Habana Radio ya por espacio de tres años?
Esta emisora de la Oficina del Historiador de la Ciudad es para mí como un cocuyito: cuando están prendidas las grandes luces de la capital apenas se nota, pero en la obscuridad de un campo... ¡es un faro! Lo mismo pasa con las estrellas. En Venezuela me escribieron un libro llamado Francisca, porque cuando me empezaron a hablar de los apagones en Cuba yo respondí: "Mejor, así volveremos a mirar las estrellas." Entonces no ha de importar mucho hasta dónde viaja la señal de Habana Radio. Una central puede tener un gran radio -y atención, esta es mi dedicatoria para la emisora-, pero si lo que transmite y divulga es superfluo, vacío, no alcanza nada. Sin embargo, un mensaje concentrado, dirigido a un punto, tendría el poder de los círculos concéntricos: no tenemos idea de adónde van a parar las ondas producidas por la tirada de una piedra en el agua de un río. En verdad nos debe preocupar más la siembra que la cosecha. Empezamos en un misterio, el nacimiento, y terminamos en otro, la muerte. Así que somos algo pasajero entre dos enigmas. Ya lo dijo Martí: "Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz". Ese es el futuro que yo le deseo a Habana Radio.
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