LA JIRIBILLA
MENSAJE A ALCOY, ALICANTE

Enrique Núñez Rodríguez | La Habana


¿Qué especie de intuición musical hacía que aquel pequeño hombre mantuviera pendiente de las cuerdas de su guitarra a un público prácticamente analfamúsico? ¿Qué rara espiritualidad hizo que a su fallecimiento los humildes vecinos de aquel pueblo costearan, centavo a centavo, un humilde monumento a su memoria en el cementerio local? Aquel forastero había llegado al pueblo con el único equipaje de su guitarra valenciana. Se alojó en el Hotel de Amaranto. El trato fue muy sencillo. Amaranto le daría alojamiento y comida y el recién llegado huésped le daría, a cambio, clases de guitarra . Si bien Amaranto era un magnífico cocinero, especialista en platos como el chilindrón de carnero, el recién llegado no tenia mas tarjeta de presentación que su guitarra, en la que hacía sonar desconocidas melodías. Quizás el único en el pueblo que creyó en que el trato constituía un buen negocio fue Amaranto, aficionado a la guitarra, que adivinó la posibilidad de mejorar sus escasos conocimientos del instrumento. Poco a poco la leyenda se fue abriendo paso. Vicente Gelabert había sido alumno de Tárrega y condiscípulo de Andrés Segovia. Se decía entonces que Tárrega afirmaba: "Para ser un Andrés Segovia hay que estudiar muchas horas al día, para ser un Vicente Gelabert, se tiene que nacer". Algunos dudaban de la veracidad de aquella leyenda , hasta que un día apareció, en el pueblo, un representante de la RCA Víctor que pretendía firmar un jugoso contrato de grabaciones con el guitarrista. Ante la generosa oferta de miles de dólares, algunos escucharon su respuesta: " Yo no enlato mi música, no son sardinas". Y siguió ofreciendo conciertos para gentes humildes sin mas pago que una botella de ron o, tal vez dos, por conciertos. Cuando los que tuvimos la dicha de escucharlo nos enfrentamos a las interpretaciones de gentes como Leo Brouwer, Jesús Ortega, o Rey Guerra sabemos, a la distancia, que aquel hombrecito era un virtuoso. Los recios campesinos y obreros del pequeño pueblo aprendieron a quererlo. Así fue como lo sembraron para siempre en el cementerio local en una gris mañana en que no le faltaron las lágrimas. Su guitarra está guardada en el Museo Local. Y Amaranto, su discípulo, reposa muy cerca de él, en el pequeño cementerio, como para seguir de cerca sus lecciones. Vicente Gelabert nació, según investigaciones posteriores, en Alcoy, España y decidió venir a morirse en Quemado de Güines . De esto hace ya muchos años. Sin embargo, hoy cuando la solidaridad hermana municipios de otras regiones del mundo con Ayuntamientos Locales, el hermanamiento entre Alcoy y Quemado es una deuda pendiente con la cultura de ambos pueblos. Sería un bello homenaje a Vicente Gelabert, uno de los dos alumnos, (el otro fue Andrés Segovia), de quien fuera uno de los mas famosos guitarristas del mundo: Tárrega. 

Para el acto oficial del hermanamiento me atrevo a sugerir un tema musical: La Adelita de Tárrega. 


2001. La Jiribilla. Cuba.
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