LA JIRIBILLA
CARILDA OLIVER. EL LUGAR, EL TIEMPO, EL DESTINO....LA POESÍA
Admiro a esas mujeres que son figuras capitales de la poesía contemporánea y no imagino que tengamos algún talento común
María Grant
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La Habana
Creo que, en algún momento, cuando hacia la cinco de la tarde suena el teléfono en la casa de la calle Tirry número 81, en Matanzas, involuntariamente su propietaria va a pensar en mi. Otro tanto me sucederá, allá en La Habana. Y es que durante varias semanas, la única forma de comunicarnos fue esa.
Ya desde entonces, sentí que sucumbía ante su distinguida manera de hablar, sus dotes de conversadora locuaz, hacedora incansable de anécdotas, de exquisito trato... Ahora que está frente a mí, comprendo que a semejanza con esos personajes de los cuentos infantiles, Carilda Oliver Labra es capaz de encantar por sus modales, la amena charla y el infinito cúmulo de vivencias que cuenta con picardía y un fino sentido del humor.
Su antigua casona matancera, se mantiene vital y creativa; entusiasmada, sobre todo, por las inminentes novedades editoriales: Prometida al fuego, una recopilación de versos de amor, a cargo de la editorial Matanzas; Antología de décimas, en proceso por la Casa Maya de la Poesía, Campeche, México; y Sombra seré, que no dama, otra compilación, de la Fundación Italo Calvino, Italia, con prólogo de Miguel Barnet. Especial lugar ocupa Error de magia, una antología de toda su obra que, integrante de la Colección Premio Nacional de Literatura, se presentó en la Habana durante la Feria del Libro del 2001 con exórdido de Virgilio López Lemus y selección de Mayra Hernández Menéndez, el volumen reúne en su última sección ("Otros poemas") 20 textos, inéditos en su mayoría.
Pero ella, obnubilada, vuelve del futuro y regresa al pasado. Juntas comenzamos a hojear su albúm familiar y me devela, foto a foto, subyugantes facetas de su vida o, lo que es lo mismo, de su prolífera obra poética...
-Usted ha sido colocada junto a Gabriela Mistral, Dulce María Loynaz, Fina García Marruz, Alfonsina Storni, Delmira Agustin, Juana de Ibarbourou... en un grupo de mujeres poetas de las cuales la poesía hispanoamericana no puede prescindir. ¿En qué momento de su vida usted estuvo vinculada con esas figuras? ¿Cuáles aspectos de su poesía coinciden con las de ellas y cuáles la diferencian?
-Admiro a esas mujeres que son figuras capitales de la poesía contemporánea y no imagino que tengamos algún talento común. Es difícil dar satisfacción, con suerte, a interrogante tan peregrina.
Me relacione con Gabriela Mistral cuando Dulce María Loynaz nos invitó a varias poetisas jóvenes para que nos conociera la ilustre Premio Nobel. Sucedió en el primer lustro de la década de los años cincuenta. Gabriela me condujo hasta el jardín y fue muy generosa conmigo. Yo estaba temblando y sin saber que decir. Guardo ese recuerdo entre los más gratos.
Su modo de dirigirse en verso al "Señor" contagiaron mi "Elegía por Mercedes" y otro de mis poemas: "Elegía por mi presencia", del libro Al sur de mi garganta. Pero fuera de ese giro -más bien de la época, que característico de la poetisa, pues ya nunca volvió a usar esas expresiones-, no creo parecerme ni en la temática ni en la factura, quizás, si en cierto aliento maternal, a veces.
Tuve más relación con Dulce María quien -incluso- me hizo el honor de asistir a mi Tertulia en Matanzas. Era justiciera, audaz, valerosa, culta, original, con ingenio, delicada, terrible... Tuve mucha suerte en haberla conocido. Guardo preciosas cartas suyas, quiero mucho su novela Jardín, el poema a la casa y esos versos suyos que parecen de agua, pero que pueden mover tempestades. Agradecí lo que, aludiéndome, dijo a los periodistas a la Universidad de Matanzas: "Hubiera querido que fuese además de mi hermana en poesía, mi hermana de sangre". ¿Parecido en nuestras obras? La de ella es profunda, de lenguaje más intimista y recogido, con religiosidad. La mía, a veces trata asuntos hondos, y quizás se desenfada en su tono, aunque no en la raíz.
Fina García Marruz, siempre alta intelectual, noble, pura, tierna, modesta... Hace con el idioma lo que quiere. Convence tanto su prosa como su poesía. Estimo que somos distintas, pero sería un honor parecerme a ella.
Me empariento con Alfonsina Storni por cierta ironía. Es una de las poetisas más auténticas. Aunque soy desolada e inconforme como ella asumo la esperanza. Era tan libre que, a la fuerza, se fue de la vida. A Delmira y a Juana las amo por su amor al amor. La primera más sorprendente por su desnudez lírica, capaz de todo. Quizás estoy mas cerca de su ritmo biológico. Juana es una apasionada, un ser telúrico una arma de la naturaleza...
-Se ha dicho que en Cuba hay un movimiento de mujeres poetas, aunque no de mujeres cuentistas ni de mujeres novelistas. ¿Coincide con esta afirmación?
-No estimo que, de acuerdo con la significación absoluta del concepto, "movimiento", tengamos exactamente un vínculo entre nosotras. Lo que sucede es que existen más poetisas que narradoras, pero eso sucede de igual manera en el sector masculino, sin que tampoco podamos considerar que existe tal movimiento entre los poetas, o sea, una opción conjunta cómplice, un tácito acuerdo para regirse por los mismos códigos, una técnica en común, una visión de la Poética esencialmente semejante. Prueba es la diversidad de nuestras poetisas: Nancy Morejón no tiene nada que ver ni en lo sustancial, ni en lo formal con Marilyn Bobes; Lina de Feria tampoco con Rafaela Chacón Nardi... y así pudiéramos analizar todos los casos.
(Fragmento
tomado de Revista Opus Habana)
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