LA JIRIBILLA
AIDA BAHR: "PRIMERO QUE TODO SOY ESCRITORA"
Soy feminista siempre y cuando eso signifique estar en contra de la discriminación de la mujer. Lucho contra los prejuicios y desigualdades que afectan a nuestro sexo, pero no suscribo la variante del feminismo ultrarradical, que aspira a desplazar por completo al hombre.
Magda Resik Aguirre
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La Habana
Aida Bahr es una escritora de provincias. Así lo asume, con sano orgullo y una persistencia admirable. Sobre todo, para quienes reconocen en la literatura cubana esa poderosa huella de cuanto se produce en el resto del país. El "habanerocentrismo", - término que describe lo único y exclusivo de la capital de Cuba -, se desploma ante la fuerza de una narrativa pródiga en tramas donde lo urbano cobra otro carácter, y de una poesía que trasciende al terruño, atractiva por su marcada diferencia temática.
Desde la editorial Oriente, destruye el mito de la exclusividad capitalina, para la buena literatura. Y promueve, como transmitiéndonos sus sanas intenciones, el intercambio. Los escritores y escritoras de allá, aparecen en la Habana y los de acá son editados en el extremo oriental de la Isla. No se aceptan fronteras, ni de género, ni de distribución geográfica, ni de estilos... La creación verdadera conquista por sí sola su espacio.
- ¿Vivir "en provincias" determina la actitud del escritor frente a la literatura?
- Por supuesto que no. Para empezar, Ciudad de La Habana es también una provincia. Yo no puedo reflejar en mis obras lo mismo que un narrador habanero; él escribirá acerca de la vida de una gran ciudad con todas sus características, mientras yo lo haré reflejando un entorno diferente. Pero los dos reflejos tienen la misma validez y autenticidad, el mismo dramatismo. Todo depende de la calidad del autor.
De hecho, grandes maestros de la literatura de todos los tiempos han inmortalizado a pequeños pueblos, algunos incluso inventados. En lo que sí incide el vivir en provincias es en el acceso a la información, en las opciones para publicar y participar en una vida literaria intensa que permita el intercambio con otros escritores. Vale decir que la formación de un autor, y más aún, la difusión de su obra, es mucho más limitada, pero nada más.
- En los libros de cuentos que ha publicado, se mantiene fiel a las temáticas femeninas. ¿Es un proceso consciente?
- No creo que la mujer sea un tema. Es la protagonista de mis cuentos. Por eso los conflictos que presento le atañen a ella y eso no significa que excluyan al hombre. Trato en mi narrativa las relaciones familiares y amorosas, los conflictos de poder, las cosas que involucran tanto a unas como a otros. Simplemente me ubico en la perspectiva de la mujer porque soy mujer. Sería imposible sentirme cómoda narrando desde la posición de un hombre.
- En su más reciente novela, aún por publicar, ¿persiste en los asuntos de mujeres?
- Si tenemos en cuenta que la protagonista de la novela es una muchacha, podemos decir que mantengo esa óptica femenina. La trama de la novela no está directamente relacionada con la mujer, pero tiene que ver con la intolerancia y los prejuicios que afectan a cualquier ser humano.
- ¿No se considera una feminista?
- Soy feminista siempre y cuando eso signifique estar en contra de la discriminación de la mujer. Lucho contra los prejuicios y desigualdades que afectan a nuestro sexo, pero no suscribo la variante del feminismo ultrarradical, que aspira a desplazar por completo al hombre. Me parece absurdo sustituir una forma de discriminación por otra. No se trata de ocupar el lugar del hombre, sino de compartir, de acuerdo a las posibilidades y capacidades de cada quien.
- ¿Qué elementos determinaron su formación como escritora?
- En primer lugar la lectura. Cuando era adolescente acostumbraba a leerme diariamente un libro. Después, mi vida se fue complicando y nunca más pude recuperar ese ritmo, pero lo añoro. Luego estuvieron los talleres literarios, que pueden ser muy nocivos si el que los dirige cree tener una receta para hacer la buena literatura. Pero que pueden ser maravillosos si funcionan como la posibilidad de leer y debatir con amplitud de criterios, escuchar opiniones, comprender cómo otros resuelven los problemas que plantea la escritura. Sólo hablar de literatura es ya un estímulo a la creación.
Tuve mucha suerte porque me inicié en la época de oro de los talleres literarios y con sólo 16 años, siendo estudiante de preuniversitario, me sentaba a conversar con Onelio Jorge Cardoso, Félix Pita Rodríguez, Samuel Feijóo... Por si fuera poco, los encuentros nacionales permitieron que mantuviéramos el contacto, hiciéramos amistades, adquiriéramos conciencia de grupo. Los que entonces éramos escritores jóvenes: Miguel Mejides, Senel Paz, Francisco López Sacha, Abel Prieto... nos juntamos en el mismo espacio creativo.
Aparte de todo eso, en mi formación tuvo un peso importante, la relación con José Soler Puig, que fue propiciada también por los talleres literarios. Lo conocí en un encuentro donde él era jurado y yo obtuve un premio. Como vivía en Santiago y fui a estudiar a la Universidad de Oriente, busqué su dirección y me le aparecí en la casa. No sólo me recordó, sino que me recibió con un calor y un afecto que no podía esperar. Esa casa se convirtió en la mía, así como su familia. Puedo decir que escribía de un modo antes de conocer a Soler y de otro modo después. Él me educó literariamente, me enseñó a hacer conscientemente cosas que antes había logrado por intuición.
Jorge Luis Hernández y él, dedicaron muchas noches a discutir conmigo sobre literatura, en algo que parecía una conversación informal y donde mis puntos de vista se escuchaban con todo respeto, aunque a veces no lo pareciera por la pasión con que eran rebatidos. Pero en realidad fueron clases para mí, verdaderas enseñanzas. Por eso, cuando algún tallerista se me acerca para agradecerme lo que, según él, ha aprendido conmigo, le respondo que no tiene nada que agradecer. Los conocimientos no los inventé. Los recibí de otro y espero que a su vez le sean transmitidos a alguien, como una cadena.
- Ser directora de la editorial Oriente, esposa y madre que debe asumir el trabajo cotidiano en casa, ¿no le resta tiempo a la creación?
- Por supuesto. De hecho, mi primer libro de cuentos está formado por textos que escribí antes de graduarme en la Universidad, siendo soltera. El segundo tuvo que esperar varios años, y está formado por textos escritos durante mis licencias de maternidad, cuando al menos no tenía que trabajar profesionalmente.
Ahora escribo un poco más porque mis hijos me necesitan menos, en cuanto a tiempo material. Asumo esas dificultades porque no estoy dispuesta a sacrificar a mi familia. Tampoco me dejan sacrificar el trabajo pues me exigen por él. De modo que, como siempre, la cadena se rompe por el eslabón más débil: la atención a la casa.
Con todas esas limitantes escribo, y por difícil que resulte, sigo insistiendo. Me parece que es lo más importante que puedo hacer. No sé si mis creaciones llegarán a ser relevantes. No lo saben ni siquiera los lectores de hoy. El verdadero juicio será en la posteridad, si es que mi obra llega a eso.
Pero segura estoy de que escribir es fundamental para mi realización como ser humano: si mañana tuviera que dejar la editorial para ir a desempeñar un trabajo cualquiera, incluso manual, no me importaría demasiado, porque seguiría creando en casa, en mi tiempo libre. Puedo ser cualquier cosa en la vida, porque primero que todo soy escritora.
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