LA JIRIBILLA
Dulce María Loynaz: 
YO AMO EL SILENCIO

A mí no me importa que me llamen poeta, o que me digan poetisa... Hay una poesía que nada más puede haber sido escrita por mujeres, como mismo hay otra poesía que sólo puede haber sido escrita por hombres.

Víctor Rodríguez Núñez
| Texas

El que conoce todos los caminos no quería entrar. Tampoco el poeta de las tentaciones, quien como yo hacía su primera visita. Los empujé a ambos, casi los obligué a cruzar la verja y el cercado del portal. Fue entonces cuando la entrevimos, a través de los cristales de la puerta.
Ella misma nos abrió. ¿Reconoció a nuestro guía? De todas maneras, nos pidió pasar y que nos sentáramos en las viejas butacas. Así lo hicimos, aunque algo se le había perdido en la luz o en la memoria. Y con alguna dificultad tomó asiento en su sitio preferido.
Estar allí, en medio de la sala de su casa, era estar en otro mundo. Un mundo en que el tiempo resultaba, a la vez, la espuma y la roca. Allí se le había querido detener con éxito, pero sin poder disimular los estragos. Sí, la batalla humana contra el tiempo no estaba totalmente perdida.
Viéndola tan menuda, tan desamparada, tan frágil desafiar las estatuas sombrías, los espejos que perdieron el azogue, los cuadros sin brillo, las paredes de donde saltaba la pintura, es que se conocía su verdadera estirpe. No por casualidad le gusta repetir aquello de que"soy hija de soldado".
Después de los saludos y las presentaciones, apenas le propuse esta entrevista, y sin conocer una sola de mis preguntas, respondió con un enérgico adelante. Es evidente que ella luchaba con tesón por mantener su lucidez; al menos, el sentido del humor y la ironía estaban aún intactos.
Estas son las pocas palabras que pude arrancarle, ante el cálido silencio de mis buenos amigos, en aquel instante definitivo de mi vida, a la que está "a salvo del tiempo y la distancia", a la "incapaz de morir", a la deslumbrante "novia de Lázaro": Dulce María Loynaz.

-En el "Preludio"a Jardín, una de sus más importantes confesiones estéticas, usted afirma que "para fatiga mía, voy contra la corriente". ¿Por qué razón?
-Si uno quiere ser original, tiene que ir contra la corriente...la corriente es lo de todos los días. No es que sea bueno ir contra la corriente pues cansa más. Y como yo por lo menos aspiraba a ser original, cambié la originalidad por la fatiga. Del cansancio de escribir contra la corriente he logrado hacer algo original.

-Usted no tuvo una formación literaria académica, es una escritora autodidacta...
-Leí mucho en mi niñez, la adolescencia y la juventud. Tuve acceso, sin limitaciones de ningún tipo, a tres bibliotecas familiares bien surtidas. Después leí menos, pues la vida social de mi esposo, Pablo Álvarez de Cañas, era muy intensa, y yo debía acompañarlo a muchos sitios...pero creo que eso influyó en mí positivamente. A la hora de escribir, pude ser más mía.

-Refiriéndose a la lírica contemporánea, usted ha declarado estar "dispuesta a sostener en cualquier momento que eso no es poesía"
-Figúrese usted, me pone a pelear con tantos poetas, sobre todo con los jóvenes. Además, para qué los vamos a desengañar...Pero si usted insiste, le diré que la poesía, moderna o antigua, debe ser poesía y no prosa. No debe dar lugar a que se le confunda con la prosa, como ha ocurrido en estos últimos 50 años. La poesía tiene que distinguirse de la prosa no sólo por su esencia sino también por la forma. José María Heredia no hubiera podido escribir su "Oda al Niágara", que es una obra maestra, si hubiera seguido los cánones que se usan hoy. No sé bien si son cánones o caprichos...En poesía también se necesita un mínimo de respeto a lo establecido.

-¿Cómo es posible que una poeta como usted pueda pasar 40 años sin escribir un solo verso? ¿Fue la falta de estímulo quien cegó su "fuente creadora"?
-La falta de estímulo, junto a una serie de acontecimientos que no vale la pena mencionar, taparon esa fuente. Yo he seguido escribiendo, durante todos estos años, pero sólo en prosa. No he vuelto a escribir en verso...Podría hacerlo, pero no quiero.

-"Debo admitir que sea la emoción la nota predominante en mis libros". ¿Puede haber una poesía -y en general, una literatura- al margen de la emoción?
-Es difícil, pero pudiera haberla. Lo que yo he dicho sobre este tema es una verdad a lo Perogrullo. Se sobreentiende que la emoción acompaña casi siempre a la poesía.

-Entre todos sus símbolos poéticos, la rosa ocupa un lugar destacado; por ejemplo, en "La duda" -poema que también le encanta a Abilio Estévez, aquí presente- usted exclama: "Era buena la Vida: Había rosas"
-Es un leit motiv. En Martí -según se dice, no sé si es así- predomina la palabra caballo. Si alguien se entretuviera en buscar un vocablo que se repita en mi obra, ese vocablo sería efectivamente rosa.

-En "La oración de la rosa", usted pide a Dios que "No nos dejes caer/ nunca en la tentación de desear/ la palabra vacía...
-Aunque le va a ser un poco difícil, en este caso el lector tiene que situarse del lado de la rosa. Usted entonces debe pensar como pensaría una rosa. La rosa desprecia al hombre, pues éste la corta, la lleva a sus mentiras fúnebres. La rosa quisiera ser, en este caso, la vengadora del hombre que hace tantas cosas horribles.

-"No se rima la dicha", nos dice usted en uno de sus poemas. Y esto me anima a preguntarle: entonces, ¿sólo se rima la tristeza?
-Casi siempre, la tristeza es la gran fuente de inspiración para los poetas. Es más: cuando se quiere rimar cosas bellas, agradables, en realidad no se está haciendo poesía, sino un comentario poético. Conste que yo no me considero, en lo absoluto, una persona pesimista.

YO ESPERÉ UN SIGLO SIN ESPERAR NADA
Dulce María Loynaz (1902-1997) hizo versos desde antes de cumplir sus diez años. Ella compartió la vocación poética con sus hermanos Enrique, Carlos Manuel y Flor. No había en su familia antecedentes literarios, aunque "eran gente de gustos y conocimientos cultivados". Su padre, el general Enrique Loynaz del Castillo, fue autor de la letra y la música del Himno Invasor y de unas extraordinarias Memorias de la Guerra.
Ella nunca asistió a un colegio. "Sobre este punto debo aclarar que nuestra familia se interesó siempre por darnos la mejor educación, pero temerosa a la vez de ponernos antes de tiempo en contacto con el mundo, procuró que todo lo que hubiéramos de aprender, lo aprendiéramos en casa". No obstante, se doctoró en Derecho por la Universidad de la Habana e incluso ejerció esa profesión por algún tiempo.
Sobre su obra poética se han vertido innumerables juicios. Para unos, se trata de la máxima exponente del intimismo posmodernista, para otros, simplemente de una nota distinta y aislada en su época. Autenticidad expresiva, sencillez y eficacia, transparencia y señorío idiomático son algunos de los calificativos empleados. Lo cierto es que, como toda obra grande, la suya escapa a los esquemas, y más tratándose la obra de una mujer.
Su lírica está reunida en Versos, 1920-1938 (1938), juegos de agua (1947), Poemas sin nombre (1953), Últimos días de una casa (1958), Poemas náufragos (1991) y Bestiarium (1992). Hay dos muestras suyas: Obra lírica (1955) y Poesías escogidas (1984). Es autora además de la singular novela Jardín (1951), del libro de crónicas Un verano en Tenerife (1958), así como de iluminadores Ensayos(1992).

-En el "Preludio" a Jardín usted reconoce "que me ha faltado enteramente el propósito de hacer amena esta lectura. Tal vez no escribí [...] para que fuese leída..."
-Cuando escribí Jardín, ciertamente, no lo hice para ser leída. El prólogo lo redacté luego, cuando sí pensaba en la posibilidad de que mi obra fuese publicada. Había mucha gente interesada en esa novela, ya no se podía mantener más en un círculo íntimo. Lo que se escribe para no ser leído es simplemente un desahogo, y no literatura. En mi tiempo había mucha gente que escribía diarios, que por lo general es algo que se hace para uno mismo. Pero incluso en ese caso, se abriga en el fondo la esperanza de que algún día se descubran esos papeles y sean leídos. Muchas veces yo he escrito así. Últimamente, como me he sentido un poco enferma y bastante anciana, he destruido muchas cosas que escribí. No quiero que se queden por ahí dando vueltas.

-Para algunos, los poetas se dividen en puros y comprometidos, y a usted se le ha clasificado entre los primeros... ¿se asume como tal?
-Creo que sí. Claro, ese es un juicio que deben hacer quienes lean mi poesía.

-¿No tiene compromisos?
-Cuando escribo no estoy comprometida con nada ni con nadie.

-Además de la poesía, ha cultivado otros géneros, como la novela, el ensayo, el periodismo. ¿Hay cosas que no se pueden decir en versos?
-Sí, las hay. El verso es un modo de escribir muy noble, muy elevado, y hay cosas que no caben en él. Por ejemplo, yo escribía una sección en los periódicos de mi marido que trataba de una abuela y una nieta. Eran unas cosas muy graciosas, pero no eran poesía. Otras veces escribí, en esos mismos periódicos, unas notas que llamaba "Escenas Humanas". Era un comentario de las fiestas más bonitas que se realizaban en La Habana -hablar de fiestas hoy es un anacronismo. En realidad se trataba de un pretexto, algo de lo que yo me agarraba para hacer comentarios muchas veces de carácter social.

-¿Por qué no ha escrito cuentos y piezas de teatro?
-No los he escrito porque me parecen géneros muy difíciles, sobre todo el primero.

-De los autores cubanos del presente siglo, usted parece preferir a Emilio Ballagas, a quien ha llamado "el mejor poeta de tres generaciones"...
-Sigo manteniendo ese criterio, no ha habido ninguno que derrote a Ballagas en mi preferencia.

-En líneas generales, ¿cuál es su valoración de la poesía cubana? Algunos la consideran, incluso como la mejor de la lengua...
-Yo no diría tanto...Por otra parte, carezco de elementos de juicio para establecer una comparación. Como usted sabe, de un tiempo a esta parte aquí no tenemos mucho acceso a libros extranjeros. Claro, yo tengo un buen concepto de la poesía cubana. No sólo en este siglo, sino también en el pasado, hubo en nuestro país muy buenos poetas. Algunos que ni siquiera tenían una cultura acabada -como es el caso de Gabriel de la Concepción Valdés, quien se hacía llamar Plácido-, contaban con una inspiración natural que es difícil encontrar en otros lares.

-La condición de mujer, ¿le ha perjudicado o favorecido?
-Ni una cosa ni otra. A mí no me importa que me llamen poeta, o que me digan poetisa... Hay una poesía que nada más puede haber sido escrita por mujeres, como mismo hay otra poesía que sólo puede haber sido escrita por hombres. Este no es un criterio cerrado, pues se puede establecer una muy clara diferencia.

-¿Se considera usted feminista?
-Depende de lo que usted considere como feminista. Si se estima como el hacer una bandera de los derechos de la mujer, salir a la calle a reclamarlos, o escribir en los periódicos sobre ese tema, desde luego no soy feminista. Ese no ha sido nunca mi papel, no sólo ante el problema feminista sino ante todos los problemas. Amigo mío, yo amo el silencio.

-Usted se ha autorreconocido como periodista, y sus "crónicas retrospectivas" le han parecido "bastante bien logradas".¿Se puede hacer periodismo con dignidad estética?
-Si, cómo no. Sé de muchos periodistas que lo han hecho. En Cuba, para no ir más lejos, tenemos periodistas con un sentido de la estética romántica, soñadora...En mi tiempo los había. Ahora no sé si los hay. Como casi he perdido la vista, no puedo estar al tanto de lo que se escribe, ni siquiera en los periódicos. Yo misma hice un periodismo con vocación estética.

YO TAMBIÉN SOY YA NUEVA DE TAN VIEJA
Dulce María Loynaz fue amiga, entre otros grandes poetas, de Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca y Gabriela Mistral. Sobre esta última ha dicho recientemente que "pertenecía a ese tipo de personas que parecen una cosa y son otra...Era una mujer dura. La ternura que resumen sus versos para los niños son sentimientos que ella nunca sintió. Pero del talento de Gabriela nadie tiene derecho a dudar". 
Entre "sus poetas", ella menciona a San Juan de la Cruz, Rubén Darío, Antonio Machado...De los cubanos que le anteceden, sus preferencias son José Martí y Julián del Casal. Cree que César Vallejo y Pablo Neruda "son los mejores poetas de su tiempo". Por otra parte, "Quevedo y Azorín siguen siendo mis prosistas preferidos", y considera que "la narrativa de Carpentier es maravillosa".
Ella piensa que hay que creer en la poesía, "aunque uno no crea en los poetas". A su juicio, "no se escribe para retratarse", sino para expresar preocupaciones y sentimientos propios y ajenos. "El poeta debe ser sincero consigo mismo", y decir "si está de acuerdo con el momento político que vive...Pero si lo hace por congraciarse, por limar asperezas, ya no es un sentimiento puro".
Si se le pregunta qué es un poeta, ella responde que "alguien que ve más allá en el mundo circundante y más adentro en el mundo interior. Pero además debe unir a esas dos condiciones, una tercera más difícil: hacer ver lo que ve". Y aunque no se ha pronunciado sobre el conflicto político cubano, dijo que "mantuve mi hogar en Cuba, en Cuba escribí mi obra, en Cuba sigo viviendo y en Cuba moriré"

-El quehacer de la Academia de la Lengua ha sido cuestionado en innumerables ocasiones. ¿Que hace en realidad esa institución por nuestro idioma?
-Se encarga de dictaminar si ciertos vocablos que se desea introducir son o no admisibles según su raíz, según su necesidad. Creo que ella juega en eso un papel importante, porque hay gente que inventa vocablos y pretende que también se usen...Hasta que la Academia no legalice un determinado vocablo no debiera ser admitido su uso.

-Afirma usted que Cuba "es el país hispanoamericano donde mejor se habla el español, sin que eso signifique hacerlo a la perfección".
-Efectivamente. Y eso tiene su razón de ser en el hecho de que Cuba, por su condición de isla, siempre estuvo aislada del continente americano. Y permaneció aislada también en el sentido de que la población autóctona fue extinguida antes de que se cumpliera un siglo de la llegada de los españoles. Ya por los años 70 del siglo XVI no quedaba en nuestro país nadie que hablara la lengua aborigen. Quizás unos pocos que se habían refugiado en las lomas de Guanabacoa, en los alrededores de La Habana, pero que hablaban una jerga que no se parecía a la lengua de sus antepasados.

-Cuenta Antón Arrufat -quien nos acompaña y no me dejaría mentir- que un día la vio sentada en un banco del Parque Central. ¿ Está entre sus hábitos cotidianos hacer caminatas?
-Ese fue un día muy especial, en que mi hermana Flor y yo fuimos a recorrer la calle San Rafael, que entonces acababan de cerrar al tránsito de vehículos. Yo soy muy perezosa, no me gusta caminar. Las ciudades que he conocido las he conocido desde autos en marcha.

-Recientemente, usted ha dicho que "ya es hora de que vaya poniendo en orden las cosas que están todavía sin publicar". ¿ Podría adelantarnos algo al respecto?
-Cosas mías sin publicar quedan muy pocas. Ya no me dejan calentar a esos hijos. Queda la biografía de mi esposo, que quisiera se publicara pero no en vida mía. La tiene en su poder el estudioso cubano Aldo Martínez Malo, y no sé el uso que va a hacer de ella. Toda mi poesía está publicada ya.

-Otra máxima suya: "es más bien la tierra la que reclama al escritor".¿ Se siente usted, en la actualidad, reclamada por su tierra?
-Sí, hoy me siento reclamada por mi tierra. Y eso me hace sentir un poco en deuda con ella.

-Se comenta, "La novia de Lázaro" le ha ocasionado "conflictos teológicos"...
-Sobre este asunto sólo le diré que soy respetuosa de la iglesia católica, aunque mantengo mis objeciones al catolicismo.

-Usted dijo una vez que a los 90 años "supongo que ya nada importe nada". Entonces, ¿qué significa para usted el Premio Cervantes?
-Como comprenderá, hay cosas que se dicen sin mucho fundamento. Cuando yo declaré eso no esperaba que me sucedieran ciertos hechos...Nunca he tenido vanidad sobre las cosas que hago. Así que el Premio Cervantes me tomó de sorpresa. Yo no esperaba ya ese ni otro reconocimiento. Pero recibirlo ha sido una cosa muy agradable.

-Usted ha dicho, en uno de sus poemas, que "la vida es buena". ¿Lo sigue pensando?
-Si usted lee con atención ese poema, se da cuenta que allí hay un desdoblamiento de la persona que escribe...De todas maneras, acontezca lo que acontezca, cualquiera que sean los golpes que se reciban, la vida es buena.
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2001. La Jiribilla. Cuba.
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