LA JIRIBILLA
CUANDO LA PALABRA ENTRA EN ESE MUNDO OTRO

La cultura cubana es la expresión de una Isla, que a pesar de los lugares de tierra adentro, es un puerto; un puerto a través de su historia, intercomunicado con el mundo. 

Eugenio Marrón, Isabel García 
                          
Nació en París y a los siete años vino para Cuba con Marcelo Pogolotti, su padre, uno de los pintores legendarios de la primera mitad del siglo XX cubano. Cursó estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana, y de Literatura Francesa en La Sorbonne: el mundo de Les Thibault, la emblemática novela de Roger Martin Du Gard, fue el asunto escogido para su tesis de grado.
Autora de ensayos que se distinguen por su plenitud de agudezas y aliento de lectura, de prólogos seductores y estimulantes -¿cómo olvidar el que hiciera para la edición cubana de La Cartuja de Parma?-, Graziella Pogolotti hace de la pasión intelectual un horizonte donde se entrecruzan las más diversas disciplinas: la literatura, el arte, la educación artística y la arquitectura, entre otras, pueden testimoniarlo.

¿ Cuál es para usted la relación entre identidad, cultura y cubanía ?

La cultura cubana es la expresión de una Isla, que a pesar de los lugares de tierra adentro, es un puerto; un puerto a través de su historia, intercomunicado con el mundo. Y esa relación con el mundo, esa presencia también a través del proceso histórico de distintas inmigraciones de diferentes procedencias, le ha dado un carácter peculiar y una dinámica propia, son los que, precisamente, me resultan más adecuados para fusionar en el mundo contemporáneo.
En estos tiempos, inevitablemente, para bien ( y para mal, también, en algunos casos) uno de los rasgos esenciales es la presencia de un planeta cada vez más pequeño. Como decía Carpentier, cada vez más intercomunicado , donde, lamentablemente, la intercomunicación no se funda siempre en el diálogo, sino en un monólogo que tiende a ser dominante.
Una cultura como la nuestra tiene las herramientas para comunicarse y a la vez es una cultura que ha ido creciendo con características propias, también por las circunstancias de su historia. La Isla es un puerto, y esa condición de puerto da la comunicación, pero también ha dado una historia de autodefensa. Desde Espejo de paciencia, ruptura que surge de una relación de contrabando, que se traduce después en una agresión frente a la cual hay que defenderse, tenemos puertos fortificados, por otra parte, nuestro antecedente colonial nos obligó a ir afirmando la idea de la Nación, la idea de la cubanía, no solamente como un hecho natural, sino también como una actitud programática. El siglo XIX está hecho de eso: de un programa de reafirmación de la imagen de la Nación.
Ese proceso, naturalmente, continúa en el siglo XX. En la medida en que esa independencia no se logra, es que el proyecto nacional no se cumple y, por lo tanto, la lucha tiene que proseguir. Y ese factor histórico, la peculiar mezcla de culturas, la propia diversidad interna que existe en este país, que tiene el privilegio de ser un país unitario: por su lengua, sus tradiciones, pero al mismo tiempo diverso, con matices que diferencian la historia santiaguera de la historia habanera, la historia holguinera de la historia trinitaria. Eso va configurando una variedad, una riqueza interna que también es un rasgo característico de nuestra identidad. Esto nos coloca en una situación privilegiada en un momento particular, pero creo también que para salir adelante, para garantizar una continuidad en este proceso, es necesario desarrollar una conciencia crítica que nos permita ver muy lúcidamente dónde estamos , sin construirnos falsas fronteras, pero también sin caer en mimetismos esterilizantes.

¿Cómo se inserta la arquitectura dentro de esa identidad ?

La arquitectura cubana ha tenido un sello muy particular de identidad. Siempre ha sido auténtica y legítima. En la medida en que la Arquitectura se ha ido modelando a través del tiempo, teniendo en cuenta factores, en primer lugar, de clima; factores de recursos, de las materias de las cuales se disponía, de tal modo que, por ejemplo, si nosotros observamos nuestro llamado barroco, nos damos cuenta de que es muy diferente del barroco europeo, muy diferente del barroco mexicano. Es un barroco que, según el modelo de la Catedral de La Habana, tiene una planta clásica tradicional y una fachada que juega con las luces y las sombras, y no una fachada recargada de decoraciones.
Es un ejemplo paradigmático, pero creo también que la arquitectura colonial cubana fue tomando rasgos peculiares según los territorios del país. La gran arquitectura habanera es una arquitectura de almacenistas, está hecha para compartir la vivienda con el almacén. La arquitectura trinitaria es una arquitectura hecha para el deslumbramiento ante una riqueza que creció rápidamente, una arquitectura que juega mucho más con el espacio, que simula una dimensión de grandeza, que desborda la ostentación frente a las necesidades reales. Por otro lado, la arquitectura camagüeyana es mucho más patriarcal, como lo es también la santiaguera; de dimensiones mucho más íntimas.

Hay otras ciudades que van marcando también su arquitectura según el tiempo en el que surgen y se desarrollan. Y nosotros, por ejemplo, tenemos en nuestro país posteriormente, una presencia del eclecticismo, que es una mezcla, pero al mismo tiempo un proceso de adecuación a las realidades. En los años 40 y 50 del siglo XX hubo en la arquitectura moderna cubana obras que reflejaban una búsqueda de la armonía entre la asimilación de los valores de la tradición y el lenguaje de la contemporaneidad. Creo que eso ha seguido así en los mejores ejemplos que hemos tenido posteriormente. Sin embargo, creo que junto a los valores intrínsecos de la arquitectura como monumento, nuestra identidad se ha ido expresando en la trama urbana de las ciudades. El encanto de las ciudades nuestras no está solamente en el hecho de poseer determinados conjuntos monumentales con características variadas, según la época en que surgieron, sino, además en la forma en que se ha ido dibujando esa trama urbana, y en la forma en la que la trama urbana va siendo un reflejo del proceso histórico de las ciudades.
Nosotros hemos tenido la suerte, con la presencia de la Revolución, de poder preservar esa historia, porque estos últimos 40 años han dado lugar en otros países a una gigantesca especulación financiera de tipo urbano; al crecimiento desmesurado de las ciudades, especies de macroconjuntos urbanos que encontramos también en América Latina: la ciudad de México, Sao Paulo, Caracas... Esto llevó, en muchos casos, a la destrucción del pasado histórico, de la imagen histórica de esas ciudades para dar lugar al surgimiento de una arquitectura que es también muy homogénea, muy poco característica, que muchas veces pierde la dimensión humana.
De modo que nuestras ciudades tienen el privilegio, en términos de identidad, no solamente de haber tenido un rostro propio, sino de ser ciudades que siguen contando la historia cuando uno las recorre.

El mestizaje como razón, como clave, como señal de lo cubano. Si nos acogemos a lo que Darci Ribeiro ha llamado "los pueblos nuevos", el mestizaje cubano es clave. Ahora, ese mestizaje en tiempo de Revolución, ¿no cree usted que es el que ha favorecido de cierta manera todas las heterodoxias posibles a la hora de la creación en el arte y la literatura ?

Claro que sí. Eso tiene que ver con el mestizaje, tiene que ver muy profundamente con esa condición de pueblos nuevos de la que hablaba Darci Ribeiro.
En ese excelente ensayo él establece la comparación entre los pueblos americanos que tienen una fuerte tradición indígena, pero además donde esa fuerte tradición indígena ha tenido el elemento del mestizaje, pero también ha tenido muchas veces un confinamiento y un aislamiento de esas comunidades. La zona del cono sur americano es mucho más vuelta hacia Europa, lo que Darci Ribeiro llamaba pueblos transplantados. Pero es en estos pueblos nuevos, que son Las Antillas, el Caribe, el Brasil..., donde efectivamente se ha producido un mestizaje. Y eso ha estado unido a una especie de vocación por la contemporaneidad.
Creo que ambos casos son los que abren el camino hacia esa apertura y asimilación libérrima de todas las heterodoxias. Eso es lo latino, lo que define nuestra peculiaridad, una realidad que se nos escapa constantemente.

El mestizaje y la contemporaneidad, ¿cómo hacer posible que ambas cosas confluyan en la Educación Artística?

No soy pedagoga, pero he tenido una determinada experiencia, y durante una parte de ella estuve vinculada a la Enseñanza Artística. No se me obligó a reflexionar mucho al respecto, no obstante, creo que la enseñanza artística tiene un componente que es, naturalmente, la adquisición, el aprendizaje y el dominio de un oficio, que, según las manifestaciones de la creación artística de que se trate, es más riguroso en unos que en otros. En algunos de ellos está una férrea disciplina, como puede ser la del intérprete de música clásica, como puede ser también la del bailarín que tiene que disciplinar su cuerpo, convertirlo en un instrumento de creación. Puede serlo también el de un estudiante de teatro... Pero junto a ese dominio del oficio, junto a esa especie de maestría que hay que adquirir, lo esencial en la educación artística es lograr en el joven artista un proceso que lo lleve al conocimiento de sí mismo, que lo lleve a un alto descubrimiento a través de una relación muy viva con el maestro que él escoge. Puede tener muchos maestros, pero siempre tendrá que escoger con el que haya un vínculo más profundo, por lo menos en la etapa de formación. Y ese encuentro de sí mismo significa, entre muchas otras cosas, la asimilación propia y personal de una tradición que está hecha; en el caso nuestro, de esas dos cosas: el mestizaje y la permanente vocación de contemporaneidad. No se trata solamente de la vocación que aparece en el siglo XX con la Vanguardia, sino que estuvo siempre presente también en los artistas y en la literatura cubana desde el siglo XVIII en adelante.

¿Considera usted que se debe apuntar más hacia una formación espiritual, humanista, de mayor raigambre para ventaja del mestizaje, de la cultura y de la contemporaneidad en la Educación Artística?

En primer lugar la Educación Artística tiene que poseer un acercamiento interdisciplinario. Esto estuvo en la concepción de nuestras escuelas de arte, en la medida en que nuestras escuelas de arte se concibieron como grandes unidades donde ya no estaban separados el conservatorio y la academia de pintura o la de arte dramático.
Los artistas que se formaron dentro de la Revolución se formaron siendo estudiantes en un mismo ámbito; por tanto, tuvieron (aunque eso no se expresara en determinadas disciplinas académicas, una experiencia cotidiana de intercambio y de interrelación. Es el primer paso, pero también la reivindicación de una tradición humanística, una necesidad en el mundo contemporáneo. Eso es algo que se está perdiendo en todas partes.
Un profesor norteamericano, bastante conservador en cierto sentido, no hace mucho criticaba en un libro a la Academia norteamericana por esa tendencia dominante a la fragmentación, al aislamiento, a la separación, tanto en el terreno de las Ciencias Sociales como de las Ciencias Literarias. Y esto tenía un componente que era también la pérdida de una visión histórica.
Cuando hablamos de humanismo no solamente se trata de colocar al hombre en el centro; se trata también de colocarlo en la historia de su cultura, en la historia de las Artes. Para saber el lugar que cada cual ocupa hay que saber también de dónde surge. La Historia es algo a lo que se regresa, no se escribe una sola vez. Hay que volverla a escribir, hay que seguirla recuperando. Y si perdemos de vista esto, nos vamos a encontrar con algo que está presente en el mundo contemporáneo y es uno de sus peligros: la lamentable combinación entre la uniformidad y la fragmentación.
Nosotros tenemos que procurar ir en el sentido contrario, buscando la auténtica diversidad junto a una visión integradora de carácter humanista.


¿Qué relación de importancia para la cultura cubana establecería entre identidad y mestizaje en correspondencia con los medios de comunicación masiva ?

Pienso que en este tiempo quizás uno de los desafíos mayores que nosotros tenemos está precisamente en ese terreno. Por una parte, los medios de comunicación masiva son vehículos a través de los cuales se está instrumentando a nivel planetario una imagen homogenizadora, uniformadora y banalizadora. Pienso que entre nosotros no se ha suscitado una reflexión lo suficientemente intensa acerca de este problema; una reflexión que conduzca a asimilar de los medios todo lo que tienen de positivo, todo lo que nos relaciona con el proceso mismo de la modernidad. Y también analizar cuáles son sus trampas, sus peligros. Yo percibo muchas veces en nuestros medios una asimilación absolutamente mimética de los modelos que vienen del exterior, con todo lo que eso entraña. Una asimilación mimética desde el punto de vista conceptual, y esto, desde luego, es extraordinariamente peligroso. Cuando se habla de la necesidad de invertir recursos en la modernización de los medios, hay que tener en cuenta el desafío tecnológico que eso significa. Eso es muy importante, pero no debe llevarse adelante sin que también se produzca un análisis, un estudio, una reflexión en el plano conceptual. Si nosotros no hacemos esto último, los medios modernizarán, seguirán funcionando, pero no contribuirán efectivamente al desarrollo de la cultura nacional. 

¿Cuál es su criterio en torno a la relación entre imaginación verbal y literatura en Cuba ?

Pienso que la imaginación verbal siempre ha estado en el fondo de la creación literaria; la literatura está hecha de un mundo que se crea a partir de la palabra. Cuando se inicia un texto literario, la palabra está convocada a entrar en ese mundo otro, en ese mundo particular que es el mundo de la literatura.
Creo que la imaginación verbal ha sido también reivindicada históricamente por cada etapa, por cada movimiento literario. Siempre, aunque no se dijera expresamente, la literatura ha tratado de dotar a la palabra de numerosos estilos: lo hicieron los románticos, los surrealistas con su escritura automática. Esta relación entre una cosa y otra, forma parte de la esencia misma de la literatura, de la misma manera que las imágenes forman parte de la esencia misma de la plástica.

Finalmente, nos gustaría que usted evocara dos nombres que son muy significativos a la hora de hablar de imaginación verbal y literatura en nuestra lengua, dos hombres que fueron amigos suyos: Alejo Carpentier y Julio Cortázar.

El problema es que por el hecho de que fueron amigos míos, la evocación entra un poco en un intermedio entre la razón personal y la evocación literaria.
En el caso de Alejo Carpentier, yo lo conocí como persona antes de haberlo leído como escritor. Recuerdo que para la niña que yo era entonces, Alejo me resultaba un cuentero extraordinario, Alejo desembarcaba y empezaba a contar anécdotas de sus experiencias. Yo estaba profundamente convencida de que esas experiencias no eran verdaderas, que eran cuentos como los cuentos de hadas que yo había leído antes.
Después pude comprobar que eran experiencias auténticas, reales; pero desde luego, estaban contadas maravillosamente. Aún verbalmente había en ellas esa presencia de un escritor, de alguien capaz de crear con la palabra.
El caso de Julio Cortázar fue un caso inverso. Alguien a quien yo conocí como escritor antes de haberlo conocido como persona. Tengo que decir que con Julio Cortázar me sucedió algo que muchas veces no ocurre con los escritores. Me pareció una persona maravillosa, tan maravillosa como sus propios textos. Pero también, alguien que se expresaba en la conversación, como el escritor que era. Su conversación era voluntariamente ajena a toda aparente elaboración formal y, sin embargo, en ella se descubría lo cotidiano como algo extraordinario, como algo también muchas veces revelado a través de una ironía muy fina, muy suave; una ironía que se abstenía de la voluntad de herir, y que, sin embargo, iba revelando los pequeños absurdos con los cuales nos encontrábamos día a día, o incluso, los pequeños absurdos de nuestra propia conducta.
Cortázar era lo contrario al énfasis, pero desde esa perspectiva descubría siempre una dimensión diferente en los acontecimientos y en las situaciones.

Nota:
Aparecido en el número 4 de la revista "La Letra del Escriba".


2001. La Jiribilla. Cuba.
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