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LA JIRIBILLA
GERTRUDIS
GÓMEZ DE AVELLANEDA
Poemas tomados de Antología poética
de Gertrudis Gómez de Avellaneda, con selección de Mary Cruz,
publicado por la Editorial Letras Cubanas.
AL PARTIR
¡Perla del mar! ¡Estrella de occidente!
¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo
La noche cubre con su opaco velo,
Como cubre el dolor mi triste frente.
¡Voy a partir!... La chusma diligente,
Para arrancarme del nativo suelo
Las velas iza, y pronta a su desvelo
La brisa acude de tu zona ardiente.
¡Adiós!, ¡patria feliz, edén querido!
¡Doquier que el hado en su furor me impela,
Tu dulce nombre halagará mi oído!
¡Adiós!... Ya cruje la turgente vela...
¡El ancla se alza... El buque, estremecido,
Las olas corta y silencioso vuela!
A UNA MARIPOSA
Fugaz mariposa,
Que de oro y zafir
Las alas despliegas,
Gozosa y feliz,
¡Cuál siguen mis ojos
Tu vuelo gentil,
Cuando reina te alzas
Del bello jardín!
Si le dan riquezas
La aurora y abril
-De albores y aromas-
Todo es para ti.
Te rinde la dalia
Su vario matiz;
Su altiva hermosura
Te presenta el lis.
Perfumes la viola
-Que evita el lucir-
Te manda en las alas
Del aura sutil.
Ya libas el lirio,
Ya el fresco alhelí,
Ya trémula besas
El blanco jazmín.
Mas ¡ay!, ¡cuán en vano
Mil flores y mil
Por fijar se afanan
Tu vuelo sin fin!...
¡Ay!, que ya te lleva
Tu audaz frenesí,
Do ost6enta la rosa
Su puro carmín.
¡Temeraria, tente!
¿Do vas, infeliz?...
¿No ves las espinas
Punzantes salir?
¡Torna a tu violeta!
¡Torna a tu alhelí!
No quieras, ¡incauta!,
Clavada morir.
A ÉL
En la aurora lisonjera
De mi juventud florida,
En aquella edad primera
-Breve y dulce primavera,
De tantas flores vestida-
Recuerdo que cierto día
Vagaba con lento paso
Por una floresta umbría,
Mientras que el sol descendía
Melancólico a su ocaso.
Mi alma -que el campo enajena-
Se agitaba en vago anhelo,
Y en aquella hora serena
-De místico encanto llena
Bajo del tórrido cielo-
Me pareció que el sinsonte
Que sobre el nido piaba;
Y la luz que acariciaba
La parta cresta del monte,
Cuando apacible expiraba;
Y el céfiro, que al capullo
Suspiros daba fugaz;
Y del arroyo el murmullo,
Que acompañaba el arrullo
De la paloma torcaz;
Y de la oveja el balido,
Y el cántico del pastor,
Y el soñoliento rumor
Del ramaje estremecido...
¡Todo me hablaba de amor!
Yo -temblando de emoción-
Escuché concento tal,
Y en cada palpitación
Comprendí que el corazón
Llamaba a un ser ideal.
Entonces, ¡ah!, de repente
-No como sombra de un sueño,
Sino vivo, amante, ardiente-,
Se presentó ante mi mente
El que era su ignoto dueño.
Reflejaba su mirada
El azul del cielo hermoso;
No cual brilla en la alborada,
Sino en la tarde, esmaltada
Por tornasol misterioso.
Ni hercúlea talla tenía,
Mas esbelto -cual la palma-
Su altiva cabeza erguía,
Que alumbrada parecía
Por resplandores del alma.
Yo, en profundo arrobamiento,
De su hálito los olores
Cogí en las alas del viento,
Mezclado con el aliento
De las balsámicas flores;
Y hasta su voz percibía
-Llena de extraña dulzura-
En toda aquella armonía
Con que el campo despedía
Del astro rey la luz pura.
¡Oh, alma!, di: ¿quién era aquel
Fantasma amado y sin nombre?...
¿Un genio? ¿Un ángel? ¿Un hombre?
¡Ah!, lo sabes: era él;
Que su poder no te asombre.
Volaban los años, y yo vanamente
Buscando seguía mi hermosa visión...
Mas dio al fin la hora; brillar vi tu frente,
Y "es él", dijo al punto mi fiel corazón.
Porque era, no hay duda, tu imagen querida
-Que el alma inspirada logró adivinar-,
Aquella que en alba feliz de mi vida
Miré para nunca poderla olvidar.
Por ti fue mi dulce suspiro primero;
Por ti mi constante, secreto anhelar...
Y en balde el destino -mostrándose fiero-
Tendió entre nosotros las olas del mar.
Buscando aquel mundo que en sueños venía,
Surcólas un tiempo valiente Colón...
Por ti -sueño y mundo del ánima mía-
También yo he surcado su inmensa extensión.
Que no tan exacta la aguja al marino
Señala el lucero que lo ha de guiar,
Cual fija mi mente marcaba el camino
De hallar de mi vida la estrella polar.
Mas, ¡ay!, yo en mi patria conozco serpiente
Que ejerce en las aves terrible poder...
Las mira, les lanza su soplo atrayente,
Y al punto en sus fauces las hace caer.
¿Y quién no ha mirado gentil mariposa
Siguiendo la llama que la ha de abrazar?...
¿O quién a la fuente no vio presurosa
Correr a perderse sin nombre en el mar?...
¡Poder que me arrastras! ¿Serás tú mi llama?
¿Serás mi océano? ¿Mi sierpe serás?...
¿Qué importa? Mi pecho te acepta y te ama,
Ya vida, ya muerte le aguarde detrás.
A la hoja que el viento potente arrebata,
¿De qué le sirviera su rumbo inquirir?...
Ya la alce a las nubes, ya al cieno la abata,
Volando, volando le habrá de seguir.
SONETO IMITANDO UNA ODA DE SAFO
¡Feliz quien junto a ti por ti suspira!
¡Quien oye el eco de tu voz sonora!
¡Quien el halago de tu risa adora
Y el blando aroma de tu aliento aspira!
Ventura tanta -que envidioso admira
El querubín que en el empíreo mora-
El alma turba, al corazón, devora,
Y el torpe acento, al expresarla, expira.
Ante mis ojos desparece el mundo,
Y por mis venas circular ligero
El fuego siento del amor profundo.
Trémula, en vano resistirte quiero...
De ardiente llanto mi mejilla inundo,
¡Deliro, gozo, te bendigo y muero!
LA VUELTA A LA PATRIA
¡Perla del mar! ¡Cuba hermosa!
Después de ausencia tan larga
Que por más de cuatro lustros
Conté sus horas infaustas,
Torno al fin, torno a pisar
Tus siempre queridas playas,
De júbilo henchido el pecho,
De entusiasmo ardiendo el alma.
¡Salud, oh, tierra bendita,
Tranquilo edén de mi infancia,
Que encierras tantos recuerdos
De mis sueños de esperanza!
¡Salud, salud, nobles hijos
De aquesta mi dulce patria!..
¡Hermanos, que hacéis su gloria!
¡Hermanas, que soir su gala!
¡Salud!... Si afectos profundos
Traducir pueden palabras,
Por los ámbitos queridos
Llevad -¡brisas perfumadas
Que habéis mecido mi cuna
Entre plátanos y palmas!-,
Llevad los tiernos saludos
Que a Cuba mi amor consagra.
Llevadlos por esos campos
Que vuestro soplo embalsama,
Y en cuyo ambiente de vida
Mi corazón se restaura:
Por esos campos felices,
Que nunca el cierzo maltrata,
Y cuya pompa perenne
Melifluos sinsontes cantan
Esos campos do la ceiba
Hasta las nubes levanta
De su copa el verde toldo
Que grato frescor derrama:
Donde el cedreo y la caoba
Confunden sus grandes ramas
Y el yarey y el cocotero
Sus lindas pencas enlazan...
Donde el naranjo y la piña
Vierten al par su fragancia;
Donde responde sonora
A vuestros besos la caña;
Donde ostentan los cafetos
Sus flores de filigrana,
Y sus granos de rubíes
Y sus hojas de esmeraldas.
Llevadlos por esos bosques
Que jamás el sol traspasa,
Y a cuya sombra poética,
Do refrescáis vuestras alas,
Se escucha en la siesta ardiente
-Cual vago concento de hadas-
La misteriosa armonía
De árboles, pájaros, aguas,
Que en soledades secretas,
Con ignotas concordancias,
Susurran, trinan, murmura,
Entre el silencio y la calma.
Llevadlos por esos montes,
De cuyas vírgenes faldas
Se desprenden mil arroyos
En limpias ondas de plata.
Llevadlos por las sabanas
En cuyo inmenso horizonte
Quiero perder mis miradas.
¡Llevadlos férvidos, puros,
Cual de mi seno se exhalan
-Aunque del labio el acento
A formularlos no alcanza-,
Desde la punta Maisí
Hasta la orilla del Mantua;
Desde el pico de Turquino
A las costas de Guanaja!
Doquier los oiga ese cielo,
Al que otro ninguno iguala,
Y a cuya luz, de mi mente
Revivir siento la llamada:
Doquier los oiga esta tierra
De juventud coronada,
Y a la que el sol de los trópicos
Con rayos de amor abrasa:
Doquier los hijos de Cuba
La voz oigan de esta hermana,
Que vuelve al seno materno
-Después de ausencia tan larga-
Con el semblante marchito
Por el tiempo y la desgracia,
Mas de gozo henchido el pecho,
De entusiasmo ardiendo el alma.
Pero, ¡ah!, decidles que en vano
Sus ecos le pido a mi arpa;
Pues sólo del corazón
Los gritos de amor se arrancan.
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