LA JIRIBILLA
UN HOMBRE Y UN VIOLIN

Pedro Pablo Pedroso, un músico inquieto e imaginativo y con un altísimo poder de asimilación; un compositor e instrumentista cuya presencia entre nosotros se deja sentir aunque no siempre en las direcciones más reconocidas mayoritariamente. 

Humberto Manduley
| La Habana


El violín, ese instrumento "peligrosamente lírico y con una connotación histórica enorme" en palabras del improvisador portugués Carlos Zíngaro Alves (Margen 19-20) se le puede encontrar en distintos géneros y, por supuesto, es parte vital de cualquier ensamble sinfónico, pero no es común hallarlo incorporado al trepidante lenguaje del rock, por ejemplo. Sin embargo, fue precisamente así que conocí a Pedro Pablo Pedroso (La Habana, 1972) hace ya más de una década, desempeñándose como violinista y tecladista en una banda capitalina de raro nombre: Cartón Tabla. En aquel momento, más que la evidente juventud del músico o la misma inclusión de dicho instrumento en una formación convencional de rock, lo que me sedujo fue el empleo que se hacía del mismo y que iba más allá de clonar el "Dust in the wind" de Kansas. A partir de ahí me puse sobre la pista de Pedro Pablo para intentar descifrar no sólo su estilo sino sus motivaciones creativas. Descubrí de esa manera a un músico inquieto e imaginativo y con un altísimo poder de asimilación; un compositor e instrumentista cuya presencia entre nosotros se deja sentir aunque no siempre en las direcciones más reconocidas mayoritariamente. Esto, de por sí, lo convirtió en un candidato seguro para figurar entre quienes también apuestan por la cuerda floja.

Con un sólido bagaje académico tras once años de estudios en conservatorios como "Manuel Saumell" y "Amadeo Roldán", y participando además en los cursos promovidos por el Laboratorio Nacional de Música Electroacústica que dirige el maestro Juan Blanco, Pedro se ha dedicado a laborar en una extensa gama de experiencias sonoras. Su paso por distintas agrupaciones habaneras de rock le proporcionó un notable fogueo. Ya hablé de nuestro primer encuentro cuando él militaba en Cartón Tabla (1988-1990), grupo que alcanzó notoriedad al prescindir de la guitarra y convertirse en un trío que redondeaban Lino García (bajo y voz) y Abel Pérez (percusiones). Decididos a echar adelante su propuesta musical concebían piezas originales, alejadas del omnipresente sonido Heavy de la época, que fluctuaban entre lo acústico y lo eléctrico. El único testimonio grabado de esa etapa fue el tema "Trilogía", musicalización de textos de los poetas chilenos: Cilia, Omar Lara y Mahfud Massís, y donde nos muestran una obra tensa en sus matices, casi claustrofóbica, y con el violín desarrollando quebradizas líneas melódicas. Cuando miro en retrospectiva compruebo que en Cartón Tabla anidaban, cual embrión, algunos de los trazos más significativos que marcarían las futuras proyecciones de sus implicados: apego a fórmulas poco usuales, carácter apropiativo de las composiciones, cierto espíritu de confrontación estética que los alineaba, sin saberlo aún, junto a los postulados de lo que se denominó Rock en Oposición (ver ECB 289), y un concepto investigador muy práctico que tomaba como punto de partida las posibilidades logísticas reales.

A continuación Pedro Pablo pasó fugazmente por un par de grupos. Primero fue Teatro del Sonido (1990), una macrobanda dirigida por el guitarrista y compositor Juan Antonio Leyva, y con fuertes influencias de las músicas barrocas y renacentistas. El violín se integró con soltura en un repertorio de gran complejidad contrapuntística y a la vez profundamente melódico, como se puede escuchar en la banda sonora de la producción de los Estudios Fílmicos de las FAR "La última batalla del almirante Cervera" del realizador Jorge Soliño. Luego se asoció a Hojo x Oja (1990-1991), otro de los colectivos capitalinos desligados del rock más estandarizado. Con este equipo trabajó una corta temporada, ya en sus días finales, pero la desidia general dio al traste con aquellas intenciones, dejándolo libre para su salto hacia Música d´Repuesto (1991-1993) donde vuelve a coincidir con dos de sus colegas previos: Lino (ex Cartón Tabla) y Landy Bernal (guitarra, ex Hojo x Oja). Si bien en la etapa más temprana incluyeron al baterista Raylor Oliva, la salida de este dejó al grupo en una posición curiosa, pues se transformó en uno de los pioneros en la utilización de los secuenciadores y programaciones rítmicas, fundamentalmente a raíz de su pertenencia al Palacio Central de Computación de La Habana. Participan en el VI Festival Internacional de Música Electroacústica "Primavera en Varadero" en 1993, y si bien en ese tiempo se debatían entre la factura de canciones e instrumentales, el período posterior los halló sumergidos en un trabajo que anulaba los textos para priorizar las capacidades expresivas de sus miembros con sus respectivos instrumentos. Parte de ese material fue rescatado por el sello mexicano Luna Negra y publicado póstumamente en 1998 en el disco "Av Abuc". Hablo de un grupo sin barreras; que deconstruyó el tema "Cuba va" para entregarlo en una relectura de aires postmodernos; que se ejercitaba en terrenos del mimimalismo electrónico; que explotaba sus parcos recursos hasta la saciedad, y que ni siquiera le temía al silencio porque "tener algo que decir puede ser motivo para callar". El CD englobó solamente la última etapa, cuando el sentido inicial de colectividad ya se resquebrajaba, pero aún así es una obra que impacta por su referencialidad y por el incuestionable valor de su propuesta. Creo que ahí se puede vislumbrar la evolución de Pedro, pasando de simple ejecutor del violín y los teclados a participar directamente en la concepción mediante piezas de su autoría como "Suite #3" y "Baile de payasos".

Aquí me gustaría detener por un instante esta cronología de la carrera de Pedro para exponer algunas de las constantes que lo representan. Su modo de hacer conjuga los requerimientos de la técnica académica (pulsación segura, efectivo manejo del arco, etc.) con la vehemencia del rock, el desenfado de la improvisación y la concepción constructiva de la música electroacústica. Aunque puede interpretar al modo convencional se inclina a explorar las posibilidades de la electrónica sin convertirse en un esclavo de la tecnología. Esto ya lo experimentó en las bandas citadas, pero se hace más evidente en sus incursiones electroacústicas. Por ejemplo, "Espacio cerrado" (1990), concebida en binomio con Raylor Oliva, y que mereció el Premio UNEAC de Composición, emplea material acústico ambiental procesado con técnicas de estudio, junto a instrumentos varios (flauta, violín, teclados) resultando en una serie de texturas abstractas y atmosféricas. Otro caso interesante fue "Paisaje" (música para las demoliciones) galardonada en el prestigioso Festival de Bourges (Francia) con la cual Pedro se consagra entre los autores más notables de su generación. De todos modos creo que es en "Alea" (1991), obra de Raylor, donde la intención transformadora del sonido violinístico cobra su máxima dimensión. Utilizando varios pedales (fuzz, flanger, delay) e improvisando sobre un irreconocible fondo percutivo, Pedro logra crear una magia sonora en esta pieza, invocando no solo los recursos del instrumento sino su propia capacidad interpretativa y poder de asimilación del sugerente lenguaje de la música electroacústica. Por otro lado, Pedro Pablo ha contribuido en proyectos y grabaciones bien diferentes, y entre sus sesiones de trabajo se cuentan discos de Havana y Superávit; colaboraciones eventuales con Ireno García y Visión; un trío ocasional de música popular internacional (desde tangos y rancheras hasta sones y guarachas) con Alfredo Gómez y Carlos Santos; membresía en la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba (1991-1996) incluyendo su participación en la sección de cuerdas que acompañó a Fito Páez en la presentación del disco Euforia en La Habana; asesoría musical del grupo Teatro Inicial y performances con el artista plástico Alejandro López, y su vínculo en calidad de compositor con el LNME con obras como "Nexos II" y "La densidad transparente" junto a las arriba mencionadas. Entre 1994 y 1996 se enrola en el grupo Perfume de Mujer, justo en el punto más interesante de la tropa que dirige Abel Pérez, y parte de ese logro fue acreditable, precisamente, a la presencia de los teclados y el violín. Con Pedro el colectivo ganó en cohesión, otorgándole mayor cuerpo a unas piezas que evolucionaron de un rock-pop sofisticado a vertientes "progresivas" y de alta intensidad. Esto es apreciable en los dos discos lanzados por Luna Negra (Perfume de Mujer en 1996, y Pollos de granja en 1998), pero también en el proyecto paralelo Sebastián El Toro, más cerebral e inmerso en las divagaciones electrónicas por el lado oscuro de la música.

En 1997 Pedro se traslada a Chile donde compone "Sonoidea" (para el software educativo "Redescubriendo el sonido") y poco después viaja a Buenos Aires (Argentina) obteniendo una plaza en la más afamada orquesta del país, la de Juan de Dios Filiberto. Allí coincide con el cellista Ulises Di Salvo (habitual en los últimos discos de Charly García) quien a la vez lo atrajo hacia el proyecto Rock Acuerdas cuyo disco debut en 1998 comprendió revisiones a clásicos del rock argentino desde una formación de cuerdas. En tiempos más cercanos ha retomado su interés por los sonidos electrónicos, vía su proyecto unipersonal IL Mostro Ki Parla, y el dueto Siglo Cero, con Marcelo Oscar Subrebost.

Sintonizado a un cúmulo creciente de información (Schoenberg, Faust, Genesis, Varese, Spinetta, Dadá ...) y con una aguzada curiosidad intelectual, Pedro Pablo Pedroso es, a mi juicio, uno de los exponentes más notorios de la música nueva en nuestros últimos años, a pesar de que su nombre solo sea conocido por un puñado. Ha hecho del violín un medio y no un fin, y como compositor todavía guarda algunas cartas en la manga. Tal vez la misma diversidad de sus actividades le haya impedido concentrarse más en alguna dirección específica y ahora, al estar trabajando en otra latitud, perdamos un poco el contacto con su devenir actual. De todos modos sigo pensando en él como un investigador nato, un músico todo-terreno, y uno de esos soñadores empeñados en extraer sonidos de las hierbas.


2001. La Jiribilla. Cuba.
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