LA JIRIBILLA

COLLAGE CON FOTOS Y DANZAS

Anna Lidia Vega (1968)

              Dejen a las locas mariposas vivir o morir según sus deseos.


Me la imagino finita y frágil con los ojos ligeramente entornados al posar para las fotos. También me la imagino bailar rock en el círculo de amigos, peludos y drogados, o vagar por las calles en su soledad, con las manos en los bolsillos, sin rumbo, sin fin. Pero lo que más me imagino es el momento cuando ella voló sobre la ciudad con aquel tonelete blanco.
Yo leí sobre eso, fue muchos años atrás, había mucha gente, comentábamos sobre su caso y el LSD y soñábamos con el LSD y su caso.
Fue cuando nos reuníamos en casa de Rina, porque su papá era pintor y siempre andaba por las provincias, exponiendo, y la mamá murió. Oíamos música, bebíamos y jugábamos a la "sinceridad" hasta saturarnos. Había que darle vueltas a una botella y contestar cualquier pregunta si te señala el pico. Así fue que se supo que Rina está enamorada del Roto y sueña con ser actriz, que Iliana no ha decidido de quién enamorarse y desea irse a París, que Mercy y el Futurista están empatados y lo que quieren es vivir juntos, al Roto le gustan todas las mujeres, y sólo quiere tomar ron y más ron y más, y que Yuriel no está enamorado de nadie y no sabe lo que quiere.
Yo no dije la verdad, porque me daba vergüenza, e inventé que quiero a un tipo que es mucho mayor que yo y es marino mercante. No me importa si me creyeron, pero por nada del mundo hubiera dicho quién me gustaba. Tampoco fui honesta al contestar la pregunta ¿cuál es tu mayor anhelo? Dije que era tener muchos hijos y reímos. La verdad era grotesca. En aquella época yo pesaba alrededor de doscientas libras y hubiera querido ser bailarina.
Era su mayor sueño. Era flaquita, pero nunca nadie se ocupó de llevarla a las clases de ballet. Al padre no lo conoció y la madre trabajaba hasta tarde en una cafetería. Regresaba del trabajo con jabas llenas de pan con pasta y dulces rotos. Ella se avergonzaba de la madre, casi analfabeta, de las jabas con las sobras, le daban asco su humildad y sus ojos ingenuos. Andaba por los calles con las manos en los bolsillos, sin rumbo, sin fin.
Creo que fue el Roto el que trajo la revista. Al Roto le decían Roto porque algunos años atrás se había partido una pierna. No quedó más bella que el apodo. La revista era extranjera. Todo un número dedicado a las drogas y sus consecuencias. En vez de horrorizarnos, lamentábamos no tener a mano todos esos alucinógenos que se describían tan detalladamente. Casi nadie de nosotros lo había probado. Algunas pastillas, una o dos veces.
En el medio de la revista estaban las fotos. Una muchacha, finita y frágil, con los ojos ligeramente entornados. No recuerdo su nombre. Cumplía quince años. Se metió drogada en el teatro y se vistió de bailarina. No venía mucho más de ella, ni cómo había sido su vida, pero nos imaginamos que se parecía a nosotros, que andaba con un grupo como el nuestro, que hacían lo mismo.
El Futurista enseguida le compuso una canción. Con el tiempo casi nos olvidamos de la muchacha, pero la canción quedó. El Roto traía ron y más ron y después de la segunda botella empezábamos a cantar. El Futurista con la guitarra y Mercy abrazándolo por detrás; Rina, mirando al Roto con los ojos enternecidos; el Roto mirándola a ella, a Iliana, y hasta a Mercy a veces; Iliana sin mirar a nadie; yo mirándolos a todos y Yuriel sin mirar ni cantar. Yuriel no cantaba nunca y casi no hablaba. Sólo de vez en cuando subía sus ojos de acero y era como si mirara para adentro, pero los demás cantábamos y luego bailábamos rock.
A ella le gustaba mucho bailar. En el círculo de amigos, peludos y drogados, ella bailaba rock, pero cuando estaba sola, bailaba algo muy suyo, como una mariposa con las alas quebradas. Una vez ella fue al ballet. Estaba comiendo helado y un hombre se sentó a su lado y le habló. Era un hombre mayor, de traje, y le hacía preguntas sobre su vida. Al principio ella desconfió, pero luego se abrió por completo. ¡Tenía tanta necesidad de conversar con alguien así! Le contó sobre su madre, y sobre los amigos, y sobre la droga, y sobre todo sobre el Fotógrafo que le gustaba tanto, pero sólo la veía como una posible modelo para sus postales pornográficas. Él la escuchaba atentamente y después la invitó al teatro. Ella fue y pasó mucha pena por su ropa, al ver a todas esas gentes, perfumadas y de galas. Se abrió el telón y ella lloró sin poder contenerse. Cuando salieron del teatro, él intentó abrazarla, pero a ella le pareció un sacrilegio tan grande, como si se rompiera el hechizo, y corrió por las calles y todo lo veía sucio, perverso, oscuro: la ciudad, las gentes, la vida.
No recuerdo bien quién trajo la hierba. Sé que cuando llegué aquel día todos se miraban nerviosos y reían como si pasara algo divertido y Yuriel estaba preparando los pitos. Es posible que él mismo la haya traído. El Roto, también nervioso, explicó cómo hay que fumar y prendió el primero. Nos sentamos en círculo y lo pasamos, dándole profundas chupaditas. Nos hizo tremendo efecto, nos reíamos de cualquier cosa y después nos quedamos acostados mirando el techo. No sé los otros, pero yo oía música. Una música maravillosa que sonaba dentro de mí y yo podía hacer con ella lo que quisiera: subirla, bajarla, incorporar o quitar instrumentos, era algo increíble. Después, entré en la música y comencé a bailar, me sentía como una mariposa con las alas quebradas, pero seguro que lo que parecía era un hipopótamo borracho. Paré cuando me di cuenta de que todos rodaban de la risa. Todos menos Yuriel. Él movía la mesa. La mesa era bajita y redonda. En la pared había un afiche de Mercury con la boca muy abierta y dos tenedores desgarrándole los ojos. Sobre la mesita había una vela y una flor en un vaso de cristal oscuro. La flor tiraba una sombra redonda sobre el afiche. Cuando ellos se olvidaban de reír, Yuriel movía la mesa, tapándole la boca a Freddy, enseguida estallaban las risas y la sombra se corría para el lado, dejándole la boca hendida.
El ballet le descubrió a ella algo muy especial de sí misma, algo que floreció como fuegos artificiales y que podía revivir en cualquier momento con las drogas. Se veía con los amigos porque había drogas y porque estaba el Fotógrafo; y el Fotógrafo, las drogas y el ballet armaron un sólo mundo. Y mientras más se drogaban, más necesidad tenía de la presencia del Fotógrafo. Y viceversa.
La hierba se hizo una constante entre nosotros. Tal vez sin ella se hubiera armado el mismo caos, pero siempre hay que culpar a alguien y es cómodo culpar a la hierba. Empezó por Iliana, que se encerró en el baño con el Roto y Rina me agarraba las manos llorando y decía: ¡pero si ella no lo quiere! Después salieron del baño como si nada y Yuriel armó un cigarro. Nos volvimos a sentar en círculo, pasándonoslo, seguimos riendo y Rina se recostó al Roto y él le pasaba la mano, mirándola a ella, a Iliana, y hasta a la misma Mercy que estaba con el Futurista, que antes estaba con Iliana. Pero parece que a Iliana le dio roña y ella trató de volver con el Futurista. Entonces el Roto se le acercó a Mercy, que estaba rompiendo el afiche de Mercury, y gritando, la cargó y le dio un beso y se la llevó para la cocina, y Rina volvió a llorar, diciéndome: ¡pero si ella no lo quiere! y Yuriel pacientemente envolvía la marihuana en papel de cartucho.
Ella estaba loca por el Fotógrafo y todos lo sabían y el Fotógrafo también, pero a él sólo le interesaban sus fotos y más de una vez había hablado de eso. "No quiero lastimarte" -le decía sin saber que ésa es una de las frases que más lastiman. Entonces ella se decidió a posar para él, pensando quizás que eso sería tan excitante como estar con él.
Yo estaba loca por Yuriel y todos lo sabían y él también, pero nadie sabía lo que le interesaba a él. De todas formas, yo no me atrevería nunca a acercarme a él si no fuese por la hierba. Una noche en que los demás andaban en sus locuras promiscuo-lacrimosas, yo no pude aguantar más y le dije: Yuriel, no sabes cuánto te necesito. Él me miró con sus ojos de acero y me dijo: Yo también te necesito. Es la frase más larga que le he oído.
Realmente fue excitante. Él tenía un cuarto-estudio y le tiró alrededor de cien fotos, sola y con otras gentes, y para ella fueron alrededor de cien orgasmos, todos frustrados, y entonces ella se drogó como nunca, se fue a casa y la madre se asustó y quiso llamar a los médicos, pero ella le dijo: Si llamas a alguien, más nunca me verás, y vio sus ojos humildes e ingenuos y sintió asco.
Lo único que nos mantenía unidos era la hierba. Todos se odiaban entre sí, pero seguían templando unos con los otros hasta el aturdimiento. Era peor que el jueguito de la botella. Yuriel toleraba mi tímida presencia, de ahí no pasábamos. Sólo una vez me atreví a rozar con la mano su pelo y fue increíblemente desgarrante. Él se levantó y se fue para el otro extremo de la sala.
A veces ellos salían a caminar la ciudad. Descubrían lugares o tal vez eran alucinaciones. Una noche salieron bajo la lluvia semidesnudos y se sentaron en las escaleras del teatro y ella bailó para ellos. Era una noche inolvidable en vísperas de sus quince. Ella volaba entre los charcos llevada por su melodía interna y los demás la observaban, maravillados, hasta verla alejarse y perderse entre los callejones. Entonces el Fotógrafo la siguió, la alcanzó y le dijo muy serio: quiero fotografiarte bailando.
Un día Iliana se me acercó y me preguntó: ¿cómo soy yo? Me di cuenta de que era una de sus crisis y le dije: No me hagas eso, Iliana. Estaba cansada de secarle las lágrimas a Rina y a Mercy, de oír las descargas del Roto y el Futurista. Le dije: ¡Eso es lo único que me faltaba! Mas tarde la vi besando a Yuriel en el cuello y él sin levantar los ojos. Era como el juego de las sillas. Se ponen unas sillas y los jugadores caminan alrededor y a la señal se sientan y uno se queda fuera. Me quedé sin silla. Es lógico, me decía. Pero era absurdo.
Entonces ella rió: sería el mejor regalo por mi cumpleaños, bailar para ti, sólo para ti. Fueron a su cuarto-estudio, prepararon las inyecciones y ella dijo: aquí no. Él se asombró y ella le confió su secreto más grande: ¡en el teatro!
Mi primer impulso fue irme. Pero cuando fumamos, cambié de idea. Esperé quedar cerca de Iliana y le dije: eres como una masa deforme de gusanos, gusanos blancos y rojos que se enlazan formando tu cuerpo y tu alma. Iliana comenzó a reír, abrazando a Yuriel, Rina reía sobre las piernas del Futurista, Mercy reía con el Roto a cuestas, a mí también me dio risa y Yuriel preparaba la hierba, sin reír ni mirar a nadie.
Ellos guardaron la cámara y el LSD en la mochila y volvieron a salir. Había escampado y las estrellas se reflejaban en los charcos y la ciudad estaba como lavada. Ella abrazó al Fotógrafo y él no se resistió y se paraban en las esquinas para besarse y ella suspiraba feliz: yo nunca antes había tenido un cumpleaños ASÍ. Llegaron al teatro y se sorprendieron al no encontrar a los amigos en las escaleras, dieron vueltas y descubrieron varias puertas cerradas. Entonces él le dijo: no te preocupes, que vamos a entrar. Y empezó a darle con una piedra al candado.
Después del quinto o sexto cigarro, todos estábamos volados y salí al balcón para coger un poco de aire. Vi que Yuriel salió también, no sabía qué decirle y él no hablaba nunca. Callamos un poco hasta que dije: me voy. No contestó y le dije: si quieres yo me quedo, pero sólo si TÚ quieres. Tampoco contestó. Acababa de escampar y la ciudad estaba como lavada debajo de nosotros y se reflejaban las estrellas en los charcos.
Ellos entraron alumbrándose el camino con la fosforera, había muchos pasillos y puertas, casi todas cerradas. Entraron en una que estaba abierta, encendieron la luz y ella vio esa cantidad de toneletes y empezó a quitarse la ropa y él la abrazó y la cubrió de besos y cayeron al piso sobre la espuma de los trajes de bailarinas.
Entonces yo me viré para irme, pero Yuriel hizo un gesto hacia mí y yo tropecé con él y él me rodeó con los brazos y nos besamos torpemente una y otra vez.
Después ella se puso un tonelete blanco y comenzó a bailar para él y él le tiró fotos y ella salió y siguió bailando por los pasillos oscuros y él seguía tirándole fotos y no había en el mundo nadie más feliz.
Me sentí tan feliz y confundida que olvidé que era gorda y fea, me olvidé de todo y de todos, pero no por mucho tiempo, porque adentro pasaba algo. Rina lloraba, tirada en el sofá, Mercy se tapaba las orejas, repitiendo: basta-basta-basta, el Futurista abrazaba la guitarra hablando de vez en vez la misma cuerda, el Roto decía: no le hagan caso a Iliana, ella está fuera de sí. Iliana estaba recostada a la pared, con la mirada perdida y nos decía: Son vacíos. Todos están vacíos. No sirven. 
Los odio. No soportaba haberse quedado sin silla y además fumamos más de la cuenta.
De pronto sintieron un ruido y comprendieron que fueron descubiertos. Corrieron en el laberinto del teatro por pasillos y escaleras más y más alto y sentían al sereno detrás gritando: ¡Paren, no podrán escapar!
Rina se sentó en el sofá con la cara roja y mojada y dijo: váyanse de mi casa. Entonces todos nos movimos en diferentes direcciones, recogiendo cosas, e Iliana salió al balcón.
Cuando abrieron la próxima puerta, resultó ser un balcón y no había más camino. Ella sonrío y le pidió al Fotógrafo que le tirara otra foto con la ciudad de fondo. El sereno estaba muy cerca y había que apurarse.
Estábamos saliendo. Rina esperaba para cerrar la puerta tras nosotros. Yuriel dijo: "voló" y no lo comprendimos al momento. Mercy fue la primera y chilló. Corrimos al balcón, pero no miramos para abajo.
La sombra del sereno se dibujó en el marco de la puerta y ella brincó tras las rejas con aquel tonelete blanco, dejando al Fotógrafo con el flash en el aire.
Nos quedamos mucho rato mirando en dirección del teatro, viéndola, con sus alas de mariposa trastornada, dar dos o tres círculos sobre el edificio, después planear lentamente hacia nosotros y, por último, subir en línea recta más y más alto, hasta perderse en el amanecer que la recibía con una ingenua humildad.


2001. La Jiribilla. Cuba.
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