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LA JIRIBILLA
LIBRES EN LA RAZÓN Y EL
CORAZÓN
Nuestra literatura siempre va a ser una sola dondequiera que se escriba. Sería una omisión imperdonable excluir a ciertas autoras que viven fuera de Cuba.
Magda
Resik Aguirre |
La Habana
No hay artificios en su trato, ni cálculo al ofrecer una opinión. Posee la valentía de aquellas grandes mujeres de otras épocas, que acumularon dolorosos renunciamientos con tal de no abandonar nunca su verdadera vocación. Es la típica escritora cubana descrita alguna vez por su amiga Mirta Yáñez: "ha salido a dar la pelea, a hacer ruido, a reclamar su puesto en el olímpico recinto de la sabiduría", siempre a contracorriente.
No sólo se ha conformado con el sitio innegable que ocupa en nuestra literatura femenina contemporánea. Defiende a sus congéneres y colegas con inteligencia: dando cuenta, en interminable antología, de la vasta producción literaria nacida del imaginario y la revelación íntima de las escritoras cubanas de todos los tiempos. Decidió robarle espacio a la creación para ofrendarlo con altruismo en la promoción de otras autoras. Quizás, por su clara convicción de que el destino de todas es al final el suyo propio.
Poeta reconocida desde el Premio David, que en 1979 recibió por su libro
La aguja en el pajar, se encuentra a gusto con el verso despojado de afeites, más directo que metafórico. Ejerció el periodismo durante años desde la Agencia Prensa Latina y la revista Revolución y Cultura, a pesar de haberse recibido como historiadora en la Universidad de La Habana. Tal vez sea ese el motivo de fuerza mayor que imprime a su cuentística un aire de noticia breve sobre la vida en su discurrir inevitable.
Alguien tiene que llorar, compendio de cuentos cortos inspirados en las cubanas de nuestros días, -de acendrado intimismo, factura impecable e irreverencia formal con la llamada postmodernidad-, la consagró como una imprescindible. En 1995, ese pequeño texto obtuvo el Premio Casa de las Américas, revelando a una Marilyn Bobes "diferente" en la madurez de su estilo y el acierto temático; al mismo tiempo, constante en el verismo de una prosa en la cual las palabras -como las ansiaba José Martí, el más grande escritor de la Isla en todos los tiempos-, salen del alma donde se crían, "con fuego y dolor".
PENSABAN QUE ERA UN GENIO...
-¿De qué modo llegaste a reconocerte como escritora?
"El haber crecido en un ambiente de libros en mi casa es lo primero que debo agradecer. No todos los niños son encaminados por los padres hacia la lectura. Pero yo empecé a leer antes de iniciarme en la escuela; un librito que mi papá me trajo. Solita traté de comenzar a descifrar las letras. Así aprendí a leer. Pensaban que era un genio y claro, después los decepcioné.
"El camino de las letras abrió mi mirada al mundo. Siempre leí mucho de niña, no las cosas que habitualmente se leen a esa edad. Incluso, a los diez años no tenía en mis manos un libro de Julio Verne o Emilio Salgari. Mi abuela era fanática de las novelas de Corín Tellado, y no me avergüenza decirlo: no sé si para bien o para mal, están en mi formación."
-¿Aportó en mucho el entorno hogareño al carácter de la mujer que eres hoy?
"No soy hija única. Tengo un par de hermanas mellizas, y siempre hubo un poco de rivalidad entre nosotras porque ellas eran menores. Se produjo una lucha muy fuerte por la identidad. Yo no pasaba inadvertida, no quiero parecer poco modesta, pero realmente era así. Los maestros me recordaban porque sacaba buenas notas y mis padres -será porque era la más esperada, la primera, siempre tuvieron una predilección hacia mí que desgraciadamente, mis hermanas notaban.
"Sin embargo, esa especie de rivalidad era muy fraternal. Las quiero mucho y ellas a mí. Creo que fui bastante sobreprotegida y mimada en la infancia. Eso lo recuerdo con cariño y lo agradezco. Pero me hubiera gustado experimentar un poco más de fortaleza en mi educación."
LA MANÍA DEL PERIODISMO
-En los cuentos de Marilyn Bobes se recrean historias muy cercanas a la vida cotidiana de la mujer cubana, a veces con una apariencia personal. ¿Hasta qué punto esos personajes son carne de su carne y espíritu de su espíritu?
"Son los pequeños secretos de una escritora, pero vamos a intentar revelarlos. Muchas veces resultan de experiencias deformadas y elaboradas de mi propia vida, la de mis amigos... Últimamente estoy tratando de salirme un poco de eso y abordar incluso, experiencias de la realidad latinoamericana. Pero casi siempre pacto con mi realidad. Es imposible liberarme de ella, aunque después se modifica, porque si las personas que escojo como modelos se ven exactamente retratadas en mis cuentos, tendría que salir a la calle con un escudo."
-¿Por qué son siempre cuentos cortos?
"Es una manía. Pienso que proviene del periodismo por el cual me familiaricé con la síntesis. Otros escritores y escritoras pasan trabajo para reducir sus obras y yo me las veo negras para construir una novela. Tengo tendencia al lid. Eso me lo reconoció como una virtud el jurado del premio Casa de las Américas. Ellos lo llamaron economía de medios. Pero a mí, si soy honesta, me molesta bastante esa costumbre casi inevitable."
-Cuando tienes en mente el cuento ¿lo colocas de una vez en el papel o rescribes mucho?
"Rescribo bastante, pero no buscando la síntesis porque esa está como metida en mi sangre, sino motivos, situaciones ideales... Intento llegar a la perfección, hallar la palabra exacta, como cuando hacía poesía y me movilizaban esos flashazos que luego de mucho desechar, se integraban."
-¿Estás consciente de que acabas de conjugar poesía en pasado?
"Quizás lo hice porque para mí los misterios de la poesía son menores y le dedico mayor atención y tiempo a la prosa, en la cual incursioné más recientemente. La poesía viene conmigo desde la infancia y le conozco ciertos secretillos. Es un género al que entro confiada."
-¿Cuáles son sus virtudes?
"En primer lugar, no tener que contarle nada a nadie. No obliga a comunicarse de esa manera tan exhaustiva como exige la prosa, que sin una historia no tiene ningún sentido. Con la poesía puedes decir sin tener que comprobar demasiado. Ella sólo necesita de un estado de gracia.
"Jamás he escrito un poema proponiéndomelo: aunque entre en la reflexión, maneje la intertextualidad y busque otros textos de referencia, exige una presencia de ánimo que no me puede faltar nunca."
-¿Disciplinada como escritora?
"Me siento ante la computadora casi todos los días, más ahora que estoy escribiendo una novela. Eso exige disciplina, de lo contrario nunca acabas. Sin embargo, hay períodos en los que no puedo seguir ese ritmo. Pueden ser quince días o más, pero no me esfuerzo, porque estoy consciente de que en ese momento no conseguiría nada sentándome a escribir."
-Los premios son una constante al momento de desvelar al público tus nuevas obras. ¿Escribes en función de ellos?
"Realmente uno trata de ganar algo con lo que escribe, porque el dinero hace falta para vivir. Pero más que la presión económica creo que facilitan esa necesidad de afirmación a quienes nos desarrollamos en el mundo de la creación.
"La literatura es más fuerte que cualquier sostén económico. Pero también me opongo a esas teorías que le restan méritos a un oficio en nada menos digno que el de un carpintero o un albañil. Como trabajo al fin debe ser remunerado. Marx nos enseñó el valor de una mercancía, y aunque la literatura no lo es exactamente existe una industria editorial."
-Entonces ¿aceptas la "dictadura" del mercado?
"Jamás. Sólo he tenido la suerte de que los asuntos que me han inquietado en determinado momento le hayan interesado a muchas personas a la vez. Eso también se deriva del periodismo que ejercí durante años. El periodista debe estar siempre atento a los fenómenos de la sociedad, buscando respuestas a preguntas y mi literatura quizás ha recibido esa herencia: la actualidad en el momento en que se han publicado los libros. Pero jamás han sido mis móviles al escribir, el ganar un concurso o recibir dinero."
-¿Otras zonas de las artes determinan tu creación?
"La música es la que más determina y después el cine, por la fuerza de la imagen en movimiento. Te voy a confesar que antes de escribir poemas, escribía canciones. Fue mi primera vocación. Quise ser pianista, estudié ese instrumento por tres o cuatro años. Después me aburrí de las lecciones y de todo el ejercicio disciplinario; no lo resistía como adolescente, y lo dejé. Un día Pablo Milanés se quedó asombrado de cuántas canciones viejas me sabía, gracias a mi madre y al ambiente familiar donde se escuchaba desde la llamada música culta hasta la más popular."
-¿Te acompaña la música mientras escribes?
"La música no es para mí un telón de fondo. Debo escucharla de verdad, y si la pongo de seguro distraigo mi atención."
-¿Qué influencia ejerce la ciudad donde vives en tu vida y obra?
"Para mí es la más bella de todas las ciudades. Mi obra siempre tiene como escenario a La Habana. A veces aparecen otras, italianas como Florencia o Venecia, hermosas y atractivas. Pero la capital de Cuba posee tal ternura y calidez, que no podría vivir en otro lugar."
-¿Por qué la ternura es una palabra tan reiterada en tu literatura?
"A lo mejor por carencia. Es una palabra que busco mucho. Para mí la ternura, además de esa suerte de erotismo con cariño, es un sentimiento muy completo."
-A veces en tus creaciones el drama se complejiza hasta trastocarse en comedia. ¿Reconoces ese toque irónico y de fino humor en cuanto escribes?
Entre las cosas que más disfruto de la vida es compartir con personas que posean sentido del humor. Aborrezco la solemnidad. Al leer mis primeros poemas, donde apareció sin pedir permiso la ironía, algunos me consideraron algo subversiva y transgresora. Tuve que luchar mucho para imponer la ironía en mi obra como un elemento más de la vida. Porque la vida está llena de ironías, y a veces ellas nos salvan de la tragedia y la cursilería."
-¿Algo inherente a los cubanos?
"Ese distanciamiento, el sentido del humor, la facilidad para salirse de las tragedias de la manera más constructiva, es propia de los nacidos en este país. Semejante actitud nos da fuerzas para transformar, reírnos hasta de nosotros mismos y superar los problemas."
-¿Prevé un futuro para sus creaciones?
"Vivo con lo que se me presenta, no preveo nada, no tengo proyectos a grandes plazos. Ahí reside mi pequeña libertad."
-¿Abandonaste por siempre el periodismo?
"Tengo unas ganas tremendas de hacer un periodismo acorde a mi carrera literaria, más matizado, no como el que realicé durante quince años para las agencias de prensa. A veces coopero con algunas revistas culturales tratando de mantener esa especie de colaboración periodística mezclada con la literatura. Siempre el periodismo, de un modo u otro, ha estado presente."
-¿Cómo explicas ese tránsito anunciado en tu propia obra, del cuento corto a modalidades narrativas más extensas?
"Eso está pasando en mi obra con mucha dificultad pero está sucediendo. Llevo casi tres años escribiendo una novela que se me resiste mucho, por la ya consabida tendencia a la síntesis, heredada del periodismo y la poesía. Es para mí un reto muy importante que no quiero apresurar. Estará cuando esté, así me demore diez años. Sólo quiero que me quede bien."
-¿Ese reto responde a cierta moda entronizada en nuestros días que coloca a la narrativa en un sitio privilegiado del mercado, o responde a una necesidad profesional?
"La moda de considerar más al escritor de narrativa cuando escribe una novela, existe. Es como el género que consagra a un prosista. El cuento se ve como un paso para llegar a esa forma superior.
"De todas maneras, no se trata de renunciar a un género por otro, porque conjuntamente con esa novela tengo abierto un libro de cuentos y sigo escribiendo mis poemas. Para mí es una prueba como escritora (hay cosas que no caben en un formato pequeño) y una necesidad profesional."
-¿Esta novela responde a la tradición a que nos tienes acostumbrados, al abordar situaciones de la cotidianidad sobre todo desde el prisma femenino?
Absolutamente, se basa en esos presupuestos.
-Poesía, cuento y novela... ¿cuáles son sus diferencias?
"La poesía es un estado emocional más que un ejercicio profesional o un oficio. El cuento es una forma breve que debe resultar muy convincente porque la historia que quede allí será como un fragmento de la cotidianidad que estás viviendo. La novela es algo mucho más complicado, en el sentido de que pueden intervenir en ella el cuento y la poesía al mismo tiempo: estados emocionales, la realidad, reflexiones filosóficas... es un género que los compendia a todos."
-Tus obras rezuman una preferencia marcada por el realismo ¿qué lugar ocupa la imaginación en tu universo?
"Soy poco imaginativa, debo confesarlo. Quizás la imaginación funciona en mí como sublimación de ciertas situaciones y defensa ante una realidad demasiado cruda que pueda afectar a las personas que intervienen en ella. Sólo expurgo los elementos autobiográficos que pudieran evidenciarse dentro de lo que escribo.
-¿Qué pudieran o que existen?
"Bueno, eso permíteme reservármelo."
-¿Será ese el motivo de tu entrega a la literatura?
"A estas alturas creo que la literatura forma parte de mi personalidad. Viene en mi información genética. Ya ni siquiera trato de explicármela. Sería como dar respuesta a por qué tengo el pelo de este color o me levanto todos los días y lo primero que hago es tomarme una taza de café: está incorporada a mis vivencias."
-De tan cotidiana ¿es un hábito?
"Una necesidad y un placer que se transformaron en hábito, porque empezó y sigue siendo eso: placer y necesidad."
UN AIRE DE FAMILIA
-¿Encuentras diferencias entre la literatura escrita por mujeres y la escrita por hombres?
"Todavía me hago esa pregunta. Y a mi modo de ver creo que sí. Al igual que hay diferencias biológicas, fisonómicas... entre ser mujer y ser hombre, así mismo deben aparecer en la narrativa y la poesía. O sea, que alguna marca lleva la literatura escrita por nosotras."
-¿Cuáles serían esas marcas?
"Esto es muy arriesgado, porque todavía no está fundamentado y no poseo todo el rigor científico para concluir algo. Pero sí creo que la literatura escrita por mujeres profundiza en asuntos del universo privado, íntimo, que los hombres exploran raramente. Ellos tienden más a recrear los hechos concretos y nosotras los estados de ánimo, el por qué de las cosas; tratamos de ponernos en el lugar del otro. Es un mundo más reflexivo."
-¿Cómo caracterizaría a la generación a la que pertenece?
"En realidad no sé muy bien qué son las generaciones. Existen diversas definiciones, algunas marcadas por la época, lo cronológico... Diría que poseemos un aire de familia. Nos caracterizan la utopía, las ilusiones, la fe, con mucha sensibilidad, emotividad y ternura."
-Estatuas de Sal, esa suerte de antología que realizaste junto a Mirta Yáñez, incluye a escritoras contemporáneas de adentro y fuera de Cuba. ¿Razones?
"Mirta y yo pensamos que nuestra literatura siempre va a ser una sola dondequiera que se escriba. Sería una omisión imperdonable excluir a ciertas autoras que viven fuera de Cuba. Estaría incompleto ese panorama general que nos proponíamos: una síntesis de la cuentística femenina cubana desde sus orígenes hasta la actualidad. No nos impusimos ninguna constante temática ni formal. Queríamos reunir una gran cantidad de textos con sus particularidades. Tratamos de incluir a la mayor cantidad de colegas posibles, aunque de ningún modo estamos satisfechas. No es fácil obtener información sobre las que residen en otros países. Todavía muchas se nos quedaron fuera y quizás en próximas ediciones podríamos incluirlas."
-¿Qué peculiaridades de la cuentística escrita por mujeres cubanas les reveló ese panorama?
"Notamos que existía mucha más literatura escrita por mujeres de la que se había querido reconocer. El panorama era vasto y daba para más. Hubiéramos publicado dos tomos de la antología a juzgar por el material recopilado. Y ese mito de que nosotras nos dedicamos fundamentalmente a la poesía era sólo eso, un mito. Muchas autoras, incluso antes de 1959, incursionaron en la prosa, pero estaban olvidadas o sus obras no constaban en antologías ni historias literarias.
"Después, resaltaba el poder de fantasía y experimentación de esas mujeres, mucho mayor en nuestra opinión, que el de literatura escrita por hombres. Sin que esto signifique que ahora iniciemos una competencia: en verdad las dos se complementan. Abundaba la incursión en lo fantástico, el absurdo... temáticas nada profusas en la Cuba de los años sesenta del pasado siglo. Y pensamos que quizás ese olvido se debía a cierta preeminencia entonces, de una literatura más realista y épica, poco frecuentada por las escritoras."
-La literatura escrita por tus compatriotas ¿dista de la creada por otras colegas en el mundo?
"Al contrario, tienen muchos puntos en común. Pero sin pecar de chovinista, he descubierto en la que escriben las mujeres cubanas una profundidad inusual. Quizás porque el mercado ha convertido a la literatura escrita por mis congéneres en un tópico y hay quien escribe a sabiendas de cuáles son los clisés, convirtiéndola en algo demasiado fabricable.
"En Cuba abunda una literatura escrita por mujeres que no se basa en los tópicos tradicionales asociados a ellas y que quiere ser universal y abarcar una gama amplia de temas. Sobre todo, se aborda la esfera de lo privado de una manera muy recurrente. Se apela más al universo sentimental que a la anécdota. Importa más lo que siente la narradora, que lo que ha vivido."
-¿Es difícil imponerse como escritora y mujer de estos tiempos en Cuba?
"Ser mujer es muy difícil. Y esa condición no te marca tanto en lo que escribes sino en lo que vives. Pero estas dos cosas llegan a imbricarse de tal modo, que no sabes si lo que escribiste es lo que viviste, o lo que viviste ha sido lo escrito. Es difícil navegar en un universo antes atributo sólo de hombres. Me parece que mi generación empezó a destronar el reinado casi exclusivo de los hombres en la literatura cubana y sobre todo en la poesía. Se dieron muchas grandes poetisas como Reina María Rodríguez, Soleida Ríos... Ahora se dice fácil, pero costó mucho trabajo.
"Me han ayudado los premios literarios que he ganado. Ellos me han impuesto desde un reconocimiento en el que no creo demasiado, porque sé que los premios responden a determinadas variables que no son únicamente el talento del escritor. Pero realmente han propiciado que se me tome en cuenta en el panorama de la narrativa contemporánea o de la poesía.
"Donde más difícil resulta esa imposición es a la hora de ejercer el criterio. No sé por qué, a menudo las opiniones de las mujeres son menos tenidas en cuenta. Se nos cita poco a mesas redondas, a no ser para hablar del tema específico de la literatura escrita por nosotras. Pero si se trata de una confrontación, un debate sobre la narrativa o la poesía, la mayoría de las veces son los hombres los invitados. Es algo curioso a lo que todavía no le encuentro otra explicación como no sea la subestimación. Menos profundamente, seguimos siendo una sociedad machista. No sé cuándo podremos desterrar del todo esa práctica excluyente según la cual la mujer no es buena en las cosas de la razón y sí en las del corazón."
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