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Así,
tomando como título el
nombre de aquella
canción memorable
lanzada al aire desde el
escenario del Festival
de Varadero —que
estremeció a muchos,
disgustó a unos cuantos
y reafirmó la ética de
la nueva trova que
nacía—, quiero repasar
en esta crónica algunas
de las acciones
culturales visibles y
activas en la labor
actual de Silvio.
Voy a hacerlo, como es
de suponer, desde la
óptica del cómplice
comprometido con los
valores, los principios
y los riesgos que hemos
compartido durante
décadas. Y lo haré
tomando, muchas veces,
las voces (sonoras o
digitales) que han
aparecido en estos
diálogos, para difundir
las propuestas que
traen, las opiniones que
encierran (o abren) y
contribuir a ese acto de
responsabilidad y riesgo
tan necesario entre
nosotros: el debate.
Es indispensable
comprobar y destacar, en
primer término, un rasgo
que define todo ese
proceso creativo del
trovador en estos
momentos: su vitalidad.
Ello se demostraría
mencionando ahora,
brevemente, algunos de
los temas que se
abordarán aquí y que
corresponden a programas
o acciones culturales
que Silvio viene
desarrollando con
sistematicidad y rigor.
Estaría en primer lugar,
por supuesto, su
producción artística:
los discos sucesivos de
estos últimos años que
no resultan
compilaciones de temas
antiguos reelaborados,
sino que incluyen
canciones nuevas (o
canciones de años
anteriores, pero
inéditas), que dan fe,
por otra parte, de la
intensidad de su mirada
sobre los contextos más
sensibles y actuales de
nuestra realidad. Son
canciones y discos en
los que se complementan
la sabiduría de la
experiencia en el
oficio, la poesía como
herramienta fiel de
comunicación y la
agudeza del abordaje
participante y crítico,
como debe ser.
Por eso escribí/dije a
propósito de la
aparición de Segunda
cita:
En este tiempo de
búsquedas,
reafirmaciones
necesarias y cambios
imprescindibles en
diversas esferas de la
vida social, atendamos a
la palabra del poeta: …a
ver si al fin la lucidez
del alma nos visita.
Si no hemos ido logrando
ser un tilín mejores
desde aquella primera
cita con los ángeles de
la luz y de la historia
universal, esta segunda
convocatoria (en la que
el trovador paga deudas
con “las cuitas de los
ángeles de mi tierra”)
también parece decirnos
que es posible —siempre—
intentarlo de nuevo. (…)
Y siempre, eso sí, con
el amor y siempre,
también, con la
imaginación que es, como
sabemos, esa otra forma
de la belleza que el
amor llama compromiso.
A esta labor creadora
que conserva su frescura
y su calidad —alejada de
tópicos y esquemas que
la empobrecerían— habría
que agregar los
programas, las acciones,
las labores culturales
que el trovador anima
entre nosotros: el sello
editorial Ojalá, el blog
Segunda Cita, el
sitio web Zurrón del
aprendiz, el Premio de
Creación Ojalá, la gira
por los barrios…
Como decía, la simple
enumeración de esos
proyectos y
realizaciones impresiona
por su número, su
intensidad y su
diversidad. Habría que
agregar, de inmediato,
una característica
esencial: están
realizados por un
pequeño equipo de
trabajo, activo y
comprometido con los
objetivos que se
persiguen.
En ese sentido esta
experiencia puede
constituir un referente
útil para las
instituciones
elefantiásicas, en las
que proliferan las
plantillas y las
estructuras
sobredimensionadas que
tienden a establecer
mecanismos burocráticos
e inmovilizantes.
Además de la incursión
de Ojalá en el terreno
editorial, que ha
permitido la difusión
masiva entre nosotros de
títulos como
Cancionero o Las
canciones del mar,
Silvio ha establecido y
desarrollado un canal de
comunicación de
extraordinaria
importancia utilizando
las posibilidades de las
nuevas tecnologías: el
sitio web Zurrón del
aprendiz (www.zurrondelaprendiz.com)
y el blog en evolución
Segunda Cita (www.segundacita.blogspot.com).
El sitio ha permitido
contar con una fuente
autorizada de
información sobre la
obra del trovador. La
generosa —y generalmente
bien intencionada—
proliferación de sitios
“de Silvio Rodríguez” en
Internet difunde, sin
embargo, textos
erráticos o
informaciones
incompletas sobre la
vida y la obra del
trovador. El sitio
propio creado
recientemente por él
permite acceder a los
textos definitivos de
todas sus canciones, así
como a una amplia
muestra informativa y
fotográfica, útil para
la investigación, el
estudio o el disfrute.
El blog que Silvio creó
hace dos años constituye
una experiencia muy
importante. En primer
término, tiene una
característica
probablemente única: es
atendido de manera
directa por el trovador,
que participa en
diálogos, debates e
intercambios diarios, en
un tono amistoso y/o
familiar con los
segundaciter@s.
Generalmente, los
espacios de grandes
figuras de la canción u
otras manifestaciones
artísticas en la Red son
llevados por asesores o
equipos de especialistas
que “atienden” o dan
respuesta a preguntas,
inquietudes o
solicitudes de la legión
correspondiente de
fans. Aquí vemos
—leemos— al trovador
interesándose por la
salud de una amiga
virtual en Argentina u
ofreciendo su opinión
abierta —a favor o en
contra— sobre algún
comentario enviado esa
mañana al blog.
A través de esa
participación directa,
personal, se ha creado
una comunidad de
segundaciter@s que
desde lugares de cuatro
continentes sigue el
intercambio de
informaciones, anécdotas
y criterios. Este blog
pudiera verse como una
expresión de la utopía
en este terreno de la
comunicación, el
intercambio, el debate,
la crítica y la
participación. Que
florezcan mil Segunda
cita entonces, con
esta visión rigurosa y
participativa que no
desdeña la
responsabilidad y el
riesgo. Los blogs no son
la solución, pero son
parte de la solución.
Una parte pequeña
probablemente, sobre
todo por las capacidades
tecnológicas actuales y
la utilización que se
hace de ellas.
Debatiendo allí el tema
de las deficiencias, los
alcances y la
importancia decisiva de
nuestra prensa, Silvio
escribió en Segunda
cita:
El "Granma de los
viernes", que la gente
empezó a esperar porque
(aun con limitaciones)
plantea cosas que antes
ni se mencionaban, es
tergiversado y
re-dirigido por la
prensa anticubana...
Usan contenidos como
"Hasta los comunistas
reconocen el
desastre"... "no les
queda más remedio que
decirlo". Pero escriben
así porque no tienen qué
decir ante la honestidad
y, de paso, para que los
que deciden el curso de
la información en Cuba
se arrepientan. No dudo
que en algunas
situaciones lo hayan
conseguido. Los
dirigentes de nuestra
prensa deben convencerse
de que lo imperdonable
es que el pueblo cubano
sea informado por
quienes lo quieren
llevar al matadero. Es
mil veces preferible
pasarnos en apertura que
no llegar. En definitiva
de lo que se trata es de
que circule el
pensamiento y haya
debate. La coherencia de
la Revolución y los
logros de Cuba ganarán
la pelea.
A propósito del
comentario de una
segundacitera
latinoamericana escribí
en el blog hace pocas
semanas que la mejor
manera de apoyar, ayudar
(rendir homenaje
también, cómo no) a lo
que ha hecho y defendido
el pueblo cubano en
estos años es tratando
de analizar, descubrir,
ver, compartir
transparentemente los
aciertos pero también
los errores. Como
enseñanza personal y
como lección para los
demás. Siempre he
admirado mucho la
claridad de un hermano
(una de sus tantas
claridades nacidas de su
mirada a la América
Latina), de Eduardo
Galeano, cuando dijo que
no estaba de acuerdo con
el infierno terrible que
pintan los enemigos de
Cuba, pero tampoco con
el paraíso perfecto que
amigos queridos se
esfuerzan en dibujar
—aunque esto parta de un
propósito noble: el de
apoyar y defender la
justicia del proyecto y
la valentía del pueblo
que lo realizó—.
El tema de la juventud
cubana también ha estado
entre las preocupaciones
y los intereses de los
integrantes de esta
comunidad virtual. Lien,
una segundacitera
de las provincias
orientales cubanas,
habló de “desarrollarnos
con los jóvenes (para
nada timoratos)
comprometidos y con
sentido de pertenencia a
su país (…) ansiosos de
jugar su papel de
continuidad, resistencia
y cambios, de hacer su
Revolución, la que le
toca hacer ahora”.
Efectivamente, según
otras intervenciones,
ese territorio, el de
los jóvenes, tampoco es
el de las perfecciones
imposibles, pero ahí
está la fuerza futura
mayor, que debe asumir
sus responsabilidades
más temprano que tarde
—y ya es casi tarde—
para terminar de
construir un sueño que
uno —nostálgico
revolucionario— quisiera
que no se desdibujara en
sus esencias, que
salvara las cosas
fundamentales por las
que tantos y tantas
hemos estado bregando
durante tanto tiempo.
Paralelamente, en
aquellos días, Silvio
ofreció una entrevista a
dos músicos argentinos
que se presentaron en
varias provincias de
nuestro país durante el
mes de julio. También a
través de ese eficaz
medio comunicacional que
es la entrevista
(escrita o filmada)
Silvio continúa
participando
sistemáticamente en los
debates sobre temas
esenciales del momento:
La juventud cubana de
hoy es diversa, es una
juventud que creció en
un país donde todo era
del estado y el estado
tenía la responsabilidad
de dárselo todo. Poco a
poco hemos ido
descubriendo que esa
forma de ser no
garantiza, como se creyó
al principio, que todos
los aspectos de la
sociedad funcionen como
debieran funcionar. Y
ahora estamos
reconsiderando ese
fenómeno a nivel social,
lo que implica un cambio
de mentalidad y de
realidad bastante
grande.
Tenemos una juventud que
por una parte tiene la
conciencia de estar en
un país con muchas
dificultades y que tiene
influencia de cómo es la
vida en otros lugares
del mundo, porque hoy en
día la información viaja
con mucha velocidad de
un lugar a otro. Es una
zona de la juventud que
sabe, que más preguntas
se hace y que trata de
profundizar en el origen
de los problemas que
tiene. Y hay otra parte
de la juventud, como las
juventudes de todos los
lugares, que se hace
menos preguntas o que es
menos profunda y
entonces asume la vida
con más superficialidad.
Esa intensa actividad
mediática, comunicadora,
llevada adelante en los
territorios virtuales,
está siendo acompañada
desde hace dos años por
otra de signo
aparentemente contrario:
los conciertos
realizados en los
barrios más
desfavorecidos de la
capital. Más de 20
presentaciones han
llevado a esos lugares
las canciones de Silvio,
sus músicos y otros
artistas invitados.
Estos conciertos no
resultan en realidad
algo nuevo en la labor
del trovador.
Estuvieron, muy al
principio, los parques
iniciales, iniciáticos,
donde compartía con sus
jóvenes amigos la magia
de las canciones recién
creadas y la complicidad
de los pequeños grupos
de personas afines que
admirábamos la
complejidad y belleza de
sus canciones, cuando
todavía no habían
aparecido en el
horizonte los escenarios
para sus presentaciones.
Después aparecieron esos
escenarios —los pequeños
y grandes escenarios—
que Silvio y los
fundadores de la Nueva
Trova asaltaron a punta
de tenacidad y de
imaginación.
Metafóricamente, para el
trovador, el barrio
podía ser un barco
pesquero en altamar
frente a las costas de
África, y aún la tierra
misma de aquel
continente en los días
de la guerra de Angola,
a donde el trovador fue
a compartir canciones y
riesgos con sus
compatriotas y con los
combatientes angolanos.
Han estado también esas
jornadas de canción y
arte en los
establecimientos
penitenciarios que
Silvio llevó adelante
para contribuir al
fortalecimiento de la
dignidad de aquellos que
lo necesitan, a partir
de la confianza y la
autoestima.
Personalmente, me ha
alegrado mucho acompañar
la mayoría de estos
conciertos en los
barrios porque son
iniciativas espontáneas
y queribles, nacidas de
las ganas de compartir,
de enseñar aprendiendo.
No se viene a traer
la cultura a estos
barrios, la cultura, en
su sentido más abarcador
y más profundo, ya está
aquí: en la manera de
caminar, de bailar, de
mirar o de hacer el
amor, en todo lo que
genera la gente en su
relación con los otros,
con el entorno, con el
mundo.
Se viene a compartir
esa expresión artística
hermosa y comunicadora
que son las canciones de
Silvio que han
acompañado, enriquecido,
complejizado las vidas
de varias generaciones
de cubanas y cubanos (y
no solo en nuestra
Isla).
El barrio es una célula
viva de la sociedad y de
su gente. Estos
conciertos vienen
también a recordarnos la
necesidad de activar la
inteligencia latente, de
reavivar y revivir los
mecanismos locales, a
favor de la búsqueda de
la felicidad de la
gente. Por ello
seguramente, un vecino
de esos barrios escribió
en el portal
Cubadebate, a
propósito de una crónica
publicada allí:
“Felicito a la autora y
les doy mil veces las
gracias a Silvio por
acordarse de la parte
olvidada del pueblo,
ojalá todos los artistas
y los que no son
artistas se acordaran de
nosotros de vez en vez…”
Acompañar estos
conciertos también me ha
traído la maravilla de
ser testigo de estas
maravillas. Asistir a
esta expresión de lo
popular desde lo popular
mismo; ver y escuchar a
una señora gritar desde
la segunda fila: “¡Te
descargo, Silvio!”;
sorprender en La Hata a
un hombre, de postura
desafiante y cara de
pocos amigos, diciéndole
de pronto a la mujer que
tenía a su lado, al oír
los primeros acordes de
la próxima canción: “Esa
es la mía, mamita”, y
enseguida ponerse a
tararear la tierna letra
de “llega el enanito”.
El hombre —el ser
humano— es infinitamente
más complejo que lo que
algunos suponen —o
proponen—. El arte —el
buen arte— tiene esa
capacidad de develar, de
descubrir, de
interrogar, de avizorar,
de susurrar emociones y
comunicar contenidos
profundos y sensaciones
múltiples.
Estos conciertos que se
realizan, directamente,
en el hábitat de la
gente que viene a
disfrutarlos son, al
mismo tiempo, pequeños
laboratorios donde se
mueven esos conceptos y
se evidencian —en las
imágenes y en los
sonidos— los
formidables vasos
comunicantes que van de
lo popular a lo
establecido y aceptado
como culto y que ponen
en tensión las barreras
—cada día más débiles—
que la apreciación
académica de la cultura
propone o a veces trata
de imponer. Los tríos de
Haydn, interpretados por
Niurka González y sus
acompañantes, sonando en
el aire del barrio de
“Los sitios”, dan fe de
esos misterios.
Este era el resumen de
noticias que quería
compartir con ustedes,
alrededor de esa
vocación compartidora y
analítica que el
trovador viene
desarrollando tan
sistemáticamente entre
nosotros. Sé que muchos
se admiran de esa
capacidad para entregar,
compartir y distribuir
el tiempo personal entre
tantos fértiles
territorios.
Si se buscan confesiones
personales al respecto,
pueden servir estas
frases que aparecieron
en Segunda Cita:
Lo vengo diciendo desde
septiembre del año
pasado, cuando empezamos
en La Corbata: estamos
haciendo una gira por
los barrios que más nos
necesitan, por los más
desfavorecidos de
nuestra capital. También
les llaman marginales,
pero a mí no me gusta
decirles así. Porque en
todos nos reciben niños
educados, con zapatos,
con escuelitas y casas
del médico de la
familia. En todos hay
duros y abnegados
trabajadores y familias
decentes, aunque por las
mismas calles puedan
deslizarse bribones y
violentos. Nosotros
cantamos para todos. La
música hace como un alto
al fuego. Los fieros se
amansan y sale lo que
tienen de novios, de
hijos y de hermanos. Y
el vecindario se vuelve
una familia unida,
sonriente, como
aplaudiéndose a sí mismo
la maravilla que es
capaz de ser.
“Mientras más barrios
visitamos, más me alegra
haber emprendido este
trabajo”, nos dijo el
trovador después de
Mantilla y al borde de
Pocitos-Palmar, sus
locaciones de aquellos
días (…) “Mientras más
duras las realidades,
más buena la cultura.
Mientras más necesidad,
más gratitud”.
Sí, la cultura pensada
de esta forma, traída de
esta forma, sentida de
esta forma. Como un acto
complejo, irreverente,
humanísimo de amor. O
como este resumen de
noticias. |