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La apropiación de los
legados que ha dejado la
tradición rebelde
latinoamericana
constituye una de las
mejores herramientas
intelectuales de cara a
los peligros que impone
a la humanidad un modelo
global depredador.
Repensar la manera en
que se ha construido esa
historia, y otorgar
espacio a quienes fueron
soslayados por razones
clasistas y
discriminatorias, es una
faena que ocupa a los
intelectuales
conscientes, como
Guerra, de que también
en estos cambios de
paradigmas globales se
albergan la
sobrevivencia y justicia
humanas.
Recientemente participó
en el II Encuentro de
Historiadores del ALBA,
celebrado en Venezuela.
Coméntenos sobre su
experiencia en esa cita.
Así es, tuve la
oportunidad de
participar como ponente
invitado al encuentro,
desarrollado del 23 al
27 de julio de 2012 en
el Archivo de la Nación
de la República
Bolivariana de
Venezuela. Este evento
dio continuidad a los
coloquios inaugurados en
julio de 2010 en Buenos
Aires por el Centro
Cultural de la
Cooperación Floreal
Gorini, con el
coauspicio del Fondo
Cultural del ALBA, y al
que también asistí en
representación del Grupo
Nacional del
Bicentenario de la
Independencia de América
Latina adscrito al
Ministerio de Cultura.
En este segundo
encuentro figuraron como
ponentes 15
intelectuales de 11
países latinoamericanos,
lo que le dio una
trascendencia mayor,
pues en el anterior solo
participamos cuatro
historiadores. Como
parte de las actividades
del II Encuentro
estuvimos en el Palacio Miraflores en el acto
donde el presidente Hugo
Chávez reveló el rostro
digital de Bolívar y en
la preinauguración del
Mausoleo del
Libertador.
El programa del cónclave
también incluyó dos días
de actividades en
diversos estados por
parte de los ponentes
invitados. A mí me
correspondió el estado
del Táchira donde di una
conferencia y fui
entrevistado por
distintos órganos de
prensa escrita y radial,
así como por el canal
Vive TV.
Considero que este
evento fue un éxito, lo
que se refleja en la
repercusión que tuvo en
los medios venezolanos,
la atención dispensada
por el propio presidente
Chávez y la presencia de
muchas personas
interesadas tanto en la
sede principal en
Caracas como en los
diferentes estados
venezolanos.
¿Cuál es, a su juicio, la
principal significación
de un evento como este,
atendiendo a las
condiciones del contexto
contemporáneo en la
región?
Se trata de un
importante esfuerzo de
los historiadores de
nuestro continente por
estar a la altura de los
procesos de cambio que
vive la América Latina
hoy. Por eso, el énfasis
puesto en casi todas las
intervenciones, tanto de
los ponentes como de los
participantes y
observadores que
abarrotaban el salón de
sesiones, en la
necesidad de rescatar la
historia oculta de las
luchas populares de
nuestros pueblos y de
los movimientos sociales
y antimperialistas de la
región, de los héroes
anónimos del pueblo, los
verdaderos protagonistas
de la historia. De ahí
el interés por propiciar
un mayor conocimiento de
la verdadera historia de
los países
latinoamericanos,
reivindicando a los
excluidos y marginados,
así como los valores
nacionales y
patrióticos, rescatando
el papel formativo y
educativo de la
historia. Fue, en pocas
palabras, un esfuerzo
colectivo por dirigir la
mirada de los
historiadores y de la
historia misma hacia
estos temas obviados por
la historia oficial
tradicional.
En las conclusiones del
Encuentro Luis Pellicer
dijo que “los
historiadores estamos
obligados a hacer un
esfuerzo de reflexión y
una crítica a la
historiografía creada
por la derecha en
nuestros países para
justificar las
relaciones de
desigualdad, dominación
e implementación del
Estado liberal burgués
como única forma de
superación de nuestras
sociedades”. ¿Cómo
pueden concretarse estas
aspiraciones? ¿Cuál
sería el apoyo que en
este sentido pudiera
ofrecer la Red de
Intelectuales y Artistas en Defensa
de la Humanidad?
En la última sesión se
aprobó una declaración
de los historiadores del
ALBA en la que se recoge
el espíritu de ese
planteamiento que
mencionas y que de una u
otra manera dominó, como
he dicho, las
intervenciones que se
hicieron en el II
Encuentro. Precisamente,
para que ese llamado no
caiga en suelo infértil,
se planteó la necesidad
de regularizar estos
encuentros cada dos años
y quedó abierta la
posibilidad de hacer el
siguiente en Quito,
Ecuador, en el 2014.
Ahora bien, no se trata
de reunirnos cada cierto
tiempo para hacer una
especie de catarsis
colectiva, sino de
impulsar en serio una
nueva forma de
investigar, enfocar y
divulgar la historia de
nuestros pueblos. Por
ello hay que hacer
conciencia entre los
intelectuales,
historiadores,
pedagogos, maestros y,
en general, entre toda
la población de nuestros
países, de la urgencia
de avanzar en esa
dirección.
Es en este sentido que
la Red en Defensa de la
Humanidad ha jugado,
juega y debe seguir
jugando un papel
destacado; en crear
conciencia sobre estos
temas y en la búsqueda
de mecanismos y fórmulas
que faciliten la lucha
por alcanzar estos
objetivos medulares.
¿Qué experiencias de
difusión y
redimensionamiento del
trabajo de la Red de
Intelectuales y Artistas en Defensa
de la Humanidad
existieron en el evento?
Lamentablemente la Red
de Intelectuales y
Artistas en
Defensa de la Humanidad
fue la gran ausente del
coloquio de Venezuela,
pues en la práctica no
se aludió a ella, cuando
en realidad los
antecedentes del
Encuentro de
Historiadores del ALBA
están precisamente en la
Red en Defensa de la
Humanidad. Por eso en el
evento de Caracas,
cuando me correspondió
hablar en la sesión
final, aproveché para
mencionar la importancia
de la Red de
Intelectuales, que es,
en mi criterio, el
precedente inmediato de
estos encuentros de
historiadores del ALBA.
En concreto, recordé que
en la mesa En Defensa
de la Memoria,
desarrollada en la
propia Caracas por
iniciativa de la
Asociación de
Historiadores
Latinoamericanos y del
Caribe (ADHILAC), que
formó parte de aquella
reunión fundacional del
1 al 5 de diciembre de
2004 denominada
Encuentro Mundial de
Intelectuales y Artistas
en Defensa de la
Humanidad, se trataron
en profundidad muchos de
estos temas.
Fue allí también donde
cobró cuerpo la Red de
los Intelectuales y
Artistas En
Defensa de la Humanidad.
Prueba de ello es que
las problemáticas
debatidas entonces en la
mesa En Defensa de la
Memoria, que reunió
a decenas de
historiadores y cientistas sociales de
diferentes países,
fueron, entre otros, la
manipulación de la
historia contra los
movimientos populares;
la necesidad de pasar
de una historia de las
elites hacia una
historia de la
resistencia y las luchas
populares; así como
desarrollar el
pensamiento integrador
de Nuestra América, en
particular las ideas de
Simón Bolívar y José
Martí.
Estas necesarias y
justas referencias al
trabajo desarrollado por
la Red de Intelectuales
y Artistas en Defensa de la
humanidad las hice
aprovechando la entrada
en el salón de sesiones
de la Dra. Carmen
Bohórquez, que ha tenido
un papel destacado en
este empeño de la
mencionada Red. Eso
propició que en el
debate final, que siguió
poco después de mi
intervención, se
aludiera por alguno de
los presentes en el foro
a la Red En Defensa de
la Humanidad y a aquel
encuentro anterior en
Caracas.
¿Cómo evalúa el rol que
juega y pudiera jugar
esa Red en las actuales
condiciones del
continente
latinoamericano?
Desde su creación, la
Red en Defensa de la
Humanidad ha salido a la
palestra oportunamente
cada vez que una
situación internacional
crítica lo ha requerido.
En ello ha tenido un
papel de vanguardia,
esclareciendo muchos
problemas del mundo de
hoy, condenando las
injusticias y llamando a
la solidaridad con las
mejores causas del
planeta. Desde esta
perspectiva, la Red ha
jugado un papel singular
que debe seguir
teniendo. Pero creo debe
ser cada vez más un
esfuerzo colectivo de
creación, abierto a
nuevas ideas y vías, de
manera que alcance la
mayor influencia
posible.
¿Qué fortalezas y
debilidades advierte en
el trabajo y
funcionamiento de la Red
en Defensa de la
Humanidad? ¿Cuál sería
su trascendencia
histórica?
Las fortalezas son
muchas y tienen que ver
con el prestigio
alcanzado y la amplia
participación de
intelectuales y
organizaciones sociales
que de alguna manera ha
logrado integrar. En
este sentido radica, a
mi juicio, su
trascendencia histórica.
Sin embargo, debe
perfeccionar su trabajo,
buscar nuevas formas de
difusión y, sobre todo,
lograr una mayor
presencia en cuanto foro
de intelectuales se
celebre en el
hemisferio. No es una
meta fácil de alcanzar,
pero tampoco es algo tan
difícil. Basta que nos
lo propongamos y
trabajemos todos para
ese fin.
A poco tiempo de haberse
celebrado el
Bicentenario de la
Independencia de la
región, ¿qué nuevos
retos se imponen? ¿Cuál
es el papel que confiere
a los intelectuales en
respuesta a ellos?
En realidad, el
bicentenario de la
independencia de América
Latina lo estamos
celebrando desde hace
tiempo, pues nunca
podemos olvidar que
comenzó con los
levantamientos populares
de indígenas (Perú y
Bolivia) y esclavos
(Haití) a fines del
siglo XVIII. Además,
los años por venir están
preñados de
acontecimientos
memorables de la
historia de nuestros
pueblos que no podemos
olvidar.
Por solo citar algunos
ejemplos: este año
debemos conmemorar las
primeras constituciones
de los países
hispanoamericanos; el
año próximo el
bicentenario de la
Campaña Admirable de
Bolívar y de su
proclamación popular
como Libertador; en el
2014 dos siglos de la
gran sublevación
indígena de Pumacahua en
los Andes; en el 2015 el
de la visionaria Carta
de Jamaica y así
sucesivamente. Por eso,
el plan de trabajo
confeccionado por el
Grupo Nacional del
Bicentenario de la
Independencia de América
Latina proyectó acciones
hasta el 2030, cuando se
consideró se cierra este
ciclo bicentenario,
acontecimiento que se
simboliza con el fracaso
de los sueños de
integración
latinoamericana de los
próceres y la muerte del
Libertador en Santa
Marta.
Los historiadores e
intelectuales debemos
seguir aportando, desde
diferentes vías y
perspectivas, a la
difusión de estos
grandes hechos de la
historia de América
Latina, de manera que
contribuyan, como se
acordó en este II
Encuentro de
Historiadores de los
países del ALBA, a
afianzar y desarrollar
la conciencia
revolucionaria de los
pueblos de Nuestra
América. |