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El Festival
Internacional de Títeres
Rosete Aranda, de
Tlaxcala, México, uno de
los más antiguos eventos
de teatro de figuras en
Latinoamérica, celebró
del 19 al 28 de julio de
2012, su edición número
27 con nuevos
aires. Precedido por el
III Coloquio Teórico
Teatro de Títeres, Arte
e Interdisciplina:
Modelos de Formación
Contemporáneos, donde se
analizó la formación
profesional de los
titiriteros por
especialistas de
Argentina (Sergio Rower),
Cuba (Rubén Darío
Salazar), Canadá (Helen
Ducharme y Jacques
Trudeau), México (Raquel
Bárcena, Patricia
Hostos, Carlos Converso,
Guadalupe Alemán y Nadia
González) y Venezuela (Yraima
Vásquez y Alejandro
Jara). El cónclave tuvo
como sede el acogedor
Teatro Xicohténcatl de
la ciudad capital
tlaxcalteca, marco
propicio, además, para las
presentaciones de
valiosos títulos
destinados a enriquecer
el cuerpo reflexivo del
arte del retablo: Guiñol
de Oro, del Instituto
Nacional de Bellas
Artes, presentado por
Marisa Giménez Cacho; Retablo abierto, de
Rubén Darío Salazar,
Cuba, y la revista Creatósfera, dedicada
especialmente al evento
titiritero.
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Un vistoso desfile con
la participación de las
compañías participantes
más las agrupaciones
tlaxcaltecas, dio inicio
al esperado jolgorio
que incluyó esta vez
conjuntos de Argentina (Libertablas),
Cuba (Hilos Mágicos),
Colombia (Baúl de la
Fantasía), República
Checa (Karromato),
España (Jordi Bertrán,
Sombras chinas, de
Valeria Guglietti y
Axioma), Italia (Bruno
Leone), Venezuela (La
lechuza andariega),
Vietnam (Compañía de
títeres acuáticos) y el
país sede México
(Cornisa 20, Guiñoleros
UAS, La Matatena,
Marionetas de la esquina
—galardonados sus
hacedores Lourdes
Aguilera y Lucio Spíndola con el Premio
honorífico Rosete
Aranda—, y el Proyecto
Perla). Una coproducción
entre Figurat , también
de México, Distrito
Federal, y Motus, de
Canadá, aportó la puesta
en escena Berrinche.
Fueron parte de las
actividades paralelas al festival,
las muestras de libros y
carteles en la Casa de
la Cultura José Miguel Guiridi, la exhibición
de grabados inspirados
en los títeres,
realizados por artistas
del estado de Tlaxcala y
acogidos en el vestíbulo
del Teatro Xicohténcatl,
y la especial exposición
Los títeres de Pedro Carreón, en la Sala
Transitoria del Museo
Nacional del Títere de
Huamantla (MUNATI),
digno homenaje a quien
fuera maestro natural y
asequible, dueño de un
arte y una gracia
inigualable, también de
una estética particular
y puramente mexicana que
se suma a la de otros
maestros como Lola,
Germán y Mireya Cueto,
Roberto Lago y el aporte
inigualable de las
familias Rosete Aranda y
Espinal, entre otros
artistas inolvidables.
Discreta pero intensa,
sin aparecer en la
programación oficial del
festival, pero justo en
su ambiente, fue la
exposición Angelina Beloff: trazos de vida,
en el Museo Miguel N.
Lira, hermosa
institución que mostró
por esos mismos días
algunos muñecos,
escenografías y libros
de la pintora rusa
establecida en México, en
estrecho vínculo con la
época de oro de los
títeres en ese hermano
país.
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El panorama de
representaciones
teatrales, plato fuerte
de cualquier cita de las
tablas y los retablos,
estuvo bien nutrido. A
todos los espectáculos
no pude llegar
—algo
que ocurre en casi todos
los festivales—,
pero puedo dar fe de
algunas producciones que
encandilaron los ojos de
niños y adultos,
repletando el teatro
principal de la ciudad y
cuanto montaje viajó por
los municipios
tlaxcaltecas y otros
estados favorecidos con
las extensiones del
Rosete Aranda
Internacional número 27.
La Compañía de
Marionetas Hilos
Mágicos, de La Habana,
Cuba, cumplió todas las
expectativas con su
puesta El circo,
colorido y fascinante
recorrido por un circo
de hilos, cuyos muñecos
en su totalidad fueron
animados por Carlos
González, director
general de la
agrupación, hombre
consagrado a la técnica
de las marionetas y
sobre todo a trasmitir
a los jóvenes
integrantes de su
colectivo el legado
recibido de María
Antonia Fariñas y Eurípides La Mata,
pioneros de esta
manifestación en la isla
caribeña.
Karromato, de la
República Checa, con
mucho de sangre española
en uno de sus
integrantes, presentó el
delicioso Circo de
madera. Muñecos tallados
con el alma y animados
con la fuerza del
corazón; cada marioneta
proponía, además de su
imagen y forma de
animación, artilugios
técnicos que redondeaban
su característica
titiritera: producir
magia, asombro y la
clásica pregunta ¿pero
cómo pueden esas figuras
hacer lo que hacen?
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Circo de madera,
Teatro Karromato |
Sombras chinas, grupo
mitad español, mitad
argentino, lo que
demuestra que la raza
titiritera es de una
estirpe multiétnica,
dueña de los caminos y
los teatros, trajo la
técnica de las sombras
al festival con el
espectáculo No toquen
mis manos. El montaje de
Valeria Guglietti apela
al cine mudo, el cómic y
otras referencias a la
actualidad para conectar con un
público familiar que
queda encantado por su
destreza y gracia
particular.
Con Cuentos al derecho,
presentó credenciales el
prestigioso grupo
argentino Libertablas.
Los personajes de los
cuentos clásicos son
traídos a escena por una
actriz especial: Mimí
Rodríguez, dueña de una
gracia y ternura que
logra conquistar en
minutos al respetable.
Ora a través del canto,
a través de la risa, la
reflexión o de preguntas
incómodas sobre los
derechos de los niños,
violados en el mundo una
y otra vez, la puesta de
los argentinos llega al
final cumpliendo su
principal aspiración,
dejarnos deleite
escénico más un sinfín
de interrogantes sobre
el tema esencial que
exponen dramáticamente.
Axioma, de Almería, en
España, propuso el viaje
fantástico de Violeta,
una niña que con
resonancias de los
cuentos de hadas,
sugiere desde sus
aventuras y encuentros
una historia de
aprendizajes y
cuestionamientos. Los
titiriteros de Almería
acuden a las calles de
luz, la animación a
cuatro manos, la luz
negra, disímiles
técnicas de animación y
a la ayudantía escénica
imprescindible para
narrar las peripecias de
su personaje
protagónico.
El maestro Jordi
Bertrán, regresó las
marionetas al escenario
del Xicohtencatl de
forma magistral. Su
unipersonal Antología,
que data de 1987,
mantiene fresca la
gracia y virtuosismo de
los muñecos y de su
reconocido animador.
Siete escenas musicales
desfilan ante un público
mixto, yendo del cabaret
al circo, de personajes
famosos a seres
fantásticos, como ese
que crea pompas de jabón
y humo ante nuestros
ojos, haciéndonos notar
que los límites de la
imaginación en el teatro
de figuras es el propio
hombre quien los dicta.
Cierro mi recorrido por
las producciones que
disfruté
en el festival, con
Pato, muerte y tulipán,
del Proyecto Perla, una
puesta en escena de
Haydee Boetto inspirada
en las ilustraciones y
textos del libro del
mismo nombre del autor
alemán Wolf Erlbruch,
que demuestra que en
México se hace teatro de
títeres con todas las de
la ley. Unas actrices
titiriteras que cumplen
su rol perfectamente,
tanto el de comunicar
como el de animar; un
concepto escénico de
diseño y representación,
enlazado con los aires
actuales de la escena
con figuras; banda
sonora impecable,
soluciones y detalles
dramáticos que van del
intelecto a la ternura
infantil sin perder un
ápice de su principal
inspiración: el tema de
la muerte tratado desde
la vida.
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Pato, muerte y
tulipán.
Proyecto Perla |
Dos hechos singulares
ocurrieron en el ámbito
inigualable de esta
fiesta titiritera: el
hermanamiento entre el
festival tlaxcalteca y
el Taller Internacional
de Títeres de Matanzas.
Ambos eventos se
obsequiaron presentes y
palabras para sellar una
amistad que, como bien
dijo el Señor Willebaldo
Herrera, director del
Instituto Tlaxcalteca de
la Cultura, ya existía
desde antes. El otro
suceso fue sin duda la
reinauguración del
Museo-Teatro El castillo
de los títeres, una
instalación nacida del
amor, el esfuerzo y la
consagración al universo
de los retablos ,
liderada por el maestro
titiritero cubano
Alberto Palmero Soto,
radicado hace una
veintena de años en
México y un incansable
promotor de la
cultura titiritera de la
Isla. Junto a su
familia, integrada por
su compañera Maritza
Llorente y sus hijos
Alejandro Palmero y
Silvia García, ha armado
allí un sitio para los
sueños y el conocimiento
de una manifestación
maravillosa y siempre
nueva. Titiriteros de
todas las compañías
participantes en esta cita, le
ofrecieron ejemplares
únicos de sus montajes,
saben todos que sus
muñecos no tendrán mejor
hogar que ese museo que
es a la vez la propia
casa del artista,
almacén de figuras de
los cinco continentes.
Un nuevo aire ha llegado
al Festival
Internacional de Títeres
Rosete Aranda de
Tlaxcala, soplo que une
con sabiduría a
creadores, teóricos,
curiosos y público en
general, para acunar y
proteger la
predisposición natural
que tienen los nacidos
en ese estado a
establecer un diálogo
enriquecedor con las
compañías del mundo que
anclan su barco allí por
más de diez días, y
luego se van de
recorrido por
comunidades y estados
vecinos repartiendo la
alegría de su quehacer. |