La Habana. Año XI.
18 al 24 de AGOSTO
de 2012

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Un nuevo aire para el Festival Internacional
de Títeres de Tlaxcala, México
Rubén Darío Salazar • Matanzas

El Festival Internacional de Títeres Rosete Aranda, de Tlaxcala, México, uno de los más antiguos eventos de teatro de figuras en Latinoamérica, celebró del 19 al 28 de julio de 2012, su edición número 27 con nuevos aires. Precedido por el III Coloquio Teórico Teatro de Títeres, Arte e Interdisciplina: Modelos de Formación Contemporáneos, donde se analizó la formación profesional de los titiriteros por especialistas de Argentina (Sergio Rower), Cuba (Rubén Darío Salazar), Canadá (Helen Ducharme y Jacques Trudeau), México (Raquel Bárcena, Patricia Hostos, Carlos Converso, Guadalupe Alemán y Nadia González) y Venezuela (Yraima Vásquez y Alejandro Jara). El cónclave tuvo como sede el acogedor Teatro Xicohténcatl de la ciudad capital tlaxcalteca, marco propicio, además, para las presentaciones de valiosos títulos destinados a enriquecer el cuerpo reflexivo del arte del retablo: Guiñol de Oro, del Instituto Nacional de Bellas Artes, presentado por Marisa Giménez Cacho; Retablo abierto, de Rubén Darío Salazar, Cuba, y la revista Creatósfera, dedicada especialmente al evento titiritero.

Un vistoso desfile con la participación de las compañías participantes más las agrupaciones tlaxcaltecas, dio inicio al  esperado jolgorio que incluyó esta vez  conjuntos de Argentina (Libertablas), Cuba (Hilos Mágicos), Colombia (Baúl de la Fantasía), República Checa (Karromato), España (Jordi Bertrán, Sombras chinas, de Valeria Guglietti y Axioma), Italia (Bruno Leone), Venezuela (La lechuza andariega), Vietnam (Compañía de títeres acuáticos) y el país sede México (Cornisa 20, Guiñoleros UAS, La Matatena, Marionetas de la esquina galardonados sus hacedores Lourdes Aguilera y Lucio Spíndola con el Premio honorífico Rosete Aranda, y el Proyecto Perla). Una coproducción entre Figurat , también de México, Distrito Federal, y Motus, de Canadá, aportó la puesta en escena Berrinche.

Fueron parte de las actividades paralelas al festival, las muestras de libros y carteles en la Casa de la Cultura José Miguel Guiridi, la exhibición de grabados inspirados en los títeres, realizados por artistas del estado de Tlaxcala y acogidos en el vestíbulo del Teatro Xicohténcatl, y la especial exposición Los títeres de Pedro Carreón, en la Sala Transitoria del Museo Nacional del Títere de Huamantla (MUNATI), digno homenaje a quien fuera maestro natural y asequible, dueño de un arte y una gracia inigualable, también de una estética particular y puramente mexicana que se suma a la de otros maestros como Lola, Germán y Mireya Cueto, Roberto Lago y el aporte inigualable de las familias Rosete Aranda y Espinal, entre otros artistas inolvidables. Discreta pero intensa, sin aparecer en la programación oficial del festival, pero justo en su ambiente, fue la exposición Angelina Beloff: trazos de vida, en el Museo Miguel N. Lira, hermosa institución que mostró por esos mismos días algunos muñecos, escenografías y libros de la pintora rusa establecida en México, en estrecho vínculo con la época de oro de los títeres en ese hermano país.

El panorama de representaciones teatrales, plato fuerte de cualquier cita de las tablas y los retablos, estuvo bien nutrido. A todos los espectáculos no pude llegar algo que ocurre en casi todos los festivales—, pero puedo dar fe de algunas producciones que encandilaron los ojos de niños y adultos, repletando el teatro principal de la ciudad y cuanto montaje viajó por los municipios tlaxcaltecas y otros estados favorecidos con las extensiones del Rosete Aranda Internacional número 27.

La Compañía de Marionetas Hilos Mágicos, de La Habana, Cuba, cumplió todas las expectativas con su puesta El circo, colorido y fascinante recorrido por un circo de hilos, cuyos muñecos en su totalidad fueron animados por Carlos González, director general de la agrupación, hombre consagrado a la técnica de las marionetas y sobre todo a trasmitir a los jóvenes integrantes de su colectivo el legado recibido de María Antonia Fariñas y Eurípides La Mata, pioneros de esta manifestación en la isla caribeña.

Karromato, de la República Checa, con mucho de sangre española en uno de sus integrantes, presentó el delicioso Circo de madera. Muñecos tallados con el alma y animados con la fuerza del corazón; cada marioneta proponía, además de su imagen y forma de animación, artilugios técnicos que redondeaban su característica titiritera: producir  magia, asombro y la clásica pregunta ¿pero cómo pueden esas figuras hacer lo que hacen?


Circo de madera, Teatro Karromato

Sombras chinas, grupo mitad español, mitad argentino, lo que demuestra que la raza titiritera es de una estirpe multiétnica, dueña de los caminos y los teatros, trajo la técnica de las sombras al festival con el espectáculo No toquen mis manos. El montaje de Valeria Guglietti apela al cine mudo, el cómic y otras referencias a la actualidad para conectar con un público familiar que queda encantado por su destreza y gracia particular.

Con Cuentos al derecho, presentó credenciales el prestigioso grupo argentino Libertablas. Los personajes de los cuentos clásicos son traídos a escena por una actriz especial: Mimí Rodríguez, dueña de una gracia y ternura que logra conquistar en minutos al respetable. Ora a través del canto, a través de la risa, la reflexión o de preguntas incómodas sobre los derechos de los niños, violados en el mundo una y otra vez, la puesta de los argentinos llega al final cumpliendo su principal aspiración, dejarnos deleite escénico más un sinfín de interrogantes sobre el tema esencial que exponen dramáticamente.

Axioma, de Almería, en España, propuso el viaje fantástico de Violeta, una niña que con resonancias de los cuentos de hadas, sugiere desde sus aventuras y encuentros una historia de aprendizajes y cuestionamientos. Los titiriteros de Almería acuden a las calles de luz, la animación a cuatro manos, la luz negra, disímiles técnicas de animación y a la ayudantía escénica imprescindible para narrar las peripecias de su personaje protagónico.

El maestro Jordi Bertrán, regresó las marionetas al escenario del Xicohtencatl de forma magistral. Su unipersonal Antología, que data de 1987, mantiene fresca la gracia y virtuosismo de los muñecos y de su reconocido animador. Siete escenas musicales desfilan ante un público mixto, yendo del cabaret al circo, de personajes famosos a seres fantásticos, como ese que crea pompas de jabón y humo ante nuestros ojos, haciéndonos notar que los límites de la imaginación en el teatro de figuras es el propio hombre quien los dicta.

Cierro mi recorrido por las producciones que disfruté en el festival, con Pato, muerte y tulipán, del Proyecto Perla, una puesta en escena de Haydee Boetto inspirada en las ilustraciones y textos del libro del mismo nombre del autor alemán Wolf Erlbruch, que demuestra que en México se hace teatro de títeres con todas las de la ley. Unas actrices titiriteras que cumplen su rol perfectamente, tanto el de comunicar como el de animar; un concepto escénico de diseño y representación, enlazado con los aires actuales de la escena con figuras; banda sonora impecable, soluciones y detalles dramáticos que van del intelecto a la ternura infantil sin perder un ápice de su principal inspiración: el tema de la muerte tratado desde la vida.


Pato, muerte y tulipán. Proyecto Perla

Dos hechos singulares ocurrieron en el ámbito inigualable de esta fiesta titiritera: el hermanamiento entre el festival tlaxcalteca y el Taller Internacional de Títeres de Matanzas. Ambos eventos se obsequiaron presentes y palabras para sellar una amistad que, como bien dijo el Señor Willebaldo Herrera, director del Instituto Tlaxcalteca de la Cultura, ya existía desde antes. El otro suceso fue sin duda la reinauguración del Museo-Teatro El castillo de los títeres, una instalación nacida del amor, el esfuerzo y la consagración al universo de los retablos , liderada por el maestro titiritero cubano Alberto Palmero Soto, radicado hace una veintena de años en México y un incansable promotor de la cultura titiritera de la Isla. Junto a su familia, integrada por su compañera Maritza Llorente y sus hijos Alejandro Palmero y Silvia García, ha armado allí un sitio para los sueños y el conocimiento de una manifestación maravillosa y siempre nueva. Titiriteros de todas las compañías participantes en esta cita, le ofrecieron ejemplares únicos de sus montajes, saben todos que sus muñecos no tendrán mejor hogar que ese museo que es a la vez la propia casa del artista, almacén de figuras de los cinco continentes.

Un nuevo aire ha llegado al Festival Internacional de Títeres Rosete Aranda de Tlaxcala, soplo que une con sabiduría a creadores, teóricos, curiosos y público en general, para acunar y proteger la predisposición natural que tienen los nacidos en ese estado a establecer un diálogo enriquecedor con las compañías del mundo que anclan su barco allí por más de diez días, y luego se van de recorrido por comunidades y estados vecinos repartiendo la  alegría de su quehacer.

 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.