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En
2008, Google parecía
dispuesto a pagar 200
millones de dólares por
Digg, un promotor de
noticias en inglés que
había impactado al
ciberespacio. Cuatro
años más tarde,
desplazados por la
fuerza de las redes
sociales, los
desarrolladores del
sitio “apenas” pudieron
vender a Digg en 500 mil
dólares a la compañía
Betaworks.
Los
sitios de promoción de
noticias son una de las
aplicaciones más
populares de la web 2.0.
Su funcionamiento es muy
interesante: si el
internauta encuentra que
una noticia, publicada
por un medio online o
blog, le resulta
atractiva, entonces la
comparte y “vota” por
ella en algún promotor,
como Menéame [www.meneame.net],
Reddit [es.reddit.com],
Digg [www.digg.com] o
cualquier otro existente
en Internet. Estos
promotores contabilizan
los votos
automáticamente y
muestran en la portada
aquellas noticias que
recibieron “más diggs” o
fueron “más meneadas”.
Quizá uno de los
elementos más llamativos
de los promotores de
noticias sea que los
temas que llegan a las
portadas —es decir, los
más votados por los
usuarios— en no pocas
ocasiones estén alejados
de lo que los medios de
comunicación consideran
como “más atractivo”
para las audiencias.
Esta “valoración social
de la información”,
impulsada en general por
los marcadores sociales,
sin dudas ha sido uno de
los puntos más
relevantes en el
desarrollo de la web
2.0.
Entre tantos promotores
de noticias, Digg era
uno de los que mostraba
mayor crecimiento. Sus
millones de visitantes
al mes le interesaron a
Google en 2008; pero esa
venta, en un período en
el que el líder mundial
de búsquedas estuvo muy
activo en la adquisición
de negocios emergentes,
no fructificó.
La
idea de Digg resultaba
atractiva para la
comunidad de
internautas. Este les
permitía relacionar
noticias procedentes de
distintas fuentes de
información con sus
opiniones, expresadas en
comentarios realizados
en el sitio, o en “diggs”,
a través de los cuales
se subía o bajaba un
determinado contenido de
la portada.
A
comienzos de 2010, Digg
comenzó a perder su
popularidad. En un
momento de pleno
crecimiento para las
redes sociales, sobre
todo Facebook y Twitter,
los internautas
encontraron en esos
espacios noticias
recomendadas por sus
amigos o seguidores. Por
tanto, ya no tenían que
recurrir a Digg para
conocer las
informaciones que más
impacto causaban o las
que les resultaban más
atractivas.
El
declive de Digg era
evidente. Sus
desarrolladores probaron
con una interfaz nueva;
pero nada pudo frenar el
movimiento de las
antiguas audiencias del
promotor hacia Facebook
y Twitter. Frente a la
caída y la incapacidad
para movilizar historias
en Internet, los
directivos optaron por
vender el sitio; sin
embargo, muy pocos
parecían estar
interesados.
Entonces Betaworks, un
conglomerado de empresas
de redes sociales,
decidió invertir cerca
de 500 mil dólares para
fusionar a Digg con
News.me. Probablemente
los creadores de Digg
todavía lamenten no
haber aprovechado la
oferta de Google, antes
de que explotara su
burbuja.
News.me se presenta como
una aplicación para
iPhone e iPad, que
posibilita recopilar
contenidos en Facebook y
Twitter, tales como
noticias,
actualizaciones de los
amigos o seguidores y
fotografías subidas. Con
la adquisición de Digg,
Betaworks buscaba
fortalecer a News.me, ya
que al ampliar su
volumen de información
estarían en mejor
posición para competir
con Twitter.
Después de algún tiempo
de intenso trabajo
—explicaron los
ejecutivos de Betaworks—
apareció el “nuevo” Digg,
que muestra ahora una
estrecha relación con
las redes sociales. La
novedad más llamativa
tal vez haya sido la
idea de tener en cuenta
para la puntuación de
cada noticia la cantidad
de veces que fue
compartida en Facebook y
Twitter. De acuerdo con
John Borthwick, CEO de
Betaworks, uno de los
objetivos del promotor
era “derribar barreras”
entre las redes
sociales.
Otro cambio implementado
por Betaworks fue la
creación de un nuevo rol
en Digg: los editores.
En la versión anterior
las noticias se ubicaban
en la portada, a partir
del total de “diggs”
(votos) que recibieran
de los internautas. Era
un algoritmo matemático,
sin intervención humana,
al menos de forma
abierta. Ahora el
promotor ordena las
historias en un ranking
por los “diggs” y el
total de veces en que ha
sido compartida o votada
esa información; pero se
agrega el trabajo de los
editores que tendrán
como función “ayudar” a
ordenar el ranking de la
portada.
El
profundo hoyo en el que
cayó Digg de seguro
envió un mensaje de
alerta para otros sitios
de promoción de noticias
que coexisten en
Internet. En la era de
la socialización, la
integración con las
diferentes redes
sociales parece un paso
imprescindible para las
aplicaciones de la web
2.0; además, el “caso
Digg” vuelve a demostrar
que cuando se pierde el
apoyo de la comunidad de
internautas,
difícilmente un medio
pueda recobrarse. Ese
error lo cometió Digg y
dejó de ser “el lugar
para encontrar, leer y
compartir las historias
de Internet”, un eslogan
con el que se
identificaron durante
más de un lustro. |