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No hay lugar más
importante para los
intelectuales y los
artistas que tomar posición al lado de los
pueblos a la hora de
luchar por una
revolución económica,
social, política y
cultural. Revolución alfabetizadora,
ecológica, educativa;
una revolución del
hábitat, una revolución
del trabajo… y, además,
una revolución
artística, científica,
comunicacional y
ético-moral. En suma:
una Revolución, también,
de la producción de los
símbolos emancipadores.
Nada más importante que
pelear en el campo de
las ideas, para que los
seres humanos podamos
vivir con dignidad,
respetados y hermanados
con todo el mundo; para
que podamos disfrutar de
los avances científicos
y técnicos que hemos
logrado los trabajadores
en todos nuestros
rincones. Luchar por
nuestro mejor camino que
es y será unidos hacia
el Socialismo, una lucha
única que es la misma
siempre en el espacio y
en el tiempo contra toda
forma de opresión y
esclavitud.
No hay tiempo que
perder. Hay que reunir
fondos, organizarnos,
definir espacios y poner
fechas para trabajar,
hombro con hombro, con
los movimientos
sociales, el movimiento
obrero… para transformar
el mundo; con los
trabajadores del arte y
la cultura, con todos
los intelectuales
revolucionarios de todas
las disciplinas, con los
estudiantes… con todos
los que desde sus ideas
y sus experiencias
abonan, ya desde hace
mucho tiempo, la
experiencia (de sus
derrotas y de sus
triunfos) para amalgamar
una fuerza de unidad
mundial emancipadora que
garantice las bases del
Hombre Nuevo pensando y
trabajando por el mundo
nuevo.
No permaneceremos
callados, y menos hoy
cuando la guerra
sicológica permanente,
que el capitalismo
despliega con sus
máquinas de guerra
ideológica (radiales,
televisivas, impresas,
digitales), se ha
traducido en golpes de
Estado, magnicidios y
genocidios. No
guardaremos silencio
ante las “nuevas” viejas
trastadas legaloides que
anidan golpes de Estado
“suaves” según la
nomenclatura de los
traidores. No
silenciaremos la
depredación del planeta
en beneficio de
monopolios
irresponsables cuando
nuestro deber es
hacerles sentir toda la
responsabilidad que les
cabe por el asesinato
del planeta. No vamos a
enmudecer ante la
presión cotidiana del
consumismo enfebrecido,
no seremos indiferentes
ante la intoxicación de
los pueblos con la
mentalidad
individualista burguesa.
No vamos a evadir
nuestra responsabilidad
crítica ante la
manipulación de los
gustos, de los valores
bajo las manías
capitalistas disfrazadas
de “entretenimiento”
—noticieros,
diversiones, juguetes,
juegos… incluso
disfrazadas de escuelas,
institutos y
universidades—, todo
ello ofensiva servil a
la lógica del imperio
para saquear y
esclavizar recursos
naturales, mano de obra
y conciencia de los
pueblos.
No hay manera de que los
intelectuales eludan su
tarea en estas horas. No
hay manera de luchar con
eficacia desde lo
puramente individual. La
respuesta concreta es
trabajar asociados,
trabajar en Red. Una
Revolución es un
programa de corto,
mediano y largo alcance.
Sus acciones y sus
efectos deben ser
planeados y medidos con
herramientas (de la
calidad y de la
cantidad) en hechos que
se ensanchan y
profundizan de manera
desigual y combinada.
Por ejemplo, un
movimiento cultural
revolucionario
alfabetizador
repercutirá en las
acciones revolucionarias
editoriales y en los
grandes cambios
educativos que seamos
capaces de ganar luego
de derrotar las
corrientes ideológicas
más perniciosas que
transitan, latentes y
patentes, en muchas
aulas, libros y
cátedras, para desterrar
por siempre el tráfico
ideológico más
pernicioso del empirismo
del criticismo
multidenunciados, al
menos, desde Lenin y
hasta el presente. Una
Revolución no es un
proyecto para
“resultados rápidos” de
efectismos redituables
en episodios
oportunistas, debe ser
una batalla de largo
aliento, con objetivos
minuciosos y mirada
profunda, radical. Se
trata de limpiar
nuestras vidas en lo
general y en lo
particular, con esmero
amoroso, de los venenos
ideológicos que el
capitalismo ha sembrado
en cabezas y corazones.
Se trata de desactivar,
en su totalidad, el
arsenal alienante
fabricado por la
burguesía para
esclavizar gustos,
conciencias y conductas
del proletariado
mundial.
Esas son las tareas de
una Red de Intelectuales
y Artistas en Defensa de
la Humanidad que se
dispone no solo a
solidarizar
declarativamente con los
pueblos sino a
intervenir en las bases
mismas de la batalla de
las ideas donde tenemos
las más sensibles y
peligrosas debilidades.
Andan desatadas modas
reaccionarias que se
disfrazan de
“progresistas”, van con
su disfraz de
“pensamiento emancipado”
inoculando frentes muy
diversos para dar su
golpe decisivo a la hora
de la verdad. Es esa la
conducta de los
reformismos, es esa la
conducta de los
“relativismos”, de los
“empiriocriticismos” y
los “creacionismos” más
financiados y virulentos
que nunca, aunque usen
palabra suaves y
modalidades discursivas
de sabiondo
academicista.
Una Red de Intelectuales
y Artistas en Defensa de
la Humanidad tiene por
desafío afinar todas sus
herramientas para
golpear sistemática y
creativamente los
pilares mismos del
capitalismo hasta lograr
su destrucción total.
Las bases de la
propiedad privada, las
bases de la ideología de
la clase dominante y las
bases de toda forma de
alienación que someta a
los pueblos a las
humillaciones burguesas.
No hay tiempo que
perder, los
intelectuales y artistas
son también
trabajadores, en su
mayoría sometidos a
canalladas muy similares
a las que se somete
cualquier trabajador
bajo el capitalismo. Es
deber de una Red de
Intelectuales servir de
base organizativa para
ese tipo de trabajo y
trabajadores para que
logre, inexorablemente,
la emancipación de los
intelectuales que luchan
por la emancipación de
la humanidad. Eso es
urgente.
Vienen momentos de
tensión mayor y la lucha
de clases se expresará
en escenarios diversos
con matices diversos.
Debemos adelantarnos
todo lo posible. El
mensaje del imperialismo
es claro, su cinismo es
cada vez más irritante y
aberrante, sus tácticas
se diversifican y está
dispuesto a sembrarnos
mercenarios en cualquier
sitio en el que la
desestabilización
resulte rentable. Nadie
está a salvo y la agenda
de los canallas es
previsible. No podemos
no avisar y no podemos
no participar de las
tareas preventivas y
defensivas que, en
simultáneo con las
tareas de vanguardia
intelectual, seamos
capaces de adelantar
hombro a hombro con los
pueblos y sus
trabajadores. He ahí un
mundo estremecido por la
crisis del capitalismo
como escenario ideal
para desplegar las
tareas de una Red de
Intelectuales y Artistas
en Defensa de la
Humanidad. La hora de la
acción no la
desperdiciemos. |