La Habana. Año XI.
18 al 24 de AGOSTO
de 2012

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Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad
Retos extraordinarios en horas extraordinarias
Fernando Buen Abad • México

No hay lugar más importante para los intelectuales y los artistas que tomar posición al lado de los pueblos a la hora de luchar por una revolución económica, social, política y cultural. Revolución alfabetizadora, ecológica, educativa; una revolución del hábitat, una revolución del trabajo… y, además, una revolución artística, científica, comunicacional y ético-moral. En suma: una Revolución, también, de la producción de los símbolos emancipadores.

Nada más importante que pelear en el campo de las ideas, para que los seres humanos podamos vivir con dignidad, respetados y hermanados con todo el mundo; para que podamos disfrutar de los avances científicos y técnicos que hemos logrado los trabajadores en todos nuestros rincones. Luchar por nuestro mejor camino que es y será unidos hacia el Socialismo, una lucha única que es la misma siempre en el espacio y en el tiempo contra toda forma de opresión y esclavitud.

No hay tiempo que perder. Hay que reunir fondos, organizarnos, definir espacios y poner fechas para trabajar, hombro con hombro, con los movimientos sociales, el movimiento obrero… para transformar el mundo; con los trabajadores del arte y la cultura, con todos los intelectuales revolucionarios de todas las disciplinas, con los estudiantes… con todos los que desde sus ideas y sus experiencias abonan, ya desde hace mucho tiempo, la experiencia (de sus derrotas y de sus triunfos) para amalgamar una fuerza de unidad mundial emancipadora que garantice las bases del Hombre Nuevo pensando y trabajando por el mundo nuevo.

No permaneceremos callados, y menos hoy cuando la guerra sicológica permanente, que el capitalismo despliega con sus máquinas de guerra ideológica (radiales, televisivas, impresas, digitales), se ha traducido en golpes de Estado, magnicidios y genocidios. No guardaremos silencio ante las “nuevas” viejas trastadas legaloides que anidan golpes de Estado “suaves” según la nomenclatura de los traidores. No silenciaremos la depredación del planeta en beneficio de monopolios irresponsables cuando nuestro deber es hacerles sentir toda la responsabilidad que les cabe por el asesinato del planeta. No vamos a enmudecer ante la presión cotidiana del consumismo enfebrecido, no seremos indiferentes ante la intoxicación de los pueblos con la mentalidad individualista burguesa. No vamos a evadir nuestra responsabilidad crítica ante la manipulación de los gustos, de los valores bajo las manías capitalistas disfrazadas de “entretenimiento” —noticieros, diversiones, juguetes, juegos… incluso disfrazadas de escuelas, institutos y universidades—, todo ello ofensiva servil a la lógica del imperio para saquear y esclavizar recursos naturales, mano de obra y conciencia de los pueblos.

No hay manera de que los intelectuales eludan su tarea en estas horas. No hay manera de luchar con eficacia desde lo puramente individual. La respuesta concreta es trabajar asociados, trabajar en Red. Una Revolución es un programa de corto, mediano y largo alcance. Sus acciones y sus efectos deben ser planeados y medidos con herramientas (de la calidad y de la cantidad) en hechos que se ensanchan y profundizan de manera desigual y combinada. Por ejemplo, un movimiento cultural revolucionario alfabetizador repercutirá en las acciones revolucionarias editoriales y en los grandes cambios educativos que seamos capaces de ganar luego de derrotar las corrientes ideológicas más perniciosas que transitan, latentes y patentes, en muchas aulas, libros y cátedras, para desterrar por siempre el tráfico ideológico más pernicioso del empirismo del criticismo multidenunciados, al menos, desde Lenin y hasta el presente. Una Revolución no es un proyecto para “resultados rápidos” de efectismos redituables en episodios oportunistas, debe ser una batalla de largo aliento, con objetivos minuciosos y mirada profunda, radical. Se trata de limpiar nuestras vidas en lo general y en lo particular, con esmero amoroso, de los venenos ideológicos que el capitalismo ha sembrado en cabezas y corazones. Se trata de desactivar, en su totalidad, el arsenal alienante fabricado por la burguesía para esclavizar gustos, conciencias y conductas del proletariado mundial.

Esas son las tareas de una Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad que se dispone no solo a solidarizar declarativamente con los pueblos sino a intervenir en las bases mismas de la batalla de las ideas donde tenemos las más sensibles y peligrosas debilidades. Andan desatadas modas reaccionarias que se disfrazan de “progresistas”, van con su disfraz de “pensamiento emancipado” inoculando frentes muy diversos para dar su golpe decisivo a la hora de la verdad. Es esa la conducta de los reformismos, es esa la conducta de los “relativismos”, de los “empiriocriticismos” y los “creacionismos” más financiados y virulentos que nunca, aunque usen palabra suaves y modalidades discursivas de sabiondo academicista.

Una Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad tiene por desafío afinar todas sus herramientas para golpear sistemática y creativamente los pilares mismos del capitalismo hasta lograr su destrucción total. Las bases de la propiedad privada, las bases de la ideología de la clase dominante y las bases de toda forma de alienación que someta a los pueblos a las humillaciones burguesas. No hay tiempo que perder, los intelectuales y artistas son también trabajadores, en su mayoría sometidos a canalladas muy similares a las que se somete cualquier trabajador bajo el capitalismo. Es deber de una Red de Intelectuales servir de base organizativa para ese tipo de trabajo y trabajadores para que logre, inexorablemente, la emancipación de los intelectuales que luchan por la emancipación de la humanidad. Eso es urgente.

Vienen momentos de tensión mayor y la lucha de clases se expresará en escenarios diversos con matices diversos. Debemos adelantarnos todo lo posible. El mensaje del imperialismo es claro, su cinismo es cada vez más irritante y aberrante, sus tácticas se diversifican y está dispuesto a sembrarnos mercenarios en cualquier sitio en el que la desestabilización resulte rentable. Nadie está a salvo y la agenda de los canallas es previsible. No podemos no avisar y no podemos no participar de las tareas preventivas y defensivas que, en simultáneo con las tareas de vanguardia intelectual, seamos capaces de adelantar hombro a hombro con los pueblos y sus trabajadores. He ahí un mundo estremecido por la crisis del capitalismo como escenario ideal para desplegar las tareas de una Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad. La hora de la acción no la desperdiciemos.   

 
 
 
 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.