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Retazos de ILO
debería llamarse la
exposición que desde el
viernes 10 de agosto se
exhibe en la sede de
La Jiribilla,
publicación digital que
rinde culto a la
amistad: Ileana Alonso, ILO
(pintora, grabadora,
ceramista, fotógrafa,
instaladora y
diseñadora), fue (es)
una artista que supo
(sabe) sembrar
hermandad.
Esta muestra es, además,
una manera de saldar una
deuda con ILO,
quien nos dijo adiós
demasiado temprano,
cuando aún mucho le
quedaba por decir. Hace
cinco años —cuando La
Jiribilla se
posesionó de la casona
del Vedado que hoy
ocupa— fue ¡la primera
artista! que soñó y
propuso estar junto con
nosotros. Retazos de
ILO es una deuda
pendiente y cumplida.
Su impronta fue múltiple
y “asomadora”, porque
para ella cualquier
soporte fue válido. Lo
importante, lo esencial,
es el arte, parecen
gritarnos las obras
apiladas en la
exposición.
Seguramente, sin el
apoyo de muchos amigos
habría sido impensado e
imposible concebir esta
muestra: la mayoría de
las piezas pertenecen a
instituciones o a
colecciones privadas.
Por eso, Yadira Saéz y
Max CD —también artistas
y responsables de la
curaduría— realizaron
ingentes gestiones para
reunir las piezas en
cuestión. Para ambos la
reverencia: es una
museografía inteligente
y delicada, sobre todo,
si se tiene en cuenta
que las condiciones del
espacio imponen
acomodarse a él.
En la planta baja la
expo da la bienvenida al
visitante con una
caricatura del 2003, de
la autoría de Garrincha
quien supo captar la
raíz de ILO
(ella, sonriente,
aparece escoltada por un
ángel entre travieso y
soñador).
La muestra ha sido
estructurada a partir de
bloques o apartados.
Artesanías, primeras
huellas (en la planta
baja), incluye platos,
lozas, artículos
utilitarios realizados
con diversas técnicas
cerámicas y esa
multiplicidad de
formatos fue, también,
algo que caracterizó el
quehacer de la creadora.
Continúa la cerámica, su
vida; la temática de La
Habana (siempre
presente) nos recuerda
que para ILO el
barro —quizá por su
apego a la tierra, el
agua y el fuego— es el
más adecuado medio de
expresión. En este
apartado se incluyó una
sugerente instalación
que tiene en su centro
un reloj —¿será un
guiño, un llamado a la
trampa que siempre nos
tiende el tiempo?— y
también bandejas y
vasijas que pertenecen a
la colección del Centro
Nacional de Seguridad
Nuclear.
Todo es arte entre sus
manos: maderas en
forma circular —que
anteriormente cumplieron
útiles funciones— fueron
asimiladas y asumidas
por Ileana; estampó
sobre ese soporte
enigmáticas columnas,
mediopuntos y arcadas
logrando excelentes
texturas.
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Piezas de
cerámica hechas
para el Centro
Nacional de
Seguridad
nuclear |
En la planta alta nos
recibe “Espantapájaros”
(2010, óleo sobre
lienzo), a mi juicio una
de las piezas más
hermosas de la
exposición, en la que el
carácter lúdico de la
obra de ILO se
despliega en todo su
esplendor —en este
cuadro la textura,
también, es un elemento
significativo—.
De la serie Windows
(2010, acrílico sobre
lienzo) hay cuatro
piezas con cierto soplo
abstraccionista,
acompañadas de “Tiempos
modernos” (monotipia) y
“Almas gemelas”, (colagrafía).
Tres esculturas aladas
de cerámicas (mediano
formato) parecen
escoltar el ingenioso
logotipo diseñado por
ILO que identifica a
“Brujas y mariposas”,
proyecto concebido para
denunciar la violencia
contra la mujer (el
diseño fue otra de las
múltiples facetas que
desarrolló).
Quien no la sufre, no la
ama; quien no la goza no
la ama: La Habana a todo
color. Este segmento
está explícitamente
dedicado a la ciudad y
“Diaria” (acrílico sobre
lienzo, 2010); “Habana:
malecón y mar”; (colagrafía,
2010); “Ofrenda” (colagrafía,
2006) y “El tercer
deseo” dan fe de ello.
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“Diaria” |
La música,
el ángel de tus alas,
pone acentos en la
relación que existe
entre la plástica y la
música. Piezas como “Un
temblar de soledad” y
“Para toda la vida” son
de una profunda cubanía,
mientras que la tinta y
el grabado te reclaman
nos evoca el transitar
de la creadora por el
Taller Experimental de
Gráfica de La Habana,
institución que la
acogió y de la que
emergieron valiosas
creaciones, algunas de
ellas con una marcada
influencia de
reconocidos maestros del
grabado contemporáneo
cubano.
Soñar esta exposición
seguramente fue fácil,
pero armarla no: gran
cantidad de puertas
amigas se tocaron,
muchas paredes de
hogares quedaron,
momentáneamente,
desprovistas (esta
exposición incluye más
de medio centenar de
obras), pero lo más
significativo, creo, es
que nos exhibe los
muchos rostros creativos
de la artista.
Retazos de ILO
es precisamente eso,
pedazos de su obra,
segmentos de su alma,
trozos creativos,
fragmentos de su talento
que ahora —gracias a un
finísimo hilo curatorial—,
recomponen el imaginario
creativo de Ileana
Alonso.
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