La Habana. Año XI.
11 al 17 de AGOSTO
de 2012

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Carta por el humor y otros demonios
Laidi Fernández de Juan • La Habana

El humor literario es, quizá, uno de los tipos de humor más complicado e ingrato, debido a que depende más de la manera en que sea considerado  por el receptor que el resto de las formas de hacer comicidad, y los escritores(as) de ese  género, pocas veces llegan a conocer el efecto que causan en el público lector. Así, cuando en el escenario se monta un espectáculo humorístico con actores y actrices consagradas a hacer reír, desde el comienzo de la obra el público sabe lo que se espera de él: carcajadas que retumben, aplausos consentidores, murmullos cómplices. Si se trata de una canción humorística, desde los acordes iniciales y las primeras letras, ya se sabe la naturaleza de lo que se escucha. Pienso en Xiomara Palacios y Osvaldo Doimeadiós para el primer caso, y Jorge Díaz o Virulo para el segundo. Algo parecido sucede con el cine: las comedias se anuncian como tal, de modo que quienes asisten a la sala cinematográfica lo hacen con disposición de reír; saben que presenciarán situaciones cómicas. En cualquier caso, los (las) espectadores (as) hacen saber a los realizadores de una forma u otra el éxito o el fracaso del empeño, independientemente de la capacidad de discernimiento que posea cada público concreto.

Pero en literatura, sucede que nunca se anuncia que el libro que tenemos delante es una comedia, o, al menos, un texto humorístico. Hay una especie de recelo, de prejuicio en nombrar el humor cuando es literario, como si así estuviéramos denigrando la obra en cuestión. Jamás se dice “Novela humorística” o “Cuentos de humor”.

Probablemente esto se explique por los prolongados períodos en que ha sido relegada esta manifestación artística a una segunda categoría, tal como ocurría antes con la literatura policial, ahora por fortuna, de moda. Los escritores humorísticos, sean hombres o mujeres, terminan entremezclándose con “los otros y otras”, intercalando sus textos de humor con otros trágicos o, cuando menos, serios, para sobrevivir en el mundo literario con igual respeto que el resto de sus colegas. En los últimos años, hemos leído textos de gran valía que sin ser absolutamente cómicos, están dotados de una espléndida dosis de humor inteligente. Pienso en libros como En el cielo con diamantes, de Senel Paz; El heredero del caos, de Nicolás Dorr; La sombra del paisaje y Las edades transparentes, de Lourdes González; Supuestas vidas, de Evelyn Pérez González; El vuelo del gato, de Abel Prieto; Te regalo el cielo y Un día más allá, de Arístides Vega Chapú.

Son muy escasos los libros exclusivos de humor; volúmenes que se dedican únicamente a este género, que es quizá uno de los más difíciles de lograr. Eduardo del Llano, el más imaginativo de nuestros autores humorísticos actuales, tiene en su haber varias recopilaciones de cuentos, y sus novelas Tres, y El universo de al lado, son ejemplos de literatura abiertamente humorística. Francisco García (Historia sexual de la nación), siendo más discreto en su quehacer, menos evidente, es también un gran hacedor de historias de humor, al igual que Jorge Fernández Era, ganador de la más reciente edición de Aquelarre en la modalidad literaria. Autores(as) como Nancy Alonso (Tirar la primera piedra), Jorge Ángel Pérez (En La Habana no son tan elegantes) y la consagrada Mirtha Yáñez (Del azafrán al lirio, Búfalo Ciego) utilizan un tipo particular de humor, que es más cáustico. Igualmente efectivo que el abierto, este depende más del contexto histórico en que se emite y se recibe, de la contemporaneidad entre hacedores y receptores porque las situaciones humorísticas, (lacerantes al mismo tiempo), se crean partiendo de la complicidad y del entendimiento histórico entre escritor-lector. El libro que comenté la quincena anterior (La ciencia avanza pero yo no), del joven santaclareño Aramís Castañeda, continúa asombrándome por el despliegue de buen humor, por el alto valor literario, y, sobre todo, porque me consuela saber que este tipo de literatura, lejos de estar amenazada a una extinción que no tendría perdones posibles, se empeña en subsistir aunque nadie nos advierta de antemano (como en el teatro, el cine o la música) que estamos ante un puñado de palabras que lograrán el increíble milagro de hacernos sentir mejor a través de la risa. Enhorabuena para todos aquellos que dedican su talento al complicado (y ojalá imperecedero) mundo del humor.

 
 
 
 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.