|
En “Un cuento de
navidad” de Truman
Capote, la protagonista
está firmemente
convencida de que “no
hay dos de nada” y esa
frase, leída hace tanto,
se hace hoy lazarillo
para intentar estas
palabras que no pasarán
de ser solo eso, un
intento. Ilo es única,
inimitable, irrepetible
y eterna. Los que la
conocimos, lo sabemos.
Los que nos conocieron
juntas a través de los
35 años que fuimos
amigas, saben además,
cuánto me cuesta este
texto.
Pido excusas por
apropiarme de ella y
escribir en nombre de
esa amistad. Lo hago,
convencida de que es el
mismo modo en que
muchos, tantos, casi
todos, la atesoran y les
gustaría retratarla y
recordarla.
Si digo que al conocerla
cambió mi vida, no
exagero. Hay personas
que tienen el don de
dinamitar nuestro tiempo
y espacio, para
construir algo siempre
mejor. Le debo años de
travesuras, enredos,
risas, llantos,
confesiones, secretos,
lealtades y vida. Le
debo una especie de
eterna juventud. Ese
volvernos adolescentes
cada vez que estuvimos
juntas, en los últimos
tiempos, rodeadas de
hijos, a veces de
problemas y casi
sitiadas por inútiles
comandos de adulteces.
Nunca la oí decir “no
tengo, no tengo tiempo,
no puedo o no se puede”.
Nunca pidió nada aunque
nada tuviera. No supo
aceptar regalos sin
reciprocarlos de manera
descomunal. Ayudó a
todos los que se lo
pidieron, incluso en el
límite de sus fuerzas. Y
exigió siempre y solo
una misma y única cosa.
Amistad.
No pasa un día en que no
me falte su risa, sus
celos, su cólera y su
empuje para andar
siempre más allá y
arrastrarnos a los
timoratos. Ilo fue la
parte osada y abierta de
mi misma, y la mejor de
las cosas que me
sucedieron. No hubo
felicidad o tristeza que
no compartiera con ella.
Ningún momento o lugar
en que ella no estuvo,
fue realmente completo.
Aquí están sus obras.
Casi todas son regalos,
que recibimos por
cumpleaños,
aniversarios, fiestas o
porque sí. Bastaba que
nos gustara un grabado o
un lienzo y no había
forma de rehusarlo. Ilo,
como el pintor de las
mujeres soles, nos pidió
solo paredes para
sostenerlos.
Muchos de los presentes
y ausentes, hemos
desnudado nuestras
paredes por unos días,
para hacer nacer esta
exposición. Que es
homenaje y reverencia a
la pintora, la
grabadora, la artesana,
la fotógrafa, la
diseñadora de paredes y
portadas de libros. La
entusiasta, aglutinadora
y optimista Ilo de todos
estos años. Pero sobre
todo, a la mejor amiga
que alguien pueda desear
o imaginar.
Gracias a todos los que
estuvieron a su lado en
las buenas y las malas.
A los que hoy siguen
estando cerca de los
suyos. A los que
seguimos junto a ella,
dondequiera que esté.
Porque no sabemos, ni
queremos estar sin ella.
Lugano, julio del 2012.
|