La Habana. Año XI.
11 al 17 de AGOSTO
de 2012

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Humor prensado
JAPE • La Habana

Cuando finalmente llegué a ser miembro en nómina de la plantilla del prestigioso suplemento de humor gráfico dedeté, en 1990, ya había colaborado con mis prematuros textos humorísticos en varias publicaciones cubanas. Mis primeras incursiones en el género habían visto la luz en las páginas de la ya olvidada revista Opina. Luego se sumó el histórico Palante, y finalmente, al entrar a trabajar en la novedosa composición digital (captura y diseños de texto en computadoras) de Juventud Rebelde, me integré al equipo de las tres letras venenosas: ddt.

Mi intuición profesional me indicó que, a pesar de mis intentos haciendo caricaturas, lo mío no era eso. Nada se podía inventar ante gigantes de la gráfica como Manuel, Tomy, Carlucho, Torres y Ajubel, cuya voz e inigualables dibujos aún resonaban en las paredes de nuestra sede. Otros grandes, los miembros del grupo Nos y Otros, al que también llegué por esa época, me mostraron el camino del humor en los textos.

Terminé de descubrir en ese entorno la obra de muchos escritores humorísticos que con anterioridad publicaban en los  diversos espacios periódicos, incluyendo algunos libros. Tal es el caso de Héctor Zumbado, F. Mond, Teijeiro, Mario Barros, Alexis Núñez Oliva, Enrique del Risco, Jorge Fernández Era, Évora Tamayo, ISCAJIM… que se sumaban a la crónica dominical que nos regalaba Enrique Núñez Rodríguez.

Cuántos autores, y estoy seguro de que se me ha extraviado algún nombre en la memoria. Todos eran sucesores, de una manera u otra, de la impronta de grandes del género: Marcos Behmaras, Carballido Rey y Juan Ángel Cardi.

No solo disfrutábamos del humor literario “a pulso”,  por así decirlo. Eran tiempos en que muchos escritores y periodistas se aventuraban a dejar atrapadas en unas pocas cuartillas, simpáticas crónicas e historias llenas de aguda crítica y fino humor. Recuerdo  notables incursiones de Emilio Surí, Amado del Pino, Manuel González Bello, Luis Sexto… y muchos otros,  incluyendo a nuestro otrora y querido Ministro de Cultura, Abel Prieto, que por entonces se debatía en importantes menesteres de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba.

Un lamentable punto de giro, el Periodo Especial, redujo a lo más mínimo los espacios para este género literario. El texto humorístico, junto a la gráfica (caricaturas, historietas y fotos) sufrieron las peores consecuencias. Algunos autores emigraron, otros lamentablemente fallecieron, y la mayoría reorientó su quehacer a tal punto que en la pasada década, cuando el Museo de San Antonio de los Baños quiso homenajear a los escritores humorísticos más representativos de entonces, sentí un enorme placer al acompañar a Betán e ISCAJIM en tal alto mérito. ¡Solo tres reconocidas firmas!

Era evidente que nos encontrábamos en un inevitable proceso de extinción. Otros escritores había (cómo no). Era el reducido espacio dedicado al humor literario en nuestras publicaciones periódicas quien había borrado casi de un zarpazo todo vestigio de nuestra existencia. No solo en los periódicos, o la prensa plana, como algunos prefieren decir. Las editoras dejaron de publicar libros de literatura humorística al estilo de las refrescantes “limonadas” de Zumbado y pequeños volúmenes de Nos y Otros, y otros afortunados (valga la redundancia).

En la pasada década compartimos los breves espacios en que casi no estábamos con algunos viejos colegas y algunas nuevas adquisiciones. Publicaron de manera muy discreta autores como Antonio Berazaín, Mercedes Azcano, Viñas Alfonso, Jorge Bacallao, Yoss, Carlos Fundora, Eleuterio González (Telo), Baudilio Espinosa, Alexis (el Newito)…

Sé que olvido nombres, pero lo cierto es que autores buenos sobraban (y sobran, en el mejor sentido de la palabra). La impresionante cantidad  y calidad de obras enviadas al concurso literario del Festival Nacional de Humor Aquelarre es un magnífico e innegable termómetro.

Sigue faltando espacio e interés editorial por la literatura humorística. Palante ha sido la publicación que más ha podido defender (y defiende) la presencia del humor literario, con una importante representación femenina entre sus reporteras.

Una gran escritora, e incondicional humorista, Laidi Fernández de Juan, suma a su valiosa obra la impostergable realización, cada mes, de una peña literaria donde prima el humor. La editorial Tablas y la José Martí (en una novedosa colección: A reír) y algunas editoras provinciales, se suman al esfuerzo necesario de retomar la presencia del humor en nuestros libros. Cuán poco aún, pero se siente la intención latente en algunos de dar fe,  papel impreso mediante, de que este es un pueblo que nunca ha parado de reír.

 
 
 
 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.