La Habana. Año XI.
4 al 10 de AGOSTO
de 2012

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La meta

Esther Díaz Llanillo (La Habana, 1934)

Su problema era: la vida carecía de sentido, nada le interesaba, no sabía qué hacer. De pronto se le ocurrió buscarse una Meta, algo que requiriera esfuerzo e intensidad de acción. Pensó y pensó sin resultado alguno, no obstante se negaba a dejarse vencer. En medio de tanta zozobra interior, una noche tuvo un sueño: vio un jardín, a su alrededor había un muro bajo, un álamo en la acera le ofrecía sombra a una figura humana sentada sobre el muro. El lugar no le pareció desconocido, al despertarse, creyó reconocerlo: existía posiblemente en el Vedado, en una callejuela trunca que daba a una profunda depresión de la cual emergían plantas, y en cuyo fondo se equilibraban de un modo milagroso algunas viviendas, pero no recordaba la dirección.

Este sueño se repitió durante varias noches obsesivamente, hasta que comprendió que su meta inmediata era localizar aquel sitio para dejar de soñar con él.

Hizo un cálculo mental: si en tres pasos era capaz de recorrer un metro, necesitaría 300 pasos para vencer una cuadra. El esfuerzo le pareció insuperable al pensar en cuántas cuadras tendría que caminar para encontrarlo. Había, eso sí, una fuerte motivación: dar con él para sacarlo de sus sueños, ya que, cuando la vida carece de sentido, es más recomendable dormir con tranquilidad.

Finalmente se decidió a partir de su casa llevando una mochila con un pomo de agua congelada, envuelto en papel para que no perdiera el frío, una flauta de pan, una barra de dulce de guayaba y un termo con café caliente; también se puso ropa fresca y unas sandalias suaves para caminar.

Tomó rumbo al Museo Napoleónico, allí dobló a la derecha, pasó ante la escalinata universitaria y, al llegar frente a Coppelia, se sentó a descansar en uno de los bancos de la parada, sacó el termo y bebió un poco de café.

Continuó caminando por todo 23 buscando la protección de las manchas oscuras bajo los árboles; por último cruzó, pues de alguna forma intuyó que lo que buscaba estaba por la otra acera. Al cabo de una larga e interminable caminata, encontró una calle lateral sin salida, que era, lo supuso, la del sueño. Las casas todas eran blancas y tenían jardín al frente con muros bajos. De vez en vez había álamos sobre las aceras, y al amparo de su sombra, sentado sobre uno de los muros, estaba un viejo. Le pareció que le hacía señales agitando una pieza de tela. Se acercó. Su ropa era corriente y gastada, cubría su cabeza con una gorra, y le sonreía amablemente. Al acercársele, observó que lo que sujetaba era una banderita con una palabra impresa: META.

—Siéntese, debe de estar cansado —le sugirió este.

Él tomó asiento, extrajo el termo de la mochila y le ofreció café. El otro lo aceptó y siguió agitando la banderita.

—Y ahora, ¿qué debo hacer? —le preguntó al anciano con incertidumbre.

—Lo que desee.

—¿Dormir?

—Duerma

—¿Gritar: ¡Lo logré. He llegado a la Meta!?

—Grite.

—Podría aventurarme allá adentro. ¿No había ahí un hueco con árboles? Todo está tan oscuro...

—Corre el riesgo de perderse y yo no lo sabría encontrar. Busque otra Meta.                      

—¿Cuál?

—Si no la halla, siempre puede volver, se lo aseguro, yo estaré aquí esperándolo.

—Es un poco aburrido eso de ir y venir.

—Quizá, pero uno se acostumbra.

El hombre decidió despedirse para emprender el camino de regreso. Le quedaba algo de pan y agua en la mochila e incluso había disminuido el calor.

Cuando llegó a su casa, pensó: Esta noche por fin descansaré tranquilo, pues alcancé la Meta. Sin embargo, más tarde, todo se repitió según ya era costumbre: divisó el umbroso jardín con el viejo sentado sobre el muro. Al despertar comprendió el sentido de aquel sueño. Así que en la mañana, todavía cansado por el viaje anterior, colgó la mochila de su espalda, abrió la puerta de la calle, y echó a andar.


Esther Díaz Llanillo: Dra. en Filosofía y Letras, bibliotecaria, narradora y ensayista. Entre otros libros, ha publicado sus relatos en El castigo (Ediciones R, 1966), Cuentos antes y después del sueño (Letras Cubanas, 1999; 2.ed. Letras Cubanas, 2007), Cambio de vida (Letras Cubanas, 2002, donde se incluyen dos cuadernos de cuentos que obtuvieron mención en el Premio Alejo Carpentier en 1999 y 2000); Entre latidos (Ediciones Unión, 2005), Los rostros (Ediciones Unión, 2008) y El vendedor de cabezas (Letras Cubanas, 2009). Cuentos suyos han aparecido en diversas antologías y revistas en Cuba y otros países, y han sido traducidos al inglés, al danés y al farsi. En 2004 le fue conferida la Distinción Por la Cultura Nacional.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218—0869. La Habana, Cuba. 2012.