La Habana. Año XI.
4 al 10 de AGOSTO
de 2012

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Guerra, siempre en la danza
Jorge Brooks • La Habana
Fotos: Cortesía de Isidro Rolando y Danza Contemporánea

… ¿Qué tal el contacto del conjunto con el público newyorkino? Cuéntame si puedes tener tiempo para ello. Yo les deseo de todo corazón el triunfo que merecen que también es mío.

Un abrazo para ti de Ramiro Guerra

 
10 de mayo del 2011

Ramiro Guerra no es una estrella de la danza, es la danza.  Es uno de los ensayistas más lúcidos en la historia de la cultura cubana, investigador acucioso, nada en la danza le es ajeno. Se inició en esta manifestación artística en los años 40 de la pasada centuria, no solo como un ejecutante más, a la par de su carrera como bailarín inició su labor como investigador, como coreógrafo, siendo también pionero en Cuba en estas manifestaciones danzarias.

El espíritu rebelde, revolucionario y humanista de Ramiro es consecuente con la danza en todas sus manifestaciones, ya sean prácticas, teóricas, docentes. Como él a menudo señala, estudió en la Universidad de La Habana para cumplir un deseo expreso de su padre, una vez cumplida la tarea familiar, título de Doctor en Derecho por medio, colgado en una de las paredes de su casa, emprendió viaje en busca de su sueño.

Esa fue su primera guerra ganada, que responde a su determinación desde muy joven de entregarse al mundo abstracto de la construcción de movimientos, a través de su herramienta de trabajo que es el cuerpo y el cerebro humano, este último, para él, también un músculo que hay que ejercitar para la danza.  Ramiro es testimonio vivo del desarrollo de esta manifestación en Cuba, de la cual es pionero junto con otras reconocidas figuras del estilo clásico en nuestra Patria.

En el año 1943 se produce el debut de Pedro Suárez (Ramiro Guerra) con el Ballet de Pro Arte Musical, bajo la dirección de Alberto Alonso, quien había regresado del Ballet Ruso de Montecarlo. Cuenta Ramiro que “fresquecito y recién llegado” fue lanzado al ruedo como uno de los guerreros de El Príncipe Ígor, de Borodin. En diciembre de ese año se estrena Rasca Cielos 1, de Alberto Alonso, y en ella interviene también Ramiro, quien ha recibido clases de Alberto Alonso y luego de Nina Verchinina, su maestra. Con ella, a la cual define como “…una especie de disidente del estilo académico de los Ballets Rusos…”2 se incorpora a la Compañía del coronel De Basil. A su llegada a New York abandona la compañía e inicia sus estudios de la danza moderna norteamericana con Martha Graham.

En el año 1950,  imparte un curso de Danza Moderna en la Academia de Ballet de Alicia Alonso, que ya incluía en su programa de estudio esta especialidad.

En el año 1952 Ramiro Guerra coreografía para el Ballet de Alicia Alonso Toque, con música de Argeliers León, Diseño Escenográfico de Luís Lastra, Máscaras de Tomás Oliva, con las interpretaciones de Carlota Pereyra, Beatriz Lismore y Víctor Álvarez. A raíz de su estreno Don Fernando Ortiz escribe una carta a Fernando Alonso, donde señala:

“… cuando salga a la luz del Auditórium habanero, acaso será el más atinado logro que se haya dado en Cuba de una transculturación estética entre motivos musicales y danzarios, alejadísimos por mares y siglos pasados, y las técnicas, gustos y maneras del arte presente más avanzado, ya entrando firme en los celajes donde alborea el venidero. Arte de ayer, de hoy y casi de mañana: arte ‘de abajo’ y ‘de arriba’: arte con alma de Cuba… ‘cubano… na má’, pero en su plena y gloriosa integridad nacional, traducido al lenguaje de universales vibraciones. ¿Por qué Cuba no ha de lograr lo que el arte de otros países? Lo hará con bellas floraciones, si no reniega de sus profundas raíces ni de su rica savia y sabe airear su frondoso follaje en las más altas corrientes de la cultura contemporánea…. 2”.

En el año 1955, en la Revista Nuestro Tiempo el crítico Edgardo Martín, referencia “El recital de danza de Ramiro Guerra”. Entre las obras del programa se destaca de manera especial, por las inquietudes de este creador por la identidad cubana, las coreografías El son para turistas, con música de Juan Blanco y Fermín Borges, y con diseños escenográficos de Servando Cabrera; entre las intérpretes Menia Martínez. Toda una vanguardia para el disfrute estético de nuestro pueblo.

“… Colocada ya en un marco escénico previamente dispuesto, para servirle de eficaz fondo y para subrayar sus dramáticos perfiles que no varían en función de una dinámica totalmente subjetiva pero que alcanza la fuerza suficiente para ordenar esa bella discursiva danzante que realizó Ramiro Guerra en el recital que a más que sala llena fue ofrecido en el Lyceum el 23 de junio…

“…El Son para turistas hecho con música de Juan Blanco, texto de Fermín Borges y escenografía de Servando Cabrera, y así con la participación de Leonor Viamontes, Rafael Díaz, Menia Martínez, Luís Alberto y Guido González del Valle…

“…La acogida y la muerte”, de Lorca, y “Sensemayá”, de Guillén, aparte de que resultó bello este poema de poesía bailada, a su éxito contribuyó el declamado sonoro musical y rico de Vicente Revuelta. 3

La Revista Nuestro Tiempo en el año 1955, en la sección “Nuestro Tiempo repasa su historia” en lo referente a ballet, referencia en su resumen tres recitales de Ramiro Guerra, en ese año.

En este propio año aparece un comentario de Harold Gramatges en la referida revista, sobre la visita a Cuba del Ballet Moderno de México, atendidos por el bailarín y coreógrafo de Danza Moderna de la Academia de Ballet de Alicia Alonso, Ramiro Guerra, y sobre una función que ofrecerán en la Plaza Cadena de La Universidad de La Habana, el 27 de marzo 4, “de ahí para surgir el nexo futuro de la danza moderna cubana, con el movimiento mexicano”.

En el año 1956 Ramiro Guerra funda el Teatro Experimental de la Danza y coreografía obras como Orientalita, Rítmicas, con música de Amadeo Roldán, Cantata a la paz, con música de Heitor Villalobos y Suite para niños, todas estrenadas en el año 1956 en la Sala Teatro de la Escuela de Ballet Alicia Alonso.

En la sección Balcón de la Revista Nuestro Tiempo, en los comentarios sobre Ballet se reseña 5:

“El Teatro Experimental de Danza tuvo su presentación el 28 y 29 del pasado julio. Esta vez en la Sala Hubert de Blanck, y confirmó su carácter de grupo empeñado en una seria labor artística, cuyo impulsor principal es Ramiro Guerra, y que, a la vez, abre sus puertas a la colaboración de los que ‘gusten el difícil camino de la experimentación’ participando en esta empresa aún naciente y ya exitosa…”

Al año siguiente con su espíritu fundacional, de investigación y búsqueda de una nueva forma de danzar moderno en cubano, funda el Grupo Nacional de Danza, con el cual logra estrenar Tres Danzas Fantásticas en la Sala Teatro El Sótano. De sus presentaciones el intelectual cubano Luis Amado Blanco, señala: 6

“…y es curioso, porque el signo que preside este Grupo Nacional de Danza que hace sus primeras armas en el tablado de El Sótano, es precisamente un tanteo hacia lo popular y hacia lo andaluz de Lorca…

“...La alegría externa del cubano no descubre así su medular tristeza cósmica. Sus desaforados manoteos transparentan su íntima melancolía. La cubanidad interior sube al tablado sin trampas ni subterfugios, desafiándonos hacia la dirección de sus arterias. No se trata de un hallazgo, sino de un intento. Pero ya es algo. Y un poco más, si hemos de ser justicieros…”

Ramiro Guerra y el Conjunto Nacional de Danza Moderna

Acorde a sus principios fundacionales, Danza Contemporánea de Cuba (1987) fue fundada el 25 de septiembre de 1959 como Conjunto de Danza Moderna. Surgido del mismo Departamento de Danza del Teatro Nacional. 7 En el año 1962 se convirtió en el Conjunto Nacional de Danza Moderna, y en 1974 se le nombra Danza Nacional de Cuba. Desde su fundación, su reconocimiento internacional es innegable, a lo largo de su historia ha realizado más de 280 estrenos,  ha recibido los aplausos de los espectadores y la crítica especializada por sus presentaciones en prestigiosos teatros como el Sarah Bernhardt en la Quinta temporada del Festival de las Naciones en París donde se inició su reconocimiento internacional, el Canadian Art Center de Ottawa, el Bellas Artes de México, Las Arenas de Verona, los Teatros  La Fenice y Malibran (de Venecia), el Teatro Municipal de Sao Paulo, el San Martín de Buenos Aires, el Teatro Real de La Moneda en Bélgica, Birmingham Theater y el Sadler´s Well en Inglaterra, el Teatro Real de Madrid, el Palco de la Opera de Roma, la Casa de la Danza de Lyon, y el Joyce Theater de New York, entre otros reconocidos espacios escénicos.

Mantiene en su repertorio activo más de 70 obras que revelan su universalidad, su peculiar estilo de amplias posibilidades interpretativas, armoniosa integración de las demás artes con el lenguaje de la danza contemporánea, fundida con nuestros ancestros africanos a partir de nuestra “transculturación blanquinegra” 8, fusionando estilos y formas de hacer.

El triunfo de la Revolución cubana en enero de 1959 trajo cambios radicales para la sociedad cubana en la política, la economía, la educación y la cultura. Era un clima propicio para que Ramiro Guerra concretara sus aspiraciones de desarrollar la técnica de la danza moderna en nuestro país, para ello aglutina a una veintena de jóvenes, algunos con conocimientos de cualquier tipo de danza, aptitudes físicas y deseos de bailar, para fundar el Departamento de Danza Moderna del Teatro Nacional. No por casualidad surgen ese mismo año instituciones emblemáticas como Casa de las Américas, el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC), y el Teatro Nacional de Cuba. Alicia Alonso, como Prima Ballerina del Ballet Nacional de Cuba, se convierte en el alma de la llamada escuela cubana de ballet.


Suite Yoruba

Ramiro Guerra recibe la encomienda de la Doctora Isabel Monal, recién nombrada Directora del Teatro Nacional de Cuba, de organizar el Departamento de Danza en la referida institución, traza sus coordenadas con la colaboración de Nieves Fresneda, bailarina, demostradora e informante de folclore; de Orestes Suárez (Papo) organizador de la orquesta de la compañía y del personal que más tarde trabajaría en Suite Yoruba, de Trinidad Torregosa, artista y fabricante de Batá,  y de Jesús Pérez, cantante y Director de la Orquesta de Percusión del Conjunto de Danza Moderna, el primero en tocar los Batá con una orquesta sinfónica, y Lorna Burdsall, quien trajo las ideas y la técnica de Humphrey.

Esta labor fundacional no solo obedece a las inquietudes de Ramiro como danzante y creador, se produce también por su acercamiento a los Estudios Culturales, cuando desde la década de los 50 realiza estudios de la obra de Fernando Ortiz, hace contacto directo con los ambientes religiosos y observa las danzas de santería, estudia los ritos abakuá, hace converger a autores, obras, y practicantes de focos del folclore cubano, con las técnicas que estudió en los EE.UU., de Humphrey-Weidman, José Limón y Graham y siguiendo la prédica de Don Fernando Ortiz 9 sobre la vecindad de la cultura norteamericana como uno de los más activos factores que inciden en la cultura cubana, positivos o negativos pero innegables, de la cual se apropia Ramiro no por gratitud sino por objetividad, para mezclarla con nuestra cultura en función de una práctica danzaria contemporánea, cubana.

Ramiro, vinculado al movimiento cultural de izquierda de los años 50, luego de incursionar en el Ballet de Alicia Alonso, en la Danza Moderna Norteamericana y en la vanguardia cubana, se mantiene al margen del academicismo convencional e investiga el enmascaramiento diverso de las tradiciones cubanas. Explota la capacidad de un determinado sector de nuestra sociedad, discriminado y marginado, en contraposición a la fuerza de la cultura de masa y se compromete con el cambio social de entonces y, desde la cultura,  actúa  sobre la transformación de la conciencia social que se ha venido produciendo, y la creación popular es el centro de su creación 1 /10.

Esta génesis renovadora se concreta el 25 de septiembre de 1959, desde el Departamento de Danza Moderna del Teatro Nacional. En la primera convocatoria fueron escogidos entre otros, Santiago Alfonso, Silvia Bernabeu, Cira Linares, Irma Obermayer, Arnaldo Patterson, Ernestina Quintana y Eduardo Rivero, quienes dejarán su huella en la danza cubana. Santiago, uno de los elegidos, define ese momento histórico dentro de la cultura cubana, según él:

“(…) En cuanto al replanteo de si existe o no una estética de la danza contemporánea cubana, indiscutiblemente digo que sí, yo creo que hay una manera de decir, un lenguaje, una estética cubana de la danza contemporánea, que nace con Ramiro Guerra; aunque hayan antecedentes muy esporádicos, él colma las ansias de muchos de nosotros. Ramiro hace realidad nuestros sueños por dos razones: una es de índole eminentemente danzario, la otra, mucho más amplia, que es lo cubano, nuestros elementos culturales, y la sabia conducción, la gran cultura de ese hombre que supo guiar, crear todo un movimiento artístico y llevarnos adelante…. 10”.

Este núcleo fundacional, al frente del cual está Ramiro, es la materialización histórica cultural de la capacidad intrínseca del cubano de bailar, rasgo definitorio, en buena medida, de nuestra  idiosincrasia. Desde sus inicios destaca los símbolos y signos codificadores que legitiman nuestro lenguaje en esta manifestación artística. Desde una perspectiva histórica se apropia de las figuraciones religiosas y paganas de nuestro panteísmo yoruba, y progresivamente se va desgajando de ella con sus ricas contorsiones, movimientos arabescos de los brazos, cuerpos enroscados, rostros mórbidos y mayestáticos en éxtasis, para coronar el movimiento con la sensualidad pélvica y las insinuaciones de las pronunciadas caderas, con la correspondiente diferenciación de práctica y género, la especialización de roles, la estratificación de público y la distinción de espacios, dentro de la nueva práctica y experiencia social, y símbolos nuevos con la tendencia a la unión de la síntesis de todas las artes.

Ramiro es el artífice de la línea contemporánea cubana desde entonces y es el guía del proceso posterior a su aceptación y ulterior interpretación de nuestro pueblo. Establece la interpretación estructural de nuestra variante nacional y de las maneras personales que nos estratifican, sin sobrevalorarlos da primicia a los aspectos nacionales y considera la tradición para la diversificación de esta expresión estética de la vida en la cultura cubana.

El 19 de febrero de 1960, en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional de Cuba, en la aún Plaza Cívica, comienza la primera función, a solicitud de la Dirección del Teatro Nacional de Cuba, y concibe un programa con la colaboración de Lorna Burdsall, condicionado por el desarrollo alcanzado por los bailarines hasta ese momento con las obras Mulato, Estudio de las aguas, La vida de las abejas, y Mambí 11.  


Mulato

Las investigaciones más importantes e innovadoras de esta manifestación escénica,  parten del empirismo y de un marcado compromiso político, y no escapan a los rasgos característicos del campo de los Estudios Culturales, que pueden sintetizarse en: 12

  • Aproximación antropológica al objeto, reconociendo la autonomía de la cultura.

  • Considerar la cultura como inscrita en las prácticas y símbolo de la vida cotidiana.

  •  Teoría semiótica dinámica.

  •  Teoría de la resistencia y la hegemonía.

Como resultado de las inquietudes estéticas, de la labor investigativa, del acercamiento a la historia de la cultura cubana,  la síntesis de las artes, y la ardua labor de creadores e intérpretes en este periodo, se estrenan tres importantes obras en el panorama danzario cubano:

Suite Yoruba, de Ramiro Guerra, con música de Amadeo Roldán y diseño de vestuario de Andrés García, inspirado en la obra de Landaluce. Desde ese entonces los nombres de los ya debutantes,  Irma Obermayer (Mulata de Rumbo), Eduardo Rivero (El mulato), Santiago Alfonso (El negro curro) y Arnaldo Patterson (como uno de los caleseros) 13 comienzan a dar luz a la escena cubana.

En julio de 1960, coreografiada por Ramiro, se estrena El milagro de Anaquillé,  con libreto original escrito por Alejo Carpentier en el año 1927 y con música de Amadeo Roldán. En carta a García Caturla ya el propio Alejo había señalado que:

“… no basta hallar una idea más o menos bonita: es menester que esta idea pueda interpretarse coreográficamente; pueda estilizarse; se preste a una rica versión plástica enriqueciendo la imaginación del pintor encargado de hacer decoraciones y trajes, y, sobre todo tenga los atractivos que requiere una versión musical. 14

En las notas al programa el propio Alejo Carpentier, señala:

(…) Se ha dicho, con alguna razón, que los ballets escritos entonces por Amadeo Roldán sobre libretos míos (La Rebambaramba, en 1926; Anaquillé en 1927) carecían de un cabal sentido coreográfico, por cuanto usaban en exceso la pantomima, ofreciendo pocas oportunidades de danzar a los danzantes. Pero quienes señalan este defecto olvidan que en aquellos tiempos, no había en Cuba coreógrafos ni danzantes, ni asomo de la constitución de algo que pudiera calificarse de “conjunto de ballet”. 15

La Rebambaramba fue estrenada el 17 de febrero de 1961, y a propósito del estreno, 33 años después de que concibiera la idea, Carpentier anota en el programa de mano:

“…Tal como aparece ahora, puede decirse que La Rebambaramba ha encontrado, en el argumento y la coreografía, su forma definitiva. El libreto original ha quedado en mera referencia, ante la movida y remozada acción imaginada por Ramiro Guerra, a base de elementos esenciales del texto primero, ahora refundidos y modificados en función de la danza… 16.”

En el año 1961 la compañía fue invitada al Quinto Festival de Las Naciones y se presentaron en el Teatro Sarah Bernhardt de París y extendieron sus presentaciones a otros países del entonces campo socialista, con un éxito rotundo por parte de la crítica y el público. 

Ramiro trazó la pauta y fue el gestor del movimiento de la danza moderna en Cuba. Como también imprescindibles fueron para su consolidación y desarrollo profesores, coreógrafos y bailarines extranjeros como la norteamericana Lorna Burdsall (1959), quien aportó la pedagogía en la formación técnica de los bailarines, a partir de las técnicas de Graham, Cunninghan, Limón y Humphrey, introduce el trabajo en piso, una de las bases fundamentales del posterior desarrollo de la técnica cubana, aporta al repertorio de la compañía las primeras obras de coreógrafos extranjeros, Estudios de las aguas y Vida de las abejas de Humphrey 11, Ramiro además le encomienda dirigir la compañía durante los años 1964 y 1965. Elfriede Malher (1960), consolida la formación de la especialidad de Danza Moderna y dirige la Escuela Nacional de Danza, más tarde desarrolla su magisterio en la ciudad de Guantánamo, donde fue Directora de la Escuela de Danza y fundó Danza Libre 17, esta última compañía generó otros proyectos danzarios en esa provincia y en La Habana.

El mexicano Manuel Hiram (1961), como bailarín y profesor, desarrolló el trabajo de la fuerza y la agilidad, uno de los sellos de la escuela cubana. Elena Noriega, (1962) con una gran capacidad organizativa, guió el trabajo de la técnica cubana de la danza moderna, y logró con su trabajo la unión de las técnicas y maneras de ejecutarse de todos los profesores de la compañía que procedían de diferentes escuelas, en un solo método 10.  Dejan también sus huellas en la Danza Moderna Cubana el norteamericano Morris Donaldson (1969) y el polaco Conrad Drzewiesky. 


Orfeo Antillano

Los primeros diez años del desarrollo de la danza moderna en Cuba, están indisolublemente ligados a la obra fundacional de Ramiro Guerra, quien señala:

“… Mi quehacer coreográfico se refiere a dos etapas: la primera a pesar de que el repertorio en la compañía es bastante amplio en esa misma línea de trabajo de búsqueda de identidades nacionales, en mi obra coreográfica, las más importantes pueden considerarse la Suite Yoruba (1960), Orfeo antillano (1964), Medea y los negreros (1968) dentro de esa primera etapa, y de una forma especial, también la Chacona (1966). Después, en la segunda etapa, con el Impromptu galante (1970),  el frustrado intento que no fue tan fallido, porque en realidad hubo un gran trabajo de un año, aunque no se representó formalmente. En la que sí se hicieron ensayos generales llenos de público que puedo considerar que se llevó a cabo el estreno fue El decálogo del Apocalipsis. 10


Chacona

Y apocalíptica para la cultura cubana fue el final de la década de los años 70 de la pasada centuria, no siendo ajena la danza moderna a estos acontecimientos. Miguel Iglesias, Director de Danza Contemporánea de Cuba, plantea:

“… Aquí se manifiesta una danza diferente. Esa identidad del mulato, del mambí, va expresándose. Ya no se trata de una obra como Suite Yoruba, en la cual el folclore está puesto de una manera casi pura en la pieza. Se empieza a elaborar de otra manera, como en Medea y los negreros, o en Chacona. Se trata del barroco de Carpentier, del barroco cubano visto de otra manera, donde desempeñan un papel protagónico las caderas, la sensualidad, es un sentido también casi helénico de la ondulación. El bailarín comienza a hacer una cantidad de torsiones, y los músculos oblicuos del torso se van haciendo más poderosos, se va conformando un torso más expresivo…. 

“…La polirritmia del tambor batá hace que el lenguaje de Graham se modifique. Ramiro inicia aquí el postmodernismo con el Decálogo del Apocalipsis, que ya había comenzado a atisbar con Impromptu galante. Y en ese preciso momento llega a Cuba el Ballet del Siglo XX, de Maurice Bejart….

“…Viene el momento nefasto para la cultura cubana, la llamada “parametración” en el teatro y la danza, en aquellos finales de los 60 y principios de los 70. Los funcionarios del Consejo Nacional de Cultura le dijeron a Ramiro que no podía estrenar el Decálogo. Y Ramiro se fue.

“… Ramiro Guerra era la voz, el ejemplo, el guía espiritual e intelectual…. 18


Medea y los negreros

El legado de Ramiro. Danza Nacional de Cuba

Corresponde a Ramiro, y así será un capítulo de sus memorias, la narración y valoración de todo lo que generó su Decálogo del apocalipsis, obra que a pesar de todos los pesares ha sobrepasado a la postmodernidad, y al resto de los “ismos” por venir. Ramiro como él señala, bajó las escaleras que dan al ala de Paseo y 39 del Teatro Nacional, y no regresó. Entre sonrisas hoy señala como un fauno sonriente, con sus tempranos 90 años, con una frase bien cubana “que aquello se estaba poniendo malo”. Con su salida, no se detiene el desarrollo de la danza moderna cubana, él formó una primera generación de creadores, sus deudores son Eduardo Rivero, Santiago Alfonso, Arnaldo Patterson, Víctor Cuellar e Isidro Rolando. A la vez que llega a la compañía la primera graduación de la Escuela Nacional de Danza, que tuvo su génesis en la Escuelita del Conjunto Nacional de Danza Moderna, de la mano de Ramiro, Lorna, Elfriede, y Elena Noriega. En el año 1974 cambia su nombre para Danza Nacional de Cuba.


Boceto de Eduardo Arrocha para Decálogo del apocalipsis

Aunque la labor creativa no se detiene, desde el año 1971 al 1985, pasan por la compañía diez directores, en ocasiones esto provocó casi la desaparición de la compañía nacional, y como señala Alberto Méndez:

“…Danza Contemporánea, a pesar de todos los problemas sociales, económicos, de todo tipo, está ahí y es una institución con un lugar en la historia de la danza de este país, así como en el exterior. Y eso dio pie a que otros grupos se hayan creado, y que en este momento el movimiento danzario en Cuba sea muy heterogéneo e importante. 18

Discípulos:

Eduardo Rivero: Era Joshua, nombre artístico en sus inicios, bailarín, coreógrafo y director;  profesor en la “escuelita nocturna” quien desarrolla uno de los elementos característicos de la técnica de la danza moderna cubana: la ondulación del torso,  que le llega a través de Ramiro y de los colaboradores practicantes de la religión afrocubana cuando investiga el lenguaje de expresión corpórea del cubano para la Suite Yoruba. Eduardo, uno de los intérpretes de esta obra, se apropia de ese movimiento (formas percusivas o ligadas) que viene desde Graham y lo desarrolla acorde a sus posibilidades expresivas.


Eduardo Rivero en Sulkary

Como profesor de la compañía, en las clases de técnica de danza moderna,  trasmite esa experiencia que será el sello distintivo de dos clásicos de la coreografía cubana: Okantomí (1970) y Sulkary (1971), esta última con elementos de danzas folclóricas afrocubanas yoruba y arará a partir de la técnica cubana de la danza moderna, máximas exponentes de la mayoritaria parte negra del movimiento danzario cubano, obras emblemáticas de  la compañía que Eduardo Rivero dirige hoy, Teatro de la Danza del Caribe. Entre los intérpretes de su generación fue el abanderado del lirismo poético y dejó sus huellas en MulatoSuite Yoruba, Orfeo Antillano, Medea y los negreros y Dúo a Lam (1979).


Dúo a Lam

Arnaldo Patterson: Es otro de los intérpretes que han aportado formas de movimiento a la danza cubana, combinando el movimiento de gancho hacia adentro de Ramiro y la ondulación del torso de Eduardo Rivero, con sus movimientos pélvicos. Comienza a formar bailarines en la escuelita nocturna y  por su trabajo riguroso alcanza la categoría de Maître. Su trabajo técnico forma parte del patrimonio cultural de la danza moderna cubana. Como maestro impone nuevos retos a los alumnos en la proyección escénica de sus movimientos y ellos, sin apenas percatarse, suben al escenario para concretar la labor coreográfica de Patterson: Elaboración Técnica (1976) es una de las obras más representativas del repertorio de la compañía. Luego vendrían Libertando (1978) y Contrastes (1978). Su deceso fue una sentida pérdida para los fundadores de la compañía y para los admiradores de la danza.

Santiago Alfonso: Guerrero de múltiples batallas, fue el protagonista de Tres Preludios, de Elena Noriega. Por esos años, Santiago alternaba su trabajo en la Compañía con la labor nocturna en espectáculos de cabaret. A sus empeños debe buena parte de su fama Tropicana. Su estilo y su férrea disciplina se reconocen en todas las latitudes. A este género incorporó la técnica de la danza moderna cubana conjuntamente con el folclore y el lenguaje gestual, la sensualidad y el erotismo,  y sin descuidar las perspectivas del medio, ha llevado a la escena lo más representativo y genuino de nuestra cultura afrocubana. Hoy,  su nombre es una de las marcas registradas por el marketing del mundo del espectáculo, mezcla de garantía, de calidad artística y capacidad para insertarse en el mercado. No se puede olvidar su destacada labor artística como Director del Conjunto Folclórico Nacional (1965). Entre sus coreografías más representativas están Trío de serpientes, Rumba de taburetes, Sin Timbal, Bésame mucho y Cuadro Negro.

Víctor Cuéllar: Proviene del Teatro Musical, recibió las enseñanzas de Alberto Alonso y Luis Trápaga. Su creación está marcada por su visión global del espectáculo teatral. Uno de los coreógrafos más prolijo y prolífico del movimiento danzario cubano en sentido general; representativo y sui géneris de esta generación,  y la siguiente. A él se le deben títulos representativos como Panorama de la música y la danza cubana (1973) que aún es referente en el panorama danzario nacional, Escena para bailarines (Fausto) (1979),  Michelangelo (1979), El poeta (1986)  y Celestina (1989).

Reelaboró las técnicas de conjuntos aprendida con Ramiro, Elena Noriega, Lorna Burdsall y Manuel Hiram, en función de su capacidad de mover a grandes conjuntos de bailarines, en función de la espectacularidad.

Isidro Rolando: Ingresó a la Compañía en el año 1961. Es, junto con Luz María Collazo, memoria viva de la danza contemporánea en Cuba, cordón umbilical entre los fundadores y los que en el transcurso de todos estos años la han sostenido. Bailarín, coreógrafo y maestro de generaciones,  la constancia y el rigor lo definen. Fue excelente intérprete de las obras más representativas: coreografías de Ramiro Guerra, Lorna Burdsall, Manuel Hiram, Elena Noriega, Gerardo Lastra, Eduardo Rivero, Víctor Cuéllar, entre tantos otros que la relación sería envidiable para profesionales de la danza en cualquier parte de este mundo. Hoy es el Regisseur, responsabilidad que no lo limita  para liderar Compás, del holandés Jan Linkens,  y Nayara, Mira y no Toques, de Samir Akika, o entregarnos obras coreográficas de auténtica cubanía (El rapto de las mulatas), o de profundo sentido de lo latinoamericano (Omawë).


Lorna Burdsall, Elena Noriega y Ramiro Guerra

Una labor importantísima dentro de este período, es la de promoción, proyección y gestión de Sergio Vitier, quien asumió la dirección de la compañía desde 1978 a 1983,  facilita el desarrollo de nuevos coreógrafos, y crea un clima propicio para la creación artística.

La génesis de la Escuela Nacional de Danza y su Metodología es la “Escuelita” que Ramiro fundara en los propios salones de la compañía y que permanecía abierta hasta altas horas de la noche. Los primeros graduados de la escuela, si bien fueron formados bajo el rigor de la técnica de la danza moderna cubana, no fueron formados bajo la égida de Ramiro Guerra, pero sí recibieron su influencia por el magisterio  de Eduardo Rivero, Arnaldo Patterson, Gerardo Lastra e Isidro Rolando, sus discípulos más aventajados. 

Esta generación que inicia su labor interpretativa y coreográfica dentro de la compañía nacional, por sus inquietudes estéticas, la búsqueda de nuevas expresiones danzarias y la imperiosa necesidad del surgimiento de nuevos grupos creativos, condicionados por el desarrollo de esta manifestación en la Isla, y la graduación sistemática de profesionales de esta especialidad por el sistema de enseñanza artística, protagonizan la primera ruptura con Danza Contemporánea de Cuba, la “madre nutricia de la danza en la Isla” 63 en ella, Ramiro formó las figuras más prominentes del panorama de este arte en Cuba, que propiciaron con su enseñanza y magisterio, que se gestaran interesantes proyectos como Danza Abierta (1988), de Marianela Boán, quien define su estética dentro de la danza postmoderna norteamericana, sin perder su esencia de cubanía. Rosario Cárdenas en 1990 fundó la compañía Danza Combinatoria, de la cual es además profesora y coreógrafa; basa su estética en la preparación física de los bailarines. Narciso Medina, en 1993 fundó la Compañía Gestos Transitorios, hoy Compañía Narciso Medina; su técnica la define como la búsqueda de la respiración como motor impulsor, que da origen al movimiento, que es el resultado externo de la respiración; y los intentos de Regla Salvent de entregarnos un Cuerpo Armónico. Margarita Vilela trabajó en la fundación de la Compañía de Danza Contemporánea de Santiago de Cuba, después Jorge Abril y Carlos M. Pérez ayudaron a su desarrollo, dándole cuerpo Eduardo Rivero a la Compañía Teatro de la Danza del Caribe.

Danza Contemporánea de Cuba es consecuente con el espíritu renovador de su fundador, a sus presupuestos originales y sigue abierta a las últimas tendencias de la danza en el mundo, en una búsqueda constante y experimentando disímiles estilos, lo cual le ha posibilitado el acercamiento a creadores y escuelas de otros países, sin descuidar su esencia técnica fundida por Ramiro “… con raudales de africanía en este crisol criollo puesto al fuego tropical… desde los multiseculares tiempos de la zarabanda, el cumbé y otros bailes plebeyos…” 55.
 

Bibliografía:

1.- Ruiz R. Fernando Alonso: danza con la vida. Ciudad de La Habana, Cuba: Edit. Letras Cubanas; 2000.

2.-Guerra, Ramiro. Siempre la danza, su paso breve. Nina Verchinina en Cuba pp. 360-363

3.- Martín E. Tres historias de Ballet. Revista Nuestro Tiempo. 1955, enero, Año II (3): 9-10.

4.- Gramatges, H. Ballet Mexicano en La Habana. Revista Nuestro Tiempo, 1955, mayo. Año III(5): 10-15.

5.- M.A.H. Teatro Experimental de la Danza (T.E de D). Revista Nuestro Tiempo, 1956, sept. ago. III(13) s/p.

6.- Blanco, LA. Retablo. 1957, abril 7. Año XXI (84): B-3.

7.- Sánchez, M. Esa huella olvidada: El Teatro Nacional de Cuba (1959-1961). La Habana, Cuba: Editorial Letras Cubanas; 2001.p. 245.

8.-Ortiz, Fernando. La música afrocubana. Madrid: Ediciones Júcar, 1974.

9.- Ortiz, Fernando. Los factores humanos de la cubanidad. Conferencia leída en un ciclo organizado por la fraternidad estudiantil Lota-Eta en el Anfiteatro Varona de La Universidad de La Habana, el 28 de noviembre de 1939, y publicada en la Revista Bimestre Cubana  1940 mar-abr, 19(2).

10.- Pajares, F. La danza contemporánea cubana y su estética. La Habana, Cuba: Edición Financiada por el Fondo de Desarrollo para la Educación y la Cultura, Ediciones Unión; 2005.

11.- Programa de Mano del debut de la Compañía, con el estreno de “Mulato”, “Estudio de las Aguas” “La vida de las abejas”, “Mambí”. Sala Covarrubias del Teatro Nacional de Cuba. 18 de febrero de 1960. Tomado de los Archivos históricos de Danza Contemporánea de Cuba.

12.- Ariño A. Sociología de la Cultura. La constitución Simbólica de la Sociedad, Barcelona, España: Editorial Ariel S.A.; 1987. Cap. 5. Las audiencias activas. p 188.

13.- Programa de Mano del Estreno de  “Suite Yoruba”. Sala Covarrubia del Teatro Nacional de Cuba. 24 de junio de 1960. Tomado de los Archivos históricos de Danza Contemporánea de Cuba.

14.- Estrada José Luis. Carpentier y la danza. 2004 oct 6 (2 páginas). Disponible en:

URL: http://www.juventudrebelde.cu/cultura/oct_06.htm#2 Consultado: 10 de octubre del 2004.

15.- Programa de Mano del Estreno de “El Milagro de Anaquillé”. Sala Covarrubias del Teatro Nacional de Cuba. 29 de abril  de 1960. Tomado de los Archivos históricos de Danza Contemporánea de Cuba.

16.- Programa de Mano del Estreno de “La Rebambaramba”. Teatro Amadeo Roldán. La Habana, Cuba. 17 de febrero de 1961. Tomado de los Archivos históricos de Danza Contemporánea de Cuba.

17.-Elfriede Malher. Disponible en:

URL: http://www.cubaescena.cult.cu/elfriedemalher.htm  Consultado: 25 octubre 2007.

18.- Hernández R, Alfonso S, Méndez A, Iglesias M, Villalonga D, Albelo I. Danzando.  Revista Temas. Sección Controversia: Panel de Discusión. 2005 Oct-Dic;   (44): pp. 75-91.

La Habana, agosto de 2012

 

Tomado del Archivo Histórico de DCC

Isidro Rolando, Luz María Collazo y Santiago Alfonso. Comunicación personal. 2007

Tomado de Archivo Histórico de DCC.

Luz María Collazo, Isidro Rolando. Miguel Iglesias y Eduardo Arrocha. Comunicación personal.

Isidro Rolando y. Miguel Iglesias. Comunicación personal.

Luz María Collazo. Comunicación personal.

Su debut fue en el Teatro Oriente, Santiago de Cuba, 30 de Noviembre de 1986. Directora General: María Herminia Martínez de La Torre, Director Artístico: Danielson Coello Ortega. Tomado del Programa de mano.

 
 
 
 


GALERÍA de imágenes

90 años de Ramiro Guerra

 


GALERÍA de bocetos
Diseños de Eduardo Arrocha para obras
de Ramiro Guerra

 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.